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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2019

Duque, entre el autoritarismo guerrerista y la demagogia pacifista

Fernando Dorado
Rebelin


El dbil arranque del gobierno

El pasado 7 de abril se cumplieron 8 meses de la administracin Duque. En las ltimas 6 dcadas no se haba visto un arranque tan dbil de un gobierno en Colombia. Los presidentes del Frente Nacional no tuvieron problemas porque se apoyaban en un pacto bipartidista. Alfonso Lpez Michelsen y Belisario Betancur fueron quienes vivieron momentos delicados; el primero, con el paro cvico de 1977 y, el segundo, con la toma del Palacio de Justicia por el M19 en 1985. Pero su inicio no fue tan frgil como el presente.

La situacin poltica del presidente Duque no es dramtica ni est al borde del caos. No obstante, si no realiza oportunamente los ajustes que le permitan construir una gobernabilidad aceptable, el pas podra verse sometido a una coyuntura en la que la ciudadana perciba a un gobierno sin identidad y sin norte. As, se corre el peligro de que un hecho no previsto o un cisne negro, como lo denomina Nassim Taleb en su famoso libro [1], desencadene una situacin de inestabilidad que ponga en riesgo la continuidad del gobierno.

El pasado no perdona?

Algo no le funciona al presidente Duque. No se ha podido acomodar. Pareciera que el legado de autoritarismo guerrerista de los ocho aos de Uribe y de demagogia pacifista de los dos perodos de Santos, pesaran tanto que no puede mirar hacia adelante y vacila ante el futuro. Y esa inseguridad en un gobernante no es la mejor condicin para un pas que empieza a sentir presiones externas que han sido creadas por la impericia del novel presidente.

Ahora bien, es normal que un pas que intenta consolidar el proceso de terminacin de un conflicto armado de 70 aos contando desde el asesinato de Jorge Elicer Gaitn tenga dificultades para pasar la pgina y construir un ambiente de paz y reconciliacin entre sus ciudadanos; pero todo indica que se necesita un gobernante que represente la unidad de la Nacin y trasmita autoridad y confianza en cada acto de gobierno que ejecute.

El caso del presidente Duque es preocupante. Durante la primera etapa, entre agosto y diciembre de 2018, no obtuvo ningn logro tangible, no cumpli con el pacto anticorrupcin y sus iniciativas legislativas no fueron aprobadas. La reforma tributaria termin siendo una ley de financiamiento que poco recauda y escasamente financia. No construy una coalicin de gobierno y cre malestar entre los partidos que lo apoyaron en su eleccin.

Un poco de aire que no dur mucho

El atentado terrorista del 17 de enero le dio un respiro al gobierno. Ese hecho se produjo cuando la presin contra el Fiscal General estaba en su mayor furor. El presidente Duque aprovech la situacin para romper los dilogos con el ELN y desconocer los protocolos con gobiernos de pases garantes y, alentado por ese pequeo empuje, se puso al frente del Grupo de Lima e impuls el cerco diplomtico para derrocar al presidente Maduro. Luego, present las objeciones a la Ley Estatutaria de la Justicia Especial de Paz JEP, que fue interpretado como un ataque a los acuerdos de paz por la opinin pblica.

Ese aire el presidente Duque lo dilapid rpidamente. Todas las acciones realizadas para acorralar a Maduro, incluyendo un viaje a Washington, no obtuvieron el resultado previsto. Adems, despus que consigui apoyo para el trmite inicial del Plan Nacional de Desarrollo mediante presiones non sanctas sobre algunos parlamentarios, hecho que fue rechazado y denunciado en una publicitada columna por Germn Vargas Lleras en El Tiempo, la mayor parte de los partidos polticos se unieron en contra de las objeciones a la JEP.

La Minga Indgena y las vacilaciones del gobierno

Despus viene el tire y afloje con la Minga Indgena. Durante 26 das estuvo bloqueada la nica carretera que facilita el comercio internacional con el sur del continente causando grandes traumatismos y graves prdidas econmicas a la poblacin del suroccidente colombiano. El gobierno dilat las negociaciones, us la misma tctica de desgaste que utiliz con el paro universitario, pero ante lo extendido del bloqueo qued en la retina del pblico una sensacin de desgobierno.

Duque no se atrevi a despejar la va por la fuerza como se lo exiga el expresidente Uribe y su partido. El argumento uribista era que la protesta estaba infiltrada por terroristas. Despus de casi un mes el gobierno logr desactivar el conflicto mediante un acuerdo razonable, sin exponer recursos o promesas que no pudiera cumplir, lo que present como una actitud responsable que lo diferenciaba de anteriores gobiernos. Adems, se comprometi a ratificar ese acuerdo en un dilogo pblico con los mingueros en el municipio de Caldono (Cauca).

No obstante, la forma como se remat esa faena no fue la mejor. Todo estaba preparado para que el presidente se encontrara y escuchara a los lderes sociales, hiciera un ejercicio de autoridad dialogante de frente a la comunidad indgena y al pas, lo que hubiera sido un acto de independencia frente a las presiones de su mentor. Pero no fue capaz. Permiti que de nuevo se atravesara el Fiscal General, quin anunci con bombos y platillos un supuesto plan terrorista para atentar contra la vida del presidente, que frustr el encuentro con La Minga.

Las banderillas de Trump

A los acumulados negativos se sum la actitud del presidente Trump. El mandatario estadounidense primero rega a Duque por no haber hecho nada por los EE.UU. en la lucha contra el narcotrfico, y ahora, acusa a Colombia de estar enviando pandilleros y criminales a ese pas, colocndonos al lado de pases centroamericanos como Honduras y Guatemala. Tal actitud se parece a la de un patrn que ante la ineficacia de su trabajador lo amonesta pblicamente por no lograr los resultados programados.

El gobierno ha reaccionado usando el espejo retrovisor acusando al gobierno anterior del crecimiento de los cultivos de uso ilcito, pero lo hace pensando ms en el auditorio interno que como respuesta al furibundo presidente estadounidense que utiliza ese tema para apalancar su campaa por la reeleccin.

Contradicciones evidentes

Cuando la guerrilla ms poderosa de Amrica Latina, acusada de ser el cartel del narcotrfico ms grande del mundo, se ha desarmado y desmovilizado, es inconcebible que unas disidencias armadas se muestren con la capacidad de fuego para impedir que el primer mandatario intervenga ante miles de personas en la plaza pblica de cualquier pueblo.

Cuando los presidentes Duque y Piera, el secretario general de la OEA y miembros del Centro Democrtico, se conciertan en Ccuta para alentar a centenares de guarimberos para atacar la fuerza pblica del vecino pas, no se entiende cmo ante la protesta de las comunidades caucanas se plantee que ante las vas de hecho no se puede ceder ni dialogar.

Cuando el pas est esperando que el presidente que prometi superar la polarizacin se empea en desprestigiar una institucin (JEP) creada por los acuerdos de paz y el Congreso y respaldada por la Corte Constitucional, no se comprende que el gobierno siga mirando hacia atrs y se obsesione con un tema que ya fue superado por el grueso de la poblacin colombiana.

Qu hay detrs de la actitud del gobierno Duque?

Todo indica que detrs de las objeciones a la JEP existen intereses que superan al mismo presidente Duque. Las presiones del embajador Kevin Whitaker sobre parlamentarios y magistrados dejan ver hasta qu punto el gobierno de los EE.UU. est interesado en el asunto. As mismo, el expresidente Uribe teme que ese rgano de justicia se fortalezca y opere con diligencia y eficacia. Los crmenes cometidos por empresas nacionales y extranjeras y por agentes del Estado durante el auge del paramilitarismo (2002-2010) parecieran querer ser ocultados sin importar que empresarios, militares y funcionarios comprometidos obtengan (o no) los beneficios por revelar la verdad ante la Justicia.

Por ello, no es casual que el Fiscal General haya terminado siendo la ficha ms importante en el entramado institucional que rodea al presidente. Fue pieza central en la forma como se comprometi a Jess Santrich con el supuesto delito de narcotrfico que lo tiene al borde de la extradicin; fue clave para desentraar en pocas horas el atentado terrorista de enero; fue el principal terico jurdico de las objeciones a la JEP y, ahora, su denuncia pblica sobre el pretendido atentado contra el primer mandatario impidi el dilogo con La Minga.

A estas alturas el gobierno tiene un panorama incierto que tiene como principal causa no haber podido disear una agenda y una dinmica independiente de su partido CD y de su mentor Uribe. Los pataleos para impedir el rechazo en la Cmara y en el Senado a las objeciones a la JEP van a dejar heridas que no van a ser fciles de restaar en el futuro.

Preguntas necesarias

Vamos hacia un estado de tensin que ponga en peligro la estabilidad del gobierno y de las mismas instituciones? Detrs de bastidores habr intereses oscuros manejando los hilos para conducirnos a escenarios de mayor desestabilizacin? Quines le temen a la verdad y a la paz estarn utilizando a Duque como lo hacen con Guaid en Venezuela?

Pronto lo sabremos!


Notas

[1] Taleb, Nassim Nicholas (2014). El Cisne Negro El impacto de lo altamente improbable. Paids.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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