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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2019

Como en otros pases, los recientes golpes en Argelia y Sudn evidencian que las Fuerzas Armadas son otra amenaza contra los deseos de cambio en la regin
Los dictadores rabes caen, pero los militares obstaculizan la democracia

Ricard Gonzlez
La Nacin


En parte de la prensa occidental se puso de moda definir como "invierno islamista" el momento marcado por el ascenso electoral de partidos islamistas en las primeras elecciones posteriores a las llamadas "primaveras rabes". En Tnez, Egipto y Libia, las fuerzas islamistas fueron las vencedoras en las urnas en los albores del experimento posrevolucionario.

El concepto reflejaba fielmente la aprensin de las cancilleras occidentales hacia los movimientos islamistas, incluidos aquellos moderados y con vocacin institucional. Sin embargo, con la distancia de los ocho aos pasados de aquel 2011 inconformista, parece evidente que el verdadero "invierno", la verdadera amenaza contra el proceso de democratizacin, vesta uniforme militar. Y Argelia y Sudn podran terminar representando nuevos ejemplos de esta situacin.

Si un actor de los factores de poder ha conseguido ser hegemnico en el mundo rabe desde las independencias, sobre todo en los Estados constituidos en repblicas, ha sido el Ejrcito. En algunos lugares, como Argelia, fue el resultado de una liberacin nacional conseguida a travs de una sangrienta guerra. En otros, como Egipto, la hegemona militar se construy sobre una institucin robusta creada por la potencia colonial para sofocar los levantamientos nacionalistas o para asegurar el control de los puntos geoestratgicos claves.

El hecho de que muchos pases fueran heterogneos tnicamente, sin una identidad nacional propia, o bien sintieran como un trauma sus derrotas frente a Israel dificult la instauracin de regmenes democrticos y facilit la creacin de Estados pretorianos.

Unas pocas dcadas despus del ocaso colonial, la mayora de las naciones rabes eran gobernadas por dictadores militares: Saddam Hussein, en Irak; Hafez al-Assad, en Siria; Gamal Nasser, Anwar el-Sadat o Hosni Mubarak, en Egipto. En algunos casos, esos regmenes evolucionaron hacia sistemas ms personalistas, en los que las Fuerzas Armadas como estamento fueron perdiendo peso en la escena poltica.

El caso del Egipto de Mubarak es paradigmtico. Poco antes del levantamiento de la Plaza Tahrir, el "ras" preparaba una sucesin dinstica a travs de su hijo Gamal, que ni tan siquiera haba pasado por una academia militar.

As las cosas, no es de extraar que cuando los jvenes rabes se rebelaron contra unos sistemas que no aportaban ni pan ni libertad y solo beneficiaban a una reducida elite los Ejrcitos se desmarcaran de los presidentes y se arrogaran el rol de canalizar las demandas populares. En Tnez y Egipto, fueron los militares quienes abrieron la puerta de salida a Zine El Abidine Ben Ali y Mubarak, respectivamente.

Pero, en general, es posible decir que las elites militares han sido las principales ganadoras de las revueltas, quiz porque no solo eran el actor con mayor capacidad coercitiva, sino tambin por su cohesin frente unos movimientos opositores mucho ms magmticos que slidos. Egipto o Siria son ahora unas dictaduras con un mayor sello militar que antes de 2011, y el general Jalifa Haftar pretende hacer lo propio en Libia.

Vistos estos antecedentes, no es de extraar que en Argelia o Sudn, que estn experimentando tambin unas movilizaciones populares ejemplares, la cpula militar est intentando aplicar el mismo manual que sus colegas en pases vecinos.

El ministro de Defensa sudans, Ahmed Ibn Auf, proclam la "cada del rgimen" al anunciar el derrocamiento del presidente Omar al-Bashir, como si l mismo no formara parte del corazn del sistema. El mismo ejercicio de travestismo prueba el jefe del Estado Mayor argelino, Ahmed Gaid Salah, que calific de "una mafia" al clan del expresidente Abdelaziz Buteflika tan solo un mes despus de haber defendido a capa y espada la reeleccin del "ras" catatnico.

Pero si los regmenes han aprendido las lecciones de los ltimos aos de vaivenes polticos en la regin, tambin lo hicieron los activistas. No parece que los argelinos o sudaneses se vayan a dejar engatusar. En ambos pases, una brevsima luna de miel entre la calle y las Fuerzas Armadas puede dar pie a un agrio divorcio. Los militares quieren tutelar un proceso de transicin que podra desembocar en una nueva versin del antiguo orden con alguna cara nueva, en lugar de una democracia pluripartidista, como pide la oposicin. Las cancilleras occidentales haran bien tambin en sacar sus propias conclusiones de la evolucin de la regin.

Si algo muestra el Egipto de Abdelfatah Al-Sisi es que una dictadura militar puede generar ms violencia de la que dice querer atajar. Quien busque la estabilidad en el mundo rabe antes la encontrar en una democracia convulsa que en una engaosa "pax militar".


Fuente original: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/los-dictadores-arabes-caen-pero-los-militares-obstaculizan-la-democracia-nid2238133



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