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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2019

Cuntos tipos de voto hay?

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Empecemos por el votante democrtico, ese que examina los programas, los compara con su ideario y vota para acercarse lo ms posible a un gobierno de principios. Ese votante, lo sabemos, es una ficcin, necesaria quizs como velo de ignorancia, pero que en la realidad no existe. Nadie se lee los programas, ni siquiera los dirigentes de los partidos, y las pldoras que sueltan aqu y all, abrevadas en argumentarios prt--porter, son como globos de colores o golosinas de feria, destinadas a dar titulares de prensa y proporcionar carnaza en nuestros medios y tertulias partidistas.

Todos somos conscientes de que las promesas y eslganes de nuestros polticos forman parte de un potlatch escnico en el que las palabras flotan desconectadas de los objetos, destinadas a electores desconectados de la realidad que no se creen los discursos pero que han aceptado la autonoma de este intercambio y se alinean, se indignan, se apaciguan llevados por un placer esttico decisivo en una campaa electoral. De hecho, las campaas electorales slo cobran sentido en la medida en que este placer esttico cuenta, bien para atar a los ya convencidos, bien para araar algunos votos a los rivales contiguos. Porque -digamos la verdad- lo que ninguna campaa electoral se plantea es interpelar a ese sector ms desfavorecido, vinculado a la realidad y desvinculado de la democracia, que no espera ningn bien de la poltica ni ningn placer esttico de sus rivalidades discursivas.

Luego estn los votantes que s existen. El primero es el ideolgico, que se confunde con el futbolstico. Bajo el bipartidismo ste era el votante mayoritario: tanto el PSOE como el PP tenan, en efecto, sus votantes fieles que perdonaban cualquier dislate o desmn a sus partidos porque eran los suyos. Como quiera que el votante democrtico -hemos dicho- no existe, salvo como ficcin necesaria, esta combinacin de herencia, rutina y hooliganismo determinaba que ideologas cruzadas garantizasen siempre un resultado parecido: gente de derechas que se crea de izquierdas votaba al PSOE y gente de izquierdas que se crea de derechas votaba al PP. Este votante consuetudinario ha perdido fuerza, como lo demuestra la sangra anunciada del PP, el partido que pareca apoyarse en un electorado ms correoso; as como la propia recuperacin anunciada del PSOE -vctima en 2015 de su propia sangra-, consecuencia menos de un retorno a la antigua fe que del contexto nuevo y sus equilibrios.

A continuacin tenemos el voto rebelde, el que de algn modo reflej y aceler la crisis del rgimen del 78. Este voto, ms impugnatorio que propositivo, se vincul inicialmente al 15-M y a Podemos, que supieron interpelar tambin al mundo de las ideologas cruzadas: mucho voto rutinario cruzado hacia la derecha descubri una opcin de izquierdas a la que poda votar sin remordimientos histricos. Ese fue, en buena parte, su xito. Hoy el voto rebelde se ha trasladado a la derecha, con la irrupcin de Vox, mientras que la rebelda de izquierdas vuelve, como antes de 2014, a la abstencin. O al menos se cierne sobre ella -la abstencin- como tentacin democrtica, envs especular del voto democrtico que mencionbamos al principio. Lo que ocurre es que una abstencin democrtica (la nica opcin profundamente democrtica, pues es la ms prxima a un ideario consciente) es un oxmoron. Es decir, una forma de autodestruccin.

Tenemos, por ltimo, el voto calculador. Si el voto rebelde se ha trasladado a Vox, el voto calculador se ha trasladado a la izquierda en general y, desde luego, a los rebeldes izquierdistas, obligados a reprimir con bridas razonables la tentacin democrtica de la abstencin. La derecha dividida y radicalizada convoca votos consuetudinarios, calculadores y rebeldes, todos los cuales se encontraban ya dentro del PP, de manera que, llegado el caso, como en Andaluca, se pueden dar la mano sin conflictos. El PSOE, por su parte, cuenta an con un puado de consuetudinarios, pero el voto que le va a dar la victoria procede del exterior y est asociado a una situacin de excepcin, como lo estuvo en el caso de la victoria de Zapatero en 2004. Ese voto exterior, que haba abandonado el PSOE y se haba ilusionado con Podemos, debe ahora, seco y dolido, escoger entre la nica opcin democrtica, la de la abstencin autodestructiva, o el voto calculador. Es muy duro pasar del entusiasmo utpico al clculo fro, pero es lo que hay. Ms duro an si se piensa que ese clculo no puede apoyarse en ningn asidero firme: la combinacin de encuestas increbles, ley electoral correctiva, divisin de la izquierda y electorado voltil hace que el gesto de depositar el voto en la urna buscando un resultado concreto se parezca mucho al de poner una ficha en el nmero 23 de la ruleta buscando salvarse de la ruina. Esta angustia contable en el vaco juega -es obvio- en favor del PSOE, que nunca volver a ser el PSOE del bipartidismo consuetudinario, pero que ha conseguido ya restablecer el eje izquierda/derecha y que puede servirse del superado y melanclico voto til para derrotar ahora a Unidas Podemos (que es, al mismo tiempo, su alimento y su rival exterior).

As que el clculo que hay que hacer no es electoral -donde todo es penumbra- sino poltico. Necesitamos un nterin o una prrroga de cuatro aos. La necesita Catalunya para amortiguar el conflicto y repolitizarlo en cauces democrticos. La necesita Espaa para construir una alternativa que, desde fuera de los envejecidos partidos del cambio, organice a medio plazo una constelacin capaz de recuperar el voto rebelde y de interpelar el democrtico. Para eso hace faltan dos cosas. La primera es impedir que gobierne la derecha radicalizada liquidando los bienes pequeos que an conservamos. La segunda impedir que un PSOE triunfante tenga demasiada libertad para pactar con Cs o para gobernar sin frenos: hay, como sabemos, un sector del PSOE que nunca negociar con Unidas Podemos y que -an ms- ha gobernado ya varias veces Espaa zapando el terreno para todas las derechas. Si la izquierda (pues volvemos a ser de izquierdas, mal que nos pese, al menos el 28 de abril) quiere alcanzar estos dos modestos objetivos, cuya nica alternativa es el batacazo civilizacional, debe evitar la tentacin de la autodestructiva abstencin democrtica; y, si tiene que votar y si slo puede hacerlo con clculo, ese clculo no puede ser electoral sino poltico. Y si ese clculo tiene que ser poltico, entonces es evidente que el voto ms til no es el voto al PSOE. Lo confieso: no quiero que gane el PSOE las elecciones y no querra que las ganara Unidas Podemos, pero s quiero que las ganen el PSOE y Unidas Podemos, de manera que, en un incmodo abrazo, se limen recprocamente las entraas- y nos otorguen as el tiempito que necesitamos para dejarlos atrs a los dos. Sabemos que, de todos los clculos posibles en el mundo real, un pacto PSOE-Unidas Podemos es la nica opcin que obligara al PSOE a cumplir su propio programa (no pedimos ya demasiado) y que prolongara as la excepcin espaola, sin ninguna certeza de futuro, pero aplazando al menos el presente inminente de nuestra derecha radical.

Creo que este clculo no es muy alentador, pero mucho ms desalentadora es la normalidad europea. Creo que nadie va a aplaudir este razonamiento, pero mi reducido crculo de lectores est compuesto de votantes rebeldes y abstencionistas democrticos, a los que no podra convencer ya ninguna jaculatoria. Lo que quiero decir -en resumen- es que la nica manera de evitar que gobierne la derecha es sostener a este Unidos Podemos declinante para que presione a un PSOE ilusoriamente en alza. El 28 de abril no se trata de transformar Espaa sino de conservar sus harapos. Ahora hay que presionar al PSOE y slo puede hacerlo, desde fuera, Unidas Podemos; luego habr que presionar a Unidas Podemos y slo podr hacerse desde un exterior desconocido que, por el momento, es slo -o sobre todo- intemperie. Por eso necesitamos tiempo (aunque haga fro).

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2019/04/15/cuantos-tipos-de-voto-hay/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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