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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2019

25 aos del 0,7%

Carlos Gmez Gil
Rebelin


Se cumplen veinticinco aos de las grandes movilizaciones que tuvieron lugar en toda Espaa a favor del 0,7% del PNB de ayuda a los pases empobrecidos, impulsando un movimiento inslito en el mundo por su fuerza, aunque sus resultados, con la perspectiva que dan estos aos, no hayan sido los esperados.

Un cuarto de siglo es tiempo suficiente para realizar un pequeo anlisis de lo que signific esta emblemtica campaa para el conjunto de la sociedad, precisamente en unos momentos en que la poltica estatal de ayuda al desarrollo en Espaa ha cado a mnimos histricos, tras la profunda involucin protagonizada por los Gobiernos del PP.

El 6 de abril de 1994 el entonces presidente de Ruanda, el general Juvenal Habyarimana, muri cuando su avin, a punto de aterrizar en el aeropuerto de la capital, Kigali, fue alcanzado por varios misiles. A continuacin, los rebeldes del Frente Patritico Ruands (FPR) avanzaron sobre la capital, desencadenando uno de los ms terribles genocidios conocidos en el siglo XX. Entre 800.000 y 1.000.000 de personas, mayoritariamente de etnia tutsi, fueron asesinadas de forma premeditada, en una accin planificada durante meses por fanticos Hutus, con la complicidad de varios Gobiernos occidentales. El 75% de los tutsis fueron asesinados de manera cruel, al tiempo que la prctica totalidad de las mujeres de esta etnia que sobrevivieron al genocidio, fueron violadas. Todo ello origin una gigantesca catstrofe humanitaria provocada por millones de personas que huan de forma desesperada para escapar de una muerte segura, especialmente hacia improvisados campos de refugiados en Zaire, hoy Repblica Democrtica del Congo.

La dimensin de la tragedia y especialmente la rapidez con que se desarroll, contaron con la pasividad de la comunidad internacional y de instituciones internacionales, que demostraron el escaso valor que otorgaban a la vida humana en algunas partes del planeta. Pero en esta ocasin, los medios de comunicacin retransmitieron por vez primera y en tiempo real, informaciones que detallaban la dimensin del gigantesco drama que se estaba viviendo en la regin de los Grandes Lagos. Ante nuestros ojos aparecan cientos de miles de personas cuyo nico propsito a lo largo de toda su vida era sobrevivir, algo que signific un autntico aldabonazo en muchas conciencias, llevando a numerosos ciudadanos de bien a preguntarse por las causas de tanto horror y la manera de paliar tanto sufrimiento humano. Se iniciaba un cambio trascendental en la opinin pblica espaola, que empezaba a mostrarse a favor de la ayuda a los pases pobres y la cooperacin internacional.

Un pas de espaldas a la cooperacin internacional

Por aquel entonces, un pequeo grupo de personas vinculado a algunas organizaciones humanitarias vena impulsando actividades en las que reclamaban el cumplimiento de la Resolucin 2626 (XXV) de las Naciones Unidas sobre la estrategia del segundo decenio para el desarrollo del ao 1970, para destinar el 0,7% del PNB de los pases ricos para la ayuda para el desarrollo del Tercer Mundo. As, en noviembre de 1993, cinco personas iniciaron una huelga de hambre para reclamar al Gobierno el 0,7%, consiguiendo que en diciembre, responsables gubernamentales del PSOE se reunieran con ellos, afirmando tras la reunin que se identificaban con los objetivos defendidos por los huelguistas. De hecho, los representantes socialistas afirmaron comprometerse a presupuestar el 0,4% de ayuda al desarrollo para el ao 1994. Al mismo tiempo, diferentes ONG, asociaciones y personas decidieron constituir una Plataforma de apoyo al 0,7%, en lo que signific su arranque formal ante la sociedad espaola.

Sin embargo, Espaa acababa de entrar en el club de pases donantes de ayuda al desarrollo, el Comit de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, mantenindose muy alejada de estas cuestiones, que solo empezaban a generar debates en mbitos cercanos a algunas ONG y en un reducido nmero de estudiosos que tratbamos por entonces de adentrarnos en este campo. Hasta el punto que muy pocas personas conocan el origen y el verdadero significado del 0,7%. Pero los sucesos que se desencadenaron en la regin de los Grandes Lagos en el ao 1994 sirvieron de catalizador en una doble direccin: permitiendo, por un lado, que las campaas minoritarias que hasta entonces se haban realizado a favor del 0,7% tomaran una nueva pujanza y se generalizaran en numerosas ciudades y municipios, y al mismo tiempo, que se pudieran plantear en sectores sociales y polticos amplios cuestiones relacionadas con las polticas de solidaridad internacional, generndose un debate sobre el papel de Espaa como pas donante y la efectividad de su desconocida poltica de ayuda al desarrollo.

El papel de las acampadas y movilizaciones

As las cosas, a lo largo de 1994 se extendi por Espaa un sentimiento difuso de solidaridad a raz de genocidio en Ruanda y la catstrofe humanitaria que se desencaden en la regin de los Grandes Lagos, tomando como bandera una reivindicacin hasta entonces minoritaria, como era el 0,7%. Por vez primera en nuestra historia, tenan lugar movilizaciones y actos masivos en los que se reclamaba un mayor esfuerzo econmico de Espaa con los pases pobres. De esta forma, la campaa a favor del 0,7% era capaz de plantear en Espaa de forma pionera nuestra responsabilidad en la reduccin de la pobreza en el mundo, ms all del horizonte electoral, realizando propuestas que muchos polticos de entonces consideraban un tab. Manifestaciones y encierros, huelgas de hambre y hasta 140 acampadas se sucedieron a lo largo y ancho de Espaa, teniendo lugar todo tipo de actividades en las que se analizaba, enseaba y comentaban temas que hasta entonces haban estado fuera de los debates ciudadanos. Algunos, recorrimos muchas de esas acampadas intentando explicar la complejidad de estas polticas y la necesidad de mejorar, con urgencia, nuestra poltica de cooperacin al desarrollo.

La fuerza de la marca 07%

Todo aquello de lo que careca el 0,7%, como movimiento social, en su construccin ideolgica, lo tena de formidable catalizador social y generador de simpatas, construyendo en muy poco tiempo un imaginario colectivo verdaderamente sorprendente. As, pocos saban de lo que se trataba, pero la mayora estaba a favor; ni siquiera las personas implicadas en las movilizaciones conocan a fondo la naturaleza de la poltica espaola de cooperacin y ayuda al desarrollo o las implicaciones econmicas y sociales de sus reivindicaciones, pero la unanimidad era absoluta en cuanto a la necesidad de alcanzar esa mtica cifra del 0,7% de la que todo el mundo hablaba. El extraordinario potencial del movimiento llev a que ningn mbito quisiera quedarse fuera del mismo: las universidades empezaron en muchos casos a abordar de forma pionera estos temas; los medios de comunicacin iniciaban la insercin de noticias y artculos de opinin hasta entonces ausentes; alcaldes y gobiernos autonmicos multiplicaban sus mociones de apoyo, al tiempo que todos los partidos polticos iniciaron una insensata carrera por erigirse en los mayores defensores de este movimiento y de sus reivindicaciones, utilizando de forma torticera la campaa y a sus lderes para hacer declaraciones demaggicas y firmar compromisos imposibles.

Las movilizaciones desencadenaron un autntico aluvin de ofertas y compromisos polticos por parte de todos los partidos, siendo numerosos los dirigentes que firmaban manifiestos, acudan a las acampadas o se hacan fotografas de apoyo con los activistas que se pusieron en huelga de hambre. Desde el Gobierno socialista de entonces, los responsables en materia de cooperacin trataron de desactivar un movimiento que supona toda una contestacin a la esculida e ineficiente poltica de cooperacin y ayuda que ellos mismos venan realizando, procediendo a firmar todo tipo de acuerdos con responsables de la Plataforma 0,7% y de ONG a sabiendas de su imposible cumplimiento. As, el PSOE firm llegar al 0,5% en el 1995, para alcanzar el 0,7% en el 1997, mientras que el PP en el mismo Congreso de los Diputados lleg a respaldar el 0,7% en el ao 2000 e incluso a afirmar que se podra llegar a alcanzar el 1% en esa misma fecha. Todo este juego de falsas promesas llev a desactivar gran parte de las movilizaciones y a levantar las acampadas, empujando a algunas ONG a difundir informaciones elogiosas sobre estos acuerdos engaosos y el fantstico rumbo que alcanzara desde entonces la ayuda espaola. En poco tiempo se demostr que todo era mentira, ya que la ayuda al desarrollo de Espaa comenz a descender, tardando toda una dcada en recuperar, siquiera, los niveles que tenia en el ao 1994, cuando se desencaden esta campaa.

Acuerdos, compromisos y pactos engaosos

Sin embargo, en el ao 1996 todos los datos confirmaron lo que muy pocos nos atrevimos a sealar por entonces, en la medida en que el Gobierno no solo incumpli sus acuerdos para incrementar la AOD, sino que, por paradjico que pudiera parecer, la AOD vivi un importante retroceso en el volumen de recursos empleados. Pero ello no pareca afectar a los responsables polticos, que continuaban haciendo declaraciones ampulosas sobre el crecimiento experimentado por la Ayuda al Desarrollo en Espaa, a la vez que multiplicaban mociones y acuerdos en el Parlamento, comprometindose a dedicar porcentajes y recursos inalcanzables.

Por si fuera poco, la inminencia de las elecciones en ese ao y una nueva huelga de hambre protagonizada por dos activistas en una roulotte instalada frente a la sede del PP madrileo, llevaron a que dos de los dirigentes populares, Loyola del Palacio y Rafael Hernando, junto a uno de los huelguistas de hambre y a un dirigente de una gran ONG, firmaran un nuevo Compromiso por la solidaridad, repitiendo nuevamente acuerdos y promesas que en muy poco tiempo se incumplieron tras las decisiones adoptadas por el PP nada ms ganar las elecciones y entrar en el Gobierno, en el ao 1996.

Encontraremos pocos ejemplos en la sociedad espaola donde haya habido tantas declaraciones engaosas, tantos acuerdos incumplidos, tal nmero de mociones y proposiciones parlamentarias aprobadas a propuesta de partidos, de uno y otro signo poltico, sobre una misma materia que han sido sistemticamente despreciados por parte de sus diferentes dirigentes polticos, como a lo largo de todos estos aos se ha venido produciendo en torno a la promesa del 0,7%. Todava algunos nos preguntamos, cmo se ha podido edificar un engao poltico tan grande, como ha sido el compromiso asumido primero por el PSOE y luego por el PP, de destinar el 0,7% del PNB para AOD, cuando exista tal grado de apoyo y simpata de la sociedad espaola hacia esta reivindicacin?

Principales bazas y debilidades del movimiento 0,7%

La campaa del 0,7% demostr la complejidad de los movimientos sociales en las sociedades contemporneas, la facilidad con la que stos pueden ser fagocitados por los poderes polticos y econmicos, as como la ausencia de escrpulos sobre la que algunos responsables polticos edifican su futuro. Pero lo que en un momento dado fueron algunas de las principales bazas de este movimiento, se convirtieron tambin en sus puntos ms dbiles. La extraordinaria difusin de la campaa en todo el Estado, la pluralidad de expresiones y actos, la espontaneidad con que fue construyndose el movimiento el 0,7%, junto a la enorme simpata que cosech, especialmente entre sectores jvenes y dinmicos de la sociedad, no impidi que la Plataforma de Madrid tratara de jugar con ventaja su situacin de centralidad y contacto con los poderes pblicos estatales, en detrimento de otras muchas plataformas locales en diferentes provincias. Adems, desde el movimiento de Madrid se dificultaron cauces de organizacin horizontales, manteniendo una visin naf de los problemas de la cooperacin y la ayuda al desarrollo muy alejada de la realidad, dificultando que se generaran estrategias para difundir mensajes rigurosos y estudios de una cierta profundidad, impidiendo as que se produjera una manipulacin de las reivindicaciones y movilizaciones de esta campaa.

Por decirlo de forma muy grfica, el 0,7% sucumbi bien pronto debido a la dificultad para gestionar el extraordinario xito que cosech y a causa de la manipulacin deliberada que del movimiento se hizo desde los partidos polticos. No era posible firmar ao tras ao acuerdos imposibles de cumplir (con solo revisar por encima los Presupuestos Generales del Estado y las grandes cifras de la cooperacin) con quienes avanzaban en sentido opuesto a estas peticiones, minando su credibilidad y contribuyendo, con ello, a difundir un discurso de incumplimiento sistemtico de estas polticas. Lo ms llamativo es que cuantos ms acuerdos y compromisos polticos firmaban quienes se erigieron en lderes de esta plataforma, ms se alejaba la ayuda espaola del cumplimiento del 0,7% y ms se reduca.

Pero no fueron solo los partidos polticos los que trataron de aprovecharse de la fuerza de este movimiento, sino que tambin el poder econmico comprendi bien pronto los beneficios que poda recoger aprovechndose de sus valores y de su potencial legitimador. Y as, tabacalera utiliz para la promocin publicitaria de su marca de cigarrillos, Fortuna, los valores del 0,7%, aderezndolo con una polmica campaa de supuestas subvenciones a proyectos, a los que concurrieron algunas ONG que evidenciaron su falta de escrpulos para captar recursos, iniciando un debate que contribuy a erosionar a la CONGDE, al dar por vlida en algunas ONG la mxima de Maquiavelo de que el fin justifica los medios. Todo serva para obtener dinero para sus proyectos, abriendo un debate no resuelto en el oenegesmo que ha llevado a algunas de ellas a sacrificar principios ticos, cdigos de conducta y valores esenciales.

El mayor movimiento de solidaridad en Espaa

Ahora bien, hay otros muchos ngulos que tambin tienen que ser tenidos en cuenta para valorar en su justa medida lo que ha sido el mayor movimiento de solidaridad internacional generado en la sociedad espaola. As, la movilizacin por el 0,7% ha sido capaz de alimentar nuevos movimientos sociales relacionados con estas cuestiones, algunos de ellos de una gran madurez, que han puesto en prctica algunas de las lecciones que aprendieron. Los grupos contra la deuda externa que se articularon en torno a la RECADE y que culminaron en la campaa Deuda externa, deuda eterna; los movimientos en contra del BM y del FMI, o las organizaciones altermundialistas surgidas en los ltimos aos ante su preocupacin por el avance del proceso de globalizacin, son ejemplos de lo que decimos. Tampoco se puede ignorar que esta movilizacin permiti que se democratizara un debate social en torno a los problemas del hambre, el subdesarrollo y las polticas de solidaridad internacional. Buena prueba de ello es que en la segunda mitad de los 90 se publicaron algunos de los mejores libros y estudios sobre solidaridad, ayuda y cooperacin internacional en Espaa. Incluso las acampadas del 15M emulaban, en muchos lugares, las acampadas del 0,7% del ao 1994.

Una sensacin agridulce

Pero posiblemente, el mayor logro de esta campaa no pueda interpretarse en clave estatal, sino por el contrario, a nivel autonmico y local. El avance que vivieron en Espaa las polticas de cooperacin descentralizada que se llevaron a cabo en ayuntamientos, diputaciones, cabildos y comunidades autnomas desde entonces fue, sin ninguna duda, el mayor logro de esta campaa, y uno de los mayores avances experimentados por la poltica de cooperacin espaola hasta la llegada de la crisis. La poltica de cooperacin descentralizada en Espaa es nica en el mundo, siendo un espacio de vitalidad, originalidad y avances, poco reconocido. Espaa es un donante muy notable en la cooperacin al desarrollo que se realiza desde las instituciones descentralizadas a lo largo y ancho del pas, en infinidad de ciudades, comunidades autnomas, diputaciones y cabildos, con un volumen de recursos muy importantes y crecientes, generando prcticas y experiencias de solidaridad y participacin extraordinariamente enriquecedoras. Y ello se debi gracias a las movilizaciones del 0,7% en el ao 1994 y a las numerosas personas y organizaciones que participaron en sus movilizaciones. Un buen ejemplo fue el Concejal de Solidaridad del Ayuntamiento de Crdoba, David Luque, ya fallecido, que sali de las movilizaciones del 0,7% y trabaj posteriormente desde el Ayuntamiento de esta ciudad para llevar a cabo las reivindicaciones de estas movilizaciones en su propia ciudad. Tambin las universidades crearon oficinas, programas, cursos y posgrados, otorgando a estas materias una importancia docente e investigadora hasta entonces inexistente. Al mismo tiempo, las ONG deben ser citadas tambin como entidades que se beneficiaron de esta campaa, al ver aumentar, hasta la llegada de la crisis, sus recursos disponibles y gozar de una mayor relevancia social e institucional.

Los gobiernos del PP dinamitan el 0,7%

Sin embargo, a pesar de la campaa del 0,7%, la ayuda espaola nunca consigui, ni de lejos, aproximarse a esta cifra, alcanzando su mximo histrico en el ao 2009, con el 0,46% de AOD dedicado por el entonces Gobierno de Rodrguez Zapatero. Bien es cierto que nuestra poltica de ayuda al desarrollo mantena, por entonces, importantes problemas que daaban su calidad y cuestionaban seriamente su efectividad.

Sin embargo, a partir de esa fecha y con la excusa de la crisis, los sucesivos gobiernos del Partido Popular, presididos por Mariano Rajoy, han protagonizado el mayor retroceso en la historia de la ayuda al desarrollo en un pas donante, llevndola a un progresivo desmantelamiento, con cifras del 0,1%, similares a los niveles que tena Espaa en los aos 80, situndonos en el pelotn de cola de los 30 pases donantes del CAD. Todo ello subraya bien a las claras el papel que el PP da a las polticas de solidaridad internacional, a la cooperacin al desarrollo a y la lucha contra la pobreza, arrojados como estamos a las fuerzas del mercado y a los intereses de los poderosos. Al mismo tiempo, es importante destacar cmo el Partido Popular ha tenido, al frente de diferentes organismos e instituciones de ayuda y cooperacin, a personas que posteriormente han sido procesadas y condenadas por diferentes delitos de corrupcin, mientras recortaba de manera dramtica y con saa la ayuda a los pases empobrecidos, o directamente la eliminaba, como ha hecho en diferentes comunidades autnomas y ayuntamientos, con la falsa escusa de la crisis. Por ello, en estos momentos la prioridad en nuestro pas pasa por una reconstruccin profunda de las polticas de cooperacin al desarrollo, reducidas a su mnima expresin durante el mandato del PP, que se han alejado del cumplimiento del 0,7% como nunca antes se haba visto desde que Espaa es pas donante.

Entender los nuevos valores de la ayuda al desarrollo

Es cierto que, a lo largo de estos veinticinco aos, los cambios en la agenda del desarrollo internacional, los nuevos desafos en las polticas de cooperacin al desarrollo y una conciencia de permanente crisis en la ayuda internacional han generado nuevos enfoques que van ms all de un entendimiento limitado de la ayuda a travs de la simple medicin de los flujos de ayuda asignados. Pero no debemos olvidar que sin recursos, no hay polticas posibles, al tiempo que el acuerdo unnime de la comunidad internacional del ao 1970 que tiene como base comprometer a todas las naciones en la eliminacin de la pobreza, requiere, a su vez, de otras muchas polticas interconectadas capaces de proporcionar servicios esenciales, junto a la garanta de derechos bsicos acompaados de justicia, libertad y dignidad, algo cada vez ms erosionado en todo el mundo.

Por ello, las polticas de solidaridad internacional tienen, tambin, el valor de actuar como fuerte pegamento para la cohesin social sobre la base de valores compartidos, como vemos en los pases que han dado al 0,7% carta de naturaleza. No es por ello casual que los defensores del individualismo daino, del liberalismo depredador, del capitalismo salvaje, sean precisamente quienes ms dao han hecho a las polticas de cooperacin al desarrollo, como hemos visto con nitidez desgraciadamente en Espaa.

A pesar de que Espaa se encuentra muy lejos todava del 0,7%, la semilla plantada hace 25 aos con las movilizaciones, luchas y trabajos que reivindicaron el cumplimiento de este compromiso, hace que su fruto sea, hoy en da, mucho ms valioso de lo que parece.

Carlos Gmez Gil es Doctor en Sociologa y profesor de cooperacin al desarrollo en la Universidad de Alicante. Publica su blog www.carlosgomezgil.com donde recoge otros muchos trabajos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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