Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2019

Sin esperanza

Jaime Richart
Rebelin


No creo que haya quien se sienta ms afectado personalmente por el cambio climtico que el meteorlogo. Sobre todo si est entrado en aos. Su seguimiento de la progresiva disminucin de las precipitaciones, de la alteracin estacional de las temperaturas, de la asimismo progresiva ausencia de una significativa uniformidad en los fenmenos atmosfricos, a buen seguro le debe resultar pattico mientas desempea su oficio... No s si el Montes de Oca que publica en Rebelion, Detengamos el holocausto, es aquel que fue el paradigmtico hombre del tiempo de la televisin pblica, pero aunque ste no fuese l, vale lo que digo acerca del meteorlogo.

En todo caso, el ttulo del artculo publicado se explica por s solo y no puede referirse sino a lo que pensamos y sentimos sobre la biosfera todo espritu que no est aletargado. Y a su contenido no podemos por menos que adherirnos sin condiciones todos cuantos no cometemos el error o el pecado de negar la mutacin climtica a la que venimos asistiendo hace muchos aos. Concretamente yo empec a sospecharlo un da de marzo de 1992. Estando en mi jardn donde tengo un termmetro, un buen da me sorprendi que por aquellas mismas fechas de marzo nunca hasta entonces se haba alcanzado a las 11 de la maana la temperatura dos o tres grados por encima de la que estaba viendo. Y como tengo la sensibilidad del pastor de ovejas casi exacerbada, me vino repentinamente la inspiracin/visin de lo que ha ido ocurriendo despus. Desde entonces, sin poder evitarlo, el ritmo de la Naturaleza lo siento como quien tiene un marcapasos que funciona, pero funciona intermitente o defectuosamente. Y desde entonces no he dejado de prestar atencin al asunto. Es ms, tengo que hacer esfuerzos para no obsesionarme como el Michel del film "El reverendo".

As es que casi desde entonces ya pens que escribir alertando del peligro que corre la Humanidad, arengando a los responsables de males futuros para que los eviten o haciendo esfuerzos poticos para inspirar confianza al lector y de paso uno a s mismo, es muy hermoso. Adems si se hace con fundamentos, solidez documental y belleza expresiva transmite al lector consuelo y esperanza. Pero me siento incapaz de intentarlo. S bien, por tanto, que el catastrofismo y el alarmismo son nocivos y que la esperanza y el espritu positivista es lo ms adecuado para la comunicacin, y an ms para la comunicacin de masas. Pero creo que la suerte est echada. En este asunto del cambio climtico, sus causas y las consecuencias catastrficas que est originando y las que habr de causar, no hay nada qu hacer. Mejor dicho, habra tanto que hacer, que no es imaginable la sinergia suficiente entre los poderes del mundo, de los que el poder poltico es el que menos fuerza tiene pese a ser de creencia superficial que es el que puede y debe imponerse sobre los dems poderes.

Porque los poderes reales del mundo que lo dominan son inasibles. Son inmunes a las leyes, carecen de las propiedades de los mecanismos, ms bien los rganos dotados de la sensibilidad y humanismo que hacen posibles los cambios, y mucho menos los que haran posibles los cambios enrgicos y casi sbitos requeridos por las condiciones medioambientales y climticas perdidas. Pero la psicologa profunda nos revela que hay acciones aparentemente racionales del hombre que estn gobernadas en realidad por fuerzas que l mismo ignora o que estn ligadas a un simbolismo absolutamente ajeno a la lgica corriente. No se puede detener el holocausto. Creo que hemos llegado al punto de no retorno. Aunque de pronto todos los gobiernos del mundo adoptasen acuerdos para reducir drsticamente la produccin de objetos superfluos (y superfluo en este contexto extremo sera todo lo que no es indispensable para la vida), y no slo los gases nocivos, aunque sbitamente dejasen de fabricarse, en el hipottico proceso regenerador a partir de ah de las condiciones de equilibrio de la biosfera de las que se supone partimos y hacia las que desearamos dirigirnos, hara acto de presencia, primero el principio de incertidumbre de Heisenberg, luego la ausencia de la lgica corriente inaplicable a los hechos de la Naturaleza, y luego, el impredecible nmero de dcadas o centurias a priori necesarias para intentar restablecer las condiciones anteriores al desastre.

De modo que el llamamiento a la sensatez que hagamos Montes de Oca y yo y todos los ya apuntados y que quieran apuntarse a quienes en apariencia la han perdido por la obsesin de suministrarse y suministrar beneficios a unos cuantos a cualquier precio, son resueltamente intiles. Est demostrada la inutilidad de antemano. Por la respuesta ya expresa de los mandatarios negacionistas y por el resultado inoperante de los mandatarios que no sindolo, no pueden hacer nada frente a ellos y slo pueden lucir su buena voluntad. Porque los llamados a cambiar de paradigma, a renunciar al paradigma de la ganancia como nica y legtima aspiracin del ser humano, estn a su vez dominados por esas fuerzas que ignoran. Estn atenazados o abducidos por el fatalismo de esa parte atroz de la condicin humana. Hay dos clases de depravacin: elegir lo que impide o destruye nuestra existencia y organizar la sociedad por la ley de ms fuerte porque es la que rige en la Naturaleza. Por sta se guan los dominadores. Y los dominadores, ya lo sabemos, son los capitalistas, los mayores enemigos del capitalismo, ahora envalentonados por el neoliberalismo y resueltos a privatizar el aire que respiramos. La resistencia a su dominacin en el mundo, es la que es, pero demasiado dbil comparada con su fuerza y su determinacin. Pues la fuerza del dinero y de las finanzas con la que cuentan es abstracta, transversal y se extiende subterrneamente por todas las naciones. Y como esto es as, nada puede cambiar... a menos que la Humanidad sin tapujos les declare urbi et orbe la guerra. Por lo menos la guerra a su falta de conciencia y a esa ambicin...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter