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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2019

Argelia y Sudn, la nueva ola de las revueltas rabes

Benjamin Barthe
Le Monde

Traducido del francs para Rebelin por Alberto Nadal


Los movimientos anti-Bachir y anti-Buteflica demuestran que la aspiracin al cambio en Prximo Oriente y en frica del Norte no resultado mermada por la fortuna muy diversa de las movilizaciones fundadoras de 2011.

Las y los egipcios nostlgicos del levantamiento de la plaza Tahrir, el epicentro de la revolucin de 2011, han dormido poco estos ltimos das. Pegados a las redes sociales, han seguido cada minuto de la revuelta de la gente en el vecino Sudn, prodigndole consejos y nimos.

Desde que Omar Al-Bachir ha sido derrocado, el jueves 11 de abril, por generales que parecen poco apresurados por pasar el poder a las y los civiles, les exhortan a mantener su presin sobre el ejrcito, continuando su acampada ante su Cuartel General, en Jartum. El viernes, Awad Ibn Auf, jefe del Consejo Militar de Transicin, ha anunciado en un discurso a la Nacin haber renunciado a su puesto, y nombrado en su lugar a Abdel Fattah al-Burhan Abdelrahmane, inspector general de las fuerzas armadas. Esta declaracin ha sido acogida con escenas de gran alegra en la capital sudanesa.

"Recordad que una revolucin a medias es un suicidio completo, recuerda en Facebook. Gamal Eid, una figura egipcia del movimiento de defensa de los derechos humanos. No dejis que el ejrcito confisque los frutos de vuestra lucha"

Palabras alimentadas por una triste experiencia. Cegados por su fe en su propio ejrcito, que haba precipitado la cada de Hosni Mubarak, en febrero de 2011, los motines de Tahrir haban abandonado la plaza, abriendo la va a la vuelta del antiguo rgimen, dos aos y medio despus, en la persona del general Abdel Fattah Al-Sissi, hoy presidente de Egipto, que gobierna con una mano de hierro.

Este dilogo a travs del tiempo y del espacio, entre los antiguos rebeldes de El Cairo y los actuales contestatarios de Jartum, pone a la luz el hilo que liga el levantamiento de Sudn as como el de Argelia, a la secuencia revolucionaria de 2011.

Segunda edad de las "primaveras rabes", los movimientos anti-Bachir y anti-Abdelaziz Buteflika, el presidente argelino depuesto, demuestran que la aspiracin al cambio, tanto en Prximo Oriente como en frica del Norte, no ha resultado mermada por la fortuna muy diversa, y a menudo trgica, de las movilizaciones fundadoras de 2011.

"Esto demuestra que el rechazo a los regmenes autoritarios, por frustrado que haya resultado en ciertos pases, sigue siendo igual de profundo, observa Tarek Mitri, director del instituto Issam Fares, un centro de anlisis de las polticas pblicas y de los asuntos internacionales en la Universidad Americana de Beirut. Es importante poner fin a la falsa idea de que las y los rabes, al no haber logrado sacar adelante sus revoluciones, estaran nostlgicos del antiguo orden".

Salvo Tnez, que ha sabido desarrollar, a trancas y barrancas, un sistema poltico relativamente inclusivo, los pases afectados por los movimientos de protesta de hace ocho aos han cado bien en la guerra civil (Siria, Yemen, Libia), bien en la restauracin autoritaria (Egipto, Bahrein). Pero estos contra-ejemplos no han bastado para disuadir a las y los argelinos y sudaneses de salir a la calle para intentar, a su vez, tomar su destino en sus manos.

"Estamos confrontados a un movimiento histrico de convulsiones, plantea la politloga Maha Yehya, directora de la oficina de la fundacin Carnegie en Beirut. El viejo sistema de gobernanza, que ha predominado estos ltimos sesenta aos en el mundo rabe, est en las ltimas. Las causas estructurales de las crisis de 2011 no han sido tratadas y por ello la protesta vuelve a desarrollarse".

Entre esos factores estn: la prdida de legitimidad de regmenes osificados, preocupados nicamente por su perpetuacin; la quiebra de sistemas econmicos, rentistas o depredadores, incapaces de hacer frente a la llegada al mercado de trabajo de una poblacin en constante expansin; y la tirana de los Estados policiales que, en ausencia de proyecto colectivo, funcionan hasta que el muro del miedo estalla en pedazos.

"Esterilidad poltica absoluta"

La oposicin de la gente en Argelia al proyecto de quinto mandato de Buteflika, el error fatal cometido por su clan, ha hecho eco a la negativa de la gente en Egipto a ver a Hosni Mubarak ceder su puesto a su hijo Gamal y transformar su pas en monarqua republicana. La exasperacin de las y los sudaneses ante la triplicacin del precio del pan, desencadenante de las manifestaciones, ha recordado la indignacin de las y los tunecinos, tras la inmolacin pegndose fuego de Mohamed Bouazizi, el vendedor ambulante humillado por la polica.

Estos dos ltimos aos, varias sacudidas de clera, sectorial o localizada, ya haban sealado que el fuego de 2011 segua estando bajo las brasas: en el Rif marroqu, por ejemplo, una regin histricamente marginada por el poder, y en Bassora, en el sur de Irak, una zona que sufre la incuria y la corrupcin del Estado, tentada por la autonoma.

"En verdad, hace veinte aos que el mundo rabe est impregnado de un clima revolucionario, debido a la esterilidad poltica absoluta a la que se ve confrontado", sostiene Peter Harling, director de Synaps, un gabinete de anlisis con base en Beirut y centrado en las problemticas socio-econmicas. Como anunciadoras de la erupcin de 2011, este especialista del Prximo Oriente cita la primavera de Beirut de 2005 [una movilizacin que llev a la salida de las tropas de ocupacin sirias] y la victoria sorpresa de Hamas en las legislativas palestinas de 2006.

"Las sacudidas geopolticas de esta poca [como los conflictos en Irak, a partir de 2003 y la segunda guerra de Lbano en 2006 entre Israel y Hezbol] han distrado la atencin. Pero en 2010, esta tensin volvi a aparecer y las cuestiones de gobernanza pasaron naturalmente al primer plano. Habr otros pasos en el vaco en el futuro, pero las revueltas volvern. Mientras los sistemas polticos no tengan nada que ofrecer, las sociedades no pueden sino tentar al diablo".

Las pequeas monarquas del Golfo, que abrigan sociedades jvenes, rebosantes de petrodlares, estn al abrigo, a priori, de todo acceso de fiebre revolucionaria. Siria y Yemen, dos Estados en pedazos, estn probablemente inmunizados, para algunos aos, contra toda vuelta de estos vrtigos, Si el mariscal Khalifa Haftar logra apoderarse de Trpoli, la capital libia, esto podra arruinar la ltima oportunidad de que ese pas conozca una evolucin a la tunecina. Pero la vuelta al autoritarismo tanto all como en otras partes no ser jams garanta de estabilidad.

Benjamin Barthe es corresponsal de Le Monde en Beirut.

Fuente: https://www.lemonde.fr/afrique/article/2019/04/13/algerie-et-soudan-la-nouvelle-vague-des-revoltes-arabes_5449654_3212.HTML

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin.org como fuente de la traduccin.



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