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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2019

Palestina
El fraude histrico del plan de paz estadounidense

Ren Backmann
Mediapart


 El acuerdo del siglo anunciado por Donald Trump rompe con la tradicin diplomtica estadounidense y el consenso jurdico internacional al reconocer unilateralmente, el 6 de diciembre de 2017, a Jerusaln como capital de Israel. El plan de paz estadounidense para Palestina que la Casa Blanca prepara desde hace ms de dos aos podra ser revelado en los prximos das.

El plan de paz estadounidense para Palestina que la Casa Blanca prepara desde hace ms de dos aos podra ser revelado en los prximos das. Presentado por Donald Trump como el acuerdo del siglo, corre el riesgo de pronto ser considerado por los historiadores como el timo diplomtico del siglo. O, al menos, como la tentativa de timo del siglo. Destinado en principio a resolver el conflicto entre Israel y los palestinos, que dura ya ms de setenta aos, si fuera aplicado conforme a los elementos que han sido comunicados a varios pases de la regin, terminara de hecho en la liquidacin sin solucin de la cuestin palestina, tal como est inscrita en la historia y el derecho internacional.

Lo que se ha intentado antes ha fracasado. Pienso que tenemos ideas nuevas, frescas y diferentes, confiaba el jefe de la diplomacia americana, Mike Pompeo, en una audicin el 27 de marzo ante la Cmara de Representantes. Invitado a ser ms preciso, el secretario de Estado indic que el futuro plan de paz pondra fin al consenso tradicional sobre cuestiones clave como Jerusaln, las colonias o los refugiados. Cuando recordamos que la Administracin Trump ha terminado ya con el consenso internacional, es decir, con la tradicin diplomtica estadounidense y el consenso jurdico internacional, al reconocer unilateralmente, el 6 de diciembre de 2017, a Jerusaln como capital de Israel y transferir cinco meses despus su embajada y reconocido, hace tres semanas, la soberana israel sobre el Goln, ocupado como Cisjordania, Gaza y Jerusaln Este desde 1967, podemos imaginar en qu direccin esas ideas nuevas, frescas y diferentes de los colaboradores de Donald Trump han podido orientar el contenido del acuerdo del siglo..

Como sabemos, es Jared Kushner, yerno de Trump y magnate inmobiliario como su suegro, el que pilota desde hace dos aos este proyecto junto con Jason Greenblatt, consejero especial de Trump para las relaciones internacionales, y David Friedman, embajador de los Estados Unidos en Israel. Greenblatt y Friedman, abogados de negocios, como Kushner, no tienen ninguna experiencia diplomtica ni conocimientos sobre Oriente Prximo ms all de Israel, donde estn implicados financieramente en las tareas de colonizacin.

Al haber sido boicoteados por el presidente palestino Mahmoud Abbas, que ha roto los contactos con Washington desde el reconocimiento de Jerusaln como capital, han elaborado el plan con el primer ministro Benjamn Netanyahu y sus colaboradores. Pero numerosos dirigentes rabes han sido consultados e informados, entre ellos el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sissi, el rey de Jordania Abdallah II, los soberanos de los reinos y emiratos del Golfo y sobre todo el prncipe heredero saud Mohammed Ben Salmane (MBS), amigo personal de Kushner. Varios de ellos se ven directamente concernidos por las disposiciones del plan, y no solamente para participar en su financiacin.

Segn los elementos que hoy se pueden reunir a travs de diversas fuentes diplomticas, est claro que, como anunciaba Pompeo, se ha roto el consenso tradicional en cuestiones claves como Jerusaln, las colonias o los refugiados. Pero tambin en otras cuestiones fundamentales como las fronteras y las garantas de seguridad. De hecho, el plan Kushner-Netanyahu no est basado, como las negociaciones anteriores, en un intercambio de concesiones territoriales, polticas, jurdicas o estratgicas sino en una oferta tipo lo tomas o lo dejas inspirada, segn ha confesado Trump, en los mtodos de negocio inmobiliario que han construido su fortuna y la de su yerno.

A cambio de la movilizacin de un fondo de ayuda de 25.000 millones de dlares, alimentado por las monarquas rabes, destinado a modernizar las infraestructuras, a la formacin profesional y a estimular la economa de sus territorios, los palestinos deben abandonar la mayor parte, si no la totalidad, de sus derechos nacionales histricos conforme al derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas. Jared Kushner lo ha revelado implcitamente en una entrevista concedida en junio de 2018 al diario palestino Al Qods: l se dirige al pueblo palestino, no a sus dirigentes, y busca su adhesin y su apoyo prometindoles no un Estado independiente sino una economa prspera y la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida. El mundo recuerda a Al Qods atraviesa una revolucin industrial y tecnolgica y los palestinos pueden beneficiarse de ello dando un salto para unirse a los lderes de la nueva era industrial. Son trabajadores, educados, vecinos del Silicon Walley de Oriente Prximo que es Israel. La prosperidad de Israel se extender a los palestinos si hay paz.

Un enclave administrativo en Jerusaln

Esta estrategia de paz utilizando la economa y el xito individual, que alimenta un sueo legtimo de prosperidad pero ignora deliberadamente los derechos de los palestinos como nacin, no es nueva. Pero es la primera vez que constituye la oferta ms importante de un plan de paz propuesto a los palestinos. Tambin es la primera vez, desde los acuerdos de Oslo de 1993, que son abandonadas casi todas las garantas de las fases precedentes de negociacin, que constituan hasta ahora la base de nuevas conversaciones.

Lo mismo ocurre con Jerusaln. Durante las negociaciones de Taba, en enero de 2001, la parte israel haba aceptado que la ciudad fuera la capital de los dos pases: Jerusaln para el Estado de Israel y Al Qods (nombre rabe de la ciudad) para el Estado Palestino. Los palestinos, por su parte, haban insistido en que Jerusaln Este fuera la capital de su futuro Estado. La estrategia de colonizacin y de anexin de facto de Jerusaln Este por Israel ha destruido progresivamente la hiptesis de coexistencia de las dos capitales. Despus, el reconocimiento unilateral por Trump de la ciudad como capital de Israel ha enterrado, de hecho, la aceptacin por ambas partes de una hipottica comparticin de soberana.

Esta opcin diplomtica no es conforme al derecho internacional ni a las resoluciones de Naciones Unidas. Ha sido cuestionada o condenada por la mayor parte de la comunidad internacional pero est confirmada por las disposiciones del plan de paz estadounidense. Una nica concesin israel propuesta en el documento: la creacin en Jerusaln Este de un enclave administrativo en el que se agruparn los servicios relativos a la gestin de la poblacin palestina. De una utilidad prctica discutible, este enclave tendra el principal mrito de demostrar que los dirigentes israeles han sabido valorar los sacrificios y los esfuerzos de las dos partes. El lugar preciso y el contenido exacto del enclave administrativo en Jerusaln Este no estn claros por el momento, pero se supone que esta creacin no va a albergar una representacin o un rgano poltico palestino como el Parlamento cuya construccin haba sido iniciada, y luego abandonada, hace algunos aos en Abou Dis, un barrio limtrofe de Jerusaln Este.

Los santos lugares musulmanes de Jerusaln Este, bajo tutela de Jordania en virtud de los acuerdos de armisticio israelo-rabes de 1949, no cambiaran de estatus y la libertad de circulacin y de culto en la explanada de las mezquitas estaran garantizados. Los dirigentes rabes consultados han insistido en este punto, segn declar Jared Kushner al diario palestino. Sobre un Estado palestino, en cambio, nada que hacer. La nica entidad prevista es una especie de bantustn palestino, sin soberana, ni unidad territorial, ni fuerzas de seguridad.

Innovacin importante y explosiva: el plan prev tambin la anexin a Israel de una buena parte de Cisjordania.

Empujado por la necesidad de convencer al electorado de colonos, que juzga capital para su reeleccin, Benjamn Netanyahu lo confes anticipadamente el pasado domingo afirmando que, si fuera elegido, se anexionaran inmediatamente los bloques de colonias y no retirara ninguna colonia juda aislada. Anuncio que coincide con una de las disposiciones del plan americano segn el cual Israel se anexionara la zona C de Cisjordania.

Esta zona, definida por los acuerdos provisionales de Oslo, que cubre el 60% de Cisjordania, se extiende desde la lnea de armisticio de 1949 (lnea verde) hasta el Jordn, que constituye la frontera con Jordania. Bajo control de seguridad y administrativo israel, esta zona concentra cerca de 200.000 palestinos y casi la totalidad de los 500.000 colonos israeles de Cisjordania. Contiene, en forma de islotes territoriales separados, la zona A (18% del territorio) que se extiende alrededor de las principales aglomeraciones palestinas, y la zona B (22%) formada por tierras sin construir.

Si se confirma esta disposicin, responder exactamente a una exigencia de los dirigentes israeles que repiten, desde hace aos, que el control del valle del Jordn es indispensable para la seguridad de Israel. Confirmara tambin que, como haba anunciado Jared Kushner, el plan de paz de la Casa Blanca permitir por fin a Israel definir claramente su frontera oriental. Una frontera hasta ahora incierta, ligada en teora al trazado de la lnea verde, que podra, si se aplica el plan, seguir el curso del Jordn. En esta configuracin, el territorio otorgado al Estado palestino se limitara, ms all del muro y de la barrera de separacin, a un archipilago de cantones dispersos que representa el 40% de Cisjordania, es decir, menos del 10% de la Palestina mandataria. La imposibilidad material de construir en ese espacio un Estado viable coincidira con el rechazo creciente, entre los dirigentes y una parte de la sociedad israel, de ver nacer un Estado palestino.

Incluso si la anexin de parte o toda Cisjordania es juzgada hoy como intil, incluso nociva para la seguridad de Israel, por algunos militares como los Comandantes de la seguridad de Israel, ms del 40% de los israeles se declara favorable, en diversas formas, 30% duda y slo el 28% se opone. Por lo tanto, son menos los imperativos de seguridad o estratgicos regionales que las consideraciones de poltica interior israel los que han guiado a Jared Kushner al incluir este proyecto en su plan.

Entre las dems disposiciones explosivas de este documento figura tambin el destino de los refugiados. Segn las informaciones comunicadas a algunos pases rabes, el derecho de retorno, aunque sea de forma simblica, de unos 5,2 millones de refugiados palestinos dispersos por el mundo rabe, ni siquiera se menciona en el acuerdo propuesto, a pesar de que figura explcitamente en la resolucin 194 de Naciones Unidas.

En Taba, en 2001, donde la delegacin israel haba rechazado el derecho de retorno pero admitido el deseo de retorno, los negociadores de los dos campos haban previsto, a ttulo simblico, el retorno en quince aos de 40.000 refugiados al territorio del Estado de Palestina pendiente de creacin.

Para la mayor parte de los refugiados, que no se habran beneficiado de esta repatriacin excepcional, estaban previstos programas de integracin en pases anfitriones y/o de transicin, sobre una base voluntaria, hacia terceros pases. Hoy seran viables slo esas dos ltimas opciones, a condicin de que los fondos movilizados lo permitan. Cuando se conoce la importancia poltica y humana de los refugiados, portadores del pas natal, en el movimiento nacional palestino, cuando se tiene en memoria la importancia dada a su destino en las conversaciones, desde Oslo, nos imaginamos la amplitud de la renuncia a la que estn obligados los palestinos por este plan de paz.

La clera del viejo rey Salmane

En Ramala, donde el nuevo primer ministro palestino Mohammad Shtayyeh no ha sido capaz an de formar gobierno tras un mes de consultas, los alarmantes rumores que circulan sobre el acuerdo del siglo se aaden a las especulaciones polticas, a las dificultades econmicas y al descrdito que azota a la Autoridad para aumentar el desarraigo de los palestino, cuyo futuro nunca ha sido tan sombro. Una cosa es segura -dice alguien cercano al presidente palestino-, si los estadounidenses y los israeles creen que presentando este plan como un hecho consumado van a hacerle ceder y conseguir su acuerdo, se equivocan. Es viejo y est enfermo, polticamente debilitado, pero no quiere morir como un traidor. Si un dirigente palestino tiene que aprobar un texto que niega la totalidad de nuestros derechos nacionales, no ser l.

El carcter desequilibrado y abiertamente parcial de este plan en que las concesiones de las dos partes estn lejos de ser equivalentes, explica en parte los numerosos aplazamientos de su presentacin. Numerosos dirigentes rabes, reticentes a participar en la movilizacin de 25.000 millones de dlares destinados a la financiacin de un proyecto tan discutido, incluso aunque no tengan nada que negar a Washington, temen las erupciones de clera que podran manifestarse entre la poblacin con la publicacin de un plan tan abiertamente favorable a Israel. Y no tienen ninguna gana de que sus conciudadanos sepan que han estado asociados a este proyecto. Ellos son pues el origen de las numerosas modificaciones del texto y del retraso en su publicacin.

El presidente egipcio al-Sissi, que haba mostrado en un primer tiempo un cierto inters en la creacin de una vasta zona industrial en el Sina, vecino de la franja de Gaza, que el plan Kushner pretende separar de Cisjordania y acercar a Egipto, parece hoy claramente menos entusiasta. La perspectiva de aadir a sus problemas domsticos la vigilancia de un territorio bajo control de una organizacin nacida de los Hermanos Musulmanes y en la que estn activos tambin partidarios de Irn, podra complicar sus relaciones con Trump, que acaba de mostrarse muy generoso con l en materia de lucha antiterrorista.

En Jordania, tambin dependiente de la ayuda estadounidense, el rey, que no subestima el eco desestabilizador que podra causar en su reino una explosin de clera en Palestina, parece tan desconfiado con las intenciones israeles sobre la gestin de los santos lugares musulmanes como con las ambiciones saudes. Desde hace algunas semanas -cuenta un diplomtico-, cada vez que el rey habla en televisin lo hace vestido con el uniforme militar, como si quisiera indicar a sus vecinos que Amman no est dispuesta a renunciar a su papel en Jerusaln.

Porque, bajo la influencia de MBS, el reino wahabita que acoge a las ciudades santas de La Meca y Medina, pretende aprovecharse del debilitamiento de los palestinos y del apoyo acordado en el plan Kushner para conseguir de Israel una presencia ms importante en el tercer lugar santo del Islam. Como el prncipe heredero saud ha sido, con su mentor emirat Mohammed Ben Zayed (MBZ), uno de los principales apoyos rabes del plan Kushner, tal vez sea desde Riad de donde vengan las reticencias ms molestas de la regin al proyecto estadounidense.

Al viejo rey Salmane, padre de MBS, muy enfadado porque sus amigos estadounidenses no hayan tenido en cuenta la iniciativa rabe de paz de 2002, que prevea la evacuacin por Israel de los territorios ocupados desde 1967 y la creacin de un Estado palestino con Jerusaln Este como capital, le ha costado admitir el reconocimiento de Jerusaln como capital de Israel y el abandono del proyecto de Estado palestino, lo que para l sera una derrota histrica de los rabes y de los musulmanes y no estara dispuesto a contribuir financieramente a este desastre. Reticencia que podra ser compartida por otros soberanos si la revelacin del plan estadounidense provocara manifestaciones de clera popular.

En otros trminos, aunque en el entorno de Netanyahu algunos estimen que Trump ser capaz de imponer su plan de paz en el momento que desee, como lo ha hecho sin causar una oposicin creble con el reconocimiento de Jerusaln como capital o la anexin del Goln, la partida esta vez podra ser ms difcil. Esto podra justificar un nuevo aplazamiento de la publicacin del documento hasta el 14 de mayo, por ejemplo, fecha aniversario de la proclamacin por David Ben Gurion de la independencia del Estado de Israel, en 1948.


Fuente original: https://www.mediapart.fr/es/


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