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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2019

La trascendencia y su sombra

Jaime Richart
Rebelin


Un escritor trata en diez volmenes de la imposibilidad del lenguaje inventado progresiva y sucesivamente no se sabe desde cundo; un mdico estudia cinco cursos para explicar que las enfermedades se curan solas; un cientfico estudia toda su vida en una universidad de vanguardia, y termina persuadido de algo de siglos atrs que contradice la ortodoxia de su estudio. M. Raymond Aron, rechazando con gesto cansado a Tucdides y a Marx, declara que ni las pasiones humanas, ni la economa de las cosas bastan para explicar la aventura de las sociedades. La totalidad de las causas determinantes de la totalidad de los efectos -dice, afligido- rebasan la comprensin humana. La Historia se encuentra claramente en uno de estos momentos incomprensibles y adems sin rumbo aunque es bien sabido lo que debiera evitarse, pero si los anteriores fueron paulatinamente doblegando al Mal, colectivamente no se tena consciencia plena de su magnitud y alcance. Hoy la tiene todo el mundo porque el Mal es ostensible al estar relacionado con el propio hbitat, aunque los mandatarios metan la cabeza entre las alas como el avestruz ante el peligro, incapaces de superar los intereses y el materialismo extremos. Por otro lado, estos tiempos no son para la duda, a todo se le da respuesta. Pero la verdadera aventura de la sociedades, nada tiene que ver con la poltica, ni con la Ciencia, ni con las finanzas, ni tampoco con los pronunciamientos de las Academias, ni con los de los laboratorios de ideas, menos con las religiones, menos con una evolucin de la naturaleza humana que permanece invariable y estanca, en parte anestesiada, en parte perpleja por las nuevas tecnologas. La aventura de las sociedades es independiente de todo eso: la psicologa profunda nos revela que hay acciones aparentemente racionales del hombre que estn gobernadas en realidad por fuerzas que l mismo ignora o que estn ligadas a un simbolismo absolutamente ajeno a la lgica corriente...

Leo que siete lumbreras de la Ciencia se rinden ante la alta probabilidad de la existencia de un Ser superior del universo. Nunca cre a los telogos. Pero no mucho ms a los cientficos, en sta y otras materias que no precisan de xegetas. Pues, aparte la volubilidad de la Ciencia oficial, me rebelo ante la idea de que el sentido del ser humano y su destino -y esto comprende toda la historia de la Humanidad- dependa de la opinin (o la conviccin tarda) de un nmero determinado de cientficos, como antes de la prdica de los telogos.

La Tierra tiene aproximadamente 4.500 millones de aos. El homnido, aproximadamente 315.000 aos y el Homo sapiens unos 75.000. En primer lugar, preocuparse por la hiptesis de un Ser superior, me parece propio de un psiquismo casi infantil. Pero en todo caso si existe o no, me resulta indiferente porque no cambia para nada mi vida en sta. Lo mismo que a l, si existe, ha de resultarle indiferente que yo crea o no en su existencia. En segundo lugar, dando por buenas esas cifras sobre la Tierra y el Hombre y habida cuenta que las religiones monotestas fueron fundadas hace poco ms de 2 milenios o menos, qu pasa con el espritu de los seres prehumanos y con los humanos faber o sapiens, anteriores a los fundadores de esas religiones? Vivieron incontables miles de aos equivocados o ignorantes y las generaciones de dos mil aos a esta parte tienen la ventaja de elegir entre la certeza y el error? Por qu nosotros hemos de gozar de ese privilegio, y ellos? Ni cientfica, ni filosfica, ni teolgica, ni lgicamente eso tiene explicacin, a mi juicio. Si ese Ser existe, lo que pide esa lgica hasta ahora incomprensiblemente sujeta a evolucin tambin segn los parmetros de la hermenutica, es que ese ser hubiese hecho publicar las Tablas de la Ley, el Gnesis y todos los textos relacionados con el principio de los tiempos al da siguiente de la Creacin para que la Humanidad supiese de qu va esto de la vida terrena...

En cualquier caso, no tengo fe en las respuestas de la sociedad (sociedad es todo lo que no soy yo) a los mil interrogantes que todo espritu despierto se plantea, ni mucha paciencia con sus soluciones para todo. Pero s tengo una paciencia infinita para esperar a descubrir lo que me depare mi destino una vez que haya abandonado el sarcfago donde est aprisionado mi alma probable. Y creo que ejercitarnos en la paciencia en este asunto es la primera regla de la estabilidad mental y del equilibrio nervioso en la vida real. Hasta ese momento, todo lo relacionado con la trascendencia debiera traernos sin cuidado. Semejante preocupacin no me parece propia de gentes con ese nivel de consciencia superior hacia el que progresa la humanidad, que va mucho ms all de la habilidad en hacer, en saber o en discernir. Lo que no significa que no podamos creer que ha de haber inteligencias muy superiores a las luminarias del nuestro, fuera de este mundo. Sobre todo, porque la inteligencia de humanos considerados especialmente inteligentes, no son holsticas, no abarcan ms que una nfima parte de todo el conocimiento porque se cien al objeto de su habilidad o de su estudio y cuando se salen de la una o del otro se pierden.

En todo caso, quienes laboran tozudamente para creer en algo concreto ms all del mundo sensible porque les aplaca la ansiedad y refuerzan su creencia predicndola, quiz hacen bien. Pero mejor haran si nos dejasen en paz a quienes fundamos nuestro sosiego en la esperanza. En la esperanza de otra vida mejor ms all de la vida, cuya forma, naturaleza y condiciones tambin nos resultan indiferente...

Goethe deca que los acontecimientos venideros proyectan su sombra por anticipado. Ahora ya se atisba la sombra del inminente: el cataclismo silencioso, vertiginosamente progresivo ocasionado por la mutacin del clima del planeta, ya pasada la ocasin de rectificar el ser humano sus prcticas descontroladas y destructivas de la biosfera. Esto es lo ms me subleva: la necia inteligencia de mis congneres capaces de proporcionarme mil artefactos para entretenerme y otros para acortar en mis desplazamientos un tiempo que en realidad es lo que ms nos sobra, pero incapaces de conservar adecentada la casa de todos que es la Tierra. Me encorajina, me preocupa y me deprime esto, mil veces ms que la hiptesis de la existencia de un Ser Superior y que mi destino en ultratumba...

 

Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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