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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2019

Exponer y exponerse, perfiles de una Bienal en La Habana

Mauricio Escuela
Rebelin


Se puede decir que en Cuba hay una vida pictrica silvestre, que los colores y las formas nos son consustanciales como nacin desde la esencia ms inicitica. Slo hay que echar un vistazo a las cuevas, donde estn los primeros documentos de la existencia del hombre en estas islas, para encontrarnos con un mundo de figuraciones.

A la vez, muchos artistas plsticos cubanos han practicado la comunicacin trascendente, a travs de las letras, la oralidad y la actuacin. Hay un todo que nos define y que compone la paleta del archipilago, una especie de misterio que todos pueden contemplar a plena luz del da, una rara joya que nadie esconde en estos lares.

La mana por exponer, por exponernos, nos viene de mucho antes que la vida cultural al estilo civilizado. Son herederos de aquello los fundantes de las vanguardias plsticas, aquellos que luego abrieron el Saln de Mayo o que llenaron la acera de la Rampa habanera de huellas que aspiran a ser eternas.

Una Bienal de las Artes como la que invade La Habana, no solo cambia las lgicas culturales por un tiempo, sino que integra la dinmica de una vida cotidiana. Lo expositivo, que est en la raz de la nacionalidad, retorna a un primero plano y nos recuerda que hay modernidad y tradicin entre nosotros.

Muy caro resulta mantener el ritmo de la Bienal, porque su ocurrencia es mastodntica, pero vale la pena que mantengamos a la capital como ese sitio de culto, especie de Babel de las artes adonde dirigirnos como referencia. Todo artista y amante del arte que se respeten ir hacia esa Meca alguna vez, tratar de interactuar crticamente con obras y autores y de participar en el conjunto.

En esas exposiciones, se expande de forma paralela nuestro espritu crtico y apreciativo, abonamos por otras dcadas la vocacin por las artes y lo sensible. Entonces, la realizacin, aunque a veces dispersa, de necesario cronograma, se mantiene en un tiempo similar al de nuestras eras como pas.

La Bienal es enciclopedista, como la mayora de las cosas que construimos junto a la modernidad, hunde sus races en el todo de la cultura y extrae lo ms selecto y mejor. El espacio va ms all de las distancias fsicas y asume su real naturaleza de un ser nico, habitado de forma efmera por formas vivas. Tras exponer, los artistas sienten que traspasaron algo ms que la barrera publicitaria.

Imitarla o construirle un ser paralelo a la Bienal no solo es una apuesta por la fragmentacin de la cultura cubana, sino un falso desafo que hasta ahora se propone aupar figuras ms o menos conocidas y de dudosa calidad. Lo que realmente hace grande al evento, a la Bienal, es su originalidad y el deseo de conjunto que se siente en medio de las reas expositivas, donde convive un Fabelo con la tesis de grado de cualquier estudiante del Instituto Superior de Arte.

Esa vocacin didctica y democrtica que no claudica ante la mediocridad ni la concesin, es el ncleo de la vida pictrica en cualquier latitud. No se trata de poses ensayadas ni de meditaciones filosficas, sino de una postura de entereza. En Cuba hay quien se sacrifica para pintar y exponer, tambin para irse a la Bienal. No vale, pues, imponer cnones o auspiciar espacios privilegiados que le resten espacio a la institucin.

En la antigua provincia de Las Villas estaba el dibujante y escritor Samuel Feijo, integrante de un grupo de artistas que, siendo del interior, jams perdieron lustre, ni se vendieron por un viajecito. El carcter contestatario de aquellos plsticos an se siente entre las filas de los autores villareos, algunos de ellos ya residentes en la capital y que engrosan la nmina de pesos pesados del arte.

Ejemplos como esos, tambin como el de Antonia Eiriz, encienden la alarma cuando vemos cierta oleada de arte complaciente que -sorpresa!- no cree en espacios como la Bienal o el sistema expositivo cubano. Hay quien se llama artista y pinta aquello que sabe que se vende, a la vez que obvia la coherencia de un discurso propio.

La propia Eiris es en s misma un gran referente de resistencia, no solo por su discurso plstico, sino por su consagracin como artista al dilogo exigente desde la vanguardia. Todo hecho sin concesiones y contra muchos vientos y mareas.

Muy al contrario, contamos con advenedizos con ms vocacin de viajeros que de plsticos, que aprenden primero idiomas que a usar el pincel. Y en esa cinaga de negocios se pierden, entre representantes y aspirantes a crticos. Propio de este momento es el dinero con su poder desptico, un fenmeno de fetichismo de la vida que algunos "artistas plsticos" no comprenden.

Hacer una exposicin, exponerse, implican al artista y su obra. El discurso, si es light, vendible, pasar rpido, como los vuelos al extranjero. Pero si se trata de una propuesta renovadora, lo ms seguro es que se necesite de la Bienal y su sistema, de la promocin consciente, de los crticos formados en la academia difana.

Exponer es exponerse, una participacin en el sentido de la cultura que no deber ser nunca pasajera, menos an plagiadora o de pacotilla. No se hizo la Bienal para diletantes, menos para mercachifles. No se hizo la miel para la boca del asno.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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