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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2019

Argentina
Las ideas heterodoxas no valen en Buenos Aires

Andy Robinson
La Vanguardia


Lagarde y Macri

Washington,- Pasa una cosa muy extraa dentro de la sede inexpugnable del Fondo Monetario Internacional, en la calle H del centro de Washington. El anlisis macroeconmico realizado por el departamento de investigacin del Fondo ya bajo la tutela de la joven economista india Gita Gopinath- hace grandes esfuerzos para adaptarse a los nuevos tiempos que corren tras el colapso del dominante modelo neoliberal en las ciencias econmicas, un desmoronamiento ideolgico que se inici tras la crisis financiera en el 2008. (Aquella inolvidable entrevista al gur ortodoxo Glen Hubbard en el documental Inside Job tal vez fue el momento crtico para la cada del paradigma). Diez aos despus, no ha recuperado su credibilidad.

El FMI necesita estar al corriente en estos tiempos dylanianos de cambios ssmicos. Por eso, bajo el liderazgo de Christine Lagarde, su departamento de investigacin macroeconmica ha criticado abiertamente elementos del viejo modelo (incluso ha llegado a utilizar en un paper de Jonathan Ostry el trmino neoliberal que antes era prohibidsimo).

Los nuevos heterodoxos del Fondo han realizado una serie de informes que analizan cuantitativamente los efectos nefastos de la desigualdad econmica (merma la demanda agregada y desestabiliza la economa porque los ciudadanos de rentas bajas y medias como t y yo consumimos ms y especulamos menos).

Al mismo tiempo, el nuevo anlisis macro heterodoxo del FMI provoc un ataque de nervios en Bruselas y Berlin al destacar que, debido a los clculos errneos de los multiplicadores fiscales (otra palabra antes prohibida por los neoliberales) al inicio de la recesin del 2010, las polticas de austeridad en pases como Grecia y Espaa haban resultado contraproducentes al hacer tanto dao a la actividad econmica que aniquilaron los ingresos fiscales.

En otro paper, el FMI advirti contra las privatizaciones utilizadas como una medida de recaudacin fiscal. (Aunque el ministro de finanzas brasileo, Paulo Guedes, ha sido elogiado por los inversores en Wall Street esta semana por su programa de privatizaciones a precio de saldo, no tuvo el mismo xito con economistas del Fondo como Gian Maria Milesi Ferretti, que saben que, debido a las prdidas de flujos de ingresos en el futuro, la privatizacin puede ser pan para hoy hambre para maana. No estamos en contra de las privatizaciones pero no sirven para bajar la deuda, me explic en otra asamblea del FMI.)

El alejamiento de la ortodoxia neoliberal sigue en marcha. En el segundo captulo del ltimo informe de expectativas presentado esta semana, el FMI (como si sus tcnicos hubieran encontrado en un armario del stano un viejo ejemplar del libro Monopoly capital, de Paul Baran y Paul Sweezy) hasta lanza una fuerte crtica a la concentracin del poder monopolstico en el capitalismo del siglo XXI .

Sealan que el poder de mercado de las megacorporaciones puede ser la causa de todas las tendencias inquietantes en la economa actual, desde el constante aumento del porcentaje del PIB correspondiente a las rentas de capital frente a las del trabajo, hasta la falta de inversin productiva que nos ha condenado a hacer trabajos basura en los ltimos aos.

Es ms, el FMI ha fichado a economistas poco ortodoxos, ms bien tirando a keynesianos, desde Olivier Blanchard, que ahora defiende la tesis de que los bajos tipos de inters permiten an ms deuda pblica pese al volumen record actual, hasta Maurice Obstfeld, de la progresista universidad de Berkeley. Y ahora Gopinath, algo ms ortodoxa tal vez, pero conocida por su trabajo sobre la desigualdad.

Pero, mientras los tericos del FMI van cambiando de paradigma, las recetas aplicadas sobre el terreno en los planes de ajuste siguen siendo iguales que en los tiempos del monetarista Michael Mussa, la triunfante escuela de Chicago, y la hiptesis de expectativas racionales. El Research Department del FMI es un departamento de vanidad que les permitir cubrirse las espaldas, porque los equipos que van a los pases a recetar los programas son iguales que antes, esto lo hemos visto en Grecia, muy conservadores, dijo Thomas Palley, economista keynesiano, director de la revista acadmica Review of Keynesian Economics, en Washington.

Es decir, que si en el mundo etreo de las teoras y los modelos del FMI el cambio est en marcha, en el mundo de los hechos, como dira Madame Lagarde, plus a change, plus cest la meme chose. Y el ejemplo ms obvio es el plan de ajuste diseado para Argentina.

Tras la crisis argentina el ao pasado, el Fondo prepar un gigantesco paquete de crditos por 56.300 millones de dlares y le aplic la misma condicionalidad que en las anteriores visitas desastrosas que el FMI ha realizado a Buenos Aires a lo largo de las dcadas, como cuando defenda el currency board en los noventa antes de que la Fed dinamitara aquella garanta antiinflacionista con una batera de subidas de tipos.

La historia se repiti el ao pasado. La Fed aceler la normalizacin de su poltica monetaria solo semanas despus de que Mauricio Macri anunciase anunciado -con una dosis narctica de optimismo- un bono del Tesoro argentino a 100 aos. Pronto una salida devastadora de capitales provocara el colapso de la divisa y el equipo de hombres trajeados del FMI llegara, una vez ms, a Buenos Aires para pactar un rescate. Se firmara el programa con su duro ajuste fiscal y monetario pactado con el Gobierno de Macri, en junio de 2018.

Ocho meses despus, Argentina entra en un nuevo ao de recesin, la inflacin roza el 50% y la divisa se desploma. No es una catstrofe econmica como la de Venezuela pero hay una diferencia: la administracin Trump y el FMI pretendan mantener a Macri en el poder tras las elecciones presidenciales argentinas de este ao mientras que las sanciones de Washington contra Venezuela buscan un colapso social y un cambio de rgimen.

El FMI sabe que no es polticamente correcto intervenir directamente en las campaas electorales, y menos en Amrica Latina. Pero Lagarde advirti el jueves de que, a seis meses de las elecciones, la oposicin no debera cambiar ni un punto y aparte del acuerdo.

Hemos hecho tanto trabajo duro () que sera imprudente por parte de cualquier candidato dar la espalda al trabajo que ya est en marcha, dijo Lagarde en su comparecencia, al inicio de la asamblea semestral del FMI, ayer en Washington. Lagarde anunci una buena noticia: ya estamos empezando a ver que el programa funciona. () La economa argentina est tocando fondo.

El comentario seguramente desatar crticas en Argentina no solo porque el FMI parece estar tomando partido en la campaa electoral a fin de cuentas, la oposicin kirchnerista no apoya el programa del Fondo- sino tambin porque cuesta creer a Lagarde cuando dice que el programa, por fin, empieza a funcionar.

Hasta la fecha, el Fondo no ha acertado ninguna de sus previsiones respecto al impacto del programa de ajuste. Es un programa totalmente ortodoxo y est basado en la falacia de que el crecimiento se recuperara rpido y no est ni cerca de la previsin, dijo Richard Kozul Wright, director de la UNCTAD.

El plan de shock del Fondo ni siquiera ha logrado controlar las subidas de precios. La inflacin subi hasta el 48% en 2018, la tasa ms elevada en tres dcadas. Las previsiones de una recuperacin de la confianza del mercado no se han cumplido. El mes pasado, el FMI tuvo que autorizar la venta de reservas de divisas por casi 10.000 millones de dlares para frenar el colapso de la divisa. Mientras, la inversin en la economa real ha brillado por su ausencia.

Las crticas llueven sobre el plan diseado por el Fondo y la idea de que la oposicin debe seguir con las mismas polticas resulta no solo antidemocrtica sino econmicamente desastrosa. Lejos de seguir con las mismas polticas, Argentina necesita crecimiento sostenido (), advierte el economista de la Universidad de Columbia en Nueva York, Martin Guzmn. Un cambio de las polticas macroeconmicas dara alguna posibilidad de esto.

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/diario-itinerante/fmi-las-ideas-heterodoxas-no-valen-en-buenos-aires-61089

 



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