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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2019

Hombres & Terrorismo
Tos blancos sin rumbo (o por qu los terroristas son hombres)

Lionel S. Delgado
https://elasombrario.com

Qu lleva a un hombre a organizar una masacre? Qu explica la agresividad infinita de un atentado que se lleva decenas de vidas por delante? El sentido de cruzada racial frente al invasor nos suena bastante, pero parece que tienen que cumplirse ms requisitos para convertir el racismo en atentado. Jvenes perdidos y romantizacin de la violencia en esta entrega de nuestra seccin quincenal a dos voces, Por culpa de Eros. Dilogos sobre encuentros, el eterno femenino resistente y las masculinidades errantes en tiempos de turbocapitalismo.


 Tenemos ms miedo a matar que a morir. Durante la Segunda Guerra Mundial, el general de brigada S.L.A. Marshall estudi a sus hombres despus de un combate. Descubri que solo el 20% de los soldados dispararon realmente al enemigo. Detrs de la omisin: el miedo a matar (ms que el miedo a ser matado). Sin embargo, el fascista australiano que cometi la masacre en dos mezquitas de Christchurch, Nueva Zelanda (y lo difundi en vivo a travs de Facebook, mediante una GoPro instalada en su traje), no mostr miedo alguno.

Qu hay detrs de su voluntad asesina? Si Anala en su artculo analizaba cmo una patologa individual enraza en una atmsfera cultural cargada de ira (miedo hacia la fertilidad del otro racializado y neurosis tecnolgica), yo intentar indagar en otros rasgos del propio asesino.

Un joven normal

Este to blanco normal no era militar. De hecho, hasta hace dos aos no era nada ms que un chaval comn, de 28 aos (l mismo se define en el manifiesto como un hombre blanco normal). Sin estudios universitarios (por desinters), despus de trabajar de monitor en un gimnasio, gan un poco de dinero invirtiendo en BitConnect y, con ese dinero, pudo estar unos aos viajando por el mundo.

Ningn odio ultrarracista nace de la nada, pero todo apunta a que la radicalizacin de Brenton Tarrant tal el nombre del to se dio durante los ltimos viajes que hizo a Europa. En Francia top con grupos de ultraderecha radical, con los que comenz a identificarse. Los partidos de la derecha radical populista estn creciendo por Europa, captando con sus discursos xenfobos y racistas a perfiles parecidos al de Tarrant; a saber, hombres jvenes de clase obrera, como han demostrado los estudios de Cas Mudde y como lo expliqu en esta charla para Nociones Comunes.

Sin embargo, antes de eso, en los viajes que hizo a Pakistn, Corea del Norte y algunos otros pases de Asia, nada apuntaba a una posicin radical (comentaba por Facebook, por ejemplo, que los paquistanes eran la gente ms sincera, amable y hospitalaria del mundo). Por eso, es tentador pensar que, para cambiar as y digerir los discursos etnonacionalistas tan rpidamente, haba algo en su vida que facilitase la entrada en estos discursos.

Pensar en su radicalizacin es incmodo porque su vida es un espejo para nosotros. No hay nada que nos distinga de l hasta que empieza a desarrollar discursos de odio y limpieza tnica. Era un hombre trabajador proveniente de una familia con bajos ingresos, sin perspectivas de futuro y sin tener muy clara su vocacin. Un poco como todos.

Se nos parece y eso asusta: su generacin es nuestra generacin, la de unos chavales sin nocin de tener rumbo claro en la vida. Una generacin gastada en la precariedad laboral y en la falta de sentido, en la que sus miembros no encuentran formas de validarse como sujetos. Si ese malestar fue tan rpidamente capitalizable por la ultraderecha, el tema es preocupante.

Y hay antecedentes de esta deriva radical en perfiles parecidos. Mi gran amigo Jess C. Aguerri, en su genial investigacin sobre los procesos de radicalizacin islmica en las juventudes migrantes espaolas, apela al sentido de la anomia para explicar el recurso a mtodos radicales de revalorizacin identitaria. La anomia, en Sociologa (Durkheim, Merton, entre otros), apela a la falta de sentido y de afiliacin cultural que vive un colectivo. Esta anomia nace por la frustracin de ver cmo los valores transmitidos culturalmente no garantizan ningn xito social. Ante la dificultad de acceder a caminos posibles o de poder poner en marcha trayectorias vitales satisfactorias, estos jvenes tienden a replegarse en posiciones de radicalizacin identitaria. Yo deca algo parecido, aplicado a los hombres misginos de las comunidades de 4chan.

Hombres blancos en busca de sentido

Cmo se aplica esto al caso de la masculinidad? Prcticamente, todos los perpetradores de matanzas de este tipo son hombres. Casualidad? No: tendencia social. No es tanto que los hombres sean ms violentos que las mujeres, sino que los hombres tenemos ms fcil el acceso a herramientas de violencia y a una cultura que nos valida para ejercerla. No es una cuestin de lobos solitarios y enfermos mentales; es una cuestin sobre lo fcil que es para los hombres cabreados hacer dao al resto.

Hay un problema de fondo muy complejo de abordar que tiene varios factores:

Primero, el contexto. Generaciones enteras de hombres vivimos procesos de degradacin social donde no podemos encontrar ni un lugar digno en el mundo ni formas de poner en prctica el hombre que se supone que debemos ser. Ni vocacin, ni trabajo estable, ni familia feliz, ni sentido de trascendencia.

Adems, la desaparicin de los lazos sociales y la dificultad de mantener una vida social fuerte nos ha aislado en casa. Esto, en un contexto de cultura de la fugacidad, donde todo pasa a toda velocidad y es casi imposible sentirse alguien relevante en el mundo, ha hecho que toda una generacin de hombres optemos por el nihilismo, el ir a lo nuestro, y nos encerremos en burbujas de confraternidad virtual, donde se genera lo peor de internet. Lo s porque a m tambin me pasa (y, seguramente, a ti, tambin).

Segundo, el tipo de informacin que consumimos. Todos conocemos lo placentero que es toparse con discursos que explican algo en el mundo. La capacidad teraputica del sentir que todo cuadra es impresionante. A todos nos ha pasado lo de leer en algn sitio una explicacin y sentir que por fin, ahora est todo claro. Los crculos de confraternidad virtual generan eso. Pero saturan esa explicacin del mundo con argumentaciones de corte racista (o misgino, xenfobo, etctera), lo que conduce a posiciones de violencia y resentimiento brutales.

A Tarrant le sonaba muy lgico echar le la culpa de la degeneracin cultural y la crisis social a la invasin de los extranjeros. Y la caja de resonancia racista (comunidades cerradas donde se lee, comenta y consume exclusivamente material racista) alimentaba su opinin.

Tercero, el grupo. Se comprob que la distancia emocional y cognitiva respecto al objetivo facilitaba al soldado disparar. Pero tambin lo facilitaba la presencia y la legitimidad de la autoridad y el grupo de compaeros. En ese sentido debe entenderse la utilizacin de la publicacin en streaming de la masacre va Facebook Live: los ojos de sus espectadores eran una mirada externa frente a la que Tarrant tena que completar su misin. El pblico certifica el pequeo momento de gloria de un to blanco cabreado con todo. Su instante de estrellato pintado gloriosamente por una romantizacin de la venganza y la guerra.

Cuarto, y ltimo, el factor individual. La teatralidad narcisista del terrorismo permite al joven paliar la ausencia de sentido. Una salida excesiva, sin duda, pero igual de excesiva es la cultura en la que viven. El joven inmola su cuerpo para salir del anonimato. Y en esa salida tiene que cargarse al mximo nmero de personas posible. Independientemente de las razones objetivas de su discurso (spoiler: su manifiesto es una basura que junta un montn de copia-y-pega en Times New Roman sin justificar, y donde solamente cita artculos de Wikipedia y dice invasores 55 veces en 70 pginas medio vacas), las razones subjetivas se apoyan en una potica de la batalla y el frenes de estar dando el ejemplo.

Por eso lleva su plan hasta las ltimas consecuencias. A Tarrant le sostiene su pblico: una subcultura de chavales blancos cansados y cabreados; un ejrcito de productores de memes y de shitposting que, sin embargo, como deca el propio Tarrant en el mensaje de 8chan donde enlaza el video de la masacre, son el mejor grupo de camaradas que podra pedir un chaval blanco sin rumbo.

El precio de no lograr su masacre era la humillacin, frente a sus ideales y frente a la comunidad virtual. Y esa humillacin es intolerable para un hombre blanco perdido que ha encontrado en la responsabilidad nacional y en la frrea disciplina del terrorista etno-nacionalista la forma de escapar de la anomia.

El reto del caso de Brenton Tarrant es el de poder entender el malestar vital de una generacin destrozada anmicamente con el objetivo, por un lado, de oxigenar las comunidades virtuales monopolizadas por la ms radical rabia ultraderechista y, por otro, dar una salida identitaria vlida a una juventud radical que solo ve el odio y la violencia como salida a su falta de sentido.

Foto de Irene Daz

Fuente: https://elasombrario.com/tios-blancos-terroristas-hombres/
 



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