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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2006

El Estado y la educacion

Carlos X. Blanco
Rebelin


Que la educacin es ante todo poltica, o ms exactamente, una faceta consustancial a toda poltica, queda claramente trazado desde Platn en La Repblica. El gobernante, el prncipe, debe tener en sus manos la educacin. Siempre ha sido as en la historia de Occidente. La iglesia en el medievo, con escuelas y universidades. El estado moderno, con las universidades laicas y las escuelas politcnicas. Para Gramsci, el estado era un aparato y una expresin de la dominacin de las clases poderosas. Siempre hay, en una sociedad dividida en clases asimtricamente vinculadas entre s, una clase o (modernamente) una coalicin de clases que controlan la ideologa, la "cultura", y pugnan porque esa ideologa o esa cultura suyas prevalezcan sobre otras alternativas. Ese predominio, esa extensin creciente de una ideologa frente a otras, se llama hegemona. Y un sistema capitalista es ms homogneo, ms difcilmente combatible si se dan estrechas interpenetraciones entre el dominio ideolgico y el control econmico. Creemos que no es ese el caso del capitalismo actual y, especialmente, en los capitalismos "degenerados" (el ejemplo espaol). Precisamente en las fisuras de una estructura tambaleante, "pegada con cola", sujetada a duras penas con un cemento de tipo propagandstico y jurdico, es posible preparar una sucesin de acciones que podemos llamar --con todo vigor, con toda legitimidad-- revolucionarias. La crtica de las ideologas imperantes, legal en la Academia, y tolerada en un rgimen formalmente democrtico, es un norte que nunca se debiera perder de vista. All, en la Universidad, pero tambin en los institutos y escuelas, habita una poblacin numerosa de "intelectuales" (en el amplio sentido que Gramsci da a este trmino), ms o menos "proletarizados" y zarandeados por una cicatera administracin y una no menos roma comunidad. Los educadores viven ms o menos "subvalorados", ms o menos conformes con el papel incmodo que el sistema les asigna. Un papel que ellos, a cambio de su sueldo, deben asimilar. Por encima de los "especialismos" tecnocrticos --haciendo del profesor una especie de ingeniero, un aplicador de reglas--por encima de los humanismos trasnochados -- el profesor sigue representndose como un "perfeccionador" de potencialidades humanas; pero para cambiar las cosas ms all de toda la ideologa recibida desde ctedras de Teora de la Educacin o Ciencia Pedaggica, ms all de todo eso, el profesor ha de sentirse, un revolucionario. No hacerlo implicar la ruina definitiva de la sociedad tal y como la conocemos. El fracaso de las tcnicas humansticas de dominacin, que tan certeramente destaca P. Sloterdijk , se hace patente al generalizar a todos, por va de ley, unas posibilidades de instruccin y desarrollo personal que estaban pensadas para apenas una porcin social cada da ms exigua. El iluminismo "por decreto", la ilustracin obligatoria y garantizada ha venido a Espaa (y a otros pases occidentales) demasiado tarde. Hoy por hoy el humanismo de nuestros legisladores y pedagogos slo est creando violencia creciente en las aulas y alienacin profesoral. Una muchedumbre de adolescentes incultos e indisciplinados es el primer paso seguro para nuevas oleadas de barbarie. La emancipacin forzada se revela, ahora ms que nunca, como la contradiccin patente de nuestra sociedad, reproducida hoy en escala contenida dentro de las aulas, y a la espera de generalizarse a la sociedad toda.



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