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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2019

Per
El suicidio de Alan Garca

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


El suicidio de Alan Garca y en particular las circunstancias que rodearon el hecho- no slo conmocion al pas sino que, adicionalmente, dividi aun ms a los peruanos y gener un debate que recin se inicia y que tiene que ver con las causas del acontecimiento pero tambin con el personaje que lo consum, con las acciones que lo indujeron a hacerlo y hasta con el imperio de la justicia en un pas como el nuestro, convulsionado por el accionar de mafias, que ha colocado al Per virtualmente al borde de un acantilado.

El suicidio, dicen los especialistas, es el acto por el que una persona, de forma deliberada, se provoca la muerte; y suele ser el resultado de una desesperacin incontenible derivada de una dolorosa e incurable enfermedad fsica; de una dolencia mental -depresin, trastorno bipolar o esquizofrenias; o la incidencia del alcohol o el abuso de sustancias toxicas. A menudo ocurre que unos factores se suman a otros, de tal modo que el cuadro del suicidio se torna ms complejo.

El uso de armas de fuego como forma de actuar del suicida-, suele ser en nuestro tiempo la causa principal de estas muertes que se calculan en algo ms de 900 mil, en un solo ao en el mundo.

Los historiadores recuerdan que el primer suicidio conocido que se registra, tuvo lugar 600 aos antes de nuestra era. Periandro uno de los 7 Sabios de Grecia y adems Tirano de Corinto; se quit la vida de un modo peculiar arrastrando en su suerte a otros.

En la antigua Grecia., quitarse la vida era considerado un error irreparable y, por tanto, rechazado-. Platn, sin embargo estableci excepciones: El que la muerte, fuese impuesta por el Estado; que derivara de una enfermedad mortal; o que fuere resultado de una desgracia insuperable que rebasara la resistencia emocional del afectado. A esta tercera excepcin, podra haber acogido Garca quien, de alguna manera, se despidi de todos en la rueda de prensa que ofreciera en la vspera.

Todos estos elementos, nos dan aliento suficiente para juzgar el hecho ocurrido el pasado 17 de abril en circunstancia en la que el ex Presidente resisti -a su manera- la orden de captura dictada por el Poder Judicial para el cumplimiento de una prisin preventiva, habida cuenta de la naturaleza de los delitos que se le incriminaban y que eran sustantivamente semejantes a los que haban llevado tras las rejas a varios de sus colaboradores.

Pero ellos tambin sirven para desorientar y confundir a personas de buena fe que, sin los antecedentes del caso, y llevados tan slo por elementos subjetivos; pueden ser susceptibles de engao. Nadie en su sano juicio, podra decir que Alan Garca fue vctima de una persecucin. Ni que los cargos enarbolados por la justicia contra l, fueran motivados por razones de orden poltico,

Por el contrario, su detencin era esperada haca mucho tiempo y ms bien la ciudadana se preguntaba por qu ella no ocurra, existiendo poderosos elementos de juicio en su contra. Por lo dems los cargos levantados no tenan ninguna connotacin ideolgica ni poltica. Se trataba de acusaciones puntuales derivadas de su propia gestin gubernativa, del uso de fondos del Estado y de recepcin de dineros del exterior obtenido en forma dolosa e ilegal.

En el fondo, eran acusaciones en buena medida similares aunque bastante ms graves- que las que llevaron a prisin a Ollanta Humala durante nueve meses; que mantienen tras las rejas a Keiko Fujimori desde diciembre pasado; y que han dado lugar hace apenas unos das a la captura de Pedro Pablo Kuczynski, el presidente peruano electo el 2016.

Bien podra decirse que tres razones empujaron a Garca a asumir la accin que lo condujo a la muerte. La certeza de la autenticidad de las acusaciones en su contra y la seguridad que en cada caso existan pruebas incontestables; la presencia en su mente de los trgicos hechos que protagonizara en el pasado y que costaran la vida de tantos peruanos desde los Penales hasta Bagua, pasando por Accomarca, Llocllapampa, Parcco Alto, Puccas, Pomatambo, Cayara, Santa Rosa, Los Molinos y otros- y el temor a verse recluido en un prisin, l, que jams haba pisado una crcel en condicin de reo.

Sera por eso un grave error de percepcin el considerar que las circunstancias de su muerte, borren la responsabilidad de sus acciones. Independientemente del hecho ocurrido, tanto los delitos cometidos en el rea de pertinente; como los crmenes consumados contra centenares de ciudadanos; siguen en pie. No han dejado de existir.

En la historia reciente hemos conocido diversos casos de suicidio. Quiz si el ms llamativo haya sido el de Adolfo Hitler. El jerarca Nazi se peg un tiro para no caer en manos de las tropas soviticas que llegaron a las puertas de su bunker en Berln en los primeros das de mayo de 1945.

Su luctuosa muerte, no lo convirti en hroe, ni borr sus alevosos crmenes. Para el mundo, Hitler sigui siendo uno de lo ms grandes criminales de la historia humana. Y su muerte, fue atribuida a la cobarda que lo atenaz cuando supo que tendra que dar cuenta de sus actos.

En otra dimensin, por cierto, aqu ocurre lo mismo. Alan Garca nunca ser absuelto por la historia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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