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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2019

Apuntes sobre la huelga plebeya, 20 aos despus

Jos Arreola
Rebelin


A Luis Javier Garrido y Enrique Cisneros, hacedores de utopas


La huelga estudiantil encabezada por el Consejo General de Huelga (CGH) es, hasta el da de hoy, la movilizacin ms satanizada por las autoridades de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM). El CGH se gan, en cada uno de los 295 das de huelga, la animadversin de los integrantes de la estructura de poder universitario, pero tambin el rechazo de sectores institucionales caracterizados por s mismos como progresistas o de izquierda dentro y fuera de la Universidad. La fuerza total del Estado mexicano se volc en un solo objetivo: vencer a los irreverentes jvenes a quienes paradjicamente se les denomin generacin X para poner a la UNAM en la lista de las privatizaciones. El CGH, la huelga y su frescura, la justeza de las demandas y la entereza para defenderlas permitieron que la Universidad continuara pblica y gratuita, dando as cabida al sector social menos favorecido econmica y culturalmente hablando.

La indiscutible victoria del CGH, minimizada al exceso por quienes fueron derrotados en su afn privatizador, dej una huella imborrable en el Mxico rebelde y bravo. La estrategia seguida por las y los estudiantes huelguistas, basada en la firmeza, la conviccin y la discusin constante, merece ser analizada con mucho ms detenimiento. La fortaleza huelgustica estrib en los lazos de solidaridad y apoyo popular que el CGH supo tejer con un cmulo de organizaciones sociales a lo largo del territorio mexicano. stas no slo desempearon un papel fundamental de acompaamiento durante y despus de la huelga, sino que fueron, sobre todo, las replicadoras de las ideas defendidas por los estudiantes movilizados. Representaron, de viva voz, verdaderas redes sociales con capacidad de influir en el debate acerca de la gratuidad de la educacin superior como un derecho que debe ser defendido a toda costa. Sin el arropo de dichas organizaciones, los estudiantes habran enfrentado un panorama todava ms adverso al que, de por s, tuvieron que plantar cara, especialmente ante la hoguera meditica que pretendi aislarlos de la opinin pblica.

Los detractores del movimiento, cuya gama de posiciones polticas solo es unida por un odio exacerbado a los jvenes rebeldes de esa generacin, insisten luego de dos dcadas en presentar al CGH como una horda de estudiantes enardecidos, trogloditas sin razonamiento poltico incapaces de vislumbrar su triunfo y, en suma, como una banda de ultra izquierdistas causante de una de las peores etapas en la vida de la UNAM. [1] Al respecto es necesario insistir en el hecho de que los responsables de los conflictos acadmicos y polticos dentro de la mxima casa de estudios han sido los funcionarios cerrados a todo dilogo que despachan en Rectora, y que las etapas difciles y oscuras son consecuencia de una estructura de gobierno arcaica que ha dado de s. El movimiento estudiantil de 1999-2000 fue, en efecto, masivo y en sus diferentes etapas tuvo que enfrentar las dificultades acarreadas por dicha caracterstica, misma que, sin embargo, no impidi una discusin ideolgica amplia basada en la democracia participativa a travs de las Asambleas, construyendo sobre la marcha, pero tambin recuperando enseanzas histricas, sus propios medios de decisin, discusin y operacin. All donde sus ms acrrimos crticos ven un defecto existe una de sus ms grandes virtudes.

La lucha del CGH represent, sobre todo, una intensa batalla de ideas. Se trat de un movimiento en el que hubo un profundo debate intelectual con momentos memorables. La propia idea de estallar la huelga para echar atrs el Reglamento General de Pagos (RGP), impuesto un 15 de marzo de 1999 por el entonces Rector Francisco Barns de Castro y el Consejo Universitario (CU), supuso un primer encontronazo contra la avalancha neoliberal. Lo oleada del fin de la historia y del libre comercio como regulador del destino de millones de personas, aun con lo valioso de las acciones de resistencia por parte del movimiento social mexicano, haba sido avasallante y el buldcer privatizador no pareca encontrar siquiera un dique. Por lo tanto, vencer el desnimo y construir un horizonte de victoria fincado en la defensa de la gratuidad represent no slo ir en contra de la hegemona impuesta por el discurso neoliberal, sino tambin un desafo intelectual de gran calado. Para estallar la huelga hubo que demostrar lo inexorable de sta; para proteger la Universidad a travs de ella, se hizo necesario desmontar, uno a uno, los argumentos de las autoridades universitarias y gubernamentales que pretendieron restarle legitimidad.

Luchar por la gratuidad y el carcter pblico de la UNAM implic una intensa polmica con respecto a lo que ambos rubros significan en la vida de los siempre marginados, ms an si se considera que dentro de la Universidad no desaparecen las desigualdades econmicas y sociales privativas fuera de ella. En ese sentido, garantizar lo pblico de la UNAM pasaba, necesariamente, por echar atrs las Reformas de 1997 impuestas como tarjeta de presentacin por el mismo Barns de Castro. Mostrar la importancia de dichas reformas para el proyecto de privatizacin fue tambin un reto en el plano de las ideas. El debate en torno a las reformas y los efectos nocivos que implicaban no fue sencillo, pero tena como fondo tanta o ms trascendencia que la cada del RGP. Adems, cuestionaba desde la raz el papel de la propia Universidad para la sociedad mexicana, la nocin de calidad educativa y, con particular nfasis, la visin de una igualdad basada en la estandarizacin de los tiempos de finalizacin tanto del bachillerato como de las licenciaturas. Por lo tanto, lo que estaba en la disputa ideolgica era si la Universidad continuaba como un proyecto para dar cabida a la mayor cantidad de personas o se converta en un espacio an ms elitista y alejado de la realidad social del pas. En otras palabras, la defensa de lo pblico y la gratuidad de la UNAM signific un abisal cuestionamiento a la idea de una educacin cronometrada, centrada en la rapidez menos que en el aprendizaje y la enseanza crtica.

Quiz no exista prueba ms ntida del debate intelectual sobre la gratuidad de la UNAM y sus implicaciones que el que el CGH debi sostener, durante casi un mes y por distintos medios, con un grupo de acadmicos entre los que se encontraban profesores emritos. Intelectuales de la talla de Alfredo Lpez Austin, Luis Villoro y Adolfo Snchez Vzquez, identificados como pensadores de izquierda y cuya trayectoria acadmica resultaba intachable, suscribieron una propuesta aparecida el 27 de julio de 1999, conocida luego como la propuesta de los emritos, en la que poniendo su prestigio de por medio llamaban a los estudiantes movilizados a que expresaran pblicamente su intencin de levantar la huelga. Sealaban que En el momento en que el Consejo General de Huelga manifieste su intencin de levantar la huelga se estableceran espacios de discusin y anlisis sobre los problemas fundamentales de la Universidad a los que el Consejo Universitario prestara atencin preferente a las conclusiones obtenidas en dichos espacios y las traducir en resoluciones. [2] La propuesta de los emritos no planteaba ningn tipo de debate en torno a las Reformas del 97, pero adems pretenda que el medio de presin y organizacin de los estudiantes fuese levantado apenas con la promesa de abrir espacios de discusin y anlisis de los que emanaran propuestas finalmente remitidas al Consejo Universitario. En otros trminos: el Consejo Universitario, que impuso el RGP y las Reformas del 97, sera quien decidira si las propuestas de los espacios de discusin y anlisis eran viables o no. Se volva as al problema de origen, la estructura antidemocrtica tomara resoluciones con respecto a las decisiones que esa estructura antidemocrtica tom anteriormente y que causaron el conflicto. Adems, haba un aspecto sumamente preocupante en el planteamiento de los emritos al poner la responsabilidad del levantamiento de la huelga slo en el CGH y no en las autoridades quienes, sistemticamente, se haban negado al dilogo para solucionar el conflicto. No se trataba, por lo tanto, de terminar con la huelga sin ms, sino de las condiciones en la que sta deba concluir y si la resolucin de las demandas eran no slo legtimas sino tambin indispensables para un mejor desarrollo de la vida universitaria. El escarceo intelectual mostr, por una parte, que el CGH tuvo la suficiente capacidad para debatir, cara a cara y en el mismo nivel de responsabilidad y profundidad de pensamiento, con referentes del pensamiento crtico en Mxico. Por otra parte, que la huelga era una manifestacin de los conflictos existentes entre las clases sociales que le daban vida a la Universidad, y que en tal conflicto los profesores, que tanto haban contribuido al anlisis crtico de diversas problemticas, optaron por tomar la bandera no de los estudiantes movilizados, sino de las autoridades y su proyecto de educacin ceido a las rdenes de los organismos internacionales. Por eso, nadie menos que Luis Javier Garrido, calific la propuesta de los emritos como un ardid de la propia rectora y el gobierno federal para rendir, de manera incondicional, al CGH. [3]

El ejemplo del CGH pesa mucho ms que todas las diatribas en su contra. Lo que no se puede ocultar es que, adems de movilizarse cotidianamente con una bravura inigualable, la huelga fue fruto de una intensa reflexin y fue defendida desde el plano de las ideas. En esa batalla ideolgica, su legado es incuestionable: la gratuidad y lo pblico de la Universidad no son simplemente un derecho, sino tambin una visin tericamente sustentada acerca de lo que el aprendizaje y la educacin significan para un pas como el nuestro. Trinchera de ideas vale ms que trinchera de piedra, escribi Jos Mart. En esa trinchera, y es lo que no pueden reconocer quienes con particular entusiasmo atacan la lucha plebeya del 99, los estudiantes huelguistas resultaron vencedores. Esa trinchera es la que, veinte aos despus, nadie ha podido derrotar.

Notas:

[1] Geros (2014), filme dirigido por Alonso Ruizpalacios es una excelente muestra en ese sentido. Asimismo, durante el propio movimiento, fueron recogidos varios testimonios que apuntaban el estereotipo de que la huelga estaba fincada en lo pasional, menos que en la reflexin vase Hortensia Moreno y Carlos Amador, UNAM: voces para un dilogo aplazado. Entrevistas y documentos, Mxico, Planeta, 1999.

[2] Vase http://www.biblioweb.tic.unam.mx/libros/movimiento/capitulo8.html

[3] Luis Javier Garrido, El ardid, La Jornada, 30 de julio de 1999, disponible en https://www.jornada.com.mx/1999/07/30/garrido.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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