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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2019

La historia escondida

Alfons Cervera
tintaLibre


En el da de hoy, cautivo y desarmado el ejrcito rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus ltimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Era el bando que el 1 de abril de 1939 anunciaba la paz despus de tres aos de guerra. Eso deca el bando. Lo que no deca es algo que con demasiada frecuencia se olvida desde entonces: lo que empezaba ese primero de abril no era la paz sino la victoria. Y no la victoria de las tropas nacionales sino -con todos los rigurosos matices que se quiera- la victoria de las tropas fascistas. Lo primero que hacen las dictaduras es robarnos el lenguaje y cambiarlo por el suyo. Todava hoy se sigue hablando del bando nacional, como si las palabras no significaran nada. O como si las palabras significaran lo contrario de lo que dicen. Como escribe Jos Bergamn, hay palabras que dicen menos de lo que dicen y ms de lo que callan.

Porque si eso era as, si las palabras no mentan, de dnde vena tanta muerte contra las tapias de los cementerios, tanta tumba clandestina en las cunetas, tanto brazo en alto rindiendo honores a las consignas del general Emilio Mola al comienzo de la guerra:Eliminar sin escrpulos ni vacilacin a todos los que no piensen como nosotros. Bien claro lo escriba en infoLibre el historiador Julin Casanova: Tras el final oficial de la Guerra Civil el 1 de abril de 1939, la destruccin del vencido se convirti en prioridad absoluta. La paz de la dictadura franquista, como se ha dicho y escrito tantas veces, era la paz de los cementerios, era la soledad de la muerte en los helados ecos de las crceles, eran el miedo y la humillacin impuestos por los vencedores, sobre todo a esas mujeres que pagaban cara una resistencia que ya entonces se identificaba con los hombres, era el silencio que se rumiaba en las casas de la derrota, era el comienzo de una de las tiranas ms largas y ms crueles de la historia contempornea de la infamia. Era, finalmente, el trnsito al olvido de la esperanza que haba supuesto la Segunda Repblica aquel ya lejansimo 14 de abril de 1931.

Negacionismos y equidistancias

Han pasado 80 aos desde entonces. El 20 de noviembre de 1975 muri el dictador Franco Bahamonde en la cama, lleno de tubos y emplastes que lo convertan en una ridcula y pattica momia tutankamn. Las cosas iban a cambiar en los nuevos tiempos. Eso pensbamos mucha gente. Seguramente cambiaron algunas de esas cosas que tenan que ver con la dictadura. Pero no cambiaron las suficientes. Entre la reforma y la ruptura, la Transicin opt por la reforma. La mirada a la hora de construir la nueva democracia no se fij en aquella tantos aos silenciada Segunda Repblica, sino en el propio franquismo. Se trataba de mejorar lo que haba y no de profundizar en las posibles rupturas con un pasado que cabezonamente se negaba a claudicar. Despus de la Transicin llegaron los sucesivos gobiernos del PSOE. Y saco aqu lo que nos recuerda el historiador Francisco Espinosa Maestre en su magnfico libro Lucha de historias, lucha de memorias: cmo Felipe Gonzlez deca en el diario El Pas en abril del ao 2001: Nosotros decidimos no hablar del pasado.

Pero lo que ignoraban Felipe Gonzlez y quienes pensaban como l es que el pasado no se est quieto, sino que lo movemos de sitio, escarbamos en lo que fue para entender mejor lo que somos y lo que nos pasa. El pasado no caduca. No lo hace para nadie. Por eso, y desde muy diferentes y enfrentadas versiones, ese pasado aparece hoy ms vivo que nunca.

Entre esas versiones, los discursos revisionistas y negacionistas sobre la Segunda Repblica, la Guerra Civil y la dictadura franquista tuvieron y an tienen su momento superstar. Para esos discursos, la culpa de la guerra fue el caos en que se haba convertido la Repblica. Se necesitaba un salvador que acabara con ese caos, que pusiera orden en las calles, en las casas, en los cafs donde se tomaban entre camaradas los vermuts del medioda. Para esas versiones no cuenta el golpe de Estado del 18 de julio de 1936: era simple y llanamente ese levantamiento militar, un trmite necesario para que las derechas, el Ejrcito, la Iglesia y los terratenientes ocuparan el lugar que la historia del bien les tena reservado. La guerra se converta as en un territorio moral que, tantos aos despus, sigue siendo el argumento principal de la equidistancia (que tanto tiene de revisionismo y de negacionismo).

Estoy harto de esas trampas que -otra vez Bergamn sacado del olvido- en realidad dicen lo que callan. Me refiero al manoseado argumento de que en la guerra haba buenos y malos en los dos bandos. Dicen esa obviedad y se quedan tan tranquilos, como si hubieran descubierto el elixir que le devolver los pelos a la cantante calva de Ionesco, que por cierto ni era cantante ni estaba calva. Y para afirmar y afirmarse en su equilibrismo imposible, se sirven un lingotazo de Paracuellos, otro ms intelectual de Chaves Nogales, aaden finalmente al mejunje unas gotitas de su propia versin de la Tercera Espaa de Paul Preston y asunto concluido.

Revisionistas, negacionistas, equidistantes del mundo, unos!: vuestro ser el reino de las esencias que alimentan los atriles de Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal. Nosotros luchamos por Espaa. Ellos luchan contra Espaa, les suena? Pues no son palabras del madrileo tro de Coln sino del mismsimo Franco Bahamonde en julio de 1936. Sorpresas te da la vida, que diran Rubn Blades y su Pedro Navaja. Sorpresas te da la vida, s.

Una anomala histrica

De todo eso han pasado 80 aos y es como si, en algunos casos, no hubiera pasado ninguno. La memoria es frgil, flaca como deca un amigo, volcada en un sinvivir que no encuentra consuelo. La historia, esa que llamaba Mara Zambrano historia escondida, sigue intentando a contracorriente y a contratodo desbrozar las mentiras de la pseudohistoria, de esa miserable promiscuidad entre los franquistas de antes, sus herederos ya nadan emboscados en partidos que daban el pego liberal y esos lobbies mediticos siempre dispuestos a embarrar la nitidez de la verdad. Lo que pasa en este pas es difcil que pase en otros sitios que tambin sufrieron un trauma parecido. Aqu muchos de los monumentos al horror siguen en pie como el primer da. La Ley de Memoria Histrica de 2007 est para que la cumpla quien quiera. El mismo Mariano Rajoy hinchaba pecho en la televisin para afirmar que no destinaba un solo euro al desarrollo de esa ley de memoria. Cmo es posible que despus de tanto tiempo de democracia resulte tan difcil sacar al dictador de su tumba faranica en Cuelgamuros? En realidad, somos una rara especie de anomala histrica. Eso creo que somos.

Por eso, a veces, tengo la sensacin de que este pas es como la zona cero de la memoria democrtica. Esa sensacin de que es imposible construir algo hermoso sobre las ruinas de una victoria deleznable, esa que el 1 de abril de 1939 acab con la machadiana razn que contaba el maestro Mairena a sus alumnos, la misma razn que an al da de hoy est como apartada en el rincn donde se depositan los viejos trastos de la historia. No s cmo se puede vivir sin memoria. Tampoco cmo se puede perturbar esa necesidad tachndola de revanchista, de querer reabrir viejas heridas, de volver a intranquilizar el orden conseguido por la Transicin poltica a la democracia. No hay revancha de ninguna clase sino bsqueda imprescindible de la verdad. Difcilmente se pueden reabrir unas heridas que nunca se cerraron. Y qu decir de la tranquilidad de una Transicin que tuvo cerca o ms de 1.000 muertes violentas en las calles de la nueva democracia.

Para acabar este apretado recorrido por 80 aos de historia y de memoria, miren lo que escriba Walter Benjamin: La autntica medida de la vida es el recuerdo. As es: vivir sin hacer memoria de nuestro pasado es vivir a medias lo que vivimos, clausurar la posibilidad de reflejarnos en el espejo de nuestra propia historia, negarnos a mirar hacia el futuro con la esperanza que arrumb la victoria del ejrcito franquista aquel fatdico 1 de abril de 1939.

Se cumplen ahora mismo 80 aos de aquel da. Y ya lo dije antes: a veces pienso que es como si no hubiera pasado ninguno.

Texto publicado originalmente en el nmero de abril de tintaLibre.


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