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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2019

Notre-Dame, los usos y abusos de las cenizas

Federico Mare
La Quinta Pata


Las redes sociales se parecen cada vez ms a las redes cloacales: depositamos en ellas todas nuestras inmundicias. Pero esta semejanza escatolgica no debe hacernos perder de vista las diferencias: si las cloacas recolectan los excrementos del cuerpo, y los ocultan con discrecin, Facebook y Twitter recolectan los excrementos del alma, y los exhiben con desparpajo.

La marea de repercusiones del incendio de Notre-Dame es un buen botn de muestra. Constituye una radiografa acabada de la cloacalizacin de las redes sociales: cobertura sensacionalista de los medios, sentimentalismo pacato, declaraciones polticamente correctas pour la galerie de gobiernos y celebridades, interpretaciones providencialistas del siniestro dignas del Antiguo Testamento, teoras conspiranoides a lo Dan Brown, memes custicos y burlescos de la guerrilla troll , hipocresa burguesa, maniquesmo, razonamientos simplistas, verdades a medias y olvidos culposos, instrumentalizacin grosera de lo ocurrido, chovinismo francs, eurocentrismo, plaiderxs lamebotas , celebraciones revanchistas, chicanas, fake news , debates estticos de esquematismo brutal y argumentos pseudohistricos de una ignorancia supina. Vale decir, un catlogo de miserias humanas.

La prensa hegemnica hizo su agosto: lucr con el amarillismo, el morbo y el patetismo: bulos alarmistas, inventarios minuciosos de los estragos del incendio, notas de color Nuestro pas no fue la excepcin. Clarn titul: Una profeca de Nostradamus predijo el incendio de la Catedral de Notre-Dame?. La Nacin no quiso ser menos: El argentino que sali de Notre-Dame minutos antes del incendio. El Sol de Mendoza, por su lado, entr en el excitante juego de las especulaciones contrafcticas: Aseguran que Notre-Dame se salv por media hora. Visin Liberal lleg a preguntarse: El fuego terminar con la maldicin de las grgolas de Notre Dame?

Esta tendencia a estimular y mercantilizar los grandes duelos pblicos es tan vieja como el periodismo de masas, y de sobra conocida. Tambin lo es su selectividad: no todas las catstrofes son objeto de igual atencin y empata. Hay prdidas arquitectnicas que merecen ms visibilidad y tristeza que otras, conforme a criterios ideolgicos muy pertinaces pero rara vez asumidos y explicitados. Vale la pena llorar por los monumentales Budas de Bāmiyān, porque fueron dinamitados por el rgimen talibn; pero no as por la legendaria Bagdad, porque fue bombardeada por el To Sam

Una digresin: lo dicho vale tambin, claro est, para las vctimas de la violencia poltica, una cuestin lgida a la que Judith Butler le ha dedicado dos obras sesudas. Por qu las muertes israeles y palestinas no se perciben igual de horrorosas?, se pregunta la filsofa norteamericana en Vida precaria. El poder del duelo y la violencia (2004), a propsito del conflicto de Medio Oriente. Las muertes causadas por el sionismo, las vidas que Israel aniquila en Cisjordania y Gaza, no se consideran verdaderas muertes ni vidas dignas de recuerdo porque se trata de palestinos o porque son vctimas de la guerra?. En Marcos de guerra. Las vidas lloradas (2009), Butler reflexiona: Cuando una poblacin parece constituir una amenaza directa a mi vida, sus integrantes no aparecen como vidas sino como una amenaza a la vida (una figura viva que representa la amenaza a la vida). Esto se agrava en las condiciones en las que el islam es visto como algo brbaro, o premoderno, como algo que no se ha conformado an a esas normas que hacen reconocible lo humano. Esos a los que nosotros matamos no son del todo humanos, no son del todo vidas, lo que significa que no sentimos el mismo horror y la misma indignacin ante la prdida de sus vidas que ante la de esas otras que guardan una semejanza nacional o religiosa con nuestras propias vidas. Corresponde entonces, pues, plantearse el interrogante de si las variedades de lo letal son aprehendidas de manera diferente, si reaccionamos ante las muertes causadas por atentados suicidas ms enrgicamente y con mayor indignacin moral que a esas otras muertes causadas, por ejemplo, por un bombardeo areo. Pero aqu cabe preguntarse si no hay tambin una manera diferencial de considerar a las poblaciones, ya que algunas aparecen desde el principio como muy vivas y otras como ms cuestionablemente vivas, tal vez incluso como socialmente muertas [], o como figuras vivientes de la amenaza a la vida. [] La guerra o ms bien las guerras en curso se basa en y perpeta una manera de diferenciar las vidas entre, por un lado, las que son merecedoras de defenderse, valorarse y ser lloradas cuando se pierden y, por otro, las que no son del todo vidas, no del todo valiosas, reconocibles o dignas de duelo.

La lgica que opera detrs de esta jerarquizacin de la mortandad humana es la misma que subyace a la dispar ponderacin de los daos que sufre el patrimonio cultural: monumentos, obras de arte, sitios arqueolgicos, edificios histricos. Es una lgica constante, que se evidencia en todos los casos: en los de causa violenta (bombardeos, atentados, saqueos, iconoclastia, vandalismo) y en los de causa natural (inundaciones, terremotos, huracanes, etc.) y tambin en los de causa accidental, como los incendios desatados por un cortocircuito (esto es lo que pas, al parecer, con la catedral parisina). Hay prdidas patrimoniales que mortifican o indignan ms que otras: la devastacin de las ruinas grecorromanas de Palmira a manos de los yihadistas de ISIS gener una ola de repudio internacional, no as la furia redentora de los Aliados contra Japn durante la Segunda guerra mundial, que destruy el Santuario Meiji, la fortaleza Shuri, el Palacio Imperial de Tokio y la torre del Castillo de Osaka, entre otras joyas arquitectnicas invaluables de la civilizacin nipona. La furia iconoclasta que el islamismo radical descarg sobre Tombuc, la milenaria urbe del Sahara, all por 2012, escandaliz a la comunidad internacional de un modo que jams lo haba hecho la decisin israel de demoler durante la guerra de los Seis Das todo el Barrio Marroqu en la Ciudad Vieja de Jerusaln, incluyendo la mezquita de Sheikh Eid, una de las pocas que se conservaban de los tiempos de Saladino. En los 90, Europa ech mucho de menos las stavkirker (iglesias de madera) de la Noruega medieval quemadas por Varg Vikernes y otros msicos de black metal , pero no tanto las mezquitas bosnias del siglo XVI reliquias del esplendor otomano destruidas por las tropas de Croacia y Srpska.

Pero volvamos a Notre-Dame. El pathos trgico y elegaco no fue privativo de los grandes medios. En todo el planeta, millones de usuarixs de redes sociales se hicieron eco del aciago suceso parisino: recuperacin nostlgica de viejas fotos personales sacadas en el exterior e interior de Notre-Dame, psames al pueblo francs y la grey catlica, propalacin de imgenes del Quasimodo de Disney abrazando a la catedral, etc. Las cursileras lacrimgenas estuvieron a la orden del da, y del luto se hizo un espectculo. La fiebre conmemorativa inund YouTube de videos improvisados y canciones recicladas. Quienes no participamos de este tsunami debimos parecer misntropos o extraterrestres, igual que quienes no tuvimos inters alguno en ver, un da antes del incendio, el estreno de la octava y ltima temporada de Game of Thrones .

Para un Macron al que los gilets jaunes tenan contra las cuerdas, el siniestro de Notre-Dame result un regalo cado del cielo. El pueblo francs, aturdido por las noticias, distrado con el duelo nacional, dej de enfocarse en la lucha contra las polticas neoliberales del gobierno, y abri sus odos a los cantos de sirena del patriotismo y la concordia. El incendio de Notre-Dame nos recuerda que nuestra historia no se detiene nunca, que siempre habr dificultades que superar, que aquello que creemos indestructible puede ser daado, sentenci el presidente en su discurso televisado desde el Palais de llyse. Somos un pueblo de emprendedores. Tenemos mucho que reconstruir. Y la reconstruiremos. Ms bella todava, prometi con calculada emotividad. Y luego anunci: Quiero que est terminada en cinco aos. Podemos hacerlo. Entre otras frases de intencin reconciliatoria, Macron manifest: Comparto vuestro dolor, pero tambin vuestra esperanza. Ahora tenemos que trabajar. Actuaremos y triunfaremos.

Donald Trump tuite: Acabo de tener una maravillosa conversacin con el papa Francisco ofreciendo las condolencias del pueblo de los Estados Unidos por el fuego horrible y destructivo en la Catedral de Notre-Dame. Pedro Snchez, el presidente del gobierno espaol, hizo otro tanto: El incendio de Notre-Dame es una catstrofe para Francia. Y lo es para Espaa y para Europa. Las llamas arrasan 850 aos de historia, de arquitectura, de pintura, de escultura. Ser difcil olvidarlo. Francia puede contar con nosotros para recuperar la grandeza de su patrimonio. Angela Merkel seal en su condolencia que la catedral parisina es un smbolo de Francia y de nuestra cultura europea. Bolsonaro, por su parte, escribi: En el nombre de los brasileos, manifiesto profundo pesar por el terrible incendio que arrasa uno de los mayores smbolos de la cultura y la espiritualidad cristiana y occidental, la catedral de Notre-Dame en Pars. En este momento sombro, nuestras oraciones estn con el pueblo francs. Mike Pence, el vicepresidente de EE.UU. otro adalid de la derecha cristiana expres en su cuenta de Twitter que es desgarrador ver una casa de Dios en llamas.

No poda faltar Mauricio Macri en este coro de mandatarios neoconservadores y chupacirios. La cancillera hizo pblico este comunicado: El Gobierno argentino manifiesta su profunda consternacin por el terrible incendio que afecta a la Catedral de Notre-Dame, cono religioso y cultural de Francia, Europa y toda la cristiandad. En este momento tan difcil, la Argentina acompaa a la Arquidicesis de Pars, as como al Gobierno y a todo el pueblo francs, en su desolacin y tristeza. La noche del lunes, la cpula del CCK fue iluminada con los tres colores del pabelln francs en seal de psame, un gesto fraternal que no se ha tenido con otros pases que han sufrido calamidades iguales o mayores (por ejemplo, la perifrica y musulmana Indonesia, que en septiembre del ao pasado result alcanzada por un sismo que dej un saldo de miles y miles de personas muertas, heridas, desaparecidas y evacuadas, amn de cuantiosas prdidas materiales).

La farndula y el mundo del ftbol tambin dijeron presente. Naomi Campbell, Neymar, Maisie Williams, Antonio Banderas, Eva Longoria, Paul Pogba, Cher, Alejandro Sanz, Mira Sorvino, Ivan Rakitić, Thala, ngel Di Mara, Glenn Close, Kylian Mbapp, Anne Hathaway, Pocho Lavezzi Hubo condolencias a granel por el desastre de le-de-France y anuncios desinteresados de filantropa burguesa a los cuatro vientos. Salma Hayek se congratul de que su marido, el magnate francs Franois-Henri Pinault, prometiera donar 100 millones de euros para la reconstruccin de la catedral gtica ms famosa del mundo.

En Argentina, la meditica Jimena Barn estuvo en el ojo de la tormenta con el tweet Si ayudaran a que la gente no muera de hambre tan rpido como donan guita para reconstruir Notre Dame..., que suscit un alud de reproches, sarcasmos e improperios. Tambin la vedette Mara Eugenia Rit fue escarnecida por tuitear un comentario de tenor similar: mueren miles de personas por da y nadie se lamenta. Como era de esperar, tampoco la notredamana se ha salvado de la grieta verncula. Los exabruptos de francofobia y los contraataques de francofilia anegaron las redes sociales, y el forobardo hizo furor.

Circularon conjeturas de toda ndole sobre el origen del incendio, muchas de ellas obscenamente retorcidas, absurdas y ventajistas. En Serbia, por caso, los peridicos Alo e Informer aventuraron que el siniestro se debi a la ira divina. Por qu? Porque en noviembre del ao pasado, con motivo del centenario del armisticio de Compigne (fin de la Primera Guerra Mundial), Notre-Dame fue escenario de una ceremonia alusiva en la cual se exhibieron las banderas de todos los pases invitados, entre ellos Kosovo, cuya independencia no es reconocida por Belgrado. Tamaa afrenta al honor nacional de Serbia no poda quedar impune ante los ojos del Seor. Como se ve, el providencialismo a la manera acomodaticia de un Eusebio de Cesarea, de un San Agustn o un Bossuet, todava tiene cultores. Eso s: el castigo de Dios a la catedral sacrlega se demor cinco meses, y la nacin kosovar permanece separada de Serbia. Las razones de la Providencia pretextara un telogo cristiano afn al nacionalismo serbio pueden resultar indescifrables a la razn humana

No podan faltar, en este delirio de notredamana, las teoras conspirativas de talante paranoide. Un periodista de Time Magazine desliz que un amigo jesuita le haba comentado que trabajadores de la catedral crean que se trataba de un dao intencional. En Estados Unidos y Corea del Sur, YouTube difundi por equivocacin un video de Notre-Dame en llamas con un zcalo que rememoraba el 11-S. Opinlogxs del ciberespacio dieron por descontado que las imgenes de un bombero cerca del incendio correspondan a un chaleco amarillo de aspecto criminal, y la escultura mariana del portal del claustro fue confundida con un intruso sospechoso. La hiptesis del atentado terrorista, en sus distintas variantes, tuvo amplia difusin: clula islamista, banda neonazi, secta satnica, grupo anarquista, pandilla anticristiana, etc. Internautas sin escrpulos desempolvaron y propalaron una vieja nota policial de The Telegraph de 2016 intitulada Tanques de gas y documentos rabes encontrados en un auto no identificado cerca de la catedral parisina Notre-Dame disparan temores de terrorismo. Rassemblement National, el partido derechista e islamofbico de Le Pen, apost fuerte por las declaraciones ambiguas, el punitivismo patriotero y la demagogia de la suspicacia. Se ha vendido y comprado mucho pescado podrido en estos das. Los rumores conspiranoides de un autoatentado del gobierno tambin circularon con fuerza: Macron, vapuleado por el movimiento de los gilets jaunes , habra maquinado el siniestro para generar una cortina de humo que le diera una tregua y le permitiera recomponer su imagen pblica.

Estos das trabajaron a destajo las fbricas de denuncia antiimperialista y humor negro anticlerical. Por un lado, memes alusivos al contraste obsceno que existe entre la sobreexposicin del incendio de Notre-Dame y la invisibilizacin de los bombardeos franceses en Siria. Por otro, chistes, burlas y sarcasmos en torno al apotegma la nica iglesia que ilumina es la que arde . Reacciones legtimas y necesarias a la notredamana, sin dudas, pero con derrapes considerables de francofobia y anticristianismo que no suman. Por all le que interpretar literalmente ese epigrama atribuido con muy escasa verosimilitud a Kropotkin, y tambin a Durruti, es un acto de mala fe. Lo es, en efecto, al menos en muchos casos (pienso en todas aquellas personas y organizaciones que no bregan por la quema de templos, sino por la erradicacin de cualquier forma de coaccin o privilegio religiosos). Pero me pregunto si la necesidad de tener que aclarar pblicamente, de modo reiterado, que solo se trata de una metfora, de una figura, no est desnudando un desacierto retrico, tctico y propagandstico. Sirve siempre provocar? Es conveniente una militancia de discursividad endogmica o autorreferencial que espanta a las masas en vez de atraerlas? Si las humoradas anticlericales no trascienden la funcin testimonial de un rito de confirmacin para iniciadxs, si ellas no interpelan con alguna cuota de eficacia o persuasin a quienes no piensan ni militan como nosotrxs, entonces tendramos que admitir que no reportan beneficio poltico alguno.

Hubo asimismo, en las redes sociales, discusiones estticas de desoladora pobreza intelectual. Muchas personas, en su afn de llevar agua al molino del antiimperialismo o del anticlericalismo, se empearon en denegar todo valor artstico a Notre-Dame arguyendo que las catedrales gticas son nada ms que rmoras del oscurantismo medieval, smbolos de poder del Occidente cristiano y neocolonial. Nada bello o rescatable habra en ellas. Todo lo que representan o significan sera despreciable, odioso, vituperable Sin matices, sin atenuantes. La execracin absoluta de Notre-Dame como obra de arte, como patrimonio cultural, solo es posible en un pensamiento de premisas sospechosamente unvocas, de inferencias demasiado mecnicas y apresuradas. Un pensamiento simplificador, hostil a la complejidad de lo real, que no reconoce otro criterio de validez que el de la propia militancia poltica.

La execracin de Notre-Dame cont, en algunas ocasiones, con el siguiente argumento de refuerzo: las catedrales gticas de la Edad Media habran sido construidas con mano de obra esclava. Por lo tanto, no debiera compungirnos la destruccin intencional o accidental de esos vetustos mamotretos llenos de ojivas, vitrales, arbotantes y grgolas, puesto que sus orgenes estaran manchados por la conculcacin de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Todo lo contrario, debiera ser motivo de celebracin vindicativa. A la luz de este tosco planteo, el cortocircuito que habra provocado las llamas de Notre-Dame vendra a ser o as debe ser interpretado un desenlace necesario de justicia potica, como la muerte del villano en los melodramas. El epitafio? Sic transit gloria mundi , as pasa la gloria del mundo

Pero tan pronto como empezamos a aplicar el mtodo lgico de la reduccin al absurdo , todo ese andamiaje de juicios esttico-polticos sumarsimos se viene abajo. Ante todo, en la Francia que erigi Notre-Dame la Francia feudal de los siglos XII, XIII y XIV, la esclavitud era una institucin residual, muy marginal. No as la servidumbre, desde luego. Pero esta afectaba al campesinado, no al artesanado de las ciudades nucleado en gremios y cofradas. La catedral de Nuestra Seora de Pars no fue construida por esclavos ni siervos, sino, bsicamente, por artesanos libres. Hagamos caso omiso de esto, y supongamos que Notre-Dame es el fruto maldito de la utilizacin masiva de trabajadores forzados. Vamos a festejar su destruccin, o completarla, por esa razn?

Todas las obras de arquitectura monumental de las civilizaciones antiguas, medievales y modernas (las pirmides egipcias y mayas, el Coliseo romano, la Acrpolis de Atenas, la Gran Muralla china, Petra, Machu Picchu, la pagoda budista de Mahabodhi en la India, Teotihuacn, la baslica de Santa Sofa, el Palacio de las Cien Columnas de Perspolis, las mezquitas rabes del Califato Omeya, la ciudadela africana del Gran Zimbaue, Angkor Wat, la Alhambra, el Taj Mahal, la Florencia de los Mdicis, el palacio de Versalles, el Pars del barn Haussmann, los rascacielos de Nueva York, etc.) involucraron, en su edificacin, regmenes laborales de esclavitud, servidumbre, tributo, corvea, cautividad por guerra o delitos, o algn otro mecanismo de coercin extraeconmica; o bien, en el mejor de los casos, la utilizacin de trabajadores asalariados, vale decir, de productores que, carentes de medios de produccin, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder subsistir (coaccin econmica de mercado). Lo dicho vale para Occidente, pero tambin para todas las dems civilizaciones del orbe, actuales o pasadas: China, India, Japn, Bizancio, Babilonia, Egipto, Persia, Mesoamrica, Islam, etc.

Todas las construcciones faranicas antes mencionadas constituyen smbolos de poder poltico, militar, econmico, cultural y/o religioso. Smbolos asociados, en muchos casos, a sistemas de dominacin imperial. Las sociedades contemporneas o pretritas de carcter igualitario sin estratificacin de clases, sin estado, sin acumulacin de grandes excedentes no han producido una arquitectura monumental, porque les ha resultado imposible desde un punto de vista econmico-tecnolgico y demogrfico; pero, por sobre todas las cosas, algo innecesario e inconcebible. Pensemos en la etnia ymana de Tierra del Fuego, en las poblaciones bosquimanas del desierto de Kalahari, en las tribus anangu del interior de Australia, en las familias esquimales de antao que Hans Ruesch retrat en su novela El pas de las sombras largas Desarrollaron toda una cultura material y simblica, que sera un error infravalorar como primitiva. Pero lo cierto es que no levantaron edificios de tamao imponente con materiales perdurables.

Si propiciamos o encomiamos el incendio de Notre-Dame porque las catedrales gticas son por origen o connotacin una expresin de poder, entonces habra que hacer lo propio cuestin de coherencia con toda la arquitectura monumental que existe en el mundo, sin distincin de continentes, estados, imperios, religiones o pocas. No parece ser una solucin sensata, viable y conveniente.

Existe una alternativa mejor: tener la amplitud mental, la madurez intelectual, de saber reconocer, en esos grandes monumentos del pasado, algn valor histrico o cultural lo suficientemente importante como para no colegir que resulte imprescindible o deseable eliminarlos de la faz de la Tierra, a pesar de todas las mculas ticas o poltico-ideolgicas que entrae su gnesis y pervivencia. Por lo dems, no solo la arquitectura monumental est en juego. Qu hay de la literatura, la pintura, la escultura, la msica y otras artes? Vamos a eliminar o censurar las obras de Virgilio, Miguel ngel y Bach porque estos artistas tuvieron mecenas y fueron funcionales al poder poltico o religioso de su tiempo?

No existe documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie, escribi Walter Benjamin. Y tena razn. Pero no le haramos justicia al filsofo marxista alemn si de ese aforismo sociolgico dedujramos que hay que destruir materialmente, fsicamente, todos los documentos de cultura. No fue eso, desde ya, lo que l quiso decir. Lo que l quiso decir es que resulta imprescindible desarrollar, en el marco de la praxis revolucionaria, una lectura crtica de los documentos de cultura, o dicho de otro modo, una hermenutica que detecte, cuestione y saque a la luz todo cuanto en ellos es barbarie. Es Notre-Dame un documento de barbarie tanto como de cultura? S, lo es, indudablemente. No debemos olvidar ni perdonar todo el mal que condensan las catedrales gticas: el poder y la opulencia de la Iglesia medieval, el contubernio liberticida entre el trono y el altar, la alienacin religiosa del cristianismo, el oscurantismo... Pero las catedrales gticas del Medioevo son ms que eso. Siguen siendo, pese a todos sus bemoles, documentos de cultura, patrimonios histricos , testimonios de un rico acervo de saberes tcnicos y destrezas artsticas que vale la pena conocer, y que es dable asumir, incluso, en parte, como un legado que forma parte de nuestra identidad colectiva.

Quin construy Tebas, la de las Siete Puertas?, se pregunt Bertolt Brecht al inicio de su poema Fragen eines lesenden Arbeiters . En los libros figuran slo los nombres de reyes, se respondi. Pero, Acaso arrastraron ellos los bloques de piedra?, se repregunt. Qu hacemos entonces con los vestigios micnicos de Cadmea la acrpolis tebana excavados por Keramopoulos y otros arquelogos desde 1906? Pulverizarlos o conservarlos? Dudo mucho que Brecht quisiera lo primero.

Que la memoria no es sinnimo de condescendencia y absolucin es algo que se evidencia en muchos ejemplos histricos. La Revolucin Francesa no destruy Versalles; lo clausur. La Revolucin Rusa no abati todo el Kremlin; refuncionaliz muchos de sus edificios como museos pblicos o sedes gubernamentales. La Revolucin Mexicana no derrib el Castillo de Chapultepec; lo mantuvo en pie como residencia de sus mandatarios. La Revolucin China no demoli la Ciudad Prohibida; la abri al pueblo como lugar de paseo y de memoria. La Revolucin Cubana no destruy el Palacio Presidencial; lo sigui usando como casa de gobierno, y luego lo transform en el Museo de la Revolucin. Por su parte, la Bolivia de Evo Morales ha preservado intacta la arquitectura hispanocolonial barroca de Potos, Sucre (la antigua Chuquisaca) y La Paz. La Francia de la Tercera Repblica, faro mundial del laicismo y del anticlericalismo, nunca consider necesario tirar abajo Notre-Dame.

En la Comuna de Pars, durante la semana sangrienta de mayo de 1871, se prendi fuego a la catedral, aunque el incendio fue controlado a tiempo por el personal del Htel-Dieu, un hospital vecino, con autorizacin del Comit de Salvacin Pblica, que se preocup por la seguridad de centenares de personas internadas en el nosocomio. No podra repudiar aquel episodio de violencia anticlerical e iconoclasta. Se trat de una accin directa de masas en el marco de una coyuntura histrica excepcional, de una crisis poltica y social de extrema volatilidad: la guerra franco-prusiana, la derrota desastrosa de Francia en Sedn, el destronamiento de Napolen III, el colapso del Segundo Imperio, la proclamacin de la Tercera Repblica, la insurreccin del pueblo parisino, la instauracin de una comuna revolucionaria, el asedio de las tropas versallesas a la capital rebelde, la inminencia de una represin militar que prometa ser y de hecho fue sangrienta.

Acotemos, de paso, que la Revolucin Francesa (la primera, la de fines del siglo XVIII) tambin ocasion daos iconoclastas a Notre-Dame. Pero no la demoli; la desacraliz y estatiz, y la emple como almacn de alimentos, hasta que Napolen la devolvi a la Iglesia catlica en 1802. Tambin en este caso hubo una coyuntura especial, circunstancias extraordinarias, una situacin histrica crtica de grandes convulsiones sociopolticas: la cada del Antiguo Rgimen, la puesta en marcha de un proceso revolucionario, el conflicto con el clero refractario, la guerra exterior y civil, la radicalizacin de los sans-culottes , el regicidio de Luis XVI, la implantacin de la Primera Repblica, el Terror jacobino, la descristianizacin.

Quemar iglesias con varios siglos de historia y un gran valor artstico no es lo ideal, ni algo que yo al menos quiera preconizar. Pero hay contextos y contextos Los grandes estallidos de ira popular, sin los cuales no habra revolucin ni emancipacin, conllevan excesos de violencia. No debemos romantizar irresponsablemente la iconoclastia de masas, habida cuenta los perjuicios que ella ocasiona al patrimonio cultural. Pero tampoco debemos anatematizarla desde el cmodo sof del idealismo tico y los anlisis extemporneos en abstracto.

Sea como fuere, el incendio reciente de Notre-Dame nada tuvo que ver con una accin iconoclasta de masas al calor de un proceso revolucionario o insurreccional. Solo se trat de un mero accidente. No hubo sans-culottes , ni communads , ni tampoco gilets jaunes . Festejar un siniestro causado por un cortocircuito no tiene mucho de subversivo. Es, ms bien, un acto filisteo de necedad y fatuidad, tanto ms cuanto que el cortocircuito lo habra generado la negligencia de la empresa capitalista (Le Bras Frres) a cargo de los andamios y las tareas de restauracin.

Resulta irnico y desagradable para un socialista libertario y ateo como el que escribe estas lneas que el apotegma la nica iglesia que ilumina es la que arde le sea atribuido con tanta insistencia a Kropotkin. En su libro El apoyo mutuo obra esencial del anarcocomunismo, el intelectual ruso no ocult su entusiasmo y admiracin por la arquitectura eclesistica de la Edad Media. La asombrosa iglesia antigua de Bremen fue construida en el siglo IX; la catedral de San Marcos, en Venecia, fue terminada en el ao 1071, y la hermosa catedral de Pisa, en el ao 1063. En otro pasaje seala: las cartas de las comunas medievales se distinguen por la misma diversidad que la arquitectura gtica de sus iglesias y catedrales. La misma idea domina en todas, puesto que la catedral de la ciudad representaba simblicamente la unin de las parroquias o de las comunas pequeas y de las guildas en la ciudad libre, y en cada catedral haba una infinita riqueza de variedad en los detalles de su ornamento.

En sus observaciones sobre la arquitectura cristiana del Occidente medieval, Kropotkin hizo extensiva su ponderacin a las relaciones de trabajo: Las guildas medievales [] brotaban dondequiera apareciese un grupo de hombres unidos por alguna actividad comn: pescadores, cazadores, comerciantes, viajeros, constructores, o artesanos asentados, etc.. A bordo de los barcos ya exista una autoridad, en manos del capitn, pero, para el xito de la empresa comn, todos los reunidos en la nave, ricos y pobres, los amos y la tripulacin, el capitn y los marineros, acordaban ser iguales en sus relaciones personales acordaban ser simplemente hombres obligados a ayudarse mutuamente y se obligaban a resolver todos los desacuerdos que pudieran surgir entre ellos con la ayuda de los jueces elegidos por todos. Exactamente lo mismo suceda cuando cierto nmero de artesanos, albailes, carpinteros, picapedreros, etc., se unan para la construccin, por ejemplo, de una catedral, a pesar de que todos ellos pertenecan a la ciudad, que tena su organizacin poltica, y a pesar de que cada uno de ellos, adems, perteneca a su corporacin. Sin embargo, al juntarse para una empresa comn para una actividad que conocan mejor que las otras se unan adems en una organizacin fortalecida por lazos ms estrechos, aunque fuesen temporarios: fundaban una guilda, un artil , para la construccin de la catedral.

Otra cita ilustrativa de lo que realmente pensaba Kropotkin sobre las catedrales gticas medievales: concebidas en estilo grandioso y cubiertas por numerosos ornamentos decorativos, elevaban a las nubes sus altos campanarios, y en su arquitectura se manifestaba tal audacia de imaginacin y tal pureza de forma, que vanamente nos esforzaramos en alcanzar en la poca presente. Los oficios y las artes se elevaron a tal perfeccin que an hoy no podemos decir que las hayamos superado en mucho, a no ser que coloquemos la velocidad de la fabricacin por encima del talento e inventiva del trabajador y de la terminacin de su trabajo. Kropotkin era ateo, anticlerical, anarcocomunista y revolucionario, y apoy fervientemente la Comuna de Pars en ms de un escrito. Sin embargo, si hoy estuviera vivo entre nosotrxs, es poco probable que celebrara el incendio de Notre-Dame, y que se congratulara de saber que el epigrama la nica iglesia que ilumina es la que arde le es adjudicado a l

Mucho se ha dicho sobre el incendio de Notre-Dame. Hay que distanciarse del cipayismo cultural de la Argentina biempensante? Hay que cuestionar la sensiblera mojigata que se repite ad nauseam en las redes sociales? Hay que repudiar el esnobismo, los lamentos beocios de quienes nunca jams se preocuparon por el arte y el patrimonio cultural? Hay que denunciar la geopoltica de doble vara en las demostraciones de luto segn el hemisferio y pas de que se traten (Occidente u Oriente, Francia o Siria)? S, hay que hacerlo, indudablemente.

Pero opino que debiramos ser capaces de militar el antiimperialismo y el laicismo con ms altura y seriedad, sin golpes bajos, sin oportunismos demaggicos, sin sobreactuaciones de indiferencia tercermundista y sin excesos de euforia cristianofbica. Quien con monstruos lucha alert Nietzsche cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo tambin mira dentro de ti. Podemos ser mejores que nuestrxs adversarixs de derecha, ms dignxs y lcidxs en la defensa de nuestras ideas. Y si podemos, debiramos intentarlo. Que nuestra lucha a dos frentes contra la opresin neocolonial y religiosa no nos ofusque.

Aunque soy ateo, laicista y anticlerical, y tambin antiimperialista y anticapitalista, honestamente no me nace festejar el incendio de Notre-Dame, ni permanecer absolutamente impasible ante l (como Kropotkin y Landauer dos de mis tericos anarquistas de cabecera valoro y admiro el arte gtico medieval, y no me avergenzo de ello). Tampoco pienso rasgarme las vestiduras y sumarme al aluvin de condolencias cipayas o samaritanas. Elijo no transitar el camino de los razonamientos y posicionamientos binarios. Opto por aferrarme al pensamiento crtico.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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