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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2019

La paz de los cementerios

Jaime Richart
Rebelin


Sea cual fuere el gobierno que salga de los prximos comicios, si es que no se repiten las elecciones, Espaa no tendr paz, al menos que no sea la paz de los cementerios que es la que impera de unos aos a esta parte. La paz perpetua es el ttulo de una obra de Kant. El ttulo surge de la observacin de una pintura satrica dispuesta por un posadero holands en la publicidad de su albergue en la que Kant vio la imagen de un cementerio que llevaba, cuyo epgrafe era la paz perpetua. En aquel entonces, el mundo estaba conmocionado por los principios de la Revolucin Francesa, lo que comprometa a los filsofos en sus reflexiones sobre las nuevas relaciones mundiales. La paz era entonces casi una utopa de los muertos...

Para mantener la paz resultara til que los gobiernos escuchasen a los filsofos. Normalmente los polticos piensan que no necesitan aprender nada de esos perdedores. Adems, los polticos, que suelen ser juristas, sienten una irresistible inclinacin a aplicar las leyes vigentes sin investigar si acaso seran susceptibles de perfeccionarse. Como las personas que tienen esta forma de pensar suelen ser las que tienen el poder y, por tanto, la fuerza, deducen que su visin del mundo es la ms inteligente y que los intelectuales son personas fracasadas que nada tienen que aportar. Adems, los polticos espaoles al uso, los que se han alternado durante casi medio siglo en el poder poltico, deseosos de mantener el statuo quo que les es muy favorable, hacen constantemente una lectura interesada de la ley conforme a esos intereses difusos pero concretos que dictan sus decisiones, contradicindose a menudo a s mismos y traicionando los postulados que un da les llevaron al poder. Con ello no pretendo decir que todos los polticos deban hacerse intelectuales, y mucho menos que los filsofos deban tener el poder, pues la mera posesin de la fuerza perjudica inevitablemente al libre ejercicio de la razn, al decir de Kant. Pero si los pol ticos escuchasen a los intelectuales, que no van a decirles lo que quieren or, no hacen proselitismo y se apartan del pensamiento de club, obtendran sugerencias lcidas de las que no deberan prescindir. Pero esto no va a ser as. En Espaa las dcadas y los siglos pasan en vano, los filsofos pierden el tiempo y los que gobiernan retrasan el desarrollo de la historia no tanto por falta de lectura, que tambin, como por la resistencia infinita a practicar y a extender la tolerancia.

Sea cual sea, pues, el gobierno, digo, ni va haber paz ni se har hueco alguno a la tolerancia imprescindible para la paz. Pues ese gobierno estar trufado por maximalismos. Compuesto en cualquier caso por nimos extremos y de signo absolutamente opuesto. En ambos casos explicados por su respectiva ideologa. En Espaa no vara el trasfondo de la sociedad: las ideologas polticas estn tan enfrentadas como lo estn las religiones monotestas. Y en ningn caso los partidos van a renunciar, ni a ellas ni a sus propsitos. Por dos razones. La primera es que no ya los polticos sino la opinin pblica, no han alcanzado el nivel de conciencia de la tolerancia que se necesita para la convivencia. La segunda es que no hay gobiernos, sino sociedades annimas de esos intereses mencionados que estn detrs de toda la palabrera poltica.

En resumen, ambos factores van a ser determinantes de una tensin poltica trasvasada a la sociedad, que aconsejar a todo aquel que pueda, y al que no pueda le supondr una profunda frustracin, marcharse del pas.

En todo caso, as como en tiempos posteriores a la Revolucin Francesa la paz era una utopa de los muertos, la nica paz posible en Espaa siempre ha sido consecuencia de la sumisin a la intolerancia. A la intolerancia, primero del feudalismo, luego del absolutismo monrquico, siempre a la intolerancia de la jerarqua catlica, luego a la de una dictadura de 43 aos y, desde 1978, a la intolerancia de la casta social dominante encaramada en la poltica, en la justicia, en la empresa, en la banca, en la mayora de los medios de comunicacin, en la mayora de los centros sanitarios y en la mayora de las escuelas. Por eso, no esperemos paz y estabilidad en ningn caso. Porque el drama hispnico es hoy da una paradoja. Y la paradoja es que, si los ganadores de las inminentes elecciones fuesen los que deben desbancar a los de siempre, la vida en Espaa se hara ms insoportable todava...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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