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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2006

Balance de tres aos de ocupacin en Irak

Tariq Al
Sin Permiso


EN EL TERCER AO de la ocupacin, para la mayora de los ciudadanos occidentales vivir anegados en un mundo de embustes, medias verdades y hechos apaados ha entrado a formar parte de su cotidianidad. En Irak, muchos iraques, incluidos algunos que al comienzo se declaraban partidarios de la guerra, se preguntan con inquietud si su pas sobrevivir, o si los efectos de la recolonizacin occidental habrn de llevarlo rpidamente a la desintegracin. Un paisaje hobbesiano hoy, podra acabar desembocando maana en una divisin en tres partes.

En la segunda mitad del siglo pasado, el gran poeta iraqu Muhammad Mahdi al-Jawahiri (1903-99), hijo l mismo de un clrigo chita y nacido en la ciudad santa de Najaf, poda expresar su distanciamiento respecto del sectarismo religioso, afirmando al propio tiempo su fe en un nacionalismo iraqu: ana al-Iraqu, lisani qalbuhu, wa-dami furatuhu, wa-kiyani minhu ashtaru (yo soy el Irak, su corazn es mi lengua, mi sangre es su ufrates, mi propio ser tiene la urdimbre de sus ramas). Cunto tiempo parece haber pasado! Qu reserva el futuro? La ocupacin de los EEUU depende estrechamente del sostn que de facto prestan los partidos polticos chitas, especialmente el Scirim , que es el instrumento de Tehern en Irak. El ayatollah Sistani, que poco despus de la cada de Bagdad dijo a todos los iraques ser partidario de un Irak independiente y unido, puede que fuera entonces sincero, pero entretanto han ocurrido muchas cosas. Impidiendo que los grupos chitas desarrollaran su lucha y persuadiendo a Moqtada al-Sadr para que abandonara la resistencia, Sistani se ha atravesado tambin en el camino de la unidad del pas. Una resistencia unida, empeada en combatir en dos frentes, habra podido conducir, en una segunda fase, a un gobierno unificado.

Si los partidos chitas hubieran decidido prestar resistencia a la ocupacin, hara tiempo que sta habra terminado, y eso en el caso de que hubiera realmente llegado a empezar. Los clrigos en el poder en Irn dejaron claro en Washington que no se opondran al derrocamiento de los talibanes y de Sadam Hussein. Lo han hecho por sus propios motivos, y de acuerdo con sus propios intereses, pero se trata de un juego peligroso. Si los bahasistas y los militares nacionalistas no hubieran opuesto resistencia, negando a Bush y a Blair la gloria con que soaban y generando de ese modo una crisis de confianza hacia Washington y Londres, habra podido mantenerse en el orden del da la cuestin de un cambio de rgimen en Irn, a pesar del apoyo iran a los EEUU. Irnicamente, es la resistencia en Irak lo que ha hecho imposible, a medio plazo, cualquier aventura de este gnero.

El grupo iraqu ms beneficiado con la ocupacin es el de los dirigentes tribales kurdos. Ya haban recibido una caudalosa financiacin en los doce aos anteriores a la guerra, y las agencias de inteligencia estadounidenses se haban servido de la regin como base de penetracin en el resto del pas. Ellos controlan la polica y el ejrcito fantoche; ellos han determinado el carcter ultrafederal de la Constitucin y no recatan su preferencia por una limpieza tnica de rabes y no-kurdos en Kirkuk. Incluidos los all nacidos. Minoras otrora oprimidas, pueden convertirse rpidamente en opresoras luego, como Israel se empea en demostrar al mundo. Los dirigentes kurdos, con Kirkuk ya en el bolsillo, estn felices con la perspectiva de convertirse en un protectorado occidental.

Si la unidad de los grupos chitas impuesta por el clero se echara a perder y podra darse el caso, si se les negara el lujo de las tropas estadounidenses y su apoyo areo, entonces se abrira la posibilidad de un new deal capaz de impedir una balcanizacin. O si Tehern se viera forzado a decidir que un Irak genuinamente independiente est en los intereses de toda la regin. Pero los mullah no son famosos como exponentes del pensamiento racional. Los resultados terrenos a corto plazo son considerados como un atajo hacia el cielo. En el horizonte no se adivina un final feliz.

Y el petrleo? El modelo en curso de preparacin costar al Irak miles de millones en trminos de extracciones no hechas mientras las corporaciones globales siegan la cosecha. Los contratos que se estn preparando les darn a estas ltimas un rendimiento de entre el 42 y el 162 por ciento, en una industria cuyo rendimiento mnimo se mover en torno del 12 por ciento. Aunque desde el punto de vista legal el petrleo quedar en manos del estado, los Acuerdos para compartir la produccin (PSA - Sharing Production Agreements ) ofrecern las concesiones a las compaas privadas. Tambin eso ha de verse como una victoria de Halliburton y sus padrinos polticos.

Mientras un gobierno iraqu apoye los acuerdos PSA, los EEUU tendrn la posibilidad de retirar sus tropas y proclamarse vencedores. El triunfo de la libertad se reflejara en el acuerdo petrolero. Despus de todo, no cuentan muchas ms cosas. Ahora bien, un pacto de este tipo podra mantenerse indefinidamente sin la presencia de las tropas imperiales? Es improbable. En el pasado, el petrleo ha revitalizado a los movimientos nacionalistas y ha transformado la poltica en Irn e Irak. Los tiempos han cambiado, pero los problemas de fondo se mantienen, y la lucha por el petrleo podra prolongarse en el tiempo.

Tariq Ali es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO

Traduccin para www.sinpermiso.info : Leonor Mar

Il Manifesto, 3 enero 2006


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