Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-04-2019

La paz, anhelo o excusa de los pacificadores?

Jade Arenas
Rebelin


Ms de 60 aos de conflicto poltico, social y armado, que ha generado millones de vctimas no se concluye con la sola firma de un Acuerdo de Paz, los hechos han corroborado que a pesar de lo firmado en la Habana Cuba entre las antiguas FARC-EP y el ex gobierno de Santos, en Colombia la guerra siegue siendo una constante y sus causas de origen una realidad.

El Acuerdo de Paz, su firma e implementacin, constituyen para el movimiento revolucionario un paso necesario, sin este no hubiese sido posible dilucidar las tendencias polticas e ideolgicas que pernoctaron por dcadas al interior de la insurgencia ms antigua del continente; hoy parte de esa verdad se est develando paulatinamente ante los ojos del mundo, dejando de manifiesto la faccin liberal que estuvo latente desde el surgimiento mismo de las FARC-EP subordinada y minimizada por la disciplina militar.

La socialdemocracia est hoy a la cabeza del nuevo partido de la Rosa, sus cuadros ms representativos son aquellos quienes abiertamente han renunciado a los postulados del marxismo-leninismo y con ello al legado de Manuel y de Jacobo; estos se han autoproclamado los "herederos verdaderos" del acumulado de las FARC-EP, como si ste fuera una franquicia y no una construccin heroica del pueblo.

Parte de la dirigencia del Nuevo Partido asume el Acuerdo de Paz como un fin en s mismo, un clich con el cual soslayan el carcter tctico de este para la transformacin del pas, tras su defensa, intentan ocultar su mayor preocupacin: perder los beneficios obtenidos en el acuerdo de paz a travs del desarme y la absorcin sistmica del movimiento guerrillero.

La actual coyuntura, permiti identificar con claridad los cuadros que buscan satisfacer sus intereses personales en detrimento de los objetivos colectivos, entre ellos hay quienes han optado por realizar alianzas con el fascismo, defender frreamente el establecimiento, justificar el incumplimiento del estado, acusar frente al Estado de forma directa a sus camaradas con voces crticas, desmovilizar las bases sociales existentes antes del Acuerdo, etc. Sin duda, la burguesa ha acariciado sabiamente el ego de cada uno de aquellos personajes

De all que no sea extrao que Pastor Alape en su actividad poltica exprese sin ningn pudor que el nuevo partido de la Rosa, debe realizar alianzas electorales por encima de cualquier fundamento ideolgico, incluso con el partido que encarna el fascismo narco-paramilitar en Colombia.

El proceso de paz deba abrir espacios de participacin poltica al pueblo y brindar garantas de vida digna a los sectores ms empobrecidos por el rgimen poltico y econmico, a ms de dos aos de su firma, ninguna reforma a favor de las mayoras se ha materializado. Los logros de dicho acuerdo, reposan aun en el papel y su futuro yace con la sangre de los ms de quinientos lderes sociales asesinados desde la firma del Acuerdo Final. El partido de gobierno con el cual esperan algunos dirigentes de la Rosa se cimienten importantes alianzas, se ha pertrechado con lo ms ptrido de la Doctrina de la Seguridad Nacional, para cumplir cabalmente su promesa de campaa, haciendo por su paso trizas las organizaciones sociales que no supedite a sus intereses.

Quienes gobiernan no entregaron las armas, continan usndolas como principal medio de hacer poltica; niegan la lucha de clases porque saben que existe, al tiempo que combinan todas las formas de lucha contra el pueblo.

A diferencia de la clase dominante, el pueblo no cuenta con la fuerza de las armas, ni con el poder de los medios masivos de manipulacin de masas, la nica fortaleza de los empobrecidos es que son mayora y no tienen nada que perder, lo nico que les hace falta es ser conscientes de ello.

Los sectores que llaman al pueblo al pacifismo lo estn condenando a vivir en la ignominia y a morir en manos de sus opresores, no han comprendido que los pueblos estn un paso delante de sus dirigentes y saben reconocer cuando una consigna ha perdido contenido y validez. Ningn colombiano de a pie desea la guerra, as como Manuel Marulanda nunca la deseo para l y los suyos, pero el rgimen poltico se la impuso, no solo a Manuel sino a toda Colombia; hoy otra vez la misma clase poltica putrefacta, obliga a los pueblos a imponer las vas de hecho para defender sus vidas.

Antes las FARC-EP portaban las armas del pueblo, hoy ese pueblo est solo y debe asumir su responsabilidad, tal como lo hizo en Marquetalia en 1,964. El futuro de Colombia, de las presentes y futuras generaciones recae en hombros de los sectores sociales empobrecidos, conscientes y revolucionarios, son ellos quienes deben librar la batalla, formar sus dirigentes y tomar las enseanzas de ms de 50 aos de lucha por la vida y la paz. Del seno del pueblo trabajador ha de emerger una vanguardia revolucionaria que este a la altura de los intereses de los ms humildes.


Jade Arenas/ Integrante FARC

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter