Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-04-2019

Vctor Hugo fue a Notre Dame lo que Cervantes a La Mancha

Javier Cortines
Rebelin


El incendio de Nuestra Seora de Paris, ocurrido a mediados de este mes, ha provocado sentimientos encontrados. Muchos han sentido la prdida de uno de los smbolos religiosos ms importantes de Europa, otros, por el contrario, -principalmente ateos o personas que albergan un profundo sentimiento anticlerical-, se han tomado el asunto a mofa y han llenado las redes de chistes, algunos geniales.

Pero hay una cosa que nadie se ha tomado en broma, donde la burla no ha mutado en palabra en la lengua y la garganta: Con la destruccin de esa emblemtica catedral ha vuelto a renacer, cual Ave Fnix, uno de los grandes escritores de todos los tiempos: el inmortal Vctor Hugo y su obra Notre Dame de Paris. Y sus dos personajes centrales: Quasimodo, el jorobado, y la gitana Esmeralda, de quien el campanero se enamora profundamente, pues es el nico ser del mundo que le ha mostrado bondad y afecto.

Esa historia de amor imposible entre la bella y la bestia que se desarrolla en el siglo XV, as como el desprecio y el asco que siente el pueblo por los seres deformados, no ha dejado indiferente a nadie. Quasimodo y Esmeralda son tan queridos y conocidos en Europa como en China, en Amrica como en frica, y siguen habitando an en esos espacios, calcinados o no, que todava hay en esa catedral que encarna, entre otras cosas, la grandiosidad de los templos dedicados a Dios y el poder de la Iglesia y sus fbricas de opio.

Vctor Hugo (1802-1885) nos dej tambin Los Miserables (obra cumbre de todos los tiempos) y otra menos leda, que a m me encant cuando me adentr en su mundo hace dcadas: El hombre que re. Si no me falla la memoria, en esa novela el protagonista principal es un vasco que vive en Inglaterra. Su rostro est deformado con una dolorosa mueca que tiene forma de sonrisa. El drama est servido. Alguien que vive en el infierno, est condenado a hacer rer a los dems. A ser un cmico.

El maestro del romanticismo del XIX muri el 22 de mayo de 1885 convertido en un hroe nacional, en un mito, al igual que Shakespeare en Inglaterra. Se dice que su atad descans un da debajo del Arco del Triunfo y que, cuando fue trasladado al Panten de Pars para su entierro, congreg a una comitiva de unos dos millones de personas.

Vctor Hugo fue a Notre Dame lo que Miguel de Cervantes fue a La Mancha. Se dice que esa parte de Espaa era un lugar aburrido donde nunca ocurra nada interesante. Una zona de paso entre Andaluca y Castilla. El sitio menos idneo de Europa para colocar en l a un caballero andante que salva a damas y lucha contra monstruos y dragones.

Era como poner a un hroe, vestido con armadura de los pies a la cabeza, en medio del desierto. Galopando y clavando su lanza en una tormenta de arena y abrazndose a un cactus, que confunde con una hermosa princesa de cabellos sedosos. Dulce como Ins Arrimadas, es decir un bello espejismo en la frontera de las dos Espaas.

Los caballeros andantes, los torneos, las princesas y los dragones eran crebles, en los libros de caballeras, en Castilla -que a los castillos debe su nombre- y en la mgica Andaluca, donde las damas y caballeros vestan trajes de oro y haba material de sobra para crear hazaas picas en un ambiente que inspir a poetas y aedos durante siglos.

Pero el genio de Cervantes, para ridiculizar an ms el gnero de los libros de caballera, de los que deba estar harto, pone a Don Quijote y a Sancho en un pramo donde hasta los pjaros pasaban de largo para huir de la cancula.

Y as, la zona ms olvidada de Espaa es conocida, gracias a Cervantes, en todo el mundo. Don Quijote y Sancho (lo ideal y lo material), Esmeralda y Quasimodo (La bella y la bestia) pasan a formar parte del alma de la humanidad. Se incorporan in corpore (pasan a integrase en el cuerpo) de la colectividad universal.

Pero mientras Vctor Hugo muere con todos los honores y goza del reconocimiento de los grandes maestros de la antigedad griega, Miguel de Cervantes fallece (casi en la indigencia) y pide ser enterrado en el Convento de las Trinitarias (en el Madrid de los Austrias).

Segn el cervantista Francisco Rico, catedrtico en la Universidad Autnoma de Barcelona y miembro de RAE: cuando le lleg la hora de morir era viejo y pobre, pero tambin un hombre socarrn, lleno de irona, que no se tomaba nada en serio, pero muy corts.


Blog del autor: http://m.nilo-homerico.es/reciente-publicacion/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter