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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-04-2019

Sea quien sea que mate a ladrn, recibe 100 aos de perdn

Victoria Siloff
Rebelin


Dos ciudadanos argentinos, uno ladrn, el otro asesino. Los rtulos del sistema penal se pegan sobre las frentes de los ciudadanxs, sobre sus vidas, sobre sus muertes.

Si se es ladrn no se roba ms que la propiedad privada, si se es asesino no se asesina a una cosa, siempre el homicidio lesiona el derecho fundamental a vivir. Pero, como est a la vista en un sistema capitalista, en un modelo neoliberal, las cosas, la propiedad privada, un auto, un telfono celular, un bolso o una bordeadora valen ms que el derecho a vivir que tenemos todos los seres humanos que pisamos este suelo argentino.

En el caso meditico donde se lleg a un juicio oral y pblico, ya que desde el poder judicial se decidi acusar de homicidio por exceso en la legtima defensa al del Sr. Lino Villar Cataldo (64), el homicidio se di entre dos personas particulares, entre dos civiles, no intervino personal policial ni las fuerzas armadas. Esto no es menor, ya que cuando existe un hecho delictivo tan grave como un homicidio y el autor es un miembro de las fuerzas de seguridad, las leyes que se aplican no son slo el Cdigo Penal de la Nacin, la Constitucin y los tratados Internacionales de DD.HH, tambin se deben aplicar las leyes que regulan la actuacin de las fuerzas armadas, los reglamentos, los protocolos, todo lo cual debe ajustarse necesariamente al Derecho Internacional de DD.HH, que en nuestro sistema jurdico tienen valor supremo.

Lino Villar Cataldo es mdico, es decir, que tuvo acceso a cierto nivel educativo, cultural, social, y econmico. Cierto nivel al que no acceden las mayoras en un pas que est siendo saqueado por un Gobierno imperialista, capitalista, totalmente autoritario y violador de los DD.HH como lo es el actual Gobierno de Cambiemos, donde las fuerzas armadas del Estado, asesinan una persona cada 21 hs.

Villar Cataldo, atenda su consultorio privado y trabajaba como cirujano en el Hospital de Boulogne (San Isidro), tiene en su poder armas de fuego y el da 26 de Agosto de 2016 decidi utilizar una de sus armas y disparar ,al menos cuatro veces, para evitar que un supuesto ladrn se llevase su auto.

La persona asesinada de cuatro balazos, se llamaba Ricardo "Nunu" Krabler (24), que segn la investigacin penal intent robarle el auto en la puerta de su consultorio en Omb 6865, en Loma Hermosa, partido de San Martn.

En la investigacin que hizo la Fiscala se demostr, a los fines de pedir la elevacin a juicio, que haba una probabilidad de que el Sr. Villar Cataldo haya actuado al margen de la ley, es decir, cometiendo un homicidio en exceso de la legtima defensa, un homicidio atenuado, con una pena menor a la de un homicidio calificado, pero homicidio al fin.

Tanto as, que la Fiscal Noem Carreira al momento de decir los alegatos en el juicio ante el Tribunal Oral Criminal (TOC) 3 de San Martn, a cargo de la jueza Carolina Martnez, pidi que fuera condenado por "exceso en la legtima defensa", un delito que prev penas de entre 1 y 5 aos de prisin. Casi la misma escala penal que tiene un hurto calificado por ejemplo (la escala del hurto calificado es de 1 a 6 aos). Casi, muy cerca. Se entiende que para el sistema penal, el apropiarse ilegalmente de una cosa ajena (sin violencia, ya que es hurto), es a los fines de valorar la pena, peor o ms grave que el hecho de asesinar a otra persona, excedindose el asesino, en el ejercicio de la legtima defensa?

Ya, teniendo eso claro, vemos que la sentencia no parece tan disparatada si la miramos con los lentes del derecho en el marco de un sistema de rapia y capitalista como en el que vivimos.

Pero para quien valora la vida, la vida humana, es sin dudas una escala de valores que al menos hace ruido. Las cosas jams pueden valer igual que nuestras vidas y todo lo que hacemos con ella. La vida no me parece sea sagrada, no es ese el trmino indicado, pero la evidencia del valor vida es claro, sin vida no podemos mejorar, no podemos hablar, no podemos reivindicarnos, no podemos hacer, no podemos existir. No somos.

Pareciera que hay nimos de que ciertas personas dejaran efectivamente de existir. Pareciera que para el sistema penal, para cierto sector de la sociedad, para el poder judicial, para los medios masivos, hay ciertas vidas que est bien que dejen de existir. Casualmente (no creo en las casualidades), esas vidas generalmente viven, se forman, hacen, se expresan, existen, siendo una misma clase social, pobres. Negros, pobres, villeros, y si tienen los frondosos antecedentes la frmula es perfecta para el resultado absolutamente indiscutible, ese sujeto, se deshumaniza y pasa a ser menos que una cosa, merece morir.

Como dije ms arriba, no es lo mismo cuando es el Estado a travs de sus fuerzas de seguridad quien asesina a un ciudadano comn, a un civil, que cuando el hecho del homicidio se da entre particulares. Porque la ley y la realidad entienden que las responsabilidades son distintas porque los deberes impuestos por la ley para esos sujetos son distintos, porque las capacidades son distintas, porque la formacin es distinta y por ende la posibilidad de reproche ante ese hecho repudiable como el homicidio es absolutamente distinta.

As es que, por ejemplo, ante un hecho como la situacin de padecer una amenaza, un miedo provocado por un peligro inminente, como es que nos agredan ilegtimamente al querer despojarnos de nuestras cosas, no es la misma reaccin la que se espera de un miembro de las fuerzas de seguridad que de un ciudadano comn, que no est formado en, ni regulado con, las responsabilidades consecuentes de portar un arma de fuego reglamentaria, ni con un supuesto rol social de cuidar a los particulares de hechos violentos justamente. As es que por ejemplo en delitos como el hurto, el robo, y el homicidio, cuando quien los comete es miembro de las fuerzas de seguridad, eso es un agravante, un calificante. Qu significa eso? que si esos delitos son cometidos por un miembro de las fuerzas, el sistema entiende que merecen ser penados ms duramente, la condena es mayor porque su rol es especial, son agentes del Estado.

Por lo que en stos casos como los del doctor, donde el imputado/acusado de homicidio es un particular, el poder judicial suele ser proclive a justificar dichos homicidios. Justificarlos, en trminos jurdicos implica absolver al autor del homicidio, porque se entiende que actu en el ejercicio de su legtima defensa. Ya que se le exige por as decirlo menos racionalidad en ese accionar o menor tino que el que se le exige a un miembro del Estado. La reprochabilidad que sufre esa conducta es de menor intensidad si la comparamos con la de un miembro de las fuerzas.

Cualquiera de nosotrxs puede buscar en los libros, cdigos e internet diversos escritos y explicaciones en relacin con la figura de la legtima defensa. Y puede sacar solxs, sus conclusiones. La tarea se la dejo. Debemos hacerla todxs. No slo lxs jueces, no slo los medios masivos de desinformacin, no slo un jurado popular. Debemos hacerla como sociedad. Debemos tomarnos el momento de pensar, hacia dnde estamos yendo cuando creemos justo, dispararle cuatro tiros a otra persona, que ya estaba lejos de quien dispara y no implicaba un peligro de vida para quien la asesin. Eso djenme decirles (porque ya cumpl la tarea de pensarlo), no es legtima defensa. Es un fusilamiento.

Los fusilamientos por gatillo fcil hoy en Argentina son la mayor causa de muerte de ciudadanos comunes, junto con las muertes en crceles y comisaras, donde el autor de dichos delitos es el Estado.

Las vctimas en su absoluta mayora son pertenecientes a un slo grupo social, jvenes pobres, negros de mierda, personas privadas de la libertad, presxs, an sin condena, supuestxs ladronxs. Personas que no fueron sometidas a un debido proceso, a un juicio justo, que ante la supuesta comisin de un delito, que en su mayora son delitos contra la propiedad, reciben la pena de muerte automticamente, en la calle, corriendo de espaldas, recibiendo balazos de plomo, en la crcel, en la comisara o en el traslado de un penal a otro, del penal a tribunales o en los paseos en los automviles despus de horrorosas torturas.

En este caso, la Fiscala entendi que el mdico no actu en legtima defensa, sino que actu excedindose en la misma, porque ya no haba riesgo de vida para el mdico.

Pero hay quienes, en su estructura de pensamiento, entienden que despus de un robo salir detrs del ladrn y fusilarlo de cuatro o ms disparos es defenderse legalmente.

Esta supuesta justicia por mano propia no es otra cosa que el capitalismo, la deshumanizacin,la valorizacin de las cosas por sobre las personas,el individualismo, la expresin de una opinin pblica generada por intereses privados, no es otra cosa que la injusticia plasmada en un genocidio que no se nombra como tal.

Pero tambin es adems en el contexto social, econmico y electoral que vivimos un show punitivo de sangre, de odio y demaggico. Lo cual se hace evidente en los titulares de los diarios de mayor tirada, en la voz de los locutores de medios masivos, de radios con mayor llegada, en las placas televisivas de los programas ms vistos en el pas, en nuestro propio rgano legislativo que est discutiendo bajar la edad de imputabilidad como la solucin ante la inseguridad.

Que un particular sea juzgado y absuelto como lo es por ahora (la sentencia no est firme) este doctor, es resultado de una acumulacin, de una construccin, de la impunidad del Estado que ha venido asesinando, torturando, vejando, humillando, sometiendo, exterminando en democracia a un grupo social, los pobres, los pibes pobres, los negros de mierda con frondosos antecedentes. Lo que a su vez, se ha ido construyendo como justicia yno como lo que es, un genocidio, o al menos un crimen de lesa humanidad.1

Lo peligroso ahora es que tambin se construya entonces y desde el mismo Estado como dogma casi natural, que asesinarnos entre ciudadanxs es apenas un hecho ms que debe quedar impune -siendo a su vez una estrategia demaggica en un contexto de saqueo, de crisis econmica y social profunda- bajo el disfraz elstico y jurdico en el que se transforma as aplicada la legtima defensa, bajo la ideologa de que quien roba merece morir. Siempre, claro, si quien roba es un joven pobre, villero y con antecedentes, porque es as y slo as, que el problema de la inseguridad va a solucionarse. Negando entonces y al mismo tiempo que en un sistema de rapia, capitalista y bajo un modelo econmico de saqueo imperialista. La inseguridad es apenas un sntoma social, una consecuencia absolutamente inevitable de todas las injusticias que sufrimos como sociedad, como comunidad y sobre todo cierto grupo social, como foco de muerte adonde apuntan las armas, las condenas, las torturas, las muertes injustas.

Nota:

(1) En este sentido, Carlos Slepoy nos dice que en el genocidio (...) el represor pretende la destruccin, total o parcial, de grupos humanos. Aqu s el tipo penal exige una intencionalidad especfica, el propsito de destruccin de alguno o algunos de los grupos existentes en una sociedad o sociedades. La accin criminal va dirigida a la destruccin del grupo aunque para ello, y como modo de destruirlo, se ataque a los individuos que lo conforman. En trminos jurdicos se dira que los sujetos pasivos de la accin son los individuos, pero el sujeto pasivo del delito es el grupo en el que stos se integran. Se reprime a las personas con el objetivo de destruir sus grupos de pertenencia. La conformacin del grupo puede venir dada por la voluntad de quienes lo componen o ser por completo ajena a la misma. El grupo en este ltimo caso es formado por la decisin del represor. Este estigmatiza a determinados sectores y decide su eliminacin, aunque quienes son parte del grupo as constituido no tengan conciencia de pertenecer al mismo. La clebre y aterradora frase del general Ibrico Saint-Jean lo patentiza de este modo, Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, despus... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes y finalmente a los tmidos. (...) La dictadura no dirigi un ataque generalizado o sistemtico contra la poblacin civil. Su propsito fue destruir los grupos en que aqullos se integraban y perpetr, en consecuencia, un genocidio. Y no quiero decir con esto que estoy segura de que exista una planificacin especfica y concreta en la mente de cada miembro de las fuerzas ni que haya conciencia de esto en cada polica que comete homicidio. Pero s hablo de la sistematicidad, de la red de complicidades, de las responsabilidades que tienen quienes integran los altos cargos tanto en la fuerza policial como en el ejecutivo, hablo de las rdenes polticas, de las instituciones del Estado que articulan para que todo esto sea factible.

Victoria Siloff. Abogada, Diplomada Internacional en Seguridad Humana y Derechos Humanos, militante antirrepresiva.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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