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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-04-2019

El caos permanente de Libia. Indiferencia e inercia

Robert Charvin
InvestigAction

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


En el actual desorden internacional, algunos asuntos son vctimas de un silencio ensordecedor por parte de la mayora de los estados y de los grandes medios de comunicacin, silencio al que acompaa un desinters manifiesto del mundo intelectual y particularmente de los juristas ms eminentes quienes, sin embargo, tericamente deberan sentirse muy concernidos. Es el caso, entre otros, del problema kurdo, los pueblos autctonos del Goln anexionado, Cachemira, la reunificacin de Corea, etc. Y la cuestin libia desde 2011 (1). El nico punto en comn de esas situaciones de crisis crnica cuyo origen es antiguo, es la extrema debilidad de los pueblos directamente afectados, los cuales no estn en condiciones, por diferentes razones, de influir con fuerza en las relaciones internacionales. Las grandes potencias vigilan para que dichas situaciones permanezcan ms o menos ignoradas por la opinin internacional con el fin de evitar que resurjan, ya que sus intereses econmicos o estratgicos estaran en causa.

La complejidad, que en algunos casos alcanza un nivel que parece inextricable, facilita este mantenimiento en la sombra sin suscitar, aunque solo sea, la curiosidad intelectual de los juristas especializados, de quienes aunque podamos admitir que no tienen la obligacin de sealar la conveniencia (dejando a los polticos esta tarea), al menos tienen la responsabilidad de cuestionar los procesos de retroceso del derecho, fuente de miseria social y de crisis masivas.

1. Por qu esa falta de atencin?

Ante la constatacin preocupante de la indiferencia (al menos aparente) de los juristas expertos en el terreno del derecho internacional y de los politlogos analistas de las relaciones internacionales, debemos buscar las causas de esta nueva traicin de los intelectuales

Es particularmente desgarrador para quienes, en el corazn del mundo occidental, todava son sensibles a la tesis querida de G. Scelle, eminente jurista de mediados del siglo XX, favorable al desdoblamiento funcional que haca responsables a las grandes potencias, como Estados Unidos (o Francia), de sustituir la ausencia de un poder mundial centralizado y de neutralizar a las soberanas enfrentadas.

Esta concepcin parece prolongar hasta nuestros das la vieja tradicin de los estados civilizados superiores a pueblos a los que consideran inferiores y a los que por lo tanto tendran plena legitimidad para imponer sus puntos de vista por todos los medios y escoger sus lugares de intervencin dominadora.

Al igual que los grandes medios de Europa y Estados Unidos, numerosos juristas y politlogos, lejos de ponerse en el lugar de los sirios, intervienen exclusivamente para describir la organizacin y el funcionamiento tcnico de las instituciones y las normas o para criticar a los enemigos ms o menos declarados (por ejemplo China o Rusia) con ocasin de sucesos puntuales (por ejemplo el conflicto ruso-ucraniano) con el mismo espritu que lo hacen los estados en los que residen.

Ese descriptivismo selectivo dominante, que ignora las prcticas estatales, viola claramente la legalidad internacional y en particular el principio de igualdad soberana de los estados, como fue el caso de la intervencin en Libia en 2011 y en el conflicto armado de varios meses que sigui hasta la ejecucin sumaria de Muammar Gadafi, merece, al parecer, la bsqueda de hiptesis explicativas.

La primera hiptesis es la confirmacin del seguidismo doctrinal tras la poltica: as la doctrina dominante ejerce una funcin de legitimacin de las relaciones de fuerza existentes y particularmente de la poltica seguida por los estados que las aprueban. Lo que escriba en 1905 el profesor Bonfils sigue siendo el fundamento del enfoque actual: Francia, a pesar de algunas debilidades pasajeras, siempre ha sido la campeona de la justicia y el humanismo (2). Muchos son los herederos oficiosos del profesor Louis Le Fur (Prcis de Droit International public, Dalloz, 1931) que lo nico que hacen es expresar de forma erudita el consenso ideolgico de su tiempo y su mundo, marcado por el centrismo occidental. Como en el pasado y como en la doctrina estadounidense, los contemporneos se preguntan sobre la ilegibilidad de algunos estados al derecho internacional, demasiado poco civilizados para beneficiarse del derecho comn, antao la doctrina francesa casi unnimemente sealaba los pueblos salvajes o brbaros por no considerarlos desde el punto de vista del derecho miembros regulares de la comunidad internacional, es decir, como los estados europeos y Estados Unidos. Los juristas crticos que aparecieron a mediados del siglo XX, particularmente durante los aos 1970-1980, que se inspiraban en el marxismo y se preocupaban por la igualdad soberana de todos los estados, fueron considerados idelogos subversivos (3).

No debemos protestar por la utilizacin de la fuerza armada contra Irak o a favor de Kosovo ni examinar la muy flexible interpretacin de la Resolucin 1973 del Consejo de Seguridad en 2011, que concluy en la liquidacin total el rgimen de la Jamahiriya libia por iniciativa del Gobierno francs y sus aliados britnico, estadounidense y Catar. Como en la poca colonial (en particular durante la guerra de Argelia, calificada en derecho de operacin policial), Francia no puede trabajar ms que por el bien comn de la humanidad (Le Fur). El recurso a la fuerza armada se lamenta de forma unnime, pero como dijo en el pasado el Instituto de Derecho Internacional, que no comparta la utopa de aqullos que quieren la paz a cualquier precio, la guerra es un mal inherente a la humanidad e inevitable.

El seguidismo doctrinal se conform con adoptar los desvos de las estrategias estatales, es decir, hoy el derecho del humanismo, despus la seguridad, antes que procedimientos considerados ineficaces (por ejemplo los del captulo VI de la Carta de las Naciones Unidas, basados en la negociacin y el acuerdo) y los fundamentos considerados inapropiados (la soberana de los estados, por ejemplo).

Parodiando a Bourdieu, es obvio que para los juristas la mayora de las veces el derecho no es una lucha. Al contrario, es el silencio o la prudencia extrema los que se imponen en materia de injerencia, de tica internacional (muy apropiada para soslayar el derecho), la guerra contra los enemigos combatientes segn la clasificacin estadounidense de los prisioneros de Guantnamo, lugar indito de detencin con respecto al que los trabajos jurdicos occidentales han sido escasos.

El arcaico concepto de la guerra justa se ha reintroducido en la modernidad jurdica. La ilegalidad se convierte para la OTAN, o en el marco de ciertas resoluciones del Consejo de Seguridad, en un concepto lcito del derecho consuetudinario, como en el caso de la injerencia humanitaria, en desafo de las posiciones de la Corte Penal Internacional ( fallo Nicaragua-Estados Unidos del 27 de junio de 1986 ).

La deconstruccin del derecho internacional calificada a veces de clsica para sealar su arcasmo (apoyada por algunas corrientes doctrinales como lo demuestra la construccin de teoras nuevas ampliamente apoyadas por los gobiernos y los medios occidentales, como la injerencia humanitaria y la responsabilidad de proteger, estn en el origen de la legalidad-legitimidad moderna, apropiada para los intereses contemporneos de las potencias occidentales.

Como seal Andr Hauriou en su ltimo escrito en 1974, las investigaciones jurdicas estn de acuerdo con el gusto de los tiempos (4). Es evidente que Libia no est de moda. La profesin de jurista es una con su objeto, existe una especie de fraternidad entre el cientfico y su objetivo y Libia nunca se ha beneficiado.

El drama es que encontramos, en particular entre los autores estadounidenses, posicionamientos que tom la doctrina nacionalsocialista de la Alemania de los aos 1930-1940. Heinrich Rogge, por ejemplo, considera que ningn principio jurdico de derecho positivo debe estorbar el libre desarrollo de los pueblos civilizados. Esa es la posicin actual del Departamento de Estado. La distancia es mnima si se sustituye libre desarrollo de los pueblos civilizados por la expresin de los principios universales, incluida la va de las injerencias polimorfas en todos los pueblos y en todos los estados.

La OTAN y las potencias occidentales, tanto en los Balcanes como en Libia, Siria y Yemen en los ltimos aos, han impuesto los intereses de algunos estados y algunas empresas bajo el paraguas de valores democrticos a aqullos que juzgados de autoritarios, totalitarios, o simplemente no fiables, como el rgimen de la Jamahiriya, no tenan legitimidad para sobrevivir.

El resultado es el desarrollo en un buen nmero de pases de un caos generalizado del que Libia es la ilustracin ms flagrante: a iniciativa de las potencias occidentales, las instituciones implosionaron, se destruy el sistema econmico y los recursos petroleros son saqueados por las milicias relacionadas con las grandes empresas. El intervencionismo de fuerzas externas es de naturaleza mltiple, las tribus recobraron su hostilidad tradicional y los exciudadanos de la Jamahiriya no tienen otra razn para vivir que sus intereses individuales de naturaleza mercantil.

As se comprende el silencio casi total de los medios, del mundo intelectual (incluidos los juristas y los politlogos) respecto a una situacin que es la obra iniciada por la Francia de Sarkozy contra Libia, la catstrofe libia es el resultado de un apocalipsis legal tolerado por el mundo jurdico y apoyado por la poltica.

2. Impunidad de los responsables del caos libio

Las exigencias que se imponen con respecto a Libia parecen evidentes.

Libia no puede ser considerada por el mundo occidental una simple suministradora de petrleo de calidad al precio ms bajo posible y un espacio estratgico que permite a los europeos externalizar el control de los movimientos migratorios procedentes del frica subsahariana.

En primer lugar el mantenimiento de la paz y la seguridad en la regin solo puede ser el resultado de la normalizacin de la situacin en todas las regiones de Libia, el resultado de la reconstruccin de un Estado estable con instituciones adaptadas a la sociologa del pas, lo que solo se puede concebir en el respeto de la soberana de Libia.

En segundo lugar, como los dirigentes occidentales no dejaron de proclamar a favor de Camboya, por ejemplo, a propsito del proceso de los Jemeres Rojos, la justicia debe pasar por favorecer la reconciliacin contra todos los responsables de la situacin del pueblo libio sumido desde hace ocho aos en la miseria, la corrupcin, los enfrentamientos armados y la presencia dominadora de los Hermanos Musulmanes, Al Qaeda y el Desh, por otra parte combatidos por los occidentales y Rusia. Porque ciertamente las fracturas en la sociedad libia fueron estimuladas por fuerzas exteriores cuyas preocupaciones no tenan nada de humanitarias y actuaban a favor o en contra de los dirigentes y sobre ciertos grupos libios mucho antes de los sucesos de Bengasi en febrero de 2011 (5).

Catar y los Hermanos Musulmanes de Egipto y Tnez, especialmente, proporcionaron los medios materiales, polticos y mediticos (en particular el canal de televisin Al Jazeera) presentados como liberadores y demcratas contra la dictadura de Gadafi.

Sin verificar los hechos, el Fiscal de la Corte Penal Internacional, Moreno Ocampo, as como los medios occidentales declararon, entre otras denuncias, que se distribuy viagra a las fuerzas del rgimen, con el fin de justificar de antemano ante la opinin internacional los ataques que vendran (6).

Este ambiente favoreci la adopcin de la resolucin 1973 (presentada por Francia y Gran Bretaa) en 2011, adoptada por el Consejo de Seguridad el 17 de marzo de 2011, dirigida a prohibir el sobrevuelo de las aeronaves del rgimen sobre el territorio libio, con el fin de proteger a las poblaciones civiles de eventuales bombardeos. Estados Unidos sin embargo haba prevenido: el Consejo de Seguridad considerar ir ms all de una simple zona de exclusin. Las declaraciones del Secretario General de la OTAN, A. F. Ramussen, aadiendo que la organizacin atlntica proseguira su misin mientras fuese necesario, la cuestin no es tanto saber si Gadafi caer, sino cundo. Segn la OTAN, esta guerra de Libia (y no oficialmente contra Libia) se basaba en el derecho humanitario, totalmente instrumentalizado.

No fue hasta el 8 de septiembre de 2016 cuando la comisin de Investigacin del Parlamento britnico entreg su informe en el que se sealaba la ilegalidad de esa intervencin armada poniendo de manifiesto la responsabilidad de Nicolas Sarkozy y David Cameron, que agitaron informaciones falsas difundidas por las redes de exiliados libios y los canales de televisin Al-Jazeera y Al-Ardia: La intervencin limitada, dirigida oficialmente a proteger a los civiles, se transform de manera oportunista en una campaa para derrocar al rgimen. Esta poltica no estaba basada en una verdadera estrategia que permitiera organizar el pas pos-Gadafi. Dio como resultado el hundimiento econmico y poltico, las guerras entre las tribus y las milicias, las crisis humanitarias y migratorias, la ampliacin de las violaciones de los derechos humanos, la propagacin de las armas del rgimen libio en toda la regin y el crecimiento del Estado Islmico en el norte de frica.

Ese informe fue confirmado por Amnista Internacional, que desde el 23 de junio de 2011 denunci las informaciones falsas sobre el comportamiento de las fuerzas regulares contra los civiles (7). Solo 48 horas despus de la votacin de la resolucin 1973, y a pesar de que la Unin Africana dirigida por Jean Ping haba decidido intervenir para encontrar una solucin poltica y pacfica a la crisis, se lanzaron los primeros bombardeos areos. Se trataba de obstaculizar de forma urgente cualquier negociacin y cualquier transaccin: el objetivo real, especialmente para Sarkozy y el Estado francs era eliminar, por diversas y variadas razones, incluidas las personales, a Gadafi y su rgimen (8). Los bombardeos especialmente intensivos sobre Sirte, su ciudad, las ejecuciones de los miembros de la familia de Gadafi y las circunstancias de su muerte (9) son otros tantos elementos demostrativos (10).

A los bombardeos de las poblaciones de pueblos y ciudades libias, a los crmenes y actos de tortura de las milicias anti-Gadafi, se aade el caos generalizado que se pretenda en el conjunto del pas desde hace casi ocho aos.

Ese caos que reina en el territorio libio, donde se enfrentan dos autoridades con pretensiones gubernamentales (Trpoli frente a Bengasi), varias asambleas (no representativas) y las diversas tribus tradicionales, as como diversas milicias islamistas, demuestran a menudo una criminalidad comn. El conjunto, impregnado de la presencia de islamistas de diversas tendencias se mantiene. Esa profunda confusin no pone en cuestin los intereses de las grandes empresas petroleras que revenden en el mercado mundial el petrleo libio saqueado a bajo precio a las milicias y a los micropoderes que lo poseen. Dicha confusin no perturba a Francia ni a los dems estados europeos, que buscan una solucin para detener la llegada de emigrantes al continente. Adems la Unin Europea financia a las autoridades libias que controlan, arrestan y detienen a los emigrantes que buscan asilo en el continente europeo.

Esta casi anarqua no se debe nicamente a las divisiones entre los libios. Cada bando y cada grupo se benefician, ms o menos segn sus obediencias, de apoyos extranjeros polticos y financieros, italiano, francs, estadounidense, catar, etc., que estimulan las contiendas y rivalidades y suprimen cualquier soberana libia. Los estados europeos y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tienen una responsabilidad especial en esas violaciones de los principios fundamentales de la Carta de la ONU.

El asunto de la congelacin de los activos libios es muy significativo.

Desde la resolucin 1973 (2011) el Consejo de Seguridad tiene bloqueados los activos libios, en particular los fondos soberanos depositados por Trpoli en diferentes bancos occidentales. Algunos capitales se desbloquearon en 2011, antes de la cada de la Jamahiriya, para financiar la insurreccin (11). Esos activos no solo siguen congelados casi ocho aos despus, sino que el bloqueo fue prolongado por la resolucin 2441 (2018) hasta el 15 de febrero de 2020. Sin embargo la primera resolucin 2009 (2011), confirmada por varias resoluciones ms, prevea la restitucin al pueblo libio de esos activos, as como sus intereses y dividendos.

El hecho de que el Consejo de Seguridad no haya conseguido reunir las condiciones para determinar cul es el poder legtimo en Libia y no pueda darle los medios materiales para conseguir su efectividad, demuestra que existe contra el pueblo libio una especie de guerra usurera, de naturaleza econmica y financiera, con el fin de imponer a Libia una poltica econmica conforme a los deseos de las potencias dominantes.

Pero debido a eso las Naciones Unidas son cmplices de una situacin en la que el conjunto de los derechos humanos, polticos, econmicos, sociales y culturales de Libia se violan sistemticamente mientras las lgicas comerciales se criminalizan en un clima general de corrupcin, que solo suscitan reacciones muy moderadas de las instancias encargadas del problema, en particular el Comit libio y la Organizacin de Expertos de las Naciones Unidas sobre los Activos Libios.

Otro hecho revelador relacionado con la prctica de ciertos bancos (entre ellos el Socit Gnrale (12), el BNP, etc.), es que parece que nadie sabe dnde estn los intereses y dividendos, miles de millones, de esos activos libios que deben restituirse segn las resoluciones de las Naciones Unidas y del organismo de Expertos de las Naciones Unidas.

La impotencia del Consejo de Seguridad, que favorece el mantenimiento de las divisiones en el pueblo libio y el desarrollo de una economa gris, se unen a la indiferencia mostrada por los estados occidentales, a pesar de algunos encuentros multilaterales sin efectos concretos.

La responsabilidad de proteger a los civiles que fue invocada en el Consejo de Seguridad para la intervencin de la OTAN que sigui podra volverse contra las personas que la esgrimieron como un argumento pseudojurdico durante la agresin. La situacin catica de Libia merecera una nueva intervencin en nombre de esa responsabilidad de proteger, pero ese tipo de injerencia siempre se practica en sentido nico, las potencias occidentales todava no han optado claramente entre el ejrcito de Haftar (en Cirenaica y Bengasi) y el Gobierno de Fayez el Sarraj (en Trpoli), ya que el desorden establecido no cuestiona sus intereses.

Para salir de las mltiples contradicciones que sufre el pueblo libio, y los pases vecinos por contagio (13), se impone ante todo el respeto de su soberana, competencia del Consejo de Seguridad encargado del mantenimiento de la paz y la seguridad. La voluntad de las grandes potencias, el intervencionismo actual obviamente no tienen por objetivo promover la soberana de los pueblos pequeos.

As, los crmenes cometidos en 2011 por la OTAN, los dirigentes de varios pases occidentales (14), Catar y los responsables de las fuerzas armadas contra las poblaciones civiles, que constituyen crmenes de guerra, as como su inercia desde 2011 hasta hoy, al igual que los dirigentes de empresas que se aprovechan del caos para mejorar sus beneficios, podran tener que someterse a la justicia penal si esta no fuera, como la CPI, una justicia poltica incapaz de sancionar a los ciudadanos de las grandes potencias. En realidad la CPI solo ejerce su competencia con respecto a los actos cometidos en frica, porque es el nico espacio lo bastante marginal polticamente para no enfrentarse a los obstculos de Estados Unidos y lo bastante dbil polticamente para no desafiar a la Corte (15). La presencia de jueces africanos no es en absoluto una garanta de imparcialidad ya que se atienen, lo mismo que los jueces occidentales, a un formato al estilo Common Law inadecuado para los problemas surgidos en los pases del Sur (16).

Es difcil imaginar, aunque un recurso siempre es polticamente til si se publica, que la CPI cuestione a los dirigentes de la OTAN o a los responsables franceses, ingleses o estadounidenses.

Aunque en 2017 la agresin se convirti en un crimen segn la CPI, esta nueva competencia no puede aplicarse a lo sucedido en 2011. Solo los crmenes de guerra cometidos en Libia son susceptibles de un proceso pero, como en Costa de Marfil, los responsables occidentales y sus aliados tienen todas las posibilidades de librarse (17).

No se pueden esperar de la CPI condenas penales a los destructores de Libia fuentes de eventuales reparaciones para un pueblo globalmente vctima de las operaciones de la OTAN.

En cuanto a los obstculos para el cobro de los activos libios (18) son de tal complejidad y a menudo las consideraciones financieras (de los bancos de negocios) tan importantes, que es posible que solo se puedan restituir cuando se decida que debern utilizarse para establecer una dirigencia libia estable a la que se dictar la poltica que decidan las potencias.

La increble desaparicin de los intereses y dividendos de los activos libios, congelados por la actuacin de ciertos bancos de acuerdo con algunas instancias estatales en violacin de las decisiones de las Naciones unidas, es un indicio que revela el carcter esencialmente poltico de la cuestin de la restitucin de dichos activos necesarios para la reconstruccin de Libia.

Salvo que se logre la unin de las fuerzas libias favorables al respeto de la soberana del pas y el apoyo que pudieran recibir de las potencias extranjeras frente a las injerencias de 2011 a 2019, el caos libio se prolongar hasta acabar en un alineamiento con la poltica impuesta por intereses (especialmente petroleros y estratgicos) indiferentes a las necesidades del pueblo libio.

Una vez ms la exigencia de respeto a la legalidad pasar a la cuenta de prdidas y ganancias.

Notas:

(1) La suerte que sufre el pueblo palestino moviliza a algunas asociaciones de solidaridad en el mundo occidental, as como a algunos movimientos universitarios y se libra as de la indiferencia de la que se beneficia la poltica israel desde hace ms de medio siglo.

(2) Prlogo del Manual de Derecho Internacional Pblico de Rousseau (1905).

(3) Vanse, por ejemplo, las apreciaciones aportadas por el movimiento de juristas Critique du Drouet, fundado en los aos 70, al que se compar con una disidencia subversiva afortunadamente insignificante para la comunidad de los juristas clsicos.

(4) Vase de A. Hauriou Rflexions sur les statuts pistmologiques respectifs du pouvoir et de la libert. RDP. 1974, p. 643.

(5) Conviene sealar que, paradjicamente, los disturbios de Bengasi en los que se bas la presunta intervencin humanitaria fueron acompaados de colgamientos, degellos o mutilaciones que recuerdan los mtodos de los islamistas argelinos, los del Estado islmico en Irak y los del Desh en Siria.

(6) Esa noticia falsa, as como la del bombardeo de la poblacin de Bengasi por la aviacin del rgimen, que nunca existi, fueron repetidas por todos los grandes medios occidentales y desarrolladas por diversas personalidades (como Bernard Henri Lvy) del mundo poltico, de las artes y las letras sobre la nica base de una antigua hostilidad hacia la persona y el rgimen de Gadafi.

(7) Vase el artculo de J. Ping en Le Monde diplomatique de agosto de 2014 Era necesario matar a Gadafi? Uno de los tres puntos aceptado por Trpoli era la renuncia de Gadafi al poder. El llamamiento del obispo de Trpoli, monseor Matinelli, pidiendo un gesto humanitario hacia el coronel Gadafi que protegi a los cristianos de Libia, no fue escuchado.

(8) Uno de los aliados africanos de Francia ms estables, Idriss Deby, presidente de Chad, lo expres abiertamente el 16 de diciembre de 2014 en Dakar, en la clausura del Foro sobre la Paz y la Seguridad en frica: el objetivo de la OTAN era asesinar a Gadafi. Ese objetivo se cumpli. Vase tambin Avec les compliments du Guide , de F. Arki. K. Laske, Fayard. 2018.

(9) Vase la descripcin del linchamiento de Gadafi por las milicias de Misrata (brigadas Al Nimer y al Assad), tras los ataques del escuadrn 3-mars-Ardennes al vehculo que transportaba a Gadafi y a uno de sus hijos ( Human Rights Watch . 16 de octubre de 2012).

(10) Con respecto a las vctimas civiles de los bombardeos de las fuerzas de la OTAN, de las que Amnista Internacional da cuenta en su informe Libia, las vctimas olvidadas de los ataques de la OTAN , de 2012, (tras una investigacin sobre el terreno en enero y febrero de 2012), vino la respuesta: La propia OTAN (carta del 13 de marzo de 2012) se atrevi a afirmar que como haba ordenado explcitamente el Consejo del Atlntico Norte, ningn civil y ningn individuo especfico, civil o militar, fue nunca objetivo en el curso de esa operacin. Vase tambin el informe de Amnista Internacional La lucha por Libia, asesinatos, desapariciones y torturas, 13 de septiembre de 2011.

(11) Los ejecutivos del Banco Central libio, a travs de los Hermanos Musulmanes, revelaron al Tesoro estadounidense las cuentas bancarias del pas, lo que permiti congelar los activos en menos de una semana desde el principio de las protestas y beneficiar al consejo Nacional de Transicin antes de la cada del rgimen, es decir, desde el 1 de septiembre de 2011.

(12) Hay un proceso abierto ante el Tribunal Supremo de Londres contra la Socit Gnrale y ha comenzado una instruccin en Blgica con respecto a los intereses de los activos libios depositados en los bancos belgas cuya utilizacin parece que fue autorizada por el Gobierno belga y el Tesoro Pblico belga desde 2012.

(13) Las intervenciones militares francesas, incapaces de controlar el territorio como en Mal, por ejemplo, basadas en la seguridad no hacen ms que agravar la situacin y exacerbar las tensiones sociales locales sin arreglar nada en la lucha contra los yihadistas (quienes por otra parte tienen poca afinidad con los islamistas de Irak y Siria). La desaparicin del Estado libio es una de las fuentes de desestabilizacin de los pases vecinos, cuyas dificultades esenciales resultan de cuestiones econmicas, sociales, inmobiliarias y secundariamente religiosas.

(14) Sealemos que Alemania se desmarc y rechaz cualquier participacin en la operacin Protector unificado de la OTAN contra Libia.

(15) Vase Dominic Ongwen on Trial: the ICCs African Dilemmas , de A. Branch, en International Journal of Transitional Justice, 2017, p. 34.

(16) Esta particularidad que favorece la propensin a sancionar a los ciudadanos del Sur por hechos que tambin podran reprocharse a los representantes del mundo occidental, ya fue denunciada por el juez indio Radhabinod Pal, del Tribunal Internacional militar para Tokio, y por el internacionalista Georg Schwarzenberger.

(17) Ms que hacia una reorientacin, la Corte Penal Internacional (CPI) camina hacia el declive. Aumentan los pases que se retiran del Estatuto de Roma (algunos estados africanos, Filipinas, etc.) y vuelven incierto el futuro de la CPI. La creacin de esta jurisdiccin fue prematura. La comunidad internacional no tiene una existencia real, no existe una cohesin ideolgica y todava menos intereses comunes. La CPI, y numerosos estados ya son conscientes, presenta todas las caractersticas de una jurisdiccin poltica al servicio de los dominantes. Los juristas occidentales, en general entusiastas en 1998 cuando se adopt el Estatuto, se han vuelto ms cautos en cuanto a su valoracin.

(18) Los tratados internacionales no regulan la cuestin de la restitucin de los activos adquiridos por la corrupcin (Vase de T. Balmelli La restitution des avoirs acquis par la corruption: de lobligation morale lobligation juridique en T. Balmelli. B. Jaggi. Les traits internationaux contre la corruption, 2004. (Suisse), p. 63 y s.

Robert Charvin es profesor emrito de derecho (especializado en las relaciones internacionales) en la Universidad de Niza Sophia-Antipolis, decano honorario de la Facultad de Derecho y Ciencias Economicas de Niza y consultante en Derecho Internacional, derecho de las relaciones internacionales.

Fuente: https://www.investigaction.net/fr/libye-un-chaos-entretenu-indifference-et-inertie/

Esta traduccin de puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin.org como fuente de la traduccin.



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