Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2019

Cuando la guerra crea los miedos que ahuyentan la solidaridad

La Hernndez Muoz
Rebelin


En el horizonte, donde el cielo se junta con la tierra, Un grupo de nios, que no superan los 11 aos, caminan vestidos de blanco por la polvorienta carretera que conduce al cementerio de San Jos de Oriente, en Cesar. Se turnan por grupos de a cuatro para cargar el fretro en el que descansa Samuel David. Estos hermanos, hijos y sobrinos de excombatientes acompaan al menor asesinado, en un atentado contra su padre el sbado 13 de abril de 2019 [i]

Jess Abad Colorado, a travs de su lente fotogrfico, le ha expuesto a Colombia y al mundo el horror del periodo de guerra de los aos 80s y 90s en Colombia, muestra entre otros, a un nio de 10 aos, en un anfiteatro, lavando la sangre de los muertos dejados por la guerra, a una nia que con sus pequeas manos abre una fosa en la tierra, para sepultar a su padre, muerto por las balas del conflicto, del fusil, contra fusil.

Pero estos nios de hoy, hijos de excombatientes los llamados hijos de la paz, pomposo nombre que hizo coro en los medios de comunicacin, no deja de ser un sofisma de distraccin dentro de un acuerdo de paz incumplido por el Estado y sus gobernantes de turno, y sembrado del miedo que promocionan los amigos de la guerra en Colombia. Son hijos de un compromiso incumplido, en sus puntos ms esenciales, el agrario, la seguridad jurdica y econmica para los excombatientes, y en si de la implementacin misma de todo el acuerdo. Los padres y madres de estos nios, le apostaron a la paz con justicia social, pero Cul paz?

Ver estos pequeos, cargando el fretro de otro nio, perturba; genera dolor, angustia, desconsuelo e impotencia. semeja el fragmento de un cuento macabro, sin embargo, hace parte de la realidad que en Colombia nos continua dejando la guerra que agobia a los territorios. Y, as seguimos asistiendo a los efectos nocivos de la falta de una paz verdadera, no de la promocionada tericamente, por el Estado y sus aclitos de turno.

El asesinado esta vez, solo tena 7 meses de nacido, su padre, un excombatiente de las antiguas Farc, la madre una mujer indgena, con la que form una familia en la que naci Samuel David. Esta pareja, la ms humilde, entre las humildes, decidieron un da salir del ETCR, para visitar a los familiares y presentarles a su hijo. La muerte agazapada en los matorrales arenosos del lugar, los esperaba en el rancho de la bisabuela de Samuel David, llegaron los asesinos, iban por el excombatiente, el nuevo padre, pero encontraron al bebe.

Siete meses tena el lirio, siete frgiles meses se encontraron de pronto con disparos de fusil y escopeta, despus en el interior del rancho, qued la desolacin, y muchas vainillas esparcidas por el piso.

El padre clam por la ayuda, que le permitiera llegar con el bebe al hospital ms cercano, pero este auxilio nunca lleg; la guerra tambin ahuyenta la solidaridad. El nio, con una herida en una de sus extremidades, se desangr por falta de atencin oportuna. La negacin de la ayuda requerida, fue justificada por el miedo, ese que algunos dirigentes polticos de la extrema derecha han sembrado con el fin de mantener al pas en una guerra perpetua.

Tengo que decir, que muy a pesar del deseo que me mueve hoy da, de no seguir contando muertos y sumando los cientos, miles, millones de cados en la permanente guerra que ha vivido Colombia; es imposible no hacerlo. Al da de hoy despus de la firma del acuerdo de paz, van 129 exguerrilleros y 20 de sus familiares asesinados.

Muchos acuerdos de paz, se han firmado en Colombia, con diversos grupos insurgentes, muchos de ellos amnistiados para luego asesinarlos: Guadalupe Salcedo, jefe de las guerrillas liberales, firm la paz se desmoviliz con sus hombres en 1953 y en 1957 lo asesinaron. El M19, firm un acuerdo de paz, y muchos de sus hombres cayeron muertos, entre ellos Carlos Pizarro Len Gmez mximo lder del grupo. La Unin Patritica, movimiento que surgi en los aos 80s producto de los acuerdos de la Uribe, sufri el ms grande de los genocidios ocurridos en Colombia.

El Estado colombiano y sus gobernantes, han fungido de pacifistas en varios lapsos de la historia del pas, pero no hay tal cosa. Este es un rgimen guerrerista, y su enfoque frente a los acuerdos de paz histricamente, ha sido el del desarme insurgente, sin ningn tipo de transformacin.

Entonces de qu paz hablamos?

Quin les dir a los miles de exguerrilleros de las antiguas Farc, dnde pueden encontrar el horizonte, para continuar criando a sus hijos e hijas? Por lo pronto en tierra colombiana parece que no ser.

La sociedad colombiana necesita la paz con justicia social, pero no sern los timoratos, los tibios, los vendidos por un plato de lentejas los llamados a ponerse al frente de esta decisiva bsqueda, solo continuaran usurpando el lugar que le corresponde al pueblo. Deber ser este ltimo, el que ejerciendo su derecho y deber deber construirla.


[i] Revista Semana. 4/20/2019

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter