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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2006

Asturias no es Espaa

Carlos X. Blanco
Rebelin


El Fielatu Envs de clas.

Asturias no es Espaa (ni lo dems tierra conquistada). La nacin asturiana vive entre dos aguas, la atlntica (o cantbrica) a la que pertenece de forma natural, y la mediterrnea, a la que pertenece de forma coercitiva por la inmersin de nuestro pas en la monarqua castellana, en la media, y en el estado espaol, en la moderna. Nos administran desde Madrid, y con ello nos imponen unas estructuras de dominacin que no son las nuestras. La economa cuasi-esclavista del Sur y del Mediterrneo no es la nuestra, y los intereses productivos y comerciales del pas asturiano son incluso contradictorios con los que priman en Espaa. El desarrollo econmico asturiano podr no ser boyante, como el de Madrid, y otras regiones levantinas y sureas, pero al menos no se basa (salvo en pequeas cuotas, lamentables) en la explotacin de emigrantes extranjeros. El esclavismo no fue nunca con el carcter nuestra gente. El medio y el talante astures siempre fueron en contra de esa tendencia del explotador de estilo mediterrneo.
Madrid es la esencia del estado espaol. Esto es, una ciudad artificial, creada para un estado artificial. No fue tanto una capital castellana como una concentracin de poderes para mantener asimtricamente vinculadas a su "atraccin" las regiones en el nuevo contexto de un estado absoluto, defectuosamente fortalecido desde los Reyes Catlicos. Es la capital de una corte que ha ido atrayendo a los servidores de esa corte (hoy incluimos a la vasta clase poltica) pero as mismo a todo un lumpen que huy de la miseria y de la tirana locales, para hallarla en nuevas formas: lazarillos y picaruelos, seres todos reptantes. Muchos (mal) viven del cuento. La abundancia relativa de sectores parasitarios (tanto entre los pudientes como de los llamados "muertos de hambre") ha dado pbulo a la imagen opresora de la capital, como atractor o agujero negro que dificultaba el desarrollo natural y armnico de las regiones.
Es verdad que los lderes burgueses del nacionalismo cataln y vasco sienten y demuestran de vez en cuando su racismo al tocar este resorte de imgenes y estereotipos, que guarda relacin parcial con la verdad de Madrid y la Castilla devastada por la capital. Pero en la Corte hay un odio correspondiente, centralista, que es el de la ignorancia. No dar aprecio, a quien se lo merece, parece peor que el odio sin ms en cuanto al agravio ocasionado y a sus consecuencias. Y en esas espirales de odio hay que comprender la polmica del nacionalismo.
Hay una revuelta, mal disimulada por los medios de masa, de la provincia frente al imperio. Ethnos frente a Polis. La cosa podra retraerse nada menos que a la historia de la expansin de Roma. Sorprende la civilizacin cltica: les falt un Homero y un Hesodo para luego desarrollar la filosofa. Tenan druidas, pero esos pitagricos de aldea crean en el poder mgico (y por ende no generalizable) de la escritura. Les falt la Polis, pero iban en camino hacia ella. El celtismo histrico represent la marginalidad ante el imperio. Fue una civilizacin ajena al imperialismo. No tuvo reparos en fundirse con distintos pueblos, pero nunca quiso erigir grandes rganos estatales. Los galos s tuvieron grandes reyes en la poca en que Csar luch contra ellos. Pero es que un peligro externo amenazante, as lo fue Roma, suele forzar la unin de pueblos que antes eran de tendencia centrfuga. Tras la cada del imperio, el mundo cltico experiment un hermoso renacimiento medieval temprano. Cuando en Roma apacentaban animales y brbaros iletrados, los monjes irlandeses transcriban al latn todo su legado mitolgico, hermanado en belleza y temtica con el homrico (siglos VI y VII d N. E.). Bajo las legiones y el comercio latino, los celtas se aculturizaron un poco, como los indios de USA se aficionaron al whisky y se dejaron encerrar en reservas. Pero grandes zonas de Europa no se romanizaron hasta bien entrada la Edad Media, incluyendo Asturias, Cantabria y Euskadi. Y su renacer medieval consisti en un pacto de alianza con la romanidad cristiana, ms que un sometimiento a la prdica o a la evangelizacin. Fueron druidas y bardos los que aprendieron latn en Irlanda y se vistieron con ropas de monje, por as decirlo. Otro tanto se pudiera decir del reino asturiano cuando se propuso la alianza con la cruz, y por ende con los monjes, como superestructura necesaria, pero ya poco latina, frente a los rabes. Los celtas que, una vez olvidado el imperio (pero tambin lejos de sus enemigos, los brbaros germnicos), renacieron en las islas britnicas, en Bretaa, y en mucha de la Europa marginal, slo eran brbaros para Csar o para otros escritores clsicos, en el sentido politico-lgico de "alteridad". Su civilizacin fue nacida en plena prehistoria, ms antigua que la fundacin de Roma y que el surgimiento de las poleis griegas. Y en esas fases arcaicas (por ejemplo, ao 1000 a d. N. E.), eran muy similares a los arcaicos griegos y romanos. Y les sobrevivieron sin decadencia prcticamente- hasta el renacimiento. Uno se asombra de su religin, casi platnico-pitagrica. Sus conexiones ntimas con la espiritualidad hind o mazdeista. A fin de cuentas el tronco indoeuropeo no slo va a ser una cuestin lingstica, sino una "actitud" de existencias remota en el pleno sentido de la palabra. Su expansividad, al tropezar con el Mediterrneo, fue su mxima torsin. Griegos y romanos arcaicos slo fueron clsicos un instante fugaz, cuando todava no eran imperio, sino comunidades guerreras y slidamente puras, ntegras. Cuando hubo imperio (Alejandro, Csar) ya hubo decadencia. Y entonces la comunidad se disgrega: la explotacin de pueblos enteros, la generalizacin del esclavismo: son estos los indicios.
Pensemos cmo eran los romanos en provincias. Ciudadanos (terratenientes) que explotaban a lugareos (esclavos o no) y que vivan del campo. Ciudadano fuera de su ciudad. Un ttulo, este de ciudadano. En la Edad Media, con la mediacin de los conceptos de sangre y linaje, se dir "noble", "hidalgo"... Hoy, el lumpen madrileo, valenciano, barcelons o de cualquier ciudad grande, quiere ser ms cosmopolita que nadie. Pero muchas familias "bien" de la ciudad de toda la vida, sean o no marquesitos, ya no tienen tierras, ni dinero. Tienen su ttulo de honor, no obstante. Y se quejan stos, los ciudadanos de sus propios "invasores". En Madrid uno puede ser ciudadano en menos de una generacin, y tener a su servicio domstico a mujeres ecuatorianas. Y el racismo se incuba en todo centralismo. Sucede que una capital centralista por necesidad como Madrid no es ms que el ojo del huracn de la "barbarie" y el agro destartalado, carente de vida. Como antao Roma (oh Imperio, oh Civilizacin!) en las provincias explotables agrcolamente no fue romanizacin, sino administracin de barbarie.
El estado espaol hereda estructuras mediterrneas de dominacin muy antiguas que se perpetuaron sin discontinuidad a lo largo de los siglos. Y este estado que hoy analizamos no existe sin su capital. Madrid no es Castilla. Madrid despobl Castilla. Antes de los Austrias, todas las ciudades castellanas eran un antdoto contra el feudalismo, eran Cortes y comunidades ellas mismas, autnomas. Pero haca falta una sola ciudad y un solo estado. Castilla muri con Madrid, con las Comunidades, con los Reyes Catlicos. Qu qued? Un triste agro, una siesta de pueblos. Las capitales de interior se hicieron pueblos ante el esplendor de la corte. Tambin la periferia costera decay en muchas partes, pero para este proceso de transmisin de decadencia, estaban lejos a fin de cuentas, con sus propias subsistencias, sin depender de nadie tras montaas inaccesibles o distancias fatigosas. Pero y el castellano pobre? El que no huy a la ciudad, l fue el mismo ibero sometido de antao?: El mismo pobre?. Sumiso l con idntica cara de hambre que en tiempos remotos, el que se queda para trabajar, la buena gente.
Aqu se propone tambin, de manera peculiar, una nueva especie de mtodo fenomenolgico en el anlisis de la historia: tenemos que ver el medievo, la modernidad, todo tiempo en definitiva, como sucesin continuada de un clasicismo grecorromano? Hay filsofos e historiadores que dan esto por supuesto, por la oscura causa derivada de un cierto sentimiento de dependencia: nuestra cultura escrita viene de ellos. Ellos nos dieron la filosofa y la ciencia histrica. Pero hay mucha diferencia entre pedir pan casero y comerse directamente el grano de trigo. Pensemos por un momento en los romanos como unos brbaros entrando en territorios que, bajo otras categoras, ajenas a las de la romanidad, ya estn civilizados. No pensemos en Sneca, o Cicern, no en la arquitectura grandiosa y en el legado helnico... Sino en ejrcitos feroces y explotadores vidos de esclavos y de oro... Siempre hay un centro, una capital que enva a sus romanizadores, a sus evangelizadores. La buena gente se esconde tras la niebla de la historia, en la tierra profunda, en el substrato ms virginal de la historia. Relativismo? Un poco. Es un relativismo metodolgico fabricado a posta para alcanzar una conciencia no tan comprometida con ciertos presupuestos demasiado inconscientes. Un poner entre parntesis nuestra cultura mediterrnea. Quiz estemos preparndonos ante una rebelin de la provincia frente al imperio



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