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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2019

Economa y vida: paradigma del cuidado frente al extractivismo

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Al parecer ya no creemos tener una tarea o misin que realizar en el planeta y tampoco hay un legado que nos sintamos obligados a preservar o del que seamos guardianes.

Zygmunt Bauman: El arte de la vida (p. 55)

 

La catedral de Notre Dame en llamas. Una de esas imgenes que ya quedar indeleble en los anales como uno de los siniestros ms traumticos de Francia, Europa, el mundo... Cmo pudo ocurrir? Un accidente, se dice, mientras se trabajaba en su restauracin, siempre postergada, siempre insuficiente. Un smbolo gravemente daado, materia que nos hablaba ms all de su ser fsico, evocando un universo de significados que trasciende los lmites espacio-temporales de una vida humana; y, sin embargo, producto de la vida, plasmacin de su belleza cuando los hombres obran el milagro de revelar su esencia y transfigurarla en arte, a mayor gloria de la humanidad por ms que se confunda con el delirio de la divinidad.

De tantas cosas que se ha dicho y han sido escritas con ocasin de tan malhadado acontecimiento a m me ha llamado la atencin una, mencionada de paso cuando se informaba sobre el propsito en seguida manifestado de volver el monumento a su integridad previa al incendio. Era una noticia de radio en la que el locutor destacaba la presta disposicin de una gran cantidad de ciudadanos, de diversa condicin y clase, a donar dinero con el fin de volver a contemplar la catedral de Pars como parte de esa estampa estereotipada de la capital de Francia. De pasada deca que contrastaba esta actitud con la racanera mostrada durante dcadas por las instituciones encargadas de su conservacin, lo que por cierto tampoco haba suscitado significativas protestas por parte de la ciudadana. Ahora, sin embargo, es el momento de la gesta, el instante que descuella y rompe con el montono devenir de los das idnticos del cuidado. Cuando haba que cuidar el monumento mediante un trabajo callado y annimo, sin lustre heroico, pareca no existir estmulo para la generosidad ciudadana ni para el inters poltico, pues no luce en el escaparate de las pantallas. Un gran incendio s que luce ofrecindonos ese dramtico punto de inflexin en el que se da pie a la gloria del rescate. El trabajo del cuidado, por comparacin, es aburrido. Donde se ponga un golazo de Cristiano que se quite la leccin del maestro que logra que algunos de sus alumnos aprenda algo tan cotidiano como leer.

El cuidado es la esencia del cultivo, actividad que transform la vida de homo sapiens sobre la faz de la Tierra con la revolucin neoltica. De esa actividad expresada en latn con la palabra colere cuya forma de supino es cultum y de aqu cultura se deriv un cambio determinante de una forma de vida que estableci la base material para la creacin de la civilizacin. El inculto es el no cultivado, el que est por civilizar, el que no ha sido cuidado como es debido para llegar a ser plenamente humano. Casos extremos de esa falta de cultivo son los llamados nios salvajes, como el famoso Vctor de LAveyron, cuya historia fue magistralmente plasmada por Franois Truffaut en su pelcula L'Enfant sauvage. La educacin, en efecto, es una de las versiones del cuidar, esencial en igual medida que la agricultura para el slido cimiento de la civilizacin, y complemento inseparable de la puericultura, es decir, el cuidado del nio (del puer latino).

Frente al paradigma del cuidado, el de la extraccin. La pesca y la caza seguramente son las ms ancestrales actividades representativas del paradigma de la extraccin. Y tambin, por supuesto, la guerra. Trabajos todos ellos abonados para la gesta.

Los trabajos del cuidado no son apreciados como notables. Tienen algo de naturaleza negativa en el sentido de que no producen, sino que evitan que ocurra el mal. Toda inversin en ellos parece no lucir, pues se trata de conservar en buen estado lo dado. Por contra, los trabajos de extraccin traen a la esfera de nuestro poder lo que no nos era dado. No hay drama en el cuidado que s hay en la extraccin, en el cazador que expande el territorio en busca de la presa y, en general, en el buscador de recursos que ha de luchar por arrebatrselos a la naturaleza o a otros, incluso si es menester mediante el recurso a la guerra. El tiempo del cuidado es aburrido, tedioso, incluso ingrato. Nulo margen hay en l para el reconocimiento de la heroicidad humana. Digamos que no es viril, sino femenino. La extraccin, el botn, siempre fue cosa de hombres. Su tiempo es el corto plazo, que conlleva la gratificacin inmediata. El tiempo del cuidado es el largo plazo en cuya dimensin se diluye la entidad del beneficio que depara.

El cientfico y excelente divulgador norteamericano Jared Diamond dedica una parte muy importante de su entretenido libro Por qu es divertido el sexo? a la lactancia, captulo principal de la puericultura. Dar de mamar a los gemelos humanos nos dice es un gasto de energa tal que el presupuesto de energa de una madre de gemelos se acerca al de un soldado en un campo de entrenamiento (p. 73). Me pregunto cul de las dos conductas se valora ms cuando la segunda de ellas est institucionalizada en la esfera pblica en tanto que la primera es asunto del hogar, que incluso se debe mantener dentro de sus lmites si se atiende a cierto pacato sentido del pudor.

La dicotoma que aqu presento entre los paradigmas del cuidado y de la extraccin tiene su plasmacin desde la perspectiva sociolgica. La recientemente galardonada con el Premio Nacional de Sociologa, pionera en la investigacin del trabajo dentro del hogar, la sociloga Mara de los ngeles Durn, ha acuado el trmino cuidatoriado para nombrar la clase social de los que cuidan. Importante, sin duda, para el reconocimiento de una realidad que si no se nombra no existe. Su labor investigadora de los ltimos cuarenta aos da cuenta de un fenmeno en el que se demuestra una vez ms lo difcil que resulta desligar la economa de la ideologa, el machismo en este caso. Pues lo que ya empezamos a peinar canas sabemos muy bien que todava en los ochenta del siglo pasado era mayoritaria la idea de que ese trabajo de cuidados confinado al espacio del hogar era cosa exclusiva de mujeres que lo tenan por sus labores, no por un trabajo al que le correspondiese un valor econmico; y as era y es? para todos ya que no es generador de riqueza. Pero a poco que se repare en ello se trata de un trabajo de enorme valor vital, aunque no tenga el debido reconocimiento econmico, que an hoy realizan en un ochenta por ciento las mujeres.

Segn los clculos de la mencionada sociloga, habra que subir un 70% el IRPF para pagar parte de los cuidados que hoy se hace gratis (declaracin en entrevista del diario 20minutos de 12 de febrero de 2019). De tal magnitud es su valor econmico. En cualquier caso, una necesidad social que nuestro Estado del bienestar no cubre, que puede comprar quien tiene recursos; pero quien carece de ellos recurre al cuidatoriado, los que se dedican principalmente a cuidar siendo la mayora trabajadores no remunerados en absoluto o insuficientemente remunerados. Los remunerados suelen ser mujeres inmigrantes con condiciones laborales peores que todos los dems trabajadores. Pero el grueso de esta clase social son mujeres que no cobran por cuidar, sino que lo hacen por afecto o por sentimiento de obligacin familiar. Sin derecho a la seguridad social estn condenadas a la miseria y a la dependencia.

Con un pas inmerso en un invierno demogrfica, que envejece a toda prisa, con una de las esperanza de vida ms altas del planeta, el sector del cuidado es el gran negocio; si no fuera porque pocas familias pueden pagar lo que cuesta una plaza en una residencia o una persona que cuide interna al dependiente. Es la confusin de mercado y economa la que lleva al desprecio del trabajo de cuidados, que poco tiene que ver a simple vista con la produccin y la generacin de riqueza. Se calcula lo que cuesta una vacuna infantil, el salario del personal sanitario que la suministra, las instalaciones donde se practica; pero queda al margen de los nmeros, lo que ms valor tiene, a saber: el tiempo de la persona que deber dejar de trabajar para acompaar al nio y que, seguramente, al da siguiente tendr que quedarse en casa cuidndolo.

El cuidado queda fuera del PIB por el mercadocentrismo que denuncia el economista Ha-Joon Chang en su libro Economa para el 99% de la poblacin. En l critica la miopa de la escuela neoclsica actualmente dominante en la ciencia econmica. Segn su concepcin, la economa se reduce a una red de relaciones comerciales que conforma el mercado. La focalizacin en el mercado nos advierte Chang ha propiciado que la mayora de los economistas no presten atencin a mbitos cruciales de nuestra vida econmica, con importantes consecuencias negativas para nuestro bienestar (p. 409). Dirase que nos hemos vuelto des-cuidados, desatendiendo aspectos tan vitales como la calidad del trabajo y el equilibrio entre la vida privada y el trabajo. Aqu residen las claves para identificar las causas ltimas del invierno demogrfico que dicen padecemos. Mujeres trabajadoras, a menudo mal pagadas y demasiado estresadas sin la seguridad de una cierta estabilidad, a las que se les exige cargar con el cuidado de la prole y puede que tambin con el de sus mayores y dependientes. Es tico exigirles tamaa abnegacin? Cabe esperarla de ellas por decisin voluntaria conforme se van liberando de la tradicional moral cristiana del sacrificio femenino?

Ya lo dijo Robert Kennedy el 18 de marzo de 1968 en el fragor de la campaa electoral: el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida. Por eso no mide el cuidado, quedando este trabajo, esencial para gozar de una vida buena, al margen de valoracin y ninguneado en la agenda poltica.

En cuanto a la relacin entre valor social de un trabajo y remuneracin recibida por su desempeo, el heterodoxo antroplogo britnico David Graeber lo tiene claro: cuanto ms ayuda y beneficia un trabajo a los dems, y por tanto mayor valor social crea, menos se suele pagar por l (p. 275). Es la sentencia que encontramos en su libro Trabajos de mierda. Una teora. Segn algunas investigaciones a las que nos remite, una de las profesiones que mayor valor social aporta es la de maestro de primaria, no especialmente bien pagada como todos sabemos, mientras que la que ms valor social sustrae es la de los profesionales del sector financiero, los cuales, sin embargo y como muy bien sabemos, estn excelentemente bien pagados. Y dado que la actividad financiera es un exponente flagrante de extractivismo (se trata de extraer la poca riqueza de unos muchos para incrementar la mucha riqueza de unos pocos) tenemos otra constatacin ms de ese desequilibrio econmico entre el cuidado y el extractivismo que venimos analizando. De este desequilibrio econmico fueron sntoma evidente los recortes salariales aplicados a partir de la crisis de 2008 a casi todos los sectores pblicos que proporcionan beneficios claros e inmediatos a la poblacin (sanidad, educacin, dependencia, etc.) entretanto se mostraba sin pudor una actitud realmente indulgente con las crecientes remuneraciones de los responsables de las entidades financieras cuya gestin haba sido la causante en gran medida del desastre econmico.

Al mismo tiempo, el trabajo se ha ido convirtiendo en un valor en s mismo; quien no trabaje, aunque sea en algo que no le guste y en lo que sea explotado e invirtiendo en ello la mayor parte de su tiempo, es un gorrn, un gandul, un parsito indigno de simpata y de ayuda pblica. As se achica el espacio y se merma el tiempo dedicado al cuidado, que como hemos dicho queda al margen de la matematizada valoracin econmica.

La pregunta es cmo se decide el valor del trabajo, en funcin de qu criterios. La respuesta ortodoxa que resuelve dogma en ristre la cuestin echando mano del mercado animal metafsico donde los haya es cuando menos discutible por cuanto desprecia consideraciones de orden vital que ya han sido expuestas. El aludido David Graeber ensaya la formulacin de un criterio: cuando un servicio o producto responde a una demanda o mejora de alguna manera la vida de la gente se puede considerar que tiene verdadero valor, pero no as cuando solo sirve para crear demanda, haciendo que la gente se sienta gorda y fea o engandola para endeudarse y luego cobrar intereses por ello (p. 267).

El trabajo de cuidados es el fenmeno que desafa la autenticidad de la conexin entre economa y vida. Cabe preguntarse si el actual paradigma econmico globalmente vigente no ha permitido una expansin excesiva de su componente extractivo, ya sea de recursos naturales, ya de recursos financieros mediante el procedimiento del endeudamiento crnico. Si es as, la economa pone en peligro su genuina razn de ser, que tiene que ver, bsicamente, con una administracin de los medios materiales, siempre limitados, que posibilite que los humanos estemos en disposicin de alcanzar el disfrute de una vida buena. A juzgar, sin embargo, por los efectos bien evidentes a estas alturas del proceso de globalizacin sujeto a la providencia del libre mercado (trasunto actual de la de Dios) dirase ms bien que la esfera econmica se ha constituido en un mundo independiente con leyes propias al margen de las de la materia y las de la vida.

Recientemente la antroploga Yayo Herrero, prestigiosa investigadora en los mbitos ecologista y feminista, particip en un dilogo radiofnico en el que ofreca su visin del momento actual que vivimos, congruente con las ideas aqu expuestas (emitido por la Cadena Ser el 14 de abril de 2019 en el programa A vivir, que son dos das). Transcribo parte de su intervencin: Estamos viviendo un momento, yo dira, en el que hay una triple guerra, en el que se combinan una guerra convencional, por los recursos, como las que ha habido siempre, mucho ms intensificada en un momento de declive de energa, de declive de minerales que intensifica ese extractivismo del que hablaba Silvia; una guerra tambin contra los derechos laborales y sociales, que precariza a las personas, que las reduce bsicamente a la situacin de consumidores, y si eres un consumidor fallido bsicamente ya no cabes; y una guerra tambin sutil y dura contra los vnculos y las relaciones. A su entender, para enfrentar esa triple amenaza es menester colocar en el centro del horizonte humano lo que es prioritario para sostener la vida, y no cualquier vida (al estilo de los fanticos provida) sino vidas que merezcan la pena y la alegra de ser vividas. Considera esta investigadora social que el modelo de capitalismo extractivista supone una guerra contra la vida, y que es suicida por cuanto para que haya produccin la actividad material esencial de la economa real es necesaria como condicin previa la produccin de la vida, que se realiza en la naturaleza y en los trabajos que cotidianamente tenemos que llevar a cabo para mantener las vidas; es decir, lo que he venido llamando el cuidado. Es estpido sacrificar todo lo que constituye la genuina vida humana al crecimiento econmico tal como es entendido dentro del paradigma del capitalismo global de libre mercado y extractivista. La historia de homo sapiens demuestra que uno a uno los individuos somos vulnerables y que siempre es un error soslayar la evidencia de que somos cuerpo y pertenecemos a una misma especie.

El desarrollo ideolgico de las ltimas dcadas ha llevado a cabo un continuado y efectivo trabajo de erosin de toda apreciacin del vnculo social, del sentido de comunidad al margen del entramado econmico. No existe lo que se llama sociedad. Hay hombres y mujeres individuales y hay familias, decret la Primera Ministra britnica Margaret Thatcher hace cuarenta aos. Desde entonces, carece de sentido preocuparse por la sociedad y pensar en el bien comn, mientras que lo tiene todo que cada individuo trabaje ms y haga lo posible por ganar ms. Quiere decirse tambin que la solidaridad no es productiva; o sea, que es intil unir fuerzas y subordinarlas a una causa comn. Toda apelacin al principio de responsabilidad comunal por el bienestar de los miembros integrantes de una sociedad se condena como lo propio de un Estado paternalista que debilita la capacidad de emprendimiento de los individuos, mxima virtud promotora del crecimiento econmico. Se asume que el cuidado de otros, por contra, es el vicio que conduce a una dependencia aborrecible y detestable. A la postre, el debilitamiento del sentido del cuidado da lugar a sociedades fracasadas en las que el consumismo y el extractivismo se retroalimentan con el convencimiento de que no hay alternativa.

El agotamiento de los bienes materiales y el agotamiento de los cuerpos, procesos en el que nos ha instalado el paradigma extractivista nos lleva a vivir en el tiempo de la inminencia, en el que todo puede cambiar radicalmente o todo puede acabarse definitivamente. Es lo que la filsofa Marina Garcs en su sugerente ensayo titulado Nueva ilustracin radical denomina el lmite de lo vivible, el apocalipsis por agotamiento de la vida. Su definicin de dicho lmite: Ese umbral a partir del cual puede ser que haya vida, pero que no lo sea para nosotros, para la vida humana. Vida vivible es la gran cuestin de nuestro tiempo. (...) vida vivible es vida digna. Sus lmites son aquellos por los que podamos luchar (p. 15-16). Acertar cuando afirma que nuestro tiempo no es ya el de la posmodernidad sino el de la insostenibilidad? Ser verdad que vivimos en la prrroga desde que en 1972 el Club de Roma en su informe Los lmites del crecimiento advirtiera de la imposibilidad del crecimiento ilimitado, horizonte verdaderamente utpico del capitalismo en un planeta finito?

Es esto vivir? Es la pregunta a la que cualquiera puede recurrir en cualquier contexto de vida, segn sealara el filsofo Etienne de La Botie en el siglo XVI. No tiene que ver con una objetividad calculable, sino que apela a una dignidad que siempre puede ser puesta en cuestin. Segn Marina Garcs de nuevo, es una pregunta que se puede compartir pero no delegar, porque lo que expresa es que la vida consiste en elaborar el sentido y las condiciones de lo vivible (p 58). En ella, en fin, se halla la semilla de la insubordinacin a toda servidumbre voluntaria, tambin la promovida por un paradigma econmico cuya ansia extractivista menoscaba la relevancia vital del cuidado.

REFERENCIAS BIBLIOGRFICAS:

BAUMAN, ZYGMUNT: El arte de la vida. De la vida como obra de arte. Editorial Paids. Barcelona, 2017.

CHANG, HA-JOON: Economa para el 99% de la poblacin. Editorial Debate. Barcelona, 2015.

DIAMOND, JARED: Por qu es divertido el sexo? Crculo de Lectores. Barcelona, 2007.

GARCS, MARINA: Nueva ilustracin radical. Editorial Anagrama. Barcelona, 2017.

GRAEBER, DAVID: Trabajos de mierda. Una teora. Editorial Ariel. Barcelona, 2018.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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