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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-05-2019

La paz y la soga que sostiene al ahorcado

Pablo Nario
Rebelin


Despus de la defuncin del conflicto que invent el uribismo (2002 - 2010), decretada en medio del llamado Plan Colombia, y que arroj la descomunal cifra de 5.130.816 vctimas; el conflicto armado resucit con el aval de Santos.

Este segundo episodio deba ser representado como condicin para lo que termin siendo el armisticio con las FARC - EP, e implicaba el reconocimiento formal por parte del Estado del conflicto social, poltico y armado, y con este la voz de las vctimas de una guerra silenciada, la posibilidad de verdad, justicia, reparacin y no repeticin, as como la implementacin de programas, reformas sociales y polticas para el pueblo, y planes de reincorporacin para las Farc.

Sin embargo, despus de este efmero reconocimiento legal, se impuso el postconflicto, el cual nos hereda desde ya el crecimiento acelerado del desplazamiento forzado, ms de 570 lderes sociales asesinados, el retorno de las masacres y ms de 128 exguerrilleros de las FARC acribillados.

Lo anterior confirma la vitalidad creciente del conflicto, testimonia que el festejo de la paz fue una breve levedad y que la exclusiva funcin, ovacionada en el teatro Cristbal Coln en el 2016, fue solo un disipado instante de arrobamiento.

El proceso de paz ha sido demolido, lo cual se proyecta incluso en l estado actual de las comisiones, subcomisiones, consejos, planes, fondos, programas, sistemas integrales, agencias y un sinfn de fastuosos y pesados bastidores burocrticos, instituidos para facilitar la implementacin, y que ahora yacen tirados prcticamente inservibles, si no fuera por la importancia que sus escombros an recientes, ofrecen para la asimilacin social de dicha experiencia histrica.

Ahora. Esta debacle no pudo haberse dado nicamente por el apenas previsible efecto de la fuerza destructiva del rgimen colombiano y de los EE-UU contra el acuerdo de paz, sino tambin por la de un sector de la direccin del partido Farc, que en una especie de alzamiento sumiso ante el poder del Estado, decidi acogerse al sombro artificio del postconflicto, pasando as de la degradacin de la guerra a la degradacin de la paz.

Quizs la razn sea lo expresado por V. Lenin en relacin a la accin que confunde oportunistamente la preparacin para las grandes batallas con la renuncia a esas batallas.

Dicha distorsin cristaliz en reuniones de alto nivel, desde donde se fue diseando la paz social en detrimento de la paz con justicia social, reconciliando puntos de vista mutuamente excluyentes, y diluyendo poco a poco entre pequeas correcciones y confusas declaraciones, los ms justos, precisos e histricos planteamientos farianos.

De all la insistente disposicin que el presidente de la Rosa, Rodrigo Londoo, muestra de recoger uno a uno cada pedacito de las trizas del acuerdo; con la que enva a la sociedad y a la base guerrillera, un velado aunque inequvoco mensaje de sometimiento, ms que algn tipo de leccin de lucha.

A pesar de dicha actitud, si algo ha quedado claro, es que ni el sacrificio de puntos substanciales para la paz con justicia social, ni la moderacin lingstica o la predica sobre posconflicto y reconciliacin ; aplacan la histrica ferocidad del Estado colombiano, por el contrario, la refuerzan y reproducen.

Un indicador de ello, es que al da de hoy e l actual gobierno no reconoce siquiera las instancias creadas por el acuerdo en materia de reincorporacin, manteniendo los vestigios del proceso de paz, como la soga sostiene al ahorcado; cualquier movimiento mnimamente brusco asfixiar hasta la demaggica fraseologa del cumplimiento a las bases, ya que ms all de los insuficientes beneficios ofrecidos a la guerrillerada como menudencias caritativas, los acuerdos no pudieron conquistar nada ms.

Recientemente el uribismo ha vuelto a negar el conflicto, y al igual que en la primera dcada del siglo XXI, lo dicho no se circunscribe a un tema semntico, sino que anuncia un prximo ciclo de guerra.

Hoy, por tanto, se impone la necesidad de retomar la lucha por la paz con justicia social, en direccin a unos acuerdos, que cobijen aspectos de los del Coln, ms lo que estos eludieron o amputaron, donde la sociedad no sea una simple invitada para un nuevo ciclo de negociacin entre cpulas, sino que en el marco del ejercicio del poder popular- constituyente, y con agenda propia: Sea el pueblo quien imponga la paz.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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