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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-05-2019

De furibundos y simulacros

Reinaldo Iturriza Lpez
Rebelin


Si es imposible encontrar algn rasgo de sublimidad en la despiadada guerra hbrida que se libra en y contra Venezuela, en cambio abundan los episodios que rayan en lo ridculo. El intento de golpe de Estado del 30 de abril es uno de ellos.

Tan temprano como a las 7 am ya era posible inferir que se trataba de un intento frustrado, con todo y el nivel de incertidumbre propio de estos casos. Tal capacidad de anticipacin puede resultar engaosa, porque no obedece al manejo de informacin privilegiada ni a las dotes predictivas del observador. Hay datos decisivos de los que puede disponerse con un conocimiento bsico del terreno, de la moral de las fuerzas en pugna, entre otros aspectos.

Y algo en lo que no puede dejar de insistirse: una precondicin para entender Venezuela es sospechar de la abrumadora propaganda anti-bolivariana de factura estadounidense o alineada con sus intereses, que hace pasar por informacin veraz y oportuna una versin de los hechos que ignora la complejidad del terreno e invisibiliza o criminaliza a una de las fuerzas.

A los hechos: el diputado Guaid apareci en escena al alba del martes 30 de abril nada ms que para confirmar su ocaso poltico. Qu se le va a hacer: son licencias poticas que se permiten los polticos de derecha cuando intentan algo parecido a tomar el cielo por asalto.

La entrada no ha podido ser menos prometedora: rodeado de un puado de efectivos militares, apostndose en los alrededores del Distribuidor Altamira, y acompaado de Leopoldo Lpez, jefe de Voluntad Popular, rescatado por los golpistas esa misma madrugada.

En primer lugar, el escaso apoyo militar resultaba en extremo evidente. Luego, haban escogido quiz el peor lugar posible: nada menos que el escenario habitual de las manifestaciones violentas del antichavismo desde 2002, uno en que lo ms furibundo de la oposicin ha cometido toda clase de desmanes y ha organizado los espectculos ms pintorescos. Resulta muy difcil tomarse en serio algo cuyo epicentro es Altamira, y ms difcil an creer que ese algo puede significar el inicio del fin de la revolucin bolivariana. Por ltimo, la liberacin de Lpez, ya de por s revestida de ninguna espectacularidad, tratndose de alguien que cumpla condena desde su casa, desviaba el foco de atencin del autoproclamado Guaid.

El efecto Guaid dur poco ms de un mes. Casi un completo desconocido antes de 2019, adquiri notoriedad global una vez que Estados Unidos lo usara como pen: primero cre las condiciones polticas para su autoproclamacin como Presidente, lo que por supuesto respald entusiastamente, luego de lo cual deba producirse un levantamiento popular contra el Gobierno bolivariano y el quiebre de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Nada de esto ocurri.

El momento cumbre fue el 23 de febrero. Tras el fracaso de la tentativa de intervencin humanitaria va frontera con Colombia y Brasil, inici su cada libre.

Qu ocurri desde entonces? Mucho y nada. Mucho porque, convenientemente, se produjo el primer ataque al Sistema Elctrico Nacional, el 7 marzo, y luego otro el 25 del mismo mes. Nada porque, das despus, el 6 de abril, convoc a un simulacro de la Operacin Libertad, absolutamente intrascendente, con muy poca participacin, como en general han sido todas las manifestaciones convocadas por Guaid en el ltimo par de meses y un poco ms.

El problema es que el tal efecto Guaid haca resonancia fundamentalmente con lo ms violento, antidemocrtico e inculto polticamente del antichavismo, que siente predileccin por las salidas de fuerza, cualesquiera que stas sean, incluido el magnicidio, el linchamiento, y en general el terrorismo. Eventualmente, estas lneas de fuerza logran contagiar al resto del antichavismo, arrastrndolo a callejones sin salida, pero no es cierto que ellas constituyan la mayora de la base social antichavista.

Ms importante an, hay una clara diferencia entre, por un lado, el agobio popular como consecuencia del deterioro progresivo de sus condiciones materiales de existencia, en buena medida como consecuencia de las sanciones econmicas impuestas por la Administracin Trump, y el anhelo popular porque cambie la situacin, y por otro lado el proverbial cortoplacismo del antichavismo del tipo Voluntad Popular, su radical cipayismo, y que lo hace tan funcional a la estrategia de regime change, tan anhelado por Estados Unidos.

Cortoplacista al fin, minoritario pero numeroso, este antichavismo ms anti-poltico es el primero en denunciar como una prdida de tiempo cualquier movimiento tctico que no conduzca a la confrontacin violenta con el rgimen, y es sumamente severo en la valoracin de su liderazgo poltico, incluso con aquellos que, como Guaid, son expresamente favorables, por ejemplo, a la intervencin militar estadounidense.

El problema es que Guaid no ha servido para tal propsito, lo que aumenta el malestar entre el antichavismo ms furibundo, lo que a su vez redunda en su renuencia a participar en movilizaciones y dems iniciativas de masas.

ste era el clima previo a la movilizacin convocada por Guaid para el 1 de Mayo, y por tal razn condenada al fracaso. Por eso, cabe pensar, el ridculo del 30 de abril, que ms que el inicio de algo que pueda llamarse Operacin Libertad pareci un simulacro de intento de golpe de Estado. Pero sirvi tambin para que el diputado pasara el testigo a Leopoldo Lpez, su jefe poltico. Y ese es tal vez el nico aspecto en el que result exitoso.

Cunto cambiar la situacin con Leopoldo Lpez asumiendo el liderazgo de la oposicin? Lamentablemente, nada. Por las razones ya expuestas: por el tipo de antichavismo que encarna, por el hecho de que la estrategia es elaborada en Estados Unidos, porque no le apuestan a la poltica con maysculas y se conforman con ser simples peones, por ser adems tan fanticamente neoliberal.

Cul es, quiz, uno de los datos ms reveladores y alentadores de los ltimos cuatro meses? Que a diferencia del antichavismo, el chavismo se moviliza an a pesar del malestar con su clase poltica, porque lo que defiende es mucho ms que un Gobierno.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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