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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-05-2019

Sobre los principios de moral poltica que deben guiar a la Convencin

Maximilien Robespierre
El Viejo Topo


Nota de edicin: Tal da como hoy [06.05] en 1758 naca uno de los lderes ms prominentes de la Revolucin Francesa: Maximilien Robespierre, apodado el incorruptible. Lo recordamos con este memorable discurso de 1794 sobre los principios y las formas de la Repblica venidera.

SOBRE LOS PRINCIPIOS DE MORAL POLTICA QUE DEBEN GUIAR A LA CONVENCIN NACIONAL EN LA ADMINISTRACIN INTERIOR DE LA REPBLICA

EL TERROR NO ES OTRA COSA QUE LA JUSTICIA PRONTA, SEVERA, INFLEXIBLE

18 pluvioso del ao II 5 de febrero de 1794, en la Convencin

Cuando Robespiere pronuncia este discurso en nombre del Comit de salud pblica tiene la sensacin de encontrarse en una situacin de tregua, la cual le autoriza a pensar en el final de la Revolucin y a abordar los principios y las formas de la Repblica venidera. El fin de la Repblica es el disfrute sosegado de la libertad y de la igualdad, el reino de la justicia eterna. Para alcanzarlo, Robespierre propone un nuevo orden de cosas construido sobre el principio de la virtud, que no es otra cosa que el amor a la patria y a sus leyes y el principio de igualdad. Estos principios deben servir de brjula para la accin del gobierno revolucionario que prepara el advenimiento de la Repblica. La virtud republicana debe ser la energa tanto del pueblo como del gobierno, pero es el pueblo quien acta como guardin ltimo de la misma. Si ste fuese corruptible, entonces la libertad estara perdida. Por ello mismo, Robespierre se apoya sobre un pueblo naturalmente virtuoso, puesto que ha reconquistado su libertad y al que para amar la justicia y la igualdad le es suficiente con amarse a s mismo. En consecuencia, la virtud debe actuar como una fuerza coactiva sobre el gobierno para que ste haga el bien. Sin embargo, durante la Revolucin, la virtud sin el terror es impotente. Y se trata todava aqu de explicar el terror. Este no es otra cosa que la justicia pronta, severa, inflexible. Hay que proseguir el trabajo poltico que consiste en distinguir a los ciudadanos republicanos de los enemigos de la patria. Las facciones son las que se encuentran en el ncleo del dispositivo contrarrevolucionario. En contra de los moderados,sufrir por el pueblo, pero no tener piedad alguna hacia sus enemigos, pues perdonar a los opresores de la humanidad es barbarie. En contra de los ultrarrevolucionarios, l expresa que sus manifiestos contra la libertad de cultos y sus extravagancias estudiadas desfiguran el gobierno revolucionario. Por esta razn, los unos y los otros son aliados de hecho de la coalicin contrarrevolucionaria y de los aristcratas. Proclamar los principios de la moral poltica y luchar contra las facciones es proteger la virtud de la representacin nacional.

Ciudadanos representantes del pueblo

Expusimos, ya hace cierto tiempo, los principios de nuestra poltica exterior: hoy vamos a desarrollar los principios de nuestra poltica interior.

Tras haber vagado durante largo tiempo al azar, y como arrastrados por el movimiento de facciones contrarias, los representantes del pueblo francs por fin han mostrado un carcter y un gobierno. Un sbito cambio en la fortuna de la nacin anunci a Europa la regeneracin que se estaba produciendo en la representacin nacional. Pero, hasta el presente momento en el que hablo, hay que convenir que hemos sido guiados ms bien, en estas circunstancias tan tempestuosas, por amor al bien y por la intuicin de las necesidades de la patria, ms que por una teora exacta y por reglas precisas de conducta, que no habamos tenido siquiera el tiempo suficiente para trazar.

Es hora de determinar con nitidez cul es el fin de la revolucin, y el plazo en el que nosotros queremos alcanzarlo; es hora de que nos demos cuenta de los obstculos que an nos alejan de l, y de los medios que debemos adoptar para alcanzarlo: idea simple e importante, que parece no haber sido advertida jams. Pero, claro, cmo hubiera podido osar realizarla un gobierno cobarde y corrupto? Un rey, un senado, un Csar, un Cromwell deben ante todo recubrir sus proyectos con un velo religioso, transigir con todos los vicios, halagar a todos los partidos, aplastar al de las gentes de bien, oprimir o engaar al pueblo para alcanzar el fin perseguido por su prfida ambicin. Si no hubisemos tenido una tarea ms importante que realizar, si tan slo se hubiese tratado aqu de los intereses de una faccin o de una nueva aristocracia, habramos podido creer, al igual que ciertos escritores an ms ignorantes que perversos, que el plan de la revolucin francesa estaba ya escrito con todas las letras en los libros de Tcito y de Maquiavelo, y que haba que buscar en consecuencia los deberes propios de los representantes del pueblo en la historia de Augusto, de Tiberio o de Vespasiano, o incluso en la de ciertos legisladores franceses; puesto que, con la diferencia de ciertos matices mayores o menores, de perfidia o de crueldad, todos los tiranos se asemejan.

En cuanto a nosotros, venimos hoy para poner al mundo entero en conocimiento de vuestros secretos polticos, a fin de que todos los amigos de la patria puedan unirse a la voz de la nacin y del inters pblico; a fin de que la nacin francesa y sus representantes sean respetados en todos los pases del orbe terrestre donde pueda alcanzar el conocimiento de sus verdaderos principios; a fin de que los intrigantes que no buscan siempre sino reemplazar a otros intrigantes, sean juzgados de acuerdo con reglas seguras y fciles.

Es preciso tomar precauciones por anticipado, con el fin de poner el destino de la libertad en manos de la verdad que es eterna, mejor que encuentre la muerte tan slo con pensar el crimen.

Feliz el pueblo que puede alcanzar ese punto! Pues, cualquiera que sean los nuevos ultrajes que se le deparen, qu fuente de recursos no le ofrece un orden de cosas en el que la razn pblica es la garanta de la libertad!

Cul es el fin hacia el que nos dirigimos? El disfrute sosegado de la libertad y de la igualdad; el reino de esta justicia eterna, cuyas leyes han sido grabadas, no sobre mrmol o sobre piedra, sino en los corazones de todos los hombres, incluso en el del esclavo que las olvida, y en el del tirano que las niega.

Queremos un orden de cosas en el que todas las pasiones bajas y crueles sean encadenadas, todas las pasiones bienhechoras y generosas sean avivadas por la ley; en el que la ambicin consista en el deseo de merecer la gloria y de servir a la patria; en el que las distinciones no nazcan sino de la igualdad misma; en el que el ciudadano est sometido al magistrado, el magistrado al pueblo, y el pueblo a la justicia; en el que la patria asegure el bienestar a todo individuo, y en el que cada individuo disfrute con orgullo de la prosperidad y de la gloria de la patria; en el que todos los espritus se engrandezcan mediante la continua comunicacin de los sentimientos republicanos, y mediante la necesidad de merecer la estima de un gran pueblo; en el que las artes sean el adorno de la libertad que las ennoblece, el comercio la fuente de la riqueza pblica y no slo de la opulencia monstruosa de algunas casas.

Queremos que en nuestro pas la moral sustituya al egosmo, la integridad en el obrar al honor, los principios a los usos, los deberes a la conveniencias, el imperio de la razn a la tirana de la moda, el desprecio del vicio al desprecio de la desgracia, el orgullo a la insolencia, la grandeza de nimo a la vanidad, el amor a la gloria al amor al dinero, las buenas personas a la buena sociedad, el mrito a la intriga, el talento a la agudeza, la verdad al relumbrn, el encanto de la felicidad al aburrimiento de la voluptuosidad, la grandeza del hombre a la pequeez de los grandes, un pueblo magnnimo, poderoso, feliz, a un pueblo amable, frvolo y miserable; es decir, todas las virtudes y todos los milagros de la Repblica a todos los vicios y a todas las ridiculeces de la monarqua.

Queremos, en una palabra, satisfacer los ntimos deseos de la naturaleza, realizar los destinos de la humanidad, cumplir la promesas de la filosofa, absolver a la providencia del largo reinado del crimen y de la tirana. Que Francia, antao, ilustre entre los pases esclavos, eclipsando la gloria de todos los pueblos libres que han existido se convierta en modelo de las naciones, espanto de los opresores, consuelo de los oprimidos, adorno del universo mundo, y que, al sellar nuestra obra con nuestra sangre, podamos al menos ver brillar la aurora de la felicidad universal. Esta es nuestra ambicin, ste es nuestro fin.

Qu clase de gobierno puede realizar estos prodigios? nicamente el gobierno democrtico o republicano. Estas dos palabras son sinnimas, a pesar de los abusos del lenguaje vulgar; pues la aristocracia no es ms republicana que la monarqua. La democracia no es un estado en el que el pueblo, continuamente congregado regule por s mismo todos los asuntos pblicos, an menos aqul en el que cien mil fracciones del pueblo, mediante medidas aisladas, precipitadas y contradictorias, decidieran la suerte de la sociedad entera: un gobierno tal no ha existido jams, y no podra existir sino para volver a llevar al pueblo el despotismo.

La democracia es un estado en el que el pueblo soberano, guiado por leyes que son obra suya, hace por s mismo todo lo que puede hacer, y mediante delegados todo lo que no puede hacer por s mismo.

Por tanto, debis buscar las reglas de vuestra conducta poltica en los principios del gobierno democrtico.

Pero, para fundar y consolidar entre nosotros la democracia, para llegar al reinado apacible de las leyes constitucionales, es preciso terminar la guerra de la libertad contra la tirana y atravesar felizmente las tormentas de la revolucin: tal es el fin del sistema revolucionario que habis regularizado. Por tanto, todava debis ajustar vuestra conducta a las circunstancias tempestuosas en las que se encuentra la repblica; y el plan de vuestra administracin debe ser el resultado del espritu del gobierno revolucionario, combinado con los principios generales de la democracia.

Ahora, bien, cul es el principio fundamental del gobierno democrtico o popular, es decir, la energa esencial que lo sostiene y lo hace moverse? Es la virtud; hablo de la virtud pblica que produjo tantos prodigios en Grecia y Roma, y que debe producirlos an mucho ms sorprendentes en la Francia republicana; de esa virtud que no es otra cosa que el amor a la patria y a sus leyes.

Pero como la esencia de la repblica o de la democracia es la igualdad, se concluye de ello que el amor a la patria abarca necesariamente el amor a la igualdad. Es verdad tambin que este sentimiento sublime supone la prioridad del inters pblico sobre todos los intereses particulares; de lo que resulta que el amor a la patria supone tambin o produce todas las virtudes: pues acaso son ellas otra cosa que la fuerza de nimo que otorga la capacidad de hacer estos sacrificios? Cmo iba a poder, por ejemplo, el esclavo de la avaricia o de la ambicin, sacrificar su dolo por la patria?

No slo la virtud es el alma de la democracia, sino que tan slo puede existir bajo este gobierno. En la monarqua, yo no conozco ms que a un individuo que pueda amar a la patria, y que, por ello mismo, no tiene incluso necesidad de virtud; es el monarca. La razn estriba en que, de todos los habitantes de sus estados, el monarca es el nico que tiene una patria. Acaso no es el soberano, como mnimo, de hecho? No ocupa l el lugar del pueblo? Y qu otra cosa puede ser la patria sino es el pas en que se es ciudadano y miembro del soberano?

Como consecuencia del mismo principio, en los estados aristocrticos la palabra patria no posee algn significado ms que para las familias patricias que se han apoderado de la soberana.

Tan slo en la democracia el estado es verdaderamente la patria de todos los individuos que la componen, y puede contar con tantos defensores interesados por su causa como ciudadanos contiene ella en su seno. Esta es la fuente de la superioridad de los pueblos libres sobre todos los dems. Si Atenas y Esparta triunfaron sobre los tiranos de Asia, y los suizos sobre los tiranos de Espaa y de Austria, no hay que buscarle a ello ninguna otra causa.

Pero los franceses son el primer pueblo del mundo que ha instaurado la verdadera democracia, al convocar a todos los hombres a la igualdad y a la plenitud de los derechos de ciudadana; y esta es, en mi opinin, la verdadera razn por la cual todos los tiranos coaligados contra la repblica sern vencidos.

Hay que extraer desde este momento grandes consecuencias de los principios que acabamos de exponer.

Puesto que el alma de la Repblica es la virtud, la igualdad, y vuestro fin es fundar, consolidar la repblica, de ello se sigue que la primera regla de vuestra conducta poltica debe consistir en dirigir todas vuestras operaciones al mantenimiento de la igualdad y al desarrollo de la virtud; pues el primer desvelo del legislador debe consistir en fortalecer el principio en que se fundamenta el gobierno. As, todo lo que tiende a avivar el amor a la patria, a purificar las costumbres, a elevar los espritus, a encauzar las pasiones del corazn humano en pro del inters pblico, debe ser adoptado o instaurado por vosotros. Todo lo que tiende a concentrarlas en la abyeccin del yo personal, a despertar el encaprichamiento por las cosas pequeas y el desprecio de las grandes, debe ser rechazado o reprimido por vosotros. En el sistema de la Revolucin francesa, lo que es inmoral resulta contrario a la poltica, lo que es corruptor resulta contrarrevolucionario. La debilidad, los vicios, los prejuicios son el camino hacia la monarqua. Arrastrados demasiado a menudo, quiz, por el peso de nuestras antiguas costumbres, al igual que por la imperceptible pendiente de la debilidad humana, hacia las ideas falsas y hacia los sentimientos pusilnimes, tenemos que defendernos menos del exceso de energa que del exceso de debilidad. Quiz el mayor escollo que debamos evitar no es el fervor del celo, sino ms bien el cansancio del bien y el miedo a nuestro propio valor. Reavivad sin cesar la sagrada energa del gobierno republicano, en lugar de dejarla decaer. No necesito decir que yo no quiero justificar con esto ningn exceso. Si se abusa de los principios ms sagrados, le corresponde a la sabidura del gobierno el saber consultar las circunstancias, aprovechar la situacin, elegir los medios; pues la manera como se preparan las grandes cosas es una parte consustancial al talento de hacerlas, al igual que la sabidura es en s misma una parte de la virtud.

No pretendemos fraguar la repblica francesa en el molde de la de Esparta; no queremos darle ni la austeridad ni la corrupcin de los claustros. Acabamos de presentaros, en toda su pureza, el fundamento moral y poltico del gobierno popular. Disponis en consecuencia de una brjula que puede orientaros en medio de las tempestades de todas las pasiones, y del torbellino de intrigas que os rodean. Tenis la piedra de toque con la que podis poner a prueba todas vuestras leyes, todas las propuestas que se os hacen. Al compararlas constantemente con este principio, podis, en adelante, evitar el escollo ordinario de las grandes asambleas, el peligro de las sorpresas y de las medidas precipitadas, incoherentes y contradictorias. Podis dotar a todas vuestras operaciones de la organicidad, la unidad, la sabidura, la dignidad que deben ser el signo de los representantes del primer pueblo del mundo.

No son las consecuencias fciles del principio de la democracia las que hay que detallar, es el mismo principio simple y fecundo el que debe ser desarrollado.

La virtud republicana puede ser considerada con relacin al pueblo y con relacin al gobierno; resulta necesaria en uno y otro caso. Cuando tan slo el gobierno carece de ella, queda an la posibilidad de recurrir al pueblo; pero cuando hasta el pueblo mismo se ha corrompido, la libertad est ya perdida.

Felizmente, la virtud es connatural al pueblo, a despecho de los prejuicios aristocrticos. Un nacin est verdaderamente corrompida cuando, tras haber perdido gradualmente su carcter y su libertad, pasa de la democracia a la aristocracia o a la monarqua; sobreviene entonces la muerte del cuerpo poltico por decrepitud. Cuando tras cuatrocientos aos de gloria, la avaricia logra desterrar de Esparta las buenas costumbres junto con las leyes de Licurgo, Agis muere en vano intentando restaurarlas! Por ms que Demstenes clama contra Filipo, Filipo encuentra en los vicios de la Atenas degenerada abogados ms elocuentes que Demstenes. Todava hay en Atenas una poblacin tan numerosa como en los tiempos de Milcades y de Arstides; pero ya no hay atenienses. Qu importa que Bruto haya dado muerte al tirano? La tirana sobrevive en los corazones, y Roma ya slo existe en Bruto.

Pero cuando, como consecuencia de esfuerzos prodigiosos de valor y de razn, un pueblo rompe las cadenas del despotismo para ofrecrselas como trofeos a la libertad; cuando, mediante la fuerza de su temperamento moral, se libra, en cierta manera, de los brazos de la muerte para recobrar todo el vigor de la juventud; cuando, alternativamente sensible y orgulloso, intrpido y dcil no puede ser detenido ni por las murallas inexpugnables, ni por ejrcitos innumerables de los tiranos armados en contra suyo, y cuando se refrena a s mismo ante la imagen de la ley, si no se eleva rpidamente a la altura de sus destinos, no ser sino por culpa de quienes le gobiernan.

Por otra parte se puede decir, en cierto sentido, que para amar la justicia y la igualdad el pueblo no necesita de una gran virtud; le basta con amarse a s mismo.

Pero el magistrado est obligado a sacrificar su inters al inters del pueblo, el orgullo del poder a la igualdad. Es necesario que la ley hable sobre todo con imperio a quien es su ejecutor. Es necesario que el gobierno haga fuerza sobre s mismo para mantener todas sus partes en armona con aqulla. Si existe un cuerpo representativo, una autoridad central constituida por el pueblo, le corresponde a ella vigilar y reprimir constantemente a todos los funcionarios pblicos. Pero, quin la reprimir a ella misma sino su propia virtud? Cuanto ms alta es esta fuente de donde mana el orden pblico,

ms pura debe ser; es necesario por lo tanto que el cuerpo representativo comience por someter en s mismo todas las pasiones privadas a la pasin general del bien pblico. Dichosos los re presentantes, cuando su gloria y su mismo inters los ligan, tanto como sus deberes, a la causa de la libertad!

De todo lo dicho deducimos una gran verdad; y es que la caracterstica de un gobierno popular es ser confiado con el pueblo y severo consigo mismo. A esto se limitara todo el desarrollo de nuestra teora, si vosotros slo tuvieseis que gobernar el navo de la Repblica en la calma: pero la tempestad ruge: y el estadio de la Revolucin en el que os encontris os impone otra tarea.

Esa gran pureza de los fundamentos de la revolucin, la sublimidad misma de su objetivo es precisamente lo que constituye nuestra fuerza y nuestra debilidad: nuestra fuerza, porque nos da la superioridad de la verdad sobre la impostura, y los derechos del inters pblico sobre los intereses privados; nuestra debilidad porque rene contra nosotros a todos los hombres viciosos, a todos los que, en sus corazones, meditaban cmo despojar al pueblo, y a los que han rechazado la libertad como si fuera una calamidad personal, y a los que han abrazado la revolucin como un oficio y la Repblica como una presa: de ah la defeccin de tantos hombres ambiciosos o vidos que, desde el comienzo, nos han ido abandonando sobre la marcha, porque ellos no haban comenzado el viaje para alcanzar el mismo fin. Dirase que los dos genios contrarios que suelen representarse disputndose el dominio de la naturaleza, combaten en esta gran poca de la historia humana para fijar sin que haya posible vuelta atrs, los destinos de la humanidad, y que Francia es el teatro de esta lucha temible. En el exterior, todos los tiranos os rodean; en el interior, todos los amigos de la tirana conspiran. Van a conspirar hasta que la esperanza le haya sido arrebatada al crimen. Es necesario ahogar a los enemigos exteriores e interiores de la Repblica, o perecer con ella; por ello, en tal situacin, la primera mxima de vuestra poltica debe ser que se gue al pueblo mediante la razn y a los enemigos de pueblo mediante el terror.

Si la energa del gobierno popular en la paz es la virtud, la energa del gobierno popular en revolucin es a la vez la virtud y el terror: la virtud, sin la cual el terror es funesto; el terror, sin el cual la virtud es impotente. El terror no es otra cosa que la justicia pronta, severa, inflexible; es pues una emanacin de la virtud; es mucho menos un principio particular que una consecuencia del principio general de la democracia, aplicado a las ms acuciantes necesidades de la patria.

Se ha dicho que el terror era la energa del gobierno desptico. El vuestro se parece al despotismo? S, como la espada que brilla en las manos de los hroes de la libertad se asemeja a aquella con la que estn armados los satlites de la tirana. Que el dspota gobierne por el terror a sus sbditos embrutecidos; como dspota, l tiene razn: domad mediante el terror a los enemigos de la libertad, y en tanto que fundadores de la Repblica, vosotros tendris razn. El gobierno de la revolucin es el despotismo de la libertad contra la tirana O es que la fuerza existe tan slo para proteger el crimen? Acaso el rayo no est destinado a golpear las cabezas orgullosas?

La naturaleza impone a todo ser fsico y moral la ley de velar por su conservacin; el crimen degella a la inocencia para reinar, y la inocencia se debate con todas sus fuerzas entre las manos del crimen.

Que la tirana reine un solo da, al da siguiente no quedar ni un patriota. Hasta cundo el furor de los dspotas ser denominado justicia, y la justicia del pueblo barbarie o rebelin? Cunta ternura para los opresores y cunta inexorabilidad para con los oprimidos! Nada ms natural: quien no odie el crimen no puede amar la virtud.

Sin embargo es preciso que sucumba uno u otro. Indulgencia para los realistas, exclaman ciertas gentes. Gracia para los infames! No. Gracia para la inocencia, gracia para los dbiles, gracia para los desdichados, gracia para la humanidad!

La proteccin social slo les es debida a los ciudadanos pacficos; no hay otros ciudadanos en la Repblica que los republicanos. Los realistas, los conspiradores no son para ella ms que extranjeros, o ms bien enemigos. Esta guerra terrible que sostiene la libertad contra la tirana acaso no es indivisible? Acaso los enemigos de dentro no son los aliados de los enemigos de fuera? Los asesinos que desgarran la patria en el interior; los intrigantes que compran las conciencias de los mandatarios del pueblo; los traidores que la venden; los libelistas mercenarios sobornados para deshonrar la causa del pueblo, para matar la virtud pblica, para atizar el fuego de las discordias civiles, y para preparar la contrarrevolucin poltica mediante la contrarrevolucin moral, todas esas gentes son menos culpables o menos peligrosos que los tiranos a los que sirven? Todos aqullos que interponen su dulzura parricida entre los infames y la espada vengadora de la justicia nacional se asemejan a quienes se interpusieran entre los satlites de los tiranos y las bayonetas de nuestros soldados; todos los rebatos de su falsa sensibilidad no me parecen ms que suspiros que se les escapan involuntariamente hacia Inglaterra y hacia Austria.

Y por quin iban a enternecerse ellos? Acaso por los doscientos mil hroes, lo ms selecto de la nacin, segados por el hierro del enemigo de la libertad o bajo los puales de los asesinos realistas o federalistas? No, esos no eran ms que simples plebeyos, no eran ms que simples patriotas; para tener derecho a su tierno inters es necesario ser, como mnimo, la viuda de un general que ha traicionado veinte veces a la patria; para obtener su indulgencia, es preciso demostrar que se ha hecho sacrificar a diez mil Franceses, al igual que un general romano, para obtener el triunfo, deba haber matado, segn creo, a diez mil enemigos. Oyen con sangre fra el relato de los horrores cometidos por los tiranos contra los defensores de la libertad; nuestras mujeres horriblemente mutiladas, nuestros hijos degollados en el seno materno; nuestros prisioneros, sometidos a horribles tormentos en expiacin de su herosmo conmovedor y sublime: y denominan terrible carnicera al castigo demasiado lento de algunos monstruos que se han cebado en la ms pura sangre de la patria.

Sufren, con resignacin, la miseria de los ciudadanos generosos que han sacrificado a la ms bella de las causas sus hermanos, sus hijos, sus esposas: pero prodigan las ms generosas consolaciones a las mujeres de los conspiradores; resulta aceptable que ellas puedan seducir a la justicia impunemente, defender en contra de la libertad la causa de sus allegados y de sus cmplices; se ha hecho de ellas casi una corporacin privilegiada, acreedora y pensionada del pueblo.

Con qu credulidad an nos dejamos engaar ingenuamente por las palabras! Hasta qu punto la aristocracia y el moderantismo nos gobiernan an mediante las mximas asesinas que nos han dado! La aristocracia se sabe defender mejor con sus intrigas que el patriotismo con sus servicios. Pretenden gobernar las revoluciones mediante argucias palaciegas; se trata a las conspiraciones contra la Repblica como si fueran causas sumariales abiertas contra particulares. La tirana mata, y la libertad pleitea; y el cdigo hecho por los mismos conspiradores es la ley por la cual se los juzga.

Se trata de la salvacin de la patria, pero el testimonio del universo entero no puede sustituir a la prueba testimonial, ni la misma evidencia a la prueba literal.

La lentitud de los juicios equivale a la impunidad; la incertidumbre de la pena envalentona a los culpables; y todava hay quien se lamenta de la severidad de la justicia; hay quien se lamenta de la detencin de los enemigos de la Repblica. Eligen sus ejemplos en la historia de los tiranos, porque no quieren buscarlos en la de los pueblos, ni sacarlos del genio de la libertad amenazada. En Roma, cuando el cnsul descubri la conjura, y la sofoc al instante con la muerte de los cmplices de Catilina, por quin fue acusado l de haber violado las formas? Por el ambicioso Csar, que quera engrosar su partido con la horda de los conjurados, por los Pisn, los Clodio, y todos los malos ciudadanos que teman la virtud de un verdadero Romano y la severidad de las leyes.

Castigar a los opresores de la humanidad, es clemencia; perdonarlos es barbarie. El rigor de los tiranos no tiene otro fundamento que el rigor mismo; el rigor republicano se fundamenta en la beneficencia.

Por ello, maldito sea quien ose dirigir contra el pueblo el terror que no debe dirigir ms que contra sus enemigos! Maldito sea todo aquel que, confundiendo los inevitables errores del civismo con los errores calculados de la perfidia, o con los atentados de los conspiradores, deja de lado al intrigante peligroso para perseguir al apacible ciudadano! Perezca el alevoso malvado que se atreva a abusar del sagrado nombre de la libertad, o de las armas temibles que ella le ha confiado, para llevar el duelo o la muerte a los corazones de los patriotas! Este abuso se ha cometido, no podemos ponerlo en duda. Y ello ha sido exagerado, sin duda, por la aristocracia: pero aunque tan slo existiera en toda la repblica un solo hombre virtuoso perseguido por los enemigos de la libertad, el deber del gobierno sera el de buscarlo con inquietud y vengarlo con notoriedad.

Pero es necesario concluir como consecuencia de esas persecuciones promovidas contra los patriotas por el celo hipcrita de los contrarrevolucionarios, que es preciso devolver la libertad a los contrarrevolucionarios y renunciar a la severidad? Precisamente estos nuevos crmenes de la aristocracia no hacen sino demostrar su necesidad. Qu prueba la audacia de nuestros enemigos sino la tibieza con la que se les ha perseguido? Esto es debido, en gran parte, a la relajada doctrina que se ha predicado durante los ltimos tiempos para tranquilizarlos. Si vosotros hiciseis caso de esos consejos, vuestros enemigos lograran alcanzar sus fines y recibiran de vuestras propias manos el premio a la ltima de sus fechoras.

Con cunta frivolidad se juzga cuando se ve en algunas victorias alcanzadas por el patriotismo el final de todos los peligros! Echadle un vistazo a nuestra verdadera situacin: os apercibiris de que la vigilancia y la energa os resultan ms necesarias que nunca. Una sorda malevolencia se opone por todas partes a las medidas del gobierno: la fatal influencia de las cortes extranjeras, no por ser ms oculta es menos activa ni menos funesta. Se percibe que el crimen intimidado no hace sino encubrir su andadura con mayor destreza.

Los enemigos interiores del pueblo francs se han dividido en dos facciones, a modo de dos cuerpos de ejrcito. Marchan bajo banderas de diferente color, y por caminos distintos: pero marchan con un mismo fin, el fin es la desorganizacin del gobierno popular, la ruina de la Convencin, es decir, el triunfo de la tirana. Una de estas facciones nos empuja a la debilidad, la otra al exceso. Una quiere convertir la libertad en una bacante, la otra, en una prostituta.

Algunos intrigantes subalternos, a menudo incluso buenos ciudadanos engaados, se alinean en uno u otro partido: pero los cabecillas pertenecen a la causa de los reyes o de la aristocracia y se unen siempre en contra de los patriotas. Los bribones, an cuando se hacen la guerra entre ellos, se aborrecen mucho menos de lo que detestan a la gente honesta. La patria es su presa; se pelean entre ellos para repartrsela: pero se coaligan contra quienes la defienden.

A los unos se les ha dado el nombre de moderados; seguramente tiene ms de agudeza que de exactitud la denominacin de ultrarrevolucionarios con la que se ha venido a designar a los otros. Esta denominacin, que no puede aplicarse en ningn caso a hombres de buena fe a los que el celo y la ignorancia pueden arrastrar ms all de la sana poltica de la revolucin, no caracteriza con exactitud a los hombres prfidos que la tirana soborna para comprometer, mediante su aplicacin falsa y funesta, los principios sagrados de la revolucin.

El falso revolucionario suele estar, an mucho ms a menudo, de este lado de la revolucin, que ms all de la revolucin: es moderado o un fantico del patriotismo, segn las circunstancias. Se decide en los comits prusianos, ingleses, austriacos, e incluso en los moscovitas lo que pensar l maana. Se opone a las medidas enrgicas, y las exagera cuando no ha podido impedirlas; severo con la inocencia, pero indulgente con el crimen, es acusador incluso de los culpables que no son lo bastante ricos como para comprar su silencio, ni lo bastante importantes como para merecer su celo, pero se encuentra a buen resguardo siempre de comprometerse jams hasta el punto de defender la virtud calumniada; es descubridor a veces de complots ya descubiertos, desenmascarador de traidores ya desenmascarados e incluso ya decapitados, pero se deshace en elogios hacia los traidores vivos y an acreditados; afanado siempre en halagar la opinin del momento, y no menos solcito a no esclarecerla jams, y sobre todo a nunca contrariarla; siempre est presto a adoptar medidas audaces con tal de que estas tengan muchos inconvenientes; es calumniador de aquellas que no ofrecen sino ventajas, o bien les aade todas las enmiendas que pueden convertirlas en perjudiciales; dice la verdad con economa y justo lo preciso para adquirir el derecho de mentir impunemente, destila el bien gota a gota y derrama el mal a chorro vivo; inflamado de ardor en pro de las grandes resoluciones que nada significan, se muestra ms que indiferente por las que pueden honrar la causa del pueblo y salvar la patria; muy afanado en las formalidades patriticas; muy apegado, al igual que los devotos de quienes l se declara enemigo, a las prcticas externas, mejor preferira poder usar cien gorros frigios que hacer una buena accin.

Qu diferencias encontris entre esas gentes y vuestros moderados? Son sirvientes empleados por el mismo amo, o si prefers, cmplices que fingen estar en discordia entre ellos para ocultar mejor sus crmenes. Juzgadlos no por la diversidad de sus lenguajes, sino por la identidad de sus resultados. Quien ataca a la Convencin nacional con discursos insensatos y quien la confunde para comprometerla, acaso no estn de acuerdo? Aquel que, con su severidad injusta, fuerza al patriotismo a temer por s mismo, invoca la amnista en favor de la aristocracia y de la traicin. Aquel que convocaba a Francia a la conquista del mundo, no tena otro fin sino el de convocar a los tiranos a la conquista de Francia1. Aquel extranjero hipcrita que, desde hace cinco aos, proclama a Pars la capital del globo, no haca sino traducir a otra jerga los anatemas de los viles federalistas que condenaban Pars a la destruccin2. Predicar el atesmo no es sino una manera de absolver la supersticin y de acusar a la filosofa; y la guerra declarada contra la divinidad no es otra cosa que una diversin en favor de la monarqua.

Qu recurso les queda para combatir la libertad? Alabarn, al modo de los primeros campeones de la aristocracia, las dulzuras de la servidumbre y las beneficencias de la monarqua, el genio sobrenatural y las virtudes incomparables de los reyes?

Proclamarn la vanidad de los derechos del hombre y de los principios de la justicia eterna?

Tratarn de exhumar a la nobleza y el clero, o reclamarn los derechos imprescriptibles de la alta burguesa a la doble herencia?

No. Es mucho ms cmodo adoptar la mscara del patriotismo para desfigurar, mediante insolentes parodias, el drama sublime de la revolucin, con el fin de comprometer la causa de la libertad mediante una moderacin hipcrita o mediante extravagancias estudiadas.

Tambin la aristocracia se constituye en sociedades populares; el orgullo contrarrevolucionario oculta bajo harapos sus complots y sus puales; el fanatismo destruye sus propios altares; el realismo canta las victorias de la Repblica; la nobleza, agobiada por los re cuerdos, abraza tiernamente la igualdad para ahogarla; la tirana, teida con la sangre de los defensores de la libertad, esparce flores sobre la tumba de aqullos. Si todos los corazones no han cambiado, cuntos rostros se han enmascarado! Cuntos traidores se inmiscuyen en nuestros asuntos para arruinarlos!

Queris ponerlos a prueba? Pedidles, en lugar de juramentos y declamaciones, servicios reales.

Hay que actuar? Ellos discursean. Hay que deliberar? Quieren comenzar por la accin. Los tiempos son pacficos? Se opondrn a todo cambio til. Son tempestuosos? Hablarn de reformarlo todo, para trastornarlo todo. Queris contener a los sediciosos? Ellos os recuerdan la clemencia de Csar. Queris arrancar a los patriotas de la persecucin? Os ponen por modelo la firmeza de Bruto. Revelan que tal individuo ha sido noble cuando l sirve a la Repblica; no recuerdan en cambio quin la ha traicionado. Es til la paz? Ellos os muestran las palmas de la victoria. La guerra es necesaria? Alaban las dulzuras de la paz. Es necesario defender el territorio? Pretenden castigar a los tiranos ms all de los montes y de los mares. Es necesario recuperar nuestras fortalezas? Quieren tomar por asalto las iglesias y escalar el cielo. Olvidan a los austriacos para hacerle la guerra a los devotos. Hay que sostener nuestra causa con la fidelidad de nuestros aliados? Clamarn en contra de todos los gobiernos del mundo y os propondrn acusar, incluso, al Gran Mogol mismo. El pueblo acude al Capitolio a dar gracias a los dioses por sus victorias? Entonan cnticos lgubres sobre nuestros reveses pasados. Se trata de obtener nuevas victorias? Siembran entre nosotros el odio, las divisiones, las persecuciones y el desnimo. Hay que hacer real la soberana del pueblo y concentrar su fuerza en un gobierno fuerte y respetado? Consideran que los principios del gobierno lesionan la soberana del pueblo. Hay que reclamar los derechos del pueblo oprimido por el gobierno? No hablan de otra cosa que del respeto por las leyes y de la obediencia debida a las autoridades constituidas.

Han encontrado un admirable expediente para secundar los esfuerzos del gobierno republicano: desorganizarlo, degradarlo completamente, hacer la guerra a los patriotas que han contribuido a nuestro xito.

Buscis los medios para abastecer a vuestros ejrcitos? Os ocupis en arrebatar a la avaricia y al miedo las subsistencias que ellos tienen encerradas? Gimen patriticamente sobre la miseria pblica y anuncian el hambre. El deseo de prevenir el mal es siempre para ellos un motivo para aumentarlo. En el norte se ha matado a las gallinas y se nos ha privado de huevos so pretexto de que las gallinas se coman el grano. En el sur se ha hablado de destruir las moreras y los naranjos, so pretexto de que la seda es un artculo de lujo, y los naranjos algo superfluo.

No podrais llegar a imaginar jams ciertos excesos cometidos por contrarrevolucionarios hipcritas para infamar la causa de la Revolucin. Podrais creer que en el pas donde la supersticin ha ejercido mayor imperio, no contentos con sobrecargar las actividades relativas al culto con todas las formas que podan hacerlas odiosas, han propagado el terror entre el pueblo, difundiendo el rumor de que se iba a matar a todos los nios menores de diez aos y a todos los viejos mayores de setenta? Y que este rumor ha sido difundido particularmente en la antigua Bretaa, y en los departamentos del Rin y del Mosela? Este es uno de los crmenes imputados al antiguo acusador pblico del tribunal criminal de Estrasburgo. Las locuras tirnicas de este hombre hacen verosmil todo lo que se cuenta de Calgula y de Heliogbalo; pero no podemos darles crdito ni siquiera con las pruebas a la vista. l llevaba su delirio incluso hasta el punto de requisar a las mujeres para su uso personal: se asegura incluso que ha empleado este expediente para casarse.

De dnde ha salido, de repente, ese enjambre de extranjeros, de curas, de nobles, de intrigantes de toda laya, que simultneamente se ha esparcido sobre la superficie de la repblica, para ejecutar, en nombre de la filosofa, un plan de contrarrevolucin que slo ha podido ser detenido por la fuerza de la razn pblica? Execrable concepcin, digna del genio de las cortes extranjeras coaligadas contra la libertad, y de la corrupcin de todos los enemigos interiores de la Repblica!

Y as, a los milagros continuos obrados por la virtud de un gran pueblo, la intriga mezcla siempre la bajeza de sus tramas criminales, la bajeza ordenada por los tiranos, que la convierten a continuacin en materia de sus ridculos manifiestos, para sujetar a los pueblos ignorantes con el fango del oprobio y con las cadenas de la esclavitud.

Bueno, pero, qu dao le pueden hacer a la libertad los crmenes de sus enemigos? Acaso el sol, an cuando est tapado por un nubarrn pasajero, deja de ser el astro que anima la naturaleza? La espuma impura que el Ocano arroja sobre sus orillas lo hace acaso menos imponente?

En manos prfidas todos los remedios a nuestros males se convierten en venenos; todo lo que podis hacer, todo lo que podis decir, lo volvern ellos contra vosotros, incluso las verdades que acabamos de desarrollar.

As, por ejemplo, tras haber sembrado por todas partes los grmenes de la guerra civil con el ataque violento contra los prejuicios religiosos, intentarn armar al fanatismo y a la aristocracia con las mismas medidas que la sana poltica os ha aconsejado prescribir a favor de la libertad de cultos. Si hubierais dejado libre el curso a la conspiracin sta habra desencadenado, tarde o temprano, una reaccin terrible y universal. Si la detenis, tratarn de sacar partido todava, tratando de propalar que protegis a los curas y a los moderados. No debis maravillaros si los autores de este sistema son precisamente los mismos curas que ms osadamente han confesado su charlatanera.

Si los patriotas arrebatados por un celo puro pero irreflexivo, han sido en algn lugar vctimas de sus intrigas, ellos arrojarn toda su reprobacin sobre los patriotas; pues el primer punto de su doctrina maquiavlica es perder a la Repblica perdiendo a los republicanos, del mismo modo que se somete a un pas destruyendo al ejrcito que lo defiende. Podemos concluir de aqu uno de sus principios favoritos, y es que hay que valorar a los hombres como si no fuesen nada; mxima de origen monrquico, que quiere decir que les deben ser entregados a ellos todos los amigos de la libertad.

Hay que destacar que el destino de los hombres que slo buscan el bien pblico es convertirse en vctimas de quienes buscan su propio bien, y esto tiene dos causas: la primera, que los intrigantes atacan con los vicios del antiguo rgimen; la segunda, que los patriotas no se defienden ms que con las virtudes del nuevo.

Una situacin interior tal debe pareceros digna de toda vuestra atencin, sobre todo si reflexionis que debis combatir al mismo tiempo a los tiranos de Europa, que debis mantener sobre las armas a un milln doscientos mil soldados, y que el gobierno est obligado a reparar continuamente, a fuerza de energa y vigilancia, todos los males que la innumerable multitud de nuestros enemigos nos ha infligido durante el curso de cinco aos.

Cul es el remedio de todos estos males? No conocemos ningn otro que no sea el desarrollo de la energa general de la Repblica, la virtud.

La democracia perece como consecuencia de dos excesos, la aristocracia de los que gobiernan o el desprecio del pueblo por las autoridades que l mismo ha establecido, desprecio que hace que cada camarilla, que cada individuo atraiga para s el poder pblico, y conduzca al pueblo, mediante los excesos del desorden, a la aniquilacin o al poder de uno slo.

La doble tarea de los moderados y de los falsos revolucionarios consiste en hacer que demos vueltas perpetuamente entre estos dos escollos.

Pero los representantes del pueblo pueden evitar ambos escollos; pues el gobierno siempre es dueo de ser justo y sabio; y cuando posee esta caracterstica, est seguro de la confianza del pueblo.

Es bien cierto que el fin de todos nuestros enemigos es disolver la Convencin; es verdad que el tirano de Gran Bretaa y sus aliados prometen a sus parlamentos y a sus sbditos arrebataros vuestra energa y la confianza pblica de la que ella os ha hecho merecedores; y esta es la primera de las instrucciones que ha dado a todos sus comisarios.

Pero hay una verdad que debe ser tenida por trivial en poltica, y esta es que un gran cuerpo investido de la confianza de un gran pueblo no puede perderse ms que por s mismo; vuestros enemigos no lo ignoran, as que no dudis de que ellos se dedican sobre todo a despertar entre vosotros todas las pasiones que pueden secundar sus siniestros planes.

Qu pueden ellos contra la representacin nacional, si no logran sor prenderla en actos polticamente inapropiados que puedan suministrar pretextos a sus criminales protestas? Ellos deben desear tener necesariamente dos tipos de agentes, unos que traten de degradar la mediante sus discursos, otros que, en su seno mismo, se es fuercen por engaarla, por comprometer su gloria y los intereses de la Repblica.

Para atacarla con xito, sera til comenzar la guerra civil contra aqullos representantes vuestros en los departamentos que haban merecido vuestra confianza, y contra el Comit de salud pblica; tambin ellos han sido atacados por hombres que parecan combatir entre s.

Qu mejor cosa podan tratar de hacer que paralizar el gobierno de la Convencin, y quebrantar todas sus energas, justo en el momento en que se debe decidir la suerte de la Repblica y de los tiranos?

Lejos de nosotros la idea de que existe an entre nosotros un solo hombre suficientemente vil como para querer servir a la causa de los tiranos! Pero ms lejos an el crimen, que no nos ser perdonado, de engaar a la Convencin nacional, y de traicionar al pueblo francs con un culpable silencio! Pues si existe algo feliz para un pueblo libre, esto es la verdad, azote de los dspotas, que es siempre su fuerza y su salvacin. Ahora bien, es cierto que an existe un peligro para nuestra libertad, quiz el nico peligro serio que le queda por correr: este peligro es el plan que ha existido verdaderamente de unir a todos los enemigos de la Repblica resucitando el espritu de partido; de perseguir a los patriotas, de desmoralizar, de perder a los agentes fieles al gobierno republicano, de hacer que falten las partes ms esenciales del servicio pblico. Se ha querido engaar a la Convencin con respecto a los hombres y con respecto a las cosas; se ha querido darle el pego respecto de las causas de los abusos que se han exagerado, con el fin de hacerlos irremediables, se ha estudiado cmo llenarla de falsos temores, para extraviarla o para paralizarla; se busca dividirla, se ha buscado sobre todo dividir a los representantes enviados a los departamentos y al Comit de salud pblica; se ha querido inducir a los primeros a contrariar las medidas de la autoridad central, para crear el desorden y la confusin; se ha querido irritarlos a su regreso, para convertirlos, sin que lo supieran, en instrumentos de una conspiracin. Los extranjeros utilizan en su provecho todas las pasiones particulares, e incluso al patriotismo engaado. Haban tomado, al principio, la determinacin de ir por derecho al objetivo, calumniando al Comit de salud pblica; se regalaban los odos, entonces, diciendo abiertamente que aqul sucumbira bajo el peso de sus penosas funciones. La victoria y la fortuna del pueblo francs lo impidieron.

Tras esta poca tomaron la decisin de alabarlo, mientras lo paralizaban y destruan los frutos de sus trabajos. Todas esas vagas protestas contra los agentes fijos del Comit, todos los proyectos de desorganizacin, disfrazados bajo el nombre de reformas, ya rechazados por la Convencin, y reproducidos hoy con una extraa afectacin; ese apresuramiento en ensalzar a algunos intrigantes que el Comit de salud pblica debi alejar; ese terror inspirado a los buenos ciudadanos; esa indulgencia con la que se acaricia a los conspiradores, todo ese sistema de impostura y de intriga, cuyo autor principal es un hombre al que habis expulsado de vuestro seno3, est dirigido en contra de la Convencin nacional, y tiende a hacer realidad los propsitos de todos los enemigos de Francia.

Desde el momento en que ese sistema fue anunciado en los libelos, y puesto en prctica mediante actos pblicos, la aristocracia y el realismo comenzaron a levantar una insolente cabeza, el patriotismo fue nuevamente perseguido en una parte de la Repblica, la autoridad nacional percibi una resistencia que ya haba comenzado a resultar inusual entre los intrigantes. Por lo dems, aunque esos ataques indirectos no hubiesen ocasionado otro inconveniente que el de dividir la atencin y la energa de los que tienen que sobrellevar el inmenso peso con el que vosotros los habis cargado, y distraerlos demasiado a menudo de las grandes medidas de salud pblica, para ocuparse en desbaratar intrigas peligrosas, podran todava ser considerados como una diversin til a nuestros enemigos.

Pero tranquilicmonos; aqu est el santuario de la verdad; aqu residen los fundadores de la Repblica, los vengadores de la humanidad y los destructores de los tiranos.

Aqu, para destruir un abuso, basta con indicarlo. Y en cuanto a ciertos consejos inspirados por el amor propio o por la debilidad de los individuos, nos basta con llamarlos, en nombre de la patria, a la virtud y a la gloria de la Convencin nacional. Hemos decidido abrir en la Convencin una discusin solemne sobre todos los motivos de su inquietud y sobre todo lo que puede influir en la marcha de la revolucin; la conjuramos a no permitir que ningn inters particular y oculto pueda usurpar aqu el ascendiente de la voluntad general de la Asamblea y el poder indestructible de la razn. Nos limitaremos hoy a proponeros que consagris mediante vuestra aprobacin formal las verdades morales y polticas sobre las que debe basarse vuestra administracin interna y la estabilidad de la Repblica, al igual que consagrasteis ya los principios de vuestra conducta respecto de los pueblos extranjeros: mediante esto congregaris a todos los buenos ciudadanos, despojaris de la esperanza a los conspiradores; aseguraris vuestro camino y confundiris las intrigas y las calumnias de los reyes; honraris vuestra causa y vuestro carcter a los ojos de todos los pueblos.

Dadle al pueblo francs esta nueva prueba de vuestro celo en proteger el patriotismo, de vuestra justicia inflexible para los culpables y de vuestra adhesin a la causa del pueblo. Ordenad que los principios de moral poltica que acabamos de desarrollar sean proclamados, en vuestro nombre, dentro y fuera de la Repblica.

Notas:

1. Se trata de los brisotinos, que hicieron campaa, durante 1791-1792 a favor de una guerra de anexin que comenz a ser emprendida bajo la Convencin girondina. Ver los discursos de Robespierre contra la guerra de conquista el 2 de enero de 1792, el 3 de abril de 1793 y su proyecto de Declaracin de derechos del 24 de abril de 1793.

2. Anacharsis Cloots, que reclamaba con sus pronunciamientos una guerra ofensiva de los ejrcitos franceses para liberar a los pueblos oprimidos y hacer de Pars la capital del mundo. Ver el discurso de 2 de enero de 1792.

3. Fabre dnglantine, implicado en el asunto de la Compaa de Indias, fue detenido el 12 de enero de 1794.

Texto extrado del libro de M. Robespierre Por la felicidad y por la libertad. Discursos.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/sobre-los-principios-de-moral-politica/



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