Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2019

Duerme, duerme, negrito

Luz Marina Lpez Espinosa
Rebelin


Que tu mama est en el campo, negrito

Trabajando, trabajando duramente

Y si el negro no se duerme

Viene el diablo blanco y zas!

Le come la patica.

 

Y s, as, aunque no como en la juguetona previsin de la primorosa cancin tradicional interpretada por los grandes del folclor latinoamericano desde Atahualpa hasta Mercedes pasando por Jara y Zitarrosa, mientras el negrito dorma, lleg ese diablo blanco que all como en esta historia es y no otra cosa que el poder de clase y le comi la patica disparando sus armas sobre el frgil cuerpo.

Tal el inimaginable, el imposible final de la cancin de cuna, que ni en la ms oscura de sus cavilaciones barrunt su autor cuando bajo la mirada severa del amo serva en la plantacin, imaginando un destino feliz para su negrito que dorma. No fue el caso de Samuel David el hijito de siete meses de Carlos Enrique Gonzlez excombatiente de las FARC-EP incorporado a la vida civil en virtud del Acuerdo de Paz, y Sandra Pushaina ambos de la etnia wayu a cuya ranchera en la guajira venezolana llegaron el 16 de abril de 2019 los criminales en trance de acabar con sus vidas.

Samuel David uno ms de esa maravillosa eclosin de nios que con justicia han sido llamados hijos de la paz porque literalmente eso son, esplndida demostracin de sus bondades, result ser quin lo creyera, objetivo militar de quienes como cruzada justa han asumido el exterminio de los que apostaron por la paz, as en ese empeo inmolen tambin a sus hijos. Aunque no lo reconozcan abiertamente que nadie, ni an la mente criminal lo hara, sino slo como un efecto colateral justificado por una causa esa s presentable segn se les antoja. Una vida de siete meses florecida en un campamento de paz no es aceptable para quienes un extravo del alma los convierte en nostlgicos de la muerte.

Fue el pequeo Samuel David dolor de pocos das para los medios de comunicacin colombiano cuya falsa es aceptada por tirios y troyanos y ya no niegan ni sus mismos propietarios. Dolor no, digo mal, tan slo aprovechamiento del rdito que da un hecho espantoso en la ms amarillista de sus presentaciones adems. Eso es lo que cuenta. Veinticuatro, cuarenta y ocho horas a lo sumo. No hacerlo sera dejar de explotar un rico filn de la curiosidad pblica. Y con l, rating, publicidad y ventas. El beb era slo la circunstancia, contingente por lo dems. Por ello pasada la novelera, desaparecido el suceso. Ya no lo es ms. Ni seguimiento del drama de los padres, ni ahondar en el contexto y la sistematicidad que podra conducir a la mente ordenadora de los crmenes, ni la airada exigencia a las autoridades como en los eventos mediados por la condicin de clase o poder de la vctima, para que el hecho no quede en la impunidad.

Entre tanto, Carlos Enrique y Sandra no repuestos an de las heridas que recibieron, en la ranchera way donde los nios tambin mueren pero de hambre, ante la indolencia estatal y social por una tragedia que slo parece haberlo sido para ellos, se preguntarn si su opcin por la vida vala la muerte de su criatura. Y al rayar el da en las secas maanas del desierto, con qu nostalgia lo arrullarn con la inmortal Cancin de cuna para despertar a un negrito del gran Guilln:


Una paloma cantando pasa

Upa mi negro que el sol abraza!

Ya nadie duerme ni est en su casa

Ni el cocodrilo ni la yaguasa

Ni la culebra ni la torcaza

Coco cacao cacho cachaza

Upa mi negro que el sol abraza.

 

 Alianza de Medios por la Paz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter