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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-05-2019

La desesperacin de los catlicos de Sri Lanka 15 das despus de los atentados

Agencias


Dos semanas despus de los sangrientos atentados de Pascua en Sri Lanka, el sacerdote Suranga Warnakulasuriya deambula por la iglesia vaca y cerrada, en la cual por segundo fin de semana consecutivo no oficiar la tradicional misa dominical. "A veces te sientes solo", admite este joven religioso de Negombo, una ciudad a unos 30 km al norte de la capital Colombo y que fue uno de los lugares donde se perpetraron los ataques yihadistas del 21 de abril.

Por segundo fin de semana consecutivo, la minora catlica de esta isla del sur de Asia no puede asistir a la misa dominical. Las autoridades temen nuevos ataques tras los atentados suicidas, reivindicados por el grupo yihadista Estado Islmico (EI), que causaron 257 muertos en iglesias y hoteles de lujo.

En su lugar, los catlicos tienen que contentarse de nuevo con un misa televisada celebrada por el arzobispo de Colombo. "No podemos recibir la eucarista por televisin, y es lo ms importante", se lamenta Shehani Rangana, una practicante de 33 aos que perdi a su padre en el ataque de la iglesia de San Sebastin de Negombo.

De casa en casa

Con las iglesias cerradas, a menudo protegidas por militares, los 1,2 millones de catlicos esrilanqueses han ido organizndose, mediante redes de solidaridad.

Sin las misas pblicas, que adems de rituales de culto son lugares de sociabilizacin, algunos creyentes han creado grupos de oracin en sus hogares. Varios sacerdotes celebran misas en casas en crculos reducidos, como pas en el domicilio de Shehani Rangana, donde una cruz hecha con hojas secas sobresale en la entrada.

El padre Suranga Warnakulasuriya decidi por su parte ir al encuentro de sus feligreses. Con sotana blanca, su recorrido lo lleva a entre 10 y 20 casas por da, donde administra la comunin.

"Me hablan de este ataque. A veces tienen pensamientos de odio, y nosotros los intentamos controlar, convencerlos de no buscar la venganza", explica este sacerdote de 32 aos, de rostro juvenil, ordenado en 2015.

En los alrededores de la iglesia de Negombo, destrozada por uno de los kamikazes, en casi todas las casas cuelgan banderas blancas, color de duelo. Cuando la tela es muy grande, significa que un residente de esa vivienda muri en el atentado. Entre ellos, hay muchos: 102 personas fallecieron en la iglesia de San Sebastin, el lugar donde se produjeron ms vctimas en la sangrienta Pascua.

Un particular cedi un terreno cercano para que decenas de cuerpos fueran inhumados, ya que el cementerio local no daba abasto.

Iglesia roja

En el sof de un saln, una nia dibuja bajo la mirada atenta de dos monjas. Una familia del barrio acaba de traerle una bolsa con regalos: lapices de colores, tijeras, muecas...

Nethudini se encontraba con su madre en la misa de Pascua en San Sebastin. Su madre perdi la vida en la explosin, la nia de nueve aos result herida. Desde entonces, casi no ha hablado de su madre, no ha llorado.

Su dibujo representa una iglesia toda en rojo.

Como a muchas de las vctimas de los atentados, las autoridades clericales de Sri Lanka asignaron a su familia un equipo de apoyo, formado por un sacerdote, dos monjas y dos voluntarios laicos.

"En funcin de sus necesidades, el apoyo durar el tiempo que sea necesario. Quizs vendr a verlos dos o tres veces por semana", explica el padre George Anthony Fernando, a cargo del seguimiento de la nia y su familia.

En Negombo, como cada noche, los vecinos salen en familia y encienden candiles en el muro exterior de la iglesia de San Sebastin. Con el rostro afligido, rezan en silencio a la luz de las velas.



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