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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2019

De verdad las tropas norteamericanas liberaron Mauthausen?

ngeles Maestro
Rebelin


En numerosos pases de Europa se celebra la victoria de las tropas aliadas sobre la Alemania nazi en la II Guerra Mundial, hecho especialmente trascendente cuando asistimos a un fortalecimiento generalizado de las organizaciones fascistas, y los grandes mitos se reproducen. Una vez ms se repetir como hecho trascendental el desembarco de las tropas aliadas en Normanda y se minusvalorar el hecho trascendental la liberacin de la mayor parte de Europa por la URSS que pag para ello el dursimo precio de veintisiete millones de muertos. Casi nadie hablar de cmo los gobiernos aliados hicieron odos sordos a las reiteradas peticiones de Mosc de abrir un frente en el oeste y que slo llevaron a cabo la Operacin Overlord, en junio de 1944, con el tiempo justo para impedir la entrada del Ejrcito Rojo en Berln 1, cosa que no lograron.

El objetivo de situar la intervencin de EE.UU como decisiva para la victoria, clave para imponer la reconstruccin europea bajo su hegemona, en particular a travs de la OTAN, tiene tambin otro episodio, de especial trascendencia para nosotros: el de la supuesta liberacin del Campo de Mauthausen por tropas norteamericanas.

El mito se repite pese a la existencia de un documento grfico bien conocido: la foto de la llegada al al Campo de vehculos blindados USA en el que se ve a centenares de prisioneros bajo una enorme pancarta que preside la puerta de entrada en la que se lee Los espaoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras. La pregunta es obvia: Quines haban liberado Mauthausen cuando llegaron los estadounidenses?

La historia de la organizacin de la resistencia en el interior del Campo protagonizada por los comunistas espaoles est documentada y tiene un valor inmenso. En Mauthausen, a diferencia de lo ocurrido en otros Campos nazis en los que el exterminio se produjo prcticamente sin oposicin, se forj durante cuatro aos una importante organizacin clandestina internacional que salv centenares de vidas y liber el Campo antes de la llegada de las tropas aliadas.

La hazaa, desconocida por la inmensa mayora y realizada en las ms duras condiciones imaginables, est cuajada de apellidos espaoles.

Existen algunos documentos, pero sin duda es el comunista espaol Mariano Constante2 quien la ha relatado con tanto rigor histrico que es conocido como el notario de Mauthausen. En su relato me baso.

Comienza la organizacin

La organizacin empez a gestarse el 22 de junio de 1941. Las tropas nazis ocupaban un pas tras otro, comenzaba la invasin de la URSS y todo pareca hundirse. Esa noche la direccin decidi desinfectar el Campo y concentr a todos los prisioneros, desnudos, bajo un fro intenso, en los garajes. All los miembros del Partido Comunista de Espaa decidieron organizarse, elegir a ocho de ellos para la direccin y tratar de extender la organizacin a otros compatriotas. Se haba constituido el germen del Comit Internacional de Mauthausen. El objetivo principal era mantener la moral y los principios en medio de la barbarie. Constante lo explica as: Se trataba de hacer comprender a unos y a otros que, para luchar en el interior del campo, era necesario tener una voluntad inquebrantable de combate y esperanza, sin la cual nada era posible; tener confianza en la victoria final; luchar contra la depravacin y la corrupcin, evitando hacer el juego de los SS, para perjudicar a otros presos polticos; solidaridad total en cualquier momento y circunstancia; hacer lo posible para impedir que los de delito comn nos robasen nuestra escasa comida; intentar introducir espaoles de confianza en los lugares de trabajo donde hubiera posibilidades de ayudar a los dems y, en lo posible, tambin en las barracas; conseguir informaciones y vigilar la conducta de los SS, con el fin de hacer frente y prever sus reacciones; establecer contacto con los deportados polticos de otras nacionalidades.

Las actividades contemplaban aportar algunos gramos de comida suplementaria los mas dbiles e intentar evitarles las tareas ms duras, lograr puestos que permitieran la movilidad dentro del Campo, ocultar a los enfermos para que no fueran exterminados o realizar sabotajes mnimos como la rotura de alguna herramienta para entorpecer su produccin destruyendo parte una nfima parte, es cierto del potencial de guerra del III Reich.

Poco a poco la organizacin se extiende con la llegada, a partir de principios de 1942, de prisioneros polticos de todos los pases europeos, algunos de ellos excombatientes de las Brigadas Internacionales. La organizacin va logrando introducir a compaeros de confianza en la cocina, la limpieza, la enfermera o las oficinas de la administracin. La tela de araa se iba tejiendo. En la segunda mitad de 1942, en medio de las matanzas y de las torturas, las noticias de la resistencia sovitica y la posterior derrota de los nazis en Stalingrado, fortalecen la confianza en la victoria de quienes haban credo en ella cuando no haba ni un rayo de esperanza.

La llegada de un importante contingente de deportados franceses entre 1943 y 1944, comunistas, socialistas, catlicos, y sobre todo, dirigentes militares de la Resistencia, permite el fortalecimiento del Comit Internacional y, sobre todo, la constitucin del Aparato Militar Internacional (AMI). El aragons Miguel Malle fue el responsable mximo del Estado Mayor (EM) del AMI, integrado por cuatro miembros, entre los que estaba el dirigente checo de las Brigadas Internacionales, Arthur London, y Mariano Constante. A este Aparato se incorpor tambin el coronel sovitico Pirogoff.

La red se fortalece, a pesar de las continuas bajas, y se consigue acceder a un aparato de radio que tenan escondido miembros de las SS y que les permite obtener informaciones emitidas por Londres o Mosc. Meses despus, adems del continuo robo de armas a los SS, la organizacin obtiene un nuevo recurso: un aparato de radio propio que se consigue introducir oculto en un cubo de basura.

En abril de 1945, mientras se sucedan las derrotas alemanas -los norteamericanos bombardeaban la cercana ciudad de Linz y los soviticos haban ocupado Viena lleg la noticia de que el comandante del Campo, Ziereis, haba recibido la orden de Himmler de liquidar a todos los prisioneros. Se deba ejecutar aprovechando una alarma antiarea, verdadera o falsa, y se les eliminara mediante una gigantesca explosin provocada en las naves que ya estaban siendo acondicionadas por los propios prisioneros, los cuales seran previamente gaseados dentro.

La organizacin clandestina se acelera, intensificando la obtencin de informacin mediante documentos conseguidos por quienes limpiaban las oficinas, haciendo guardias nocturnas, sacando del Campo documentos y fotografas obtenidas clandestinamente por el fotgrafo Paco Boix que acreditaban la barbarie del exterminio y las visitas de los jefes nazis y, sobre todo, asegurando la disciplina y la coordinacin para evitar bulos.

La liberacin

A finales de abril, el comandante Ziereis dio la orden de movilizar a los espaoles para combatir a las tropas soviticas que se acercaban a Mauthausen. Formados frente a las ametralladoras que les apuntaban desde las torretas nadie dio un paso al frente. Fue un momento en el que todo poda ocurrir y, totalmente conscientes de ello, estbamos dispuestos a jugrnoslo todo: las pistolas y las botellas de bencina estaban a punto. Viendo que no doblegara nuestra actitud, Ziereis orden romper filas. Estoy seguro de que tuvo miedo.

Pocos das despus, por la noche, los guardias de las SS fueron sustituidos por la guardia urbana de Viena. Algunos SS capturados despus de la liberacin nos confirmaron que Ziereis tema una sublevacin general y haba preferido retirarse al pueblo de Mauthausen con sus SS. Una delegacin del Comit Internacional conmin a la guardia urbana para que entregasen todas sus armas.

El 5 de mayo de 1945, poco antes de las dos de la tarde dos vehculos blindados y un jeep del ejrcito norteamericano entraron en el campo. Los guardias huyeron abandonando todas sus armas.

La gran pancarta preparada por los republicanos espaoles se coloc y se hizo la famosa foto.

Cuando el Comit Interrnacional (CI) se dirigi a los norteamericanos para conocer sus intenciones y explicarles la situacin, el oficial al mando les explic que aquella era una patrulla de exploradores que se haba extraviado y que, en realidad las tropas norteamericanas estaban a 40 kilmetros de all. Cuando el CI les inform de que los SS estaban cerca los norteamericanos se marcharon sin entrar en el interior del recinto, prometindonos un regreso rpido con medios blicos suficientes para defendernos. As que quedbamos solos para hacer frente a lo que surgiera...

En el campo la confusin era total. Algunos prisioneros haban asaltado la armera y otros desvalijaban los almacenes de las SS donde estaban almacenados los pocos vveres que quedaban. Afortunadamente tenamos una organizacin a punto y un aparato militar disciplinado. Los miembros del AMI haban permanecido en sus puestos, esperando recibir rdenes de nuestro EM. Los jefes militares fueron convocados para recibir rdenes y en pocos minutos todas las disposiciones necesarias fueron tomadas y ejecutadas. El orden interno fue restablecido y donde antes estaban los SS dando rdenes de exterminio ahora estaba el Estado Mayor Internacional.

La lucha no haba terminado. Combatientes espaoles y soviticos del Mauthausen se enfrentaron a los SS replegados desde Checoslovaquia hacindoles huir tras duros combates. Las tropas de los jefes del Campo, Ziereis y Bachmayer estaban al otro lado del Danubio y se preparaban para atacar el Campo. Para evitarlo haba que tomarles la delantera y evitar que atravesaran el ro por el nico puente intacto, el del ferrocarril. Los combates dirigidos por el EM de Mauthausen, en los que participaron sobre todo soviticos, espaoles y checos, impidieron que los primeros tanques alemanes Tigers pasaran por el puente.

El 6 de mayo, los SS hicieron varios intentos de atravesar el Danubio que fracasaron a pesar de que tenan tanques, caones y ametralladoras. La resistencia del Campo slo tena ametralladoras y Panzerfaust (tubos antitanques) robados al enemigo que usaban por primera vez. La situacin, era crtica y la resistencia no poda durar mucho, por lo que valoraron volar el puente del ferrocarril con los propios explosivos que los nazis haban colocado.

El ataque de los soviticos de la llanura de Ens oblig a las SS a trasladar all parte de sus efectivos y la presin sobre la resistencia se redujo, pero la lucha continuaba. Aquello era una Torre de Babel, donde tenamos que traducir todas las rdenes dadas () Por todos los lados las rdenes de rendirse haban sido dadas a las tropas alemanas y Berln ya haba cado en manos del ejrcito sovitico. Con todo, para nosotros la lucha continuaba Era nuestro destino. Habamos sido los primeros en combatir contra las hordas hitlerianas y estaba escrito que seramos los ltimos en soltar las armas.

Por fin, una columna de tanques americanos hizo su aparicin y la batalla termin.

Un largo periplo les esperaba a los republicanos espaoles hasta llegar a ser acogido por Francia, pero eso ya es otra historia.

Nada tiene que ver este relato con la historia oficial. Es sin embargo, una epopeya dirigida por comunistas espaoles, realizada por quienes decidieron resistir y organizarse contra la desesperacin y la muerte. Es la constatacin histrica de la continuidad de la lucha emprendida en la guerra espaola y que se prolong en suelo europeo contra la Alemania nazi; del empleo de la experiencia organizativa y del combate internacionalista. Del convencimiento de que la derrota del enemigo ms poderoso, es posible siempre que exista la voluntad inquebrantable -como ellos decan- de resistir, y de la capacidad de la organizacin para vencer.

Probablemente sea por eso, por lo que el relato oficial tiene tanto inters en ocultar hazaas como esta. Nos quieren derrotados, impotentes e ignorantes. A nosotros y a nosotras nos corresponde restablecer el hilo rojo de la continuidad histrica de la lucha, no slo para rendirles el merecido homenaje, sino para saber de dnde venimos y quines somos.

Nota: Una parte de esta informacin la obtuve a partir de los testimonios de Toms Martn, hermano de mi madre y representante del Partido Comunista de Espaa en el Comit Internacional de Mauthausen. Mariano Constante y Miguel Malle, le consideraban su hermano.

Escrib un relato biogrfico sobre la dimensin poltica de su vida que lleva por ttulo La voz a ti debida 3. Es una historia particular, pero que lleva impreso el mismo sello de heroismo, de dolor, de firmeza ideolgica y de solidaridad que nos legaron miles demujeres y de hombres de la mejor generacin de nuestra historia.

Notas:

(1) Pauwels, Jacques, R (2000). El mito de la guerra buena. Editorial Hiru

(2) Constante, Mariano (1974). Los aos rojos. Editorial Crculo de Lectores.

(3) Maestro, ngeles (2016) La voz a ti debida. https://redroja.net/index.php/noticias-red-roja/noticias-cercanas/4137-la-voz-a-ti-debida

ngeles Maestro Martn. Red Roja

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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