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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2019

Un futuro para nosotros

Juan-Ramn Capella
mientras tanto


Si me pongo a pensar cules son los problemas ms graves de la sociedad espaola ante todo me salta a la vista la divisin entre los de arriba y los de abajo: la acrecida y desmesurada desigualdad entre los ricos, de un lado, y, de otro, una masa mesocrtica de clase media, clase trabajadora establemente empleada y, ms abajo an, una masa enorme de trabajadores en precario y familias sin recursos, adems del inframundo de los trabajadores inmigrados sin derechos.

Otro problema: la divisin entre dos modelos fuertes de nacionalismo: el espaolista y el catalanista, ambos convertidos en algo parecido a movimientos.

Y un tercer problema, ms grave que el anterior: la necesidad urgente de transitar hacia un sistema econmico sostenible ecolgicamente.

El problema de las desigualdades crecientes apenas ha aparecido directamente en la reciente campaa electoral, cuando se podra esperar que fueran discutidos los principales problemas del pas. Ha aparecido solo indirectamente: las derechas PP y Ciudadanos proponen polticas de reduccin de impuestos y servicios, esto es, ahondar en la divisin; en el centro-izquierda, el Psoe propone en cambio tmidas medidas reformistas, en forma de ayudas al precariado y a los sin recursos, aunque, al igual que Ciudadanos y los partidos de la ultraderecha, ahora PP y Vox, se apunta a una poltica econmica neoliberal reforzada, en consonancia con la de la UE. Hgase el dogma y perezca el mundo.

Todo ha aparecido disfrazado, bajo el epgrafe de la creacin de empleo, bajo el signo comn del crecimiento productivo, y en forma de polticas fiscales. En poca de elecciones no hay libertad de expresin para hablar, por ejemplo, de austeridad.

Podemos y su zona de influencia, lo ms parecido hoy -aunque remotamente- a una izquierda ecosocialista, en la campaa no se ha atrevido a ir ms all de las polticas de paos calientes, aunque llevndolas mucho ms lejos que el Psoe. Cierto que, fuera de campaa, Unidas Podamos es el grupo poltico que ms cerca y ms a favor est de los de abajo. Pero la menos insuficiente versin poltica de la izquierda aparece como poco menos que impotente respecto de una poltica que pretenda atajar realmente la desigualdad. Conoce la verdad de la situacin, casi un callejn sin salida porque una poltica de verdad contraria a la desigualdad exige contraponerse a la que impone la UE. Y no se atreve a contar eso a la ciudadana por temor a perder votos o a alimentar el desaliento de los que se movilizan. (Hay que recordar que la verdad es revolucionaria?)

La verdad verdadera es que la Unin Europea impone polticas econmicas neoliberales que impiden la implantacin de polticas ecosocialistas autnticas. La UE es un consocio de grandes empresarios y capitales que se sobreimpone a los estados, camuflada tras un funcionariado y unas instituciones que no tienen nada que ver con la democracia, sino con lo que llaman gobernanza, esto es, mandar sin control democrtico. A eso ha llegado algo que empez bien, y que no iba demasiado mal hasta Maastricht. Los planteamientos en torno a la salida del euro y quiz de la UE, por lo menos, se deben debatir ante los ciudadanos.

El problema de la divisin social generado por dos nacionalismos que se alimentan recprocamente, el catalanismo independentista y el nacionalismo espaolista, no se ha puesto enteramente al desnudo en la campaa electoral a pesar de ser uno de los temas ms destacados de sta. La americanizacin de la poltica, con sus debates televisivos centrales y su personalizacin en los cabezas de cartel, liliputiza lo que no aparece. Pues bien: media sociedad catalana est enfrentada con la otra media y con el resto de la sociedad espaola. Parece una broma que durante la campaa eso haya contado sobre todo en trminos de aritmtica parlamentaria, como si el problema consistiera principalmente en la formacin de mayoras.

Veamos cmo ambos nacionalismos se han realimentado. Sobre la base de treinta aos de propaganda nacionalista desde las instituciones catalanas, dada tcitamente por buena por los gobiernos del Psoe y del PP que para ser investidos necesitaron los votos de las derechas nacionalistas catalana y vasca, Artur Mas (Convergncia, burguesa catalana) propone un nuevo Estatut que supere al de Sau. Maragall (centro-izquierda, mesocracia nacionalista y no nacionalista), en el gobierno cataln, dice que tal nuevo Estatut lo va a hacer l; y Zapatero (con base social mesocrtica) en el gobierno, proclama imprudentemente que lo que propongan las instituciones catalanas ir a misa. Las instituciones catalanas se pasan: presentan a Catalua como una nacin poltica, lo que implcitamente significa mutar a una relacin federal con el resto de Espaa.

Ahora viene la reaccin: el nacionalismo mesocrtico espaol enmienda a Zapatero y se enfrenta, ya desde el propio Psoe, al proyecto federal implcito en el dibujo estatutario de Maragall. Rajoy, PP, lanza la campaa social de no comprar productos catalanes. Empieza as a dividir socialmente a la poblacin del pas desde la derecha a pesar de que la campaa no llegue muy lejos: los productos catalanes contienen elementos no catalanes y son comercializados por no catalanes. Esa campaa cal por ejemplo en Baeza, por poner un ejemplo, donde vi pregonar a un tendero la siguiente miseria: No compris cava, tenemos sidra!. La divisin mental fue mucho ms lejos y es ms duradera y de ms alcance que la estpida prctica del boicot. De ella vino el A por ellos, ooe!. Extraamente nadie le pide a Rajoy responsabilidades por eso, por dividir al pas. El nacionalismo cataln se escandaliza con razn. El PP recurre incluso el Estatut que el parlamento espaol ha recortado y que los ciudadanos catalanes han aprobado en el referndum con menor participacin de la etapa constitucional: el 33% del censo, lo que es interpretado por unos como desinters ciudadano por los proyectos de la clase poltica y por otros como protesta por la intervencin con las tijeras del parlamento de Espaa; probablemente ambas interpretaciones sean verdaderas y Catalua empiece a dividirse sin apercibirse todava. Para acabarlo de arreglar, un PP hipernacionalista recurre el Estatut ante el Tribunal Constitucional, el cual recorta incomprensiblemente disposiciones idnticas a las que figuran en otros estatutos y reduce la palabra nacin' a trmino de naturaleza cultural y no poltica, derivndola prescriptivamente de las nacionalidades constitucionales.

De modo que ya tenemos en escena a dos nacionalismos claros: el nacionalismo cataln an federalista, y el nacionalismo espaolista, el unitarista que embiste cuando se digna usar de la cabeza.

Quienes han creado el problema son polticos irresponsables. De nacionalismos de distinto signo.

Polticamente, el PP representa el unitarismo y los partidos catalanes el federalismo (incluido el Psc). El Psoe est dividido: su ala derechista es unitarista (Felipe Gonzlez, Bono e tutti quanti) y su ala izquierda es o puede ser federalista.

En lo que sigue los dirigentes del nacionalismo cataln van a echar toda la carne en el asador al objeto de ampliar su base social para pasar del federalismo al independentismo. Sus medios fundamentales han sido: 1) el relato histrico de agravios; 2) el recorte estatal del Estatut; 3) el uso partidista de los medios de comunicacin pblicos y privados que controla; la invencin de un agravio fiscal; 4) cuestiones menores, como el canon de las autopistas; y 5) enmascarar la autodeterminacin con el invento del derecho a decidir.

El relato histrico de agravios tiene dos puntos de apoyo centrales (aunque en una construccin del relato en la que todo vale han podido entrar desde la guerra de las remenses catalana, vista nacionalsticamente en vez de la guerra de clases entre pobres y ricos catalanes que fue, hasta la pura y simple historia-ficcin construida por pseudohistoriadores). Un punto de apoyo para enardecer sentimientos es 1714, el final absurdo de una guerra mantenida por la Generalitat perdidos ya todos sus apoyos y alianzas, y el inicio de la construccin del Estado moderno por Felipe V. Las instituciones catalanes perdieron derechos que siglos antes haban perdido los comuneros de Castilla. Pero gracias a la modernizacin Amrica y dems colonias en seguida se abrieron a ser tambin suyas y no solo del Reino de Castilla, y bien que lo aprovecharon, con la caza y trfico de esclavos y con la produccin esclava, base econmica colonial de la temprana (respecto de la mayor parte de Espaa) industrializacin catalana. Otro punto de friccin histrico con el Estado fueron, avanzado el siglo XIX, las pugnas de los aranceles: los cultivadores cerealcolas castellanos queran un arancel alto para el trigo y bajo para la importacin de productos textiles, mientras que los fabricantes catalanes pretendan lo contrario: un arancel bajo para el trigo, que abaratara el coste de la mano de obra de sus fbricas, y un arancel alto para los textiles ingleses, para volver cautivo el mercado espaol. El Estado no supo instrumentar las demandas industriales, y eso se convirti en regla que perdur a principios del siglo XX, cuando Catalua vivi episodios como la Semana Trgica y la huelga de La Canadiense, y todo se encarrila hacia la violencia durante la monarqua alfonsina; tambin, a finales del XIX y principios del XX, se elaboran materiales culturales nacionalistas, como el himno cataln. El no nos entienden se hizo ya de uso comn entre la burguesa urbana de Catalua. La lengua hizo el resto, aadiendo el no sn com nosaltres (no son como nosotros) aplicado al resto de los espaoles.

El no sn com nosaltres merece reflexin especfica. Gallegos, asturianos, andaluces, etc., podran decir con razn que los dems espaoles no son como ellos. Pues los rasgos culturales locales, las hablas, las cocinas, ciertas tradiciones, etc., son elementos diferenciadores. Lo que cuenta en el caso cataln es que los rasgos locales diferenciadores se hagan valer ms que los identificadores, como son contar todos con una lengua comn (y no cualquier lengua: quinientos millones de hablantes, y una de las ms grandes literaturas del mundo), una espontaneidad histrica comn por ejemplo, ante la invasin napolenica, ante la proclamacin de la Segunda Repblica, contra la represin franquista de las huelgas mineras asturianas, y tambin tradiciones comunes, que las hay y son muy abundantes. Por qu se da ms valor a lo diferenciador?

Est la lengua de gran parte de los catalanes. La lengua ofensivamente reprimida durante el franquismo. La lengua materna es el motor sentimental de la vida humana y la base de la socializacin individual. Cualquier lengua. Tanto la castellana como la catalana. Tanto una lengua grande como una lengua pequea en hablantes. Los hablantes de la lengua grande en hablantes no siempre comprenden que la lengua pequea es para la psique de las personas tan importante como la suya. Y pocos perciben que sobre lenguas y religiones no hay que legislar ms all de determinar en qu lengua o lenguas se expresan las instituciones, dejando en paz y en libertad a las gentes.

Entiendo que la respuesta ltima a la pregunta planteada se ha de buscar en la perpetuamente deficiente institucionalizacin poltica de Espaa, consecuencia solo en parte de diferencias en el mundo productivo. La reaccin anticonstitucional de Fernando VII y posteriormente el carlismo evidenciaron la inexistencia de una burguesa potente en gran parte del territorio espaol (se debe destacar adems el carlismo de ciudades como Olot, Tortosa y Vic, centros de la reaccin catalana). No hubo en Espaa verdadera revolucin burguesa. Desde 1820, en el trienio liberal, la incipiente industria catalana, con dificultades en el mercado americano, trat de superarlas dando impulso al mercado interior de Espaa: necesitaba eliminar impuestos anticuados, obtener aranceles protectores y construir buenas vas de comunicacin y transporte en un pas que no las tena. Top con la oposicin de los grandes productores de vinos de Jerez (ingleses) y otros, que preferan una Espaa agraria. Ms adelante en el XIX la contraposicin entre industriales y agrarios cerealcolas en torno a los aranceles y la incapacidad del Estado para resolverla hizo bastante para que surgiera un catalanismo que tratara de ser tambin interclasista, como todos los nacionalismos fuertes. No tuvo mucho xito ni con los anarquistas ni con alta burguesa de la Lliga catalana. Hoy, sin embargo, Durruti est olvidado, enterrado quin sabe dnde.

Con las libertades y la autonoma entran en juego otros elementos de un relato pro-secesionista: las alegadas (pero no evidentes) infradotacin financiera y sobrecarga fiscal, e incluso se reclama la gratuidad de las autopistas (que en el fondo son de La Caixa), las primeras que se hicieron en Espaa y seguramente ms que amortizadas. Adems, la reclamacin de un derecho a decidir cabe decir que las personas obviamente lo tienen, y que desean tenerlo se reclama para una cuestin no constitucional: como un pseudnimo de la autodeterminacin para aprobar la balcanizacin del pas.

La modernizacin institucional de Espaa ha tenido menos recorrido que su modernizacin productiva y su recuperacin cultural de las heridas del franquismo. Por decirlo todo: la institucionalizacin poltica de Espaa sigue siendo deficiente hoy: porque no ha sido posible liquidar enteramente el franquismo institucional ni el poltico-cultural; porque el sistema de libertades se implant bajo la espada militar. Porque institucionalizar Espaa como una democracia formal acabada exige cambios an hoy, cambios constitucionales en un sentido federal (y otros cambios). Se puede abogar por una unidad indisoluble y al mismo tiempo federal. No es eso lo que tienen Alemania, Suiza o los Estados Unidos?

Se puede coincidir con otras sociedades en una reforma de la UE para tratar de recuperar soberana en materia econmica. Resolver de una vez el problema de la institucionalizacin puede permitir abordar sin violencia el cambio civilizatorio que exige una produccin y un consumo ecolgicamente sostenibles. Queramos o no, por las buenas o a las bravas, habr que imponer decrecimientos en determinados consumos para que pueda haber crecimiento en otros: los de las ciencias y tcnicas de la salud y los que permitan confiar la produccin crecientemente a mquinas automticas y aunque esto es ya otra cosa eventualmente revertir ese cambio en eliminacin de desigualdades.

Abordado el problema ecolgico, tal vez las poblaciones se den cuenta de que si el trabajo lo hacen las mquinas, y con un austero decrecimiento, toda la humanidad podr trabajar potencialmente mucho menos; se dejara as de considerar la informtica como una fuente de jueguecitos y consumos entontecedores para verla aunque repito: esto es ya otra cosa como un instrumento de emancipacin social, si en vez de estar en manos de industrias privadas es objeto de apropiacin institucional y colectiva, estatal e interestatalmente.

Parece nuestro futuro el cuento de la lechera? S, sobre todo porque la cntara puede romperse si no se consigue pronto un cambio constitucional que nos amiste a todos.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-179/notas/un-futuro-para-nosotros



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