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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2019

Las polticas culturales como polticas sociales, una lectura sesenta aos despus
Nunca volvimos a ser los mismos

Mildred de la Torre Molina y Ana Vera Estrada
La Tizza


Casa, familia, educacin primaria: tres mbitos interactuantes en los que se concentra la capacidad de toda sociedad para autorreproducirse o transformarse. En Cuba, dcada del 60, todava antes de que existiera una institucin con el encargo de generar polticas para enriquecer la vida espiritual de todos los cubanos, se manifest la voluntad del Gobierno Revolucionario de dar respuesta a necesidades acumuladas por los sectores mayoritarios.

As, entre las primeras medidas estuvieron: la formalizacin de la propiedad de las viviendas, la rebaja de los alquileres, la nacionalizacin de las escuelas, las opciones de educacin gratuita, la legalizacin de las uniones consensuales, la entrega de tierras a los campesinos y muchas otras que implicaron nuevas perspectivas de socializacin y de vida.

Es preciso insistir en que los cambios fueron bienvenidos por la mayora. Pero las consecuencias que esto podra provocar en las relaciones, en el aplanamiento de las diferencias socio clasistas, en la reestructuracin social y en la experiencia de vida de las personas, eran imprevisibles.

Mucho se ha escrito sobre esas transformaciones. Como se sabe, por razones bien conocidas la historiografa de la Isla ha tendido a detenerse fundamentalmente en los beneficios, y la escrita fuera de Cuba a menudo se ha caracterizado por la posicin contraria, establecindose as un dilogo en blanco y negro que intentaremos matizar, en tanto el hecho de haber sido testigos y actores, ms o menos protagnicos y a tiempo completo de esos tiempos, favorece una perspectiva rica en argumentos para retomar el debate, enfocado hacia la escritura de una nueva historia cultural de la Revolucin.

Lo que vamos a exponer es simplemente una idea de investigacin en vas de gestacin. Quizs se aprecie escasa novedad en ciertas enumeraciones imprescindibles, porque hablaremos de asuntos que han formado parte de la narrativa revolucionaria, muchos de ellos estudiados por competentes colegas.

Sin embargo, an a riesgo de parecer reiterativas, o incluso exageradas, nos proponemos recordar algunos elementos del diseo original de nuestro proyecto social diferente, nacionalista y socialista, desde tres componentes de la cultura entendida como modo de vida: la casa, la educacin y la familia, sin pretensiones de valorar con visin integradora el proceso de transformacin acelerada de la sociedad cubana en la segunda mitad del siglo XX.

Comenzaremos haciendo referencia a la campaa de movilizacin intensa que inaugura la obra emancipadora en el mbito de la educacin: los movimientos de maestros voluntarios (19591961), la campaa de alfabetizacin (1961), los planes de seguimiento. Ellos expresan los valores y grandezas de una epicidad que trajo como correlato el debilitamiento progresivo de los lazos de familia.

Los maestros voluntarios eran estudiantes-maestros que cursaban el bachillerato, tambin obreros, soldados, que se desplazaron de la ciudad al campo, lo cual implic el abandono de las aulas donde an se formaban, y tambin de sus hogares, por un tiempo relativamente largo. Sirvan los ejemplos de numerosos profesionales que an estn entre nosotros para ilustrar otras experiencias de vida asentadas en aquella coyuntura.

Por su parte los brigadistas Conrado Bentez eran en su mayora estudiantes de secundaria y algunos incluso de primaria, que entraron en contacto no siempre amistoso con una vida desconocida, en lugares remotos adonde nunca pensaron llegar. Como adolescentes viviendo a plenitud aquella poca extraordinaria, que llev a los jvenes a lugares apartados de la Isla bajo la vigilancia de sus maestros y lejos de sus padres, tambin estuvimos all.

Los brigadistas Patria o Muerte eran un tanto diferentes. Su compromiso era con la educacin urbana, y las clases se impartan en horarios nocturnos en barrios a veces distantes dentro de la misma ciudad; esta modalidad no exiga cambio temporal de domicilio, lo cual tuvo probablemente menor incidencia en la vida familiar.

Las iniciativas mencionadas implicaron una socializacin diferente de la juventud, contribuyeron a provocar rupturas con las prcticas habituales de relacin familiar, lo cual tuvo como resultado a mediano plazo el desmembramiento de las familias por disolucin de prcticas de vida colectiva a ese nivel, por adquisicin de hbitos ajenos al crculo familiar.

Las becas, las escuelas al campo, las recogidas de caf, de tabaco, frutas, papas, las interminables zafras azucareras, etc., conjuntamente con la intensificacin de las acciones del movimiento obrero, la integracin de las mujeres al trabajo y a la vida pblica, las movilizaciones agrcolas, la extensin de la jornada laboral, fueron los espacios de socializacin alternativa donde se formaran los nuevos ciudadanos, adems de en las casas y las escuelas.

En cuanto a prcticas culturales, el movimiento de aficionados se derram sobre granjas, fbricas y escuelas, produciendo una doble interaccin: por un lado familiariz a las comunidades con ciertas expresiones del arte y la literatura, y por otro, retroaliment a los jvenes de ciudad en contacto con espacios y problemticas ajenas a sus formas de vivir urbanas, lo que dio lugar a que se profundizara el inters y el conocimiento mutuos y contribuy al ensanchamiento del horizonte de las personas, principalmente de las mujeres, anteriormente identificadas con el honor familiar. Es una cifra conocida que, contra toda prediccin, entre 1960 y 1965 ms del 60% de los artistas pertenecientes al movimiento de aficionados eran mujeres.

El filme Retrato de Teresa reproduce imgenes de los primeros tiempos del movimiento de aficionados. Tambin El Brigadista. Recordemos adems la novedosa experiencia del Teatro Escambray, como ejemplo de los tantos emprendimientos artsticos de excelencia que tomaron cuerpo en aquellos aos.

Tal fue, en grandes lneas, el panorama sociocultural de los primeros aos del proceso revolucionario en trminos de casa, familia y educacin. En el vrtice de las transformaciones se encontraba la juventud, actora y espectadora a la vez de una sociabilidad arrolladora, que arrastr a padres, abuelos, hijos y maestros en un torbellino de cambios que slo ahora, sesenta aos despus de haber sido experimentados, proponemos como objeto para una reflexin serena.

Como parte del anecdotario infinito de aquellos tiempos picos, vamos a narrar brevemente un episodio vivido en medio de la crisis de octubre.[1] Todo comenz por unas reuniones de la UJC por lo menos dos una en el teatro Mella y otra en el Quinto distrito, en la Vbora. En esos dos lugares fueron convocados numerosos jvenes para un experimento de sobrevivencia en condiciones difciles. Se pensaba entonces que la Crisis de octubre poda llegar a exterminar la poblacin de la Isla. Precisamente para evitar un exterminio total se invitaba a los presentes a participar en el ejercicio. Los que estuvieran dispuestos a involucrarse tendran el privilegio de demostrar que era posible reproducir la sociedad bajo una guerra nuclear,si lograban sobrevivir en lugares aislados de la civilizacin durante un largo perodo de tiempo. Sus armas seran la prctica de la caza y la pesca, y la reproduccin biolgica.

En un primer momento algunos rechazaron la idea porque deseaban morir como los dems cubanos, al pie del can, como se dice popularmente. Sin embargo, de aquella reunin se derivaron dos grupos que aceptaron viajar a los lugares seleccionados. Uno de ellos fue destinado a la zona de Baracoa, en Oriente, el otro a las montaas del Escambray; por la peligrosidad de este ltimo lugar, considerando la activa lucha contra bandidos desarrollada en la zona, se determin prematuramente abortar la operacin.

No sucedi lo mismo con el grupo de Baracoa, ubicado en una zona muy apartada, de escasa circulacin. El mismo estaba compuesto por unos treinta jvenes, entre muchachos y muchachas, en edades lmite entre 14 y 17 aos, un potencial adecuado para garantizar la reproduccin biolgica a la que se aspiraba.

Pero el clculo fall. Entre septiembre y diciembre de 1962 el grupo vivi a la intemperie, alimentndose de lo que pudiera encontrar en la naturaleza y sin otro contacto humano que no fuera con los propios integrantes del grupo; lo que sucedi en esas condiciones fue que nunca se manifest la supuesta sexualidad desbocada propia de esas edades, porque los protagonistas de la epopeya apenas podan cumplir con la misin de mantenerse vivos. Entre las lomas cercanas a La Farola, vigilando los caminos de montaa por donde de tiempo en tiempo se vea pasar en la distancia algn arriero con su arria de mulos, ninguno de ellos logr hacerse ver mientras agitaba al aire una pieza de ropa. Una imagen agridulce embellece y acompaa el relato de la aventura al mencionar que all aprendieron a tocar las nubes y el arcoiris, mientras abajo, en el Paso de los Vientos, barquitos atestados de haitianos zozobraban en el intento de llegar a las costas cubanas para seguir viaje a los Estados Unidos.

Un da, inesperadamente, tropezaron con un soldado rebelde que quiso saber quines eran, y despus de escuchar la respuesta decidi que en realidad eran unos infiltrados buscando el modo de penetrar clandestinamente en el pas, por lo cual los declar prisioneros. Los condujeron entonces a Baracoa, la ciudad ms cercana, donde despus de hacer contacto con las autoridades pertinentes y quedar demostrada su inocencia, los esmirriados y empobrecidos patriotas pudieron comprobar, para su gran asombro, que ninguna guerra nuclear haba tenido lugar, que todo continuaba en su sitio y que, por el contrario, en lugar de salvadores hubieran podido ser las nicas vctimas verdaderas de la crisis de los misiles. El viaje por tren caero de regreso a la capital y el esperado reencuentro con las familias respectivas, fue el final feliz de aquella singular aventura, de la cual pueden ofrecer testimonio otras personas como la Dra. Angelina Rojas, historiadora especializada en el movimiento comunista cubano.

Para entonces el diferendo entre Iglesia y Estado haba contribuido a desagregar an ms a las familias, y la polarizacin poltica al interior de las mismas estaba en su apogeo. Fue un momento de xodo masivo de la burguesa, cuando se produce la Operacin Peter Pan, la principal accin de la Iglesia catlica destinada a profundizar el desmembramiento familiar y por lo tanto, social. En medio de la gran emigracin de la burguesa y la capa profesional, se incentivaron las milicias revolucionarias y las guardias obreras y comenzaron las misiones internacionalistas: de mdicos para Argelia, de militares a Nicaragua, Venezuela, Repblica Dominicana.

Apareci entonces el plan de formacin de maestros Makarenko, que agrup a mujeres jvenes, formadas de acuerdo a un rgimen escolar dogmtico, rgido, que llegaron a ser el azote de muchas de nuestras compaeras de generacin.

Tambin el plan de becas, destinado a continuar la preparacin de quienes con bajo nivel de escolarizacin, nos habamos incorporado a las brigadas Conrado Bentez y a los dems planes de educacin masiva. Aos despus hubo becas para estudiar en los pases socialistas: Checoslovaquia, Hungra, Alemania, Unin Sovitica, con las que muchos resultamos favorecidos. Todas esas iniciativas y acciones contribuyeron a la homogeneizacin, consecuencia y no propsito poltico. poca de igualdad que muchos echan de menos como expresin de los aos felices de la euforia revolucionaria.

Fueron cambios necesarios?
Podan haberse implementado las polticas de otramanera?
Ms lentamente?

El diferendo con los Estados Unidos represent un factor de gran impacto en la radicalizacin poltica de la sociedad cubana y de las polticas de gobierno. Nos proponemos estudiar todo esto y tambin su repercusin en el devenir colectivo. Debatir los procesos que introdujeron modificaciones radicales en la vida de los cubanos permitir llegar a conclusiones culturalmente mejor fundamentadas, menos contaminadas por el discurso poltico de barricada.

Lo que caracteriz las polticas sociales y culturales de los sesenta fue la masificacin, la voluntad de todos de participar en todo, de disfrutar al mximo la vida propia y tambin la dimensin social de los cambios.

En el campo institucional de la cultura hubo continuidades ms o menos estudiadas: las ferias del libro, la estatalizacin de la enseanza, la compaa de ballet, algunos grupos de teatro (Guiol, Teatro Estudio, Teatro Universitario), las salas de teatro universitario (Prometeo, Tespis, Las Mscaras); el departamento de cultura del Ministerio de Educacin de la poca batistiana, antecedi al consejo nacional de cultura. Hubo, sobre todo muchas rupturas. La Casa de las Amricas, el ICAIC, el Teatro Nacional, avalan este criterio.

Las polticas culturales se pensaron como rebelin contra el pasado elitista y burgus. Ese pasado ignominioso, como dira el amigo Eusebio Leal, con un trmino que invoca la apasionada necesidad del cambio. Era una rebelin desde la pasin revolucionaria y la euforia juvenil contra la burguesa y sus exclusiones, contra la segmentacin en clases; que aspiraba a la emancipacin. Todos cambiamos porque nos socializamos de otra manera, porque nos opusimos a veces con excesivo encono contra el egosmo, calificado de burgus. Por fin los cubanos pudimos mirar ms all de nosotros mismos y esto tuvo un gran significado moral. La irreverencia fue la palabra que marc el espritu de la poca, con la multiplicacin de la vida individual, replicada en los otros.

Desde aquellos primeros tiempos la sociedad socialista fue un producto crecientemente desagregado en lo personal y familiar aunque cohesionado y suficiente en lo colectivo. Fue un proyecto innovador, disfuncional en su prisa, y avasallador en sus principios, que proclam el abandono de los valores burgueses a riesgo de quedar expuesto a la indigencia de ciertos valores improvisados.

Es posible regresar a los valores de la familia tradicional?
Por qu recuperar los antiguos rituales, el matrimonio de aparato, las fiestas de quince, las comidas dedomingo?
Es eso lo que deseamos? Y en esa recuperacin nostlgica de los valores del pasado volveremos a imitar el modelo norteamericano? Vestiremos todos con la banderita de las muchas estrellas?

Es bueno relacionar estas preguntas con el valor de la moneda, antes de abordar el tema de a cul esquema familiar apelar para lograr una plena integracin de madres y padres a la vida de los nios en las escuelas. Seamos realistas y recordemos con cuntos sacrificios se hacen los trabajos y las fiestas escolares. Y dnde y cmo los padres buscan a veces a costa de sus vidas las soluciones a sus problemas cotidianos.

Acaso podemos invocar ingenuamente un modelo armnico de familia cubana al que habra que regresar? De qu estamos hablando cuando de familia se trata, o nos aqueja una amnesia de sociedad envejecida que ha olvidado que en aquel pasado idealizado la familia era todo menos la representacin de un idealsocial?

Pero volvamos al presente para reflexionar sobre qu merienda llevan los nios a la primaria? Con qu compran los padres y madres los zapatos para que sus hijos se parezcan a los de las familias de mejores ingresos?

Dejemos ya las preguntas. La familia es un pequeo grupo de personas relacionadas entre s por lazos de consanguinidad o afinidad, que se dan en el tiempo y el espacio, en plena interaccin con las fuerzas sociales vigentes en el entorno inmediato y mediato. Hablemos entonces, mejor que de modelo de familia, de la funcin educativa, del rol exitoso en la formacin de las nuevas generaciones. Y en este aspecto tampoco la familia y la sociedad son ajenas a las tensiones en que se desenvuelven las vidas particulares, y a los proyectos de futuro que desde el imaginario de las personas, se disea.

Para concluir. Los cubanos reaccionamos violentamente contra la segregacin, avanzamos hacia una sociedad igualitaria que vivi numerosos sinsabores y en medio de ellos logr construir este presente autnomo que es el nuestro, donde asoma hoy una nueva etapa de estratificacin. Lo han advertido y anunciado quienes desde hace aos se dedican a estudiar el nunca complaciente tema de la estructura social.

Las actuales polticas sociales y culturales aspiran a recomponer la sociedad y sus falencias tomando como base a la familia. Se predica la necesidad de un cambio en la actitud de las personas hacia lo colectivo. Se insiste en la recuperacin de los valores familiares: el buen decir, el respeto a los mayores, el cuidado de la propiedad social, el amor a la naturaleza y los animales, la cordialidad, la decencia, la cultura del detalle, como dice nuestro presidente. Y como vehculo idneo para transmitir cultura, el hbito de la lectura En una coyuntura mundial en que la pgina impresa compite en desventaja con los mltiples contenidos invasivos que las numerosas pantallas de nuestras vidas imponen en nuestras casas (el telfono, el televisor, la computadora, la tableta); vidas sometidas a una descontrolada contaminacin sonora cuyas regulaciones parecen broma a quienes las transgreden.

Ante esto, qu pueden hacer las instituciones culturales para vencer esa instruccin sin cultura que imparten las escuelas, para devolver la cordura a una sociedad enajenada, que vive a ritmo de reguetn, para reforzar el sentido de pertenencia, acotar la fuga incesante de profesionales en busca de un horizonte econmico ms placentero, devolver a la gente el deseo de construir un proyecto para todos?

Hace pocos das una jovencita preguntaba en Bogot, despus de haber escuchado atentamente por ms de dos horas una disertacin sobre la historia oral en Cuba que, por fin, para los jvenes qu cosa es mejor: vivir en el socialismo o vivir en el capitalismo?

La mirada intencional precedi a la respuesta y nada de esto le pas inadvertido. La respuesta era obvia: mirndolo a corto plazo y con visin estrecha, hubiera sido mucho ms placentero para la burguesa y la pequea burguesa continuar disfrutando de las comodidades materiales que embellecan su vida, sin pensar en todos aquellos que nunca iban a llegar a esos beneficios; slo que muchos jvenes de nuestra generacin no pensamos en el placer del momento, sino en el futuro y por ese sueo estuvimos dispuestos a sacrificar parte del presente de aquel momento, convencidos de que as crearamos un mundo mejor para nuestros hijos y nietos.

No sabamos entonces que una sociedad mejor no se construye en el corto plazo, ni en el espacio de una, de dos, ni de tres generaciones. Esta ser el resultado de un esfuerzo sostenido, contradictorio, el final de un camino lleno de obstculos donde adems de nuestras propias insuficiencias est siempre el diferendo con los Estados Unidos, ejerciendo una influencia que va en contra de nuestra voluntad y de nuestros proyectos de autoconstruccin colectiva.

Nota:

[1] Relato de una experiencia personal de Mildred de la Torre, reproducido por la coautora.

Fuente: http://medium.com/la-tiza/nunca-volvimos-a-ser-los-mismos-c57b19fac9c8

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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