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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2019

Medios masivos de comunicacin en Colombia
Ocultan la paz, posicionan la guerra

Lara Gil y Blanca Luca Valencia Molina
Pueblos


Colombia se ha dispuesto, en medio de muchas contradicciones, a buscar una salida poltica a un conflicto social y armado que lleva ms de cincuenta aos.

Dichos esfuerzos concluyeron en la firma del Acuerdo Final para la Terminacin del Conflicto y la Construccin de Paz Estable y Duradera con la guerrilla de las FARC-EP, el cual se encuentra en fase de implementacin[1] y atraviesa una importante crisis por la falta de cumplimiento del Gobierno con lo acordado. Mientras tanto, el 30 de marzo de 2016 se hizo pblico el inicio de negociaciones entre el Gobierno y el Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN) en la ciudad de Caracas[2].

El 7 de febrero de 2017, el Gobierno de Colombia y el ELN dieron apertura oficial a los dilogos de paz con el fin de subscribir un Acuerdo Final para terminar el conflicto armado y acordar las transformaciones sociales que necesita el pas. Este proceso se est llevando a cabo en La Habana, Cuba, y se encuentra en una profunda crisis debido al cambio de Gobierno, a los intereses encontrados de ambas partes y a la falta de confianza fruto de los incumplimientos del Acuerdo con FARC-EP.

La complejidad del conflicto colombiano, su larga duracin en el tiempo y la aparente apuesta por introducir en el proceso elementos para construir una nueva Colombia ms all de la violencia, como el componente de gnero o el indgena, han hecho que se hayan puesto todas las miradas en el proceso. De hecho, el Acuerdo, su implementacin y el dilogo con el ELN no sera posible sin la intervencin de la ONU y las Agencias Internacionales de Cooperacin de ciertos paises como Noruega, Inglaterra, Canad y por supuesto EEUU.

Los ros de tinta

La posibilidad de dar fin al conflicto armado ms largo de la hisotria ha generado cientos y cientos de artculos, reportajes, libros y noticas. A pesar de ello, la mayora de la gente en Colombia desconoce cmo se ha dado el proceso y cules fueron los acuerdos a los que llegaron el Gobierno de Santos y las FARC-EP. Tampoco hay suficiente informacin veraz sobre la negociacin que se adelanta actualmente con el ELN, sobre el traslado de la Mesa de Quito a la Habana y sobre la parlisis que mantiene el Gobierno de Duque.

Destaca, igualmente, la manipulacin que los medios hacen sobre el movimiento social y el trabajo de las personas defensoras de derechos en los territorios, a quienes se retrata, salvo contadas excepciones, vinculadas a la guerrilla o el narcotrfico como parte de una estrategia estatal por criminalizar y perseguir al movimiento social.

Adems, sucede que las organizaciones sociales y el movimiento social se ha entregado, en general, para lograr que el proceso vaya hacia adelante. La gran mayora de la izquierda ha unido las pocas fuerzas que le quedaban para que el s triunfe y que al fin la paz sea un objetivo posible. Respecto a esto, los medios tampoco han estado a la altura de la implicacin, ni han sido justos con sus vctimas, y han mantenido una postura estatalista que invisibiliza los logros del movimiento y criminaliza los procesos de defensa de la tierra y los bienes naturales. Otra vez se demuestra que en Colombia los medios siempre han estado al servicio de las grandes empresas multinacionales y de la institucionalidad.

Del esqueleto de los medios

La arquitectura de los medios colombianos obedece a intereses claros por mantener la estructura capitalista de extractivismo y expolio de la tierra. No podemos olvidar que los principales peridicos del pas pertenecen a algunos de los hombres ms ricos de Amrica Latina. Uno de ellos es el colombiano Luis Carlos Sarmiento Angulo, que en 2012 cerr la compra del 55 por ciento de la Casa Editorial El Tiempo. Es dueo del Grupo Aval, que tiene un 30 por ciento en la participacin del mercado financiero colombiano[3].

Esta no es una cuestin menor, ya que las races del conflicto en Colombia se encuentran en el uso de la tierra, en el control de los recursos y en un capitalismo devastador que despoja a la poblacin campesina, indgena y afrodescendiente de sus tierras en beneficio de las multinacionales y los grandes empresarios. En este proceso, lo que se est jugando en Colombia no es el cese de la guerra, sino la construccin de un nuevo pais, es la posibilidad de abrir dilogos sobre el modelo productivo, comercial, poltico y social. Sin embargo, el debate meditico sobre la paz se ha centrado en el cese de la violencia, priorizandose temas como el desarme y la reinsercin, y dejando de lado las cuestiones relativas al reparto de la tierra, la incorporacin de enfoques diferenciales, la erradicacin de la violencia hacia las mujeres o el uso y explotacin de recursos.

En este contexto, se hace necesario que los medios abran estos debates, promuevan la reflexin ciudadana y dejen espacio al movimiento social para expresar sus esfuerzos y luchas. Desde el inicio del proceso de paz se ha tratado de asegurar la participacin de la poblacin en los acuerdos y muchas organizaciones lo han dado todo para conseguirlo, jugndose demasiado en el camino. Pero esta apuesta por involucrar a las organizaciones en el proceso de paz no ha contado con un apoyo firme en las calles, lo que, en parte, se debe a que a los medios les ha faltado profundidad y han fomentado una narrativa de guerra marcada por el miedo, el abuso de las imgenes de violencia y la confusin respecto a las responsabilidades de los diferentes actores en el conflicto. Este lenguaje sensacionalista y amarillista aumenta el miedo y perpeta la cultura de la guerra que lleva dcadas arraigada en colombianos y colombianas.

A pesar de ello, hay esfuerzos dentro de algunos medios, como el diario El Espectador, que ha dedicado espacios para profundizar en las historias de la gente que vive el conflicto en lo cotidiano. Tambin hay una pequea red de medios alternativos que se esfuerzan por mostrar otras historias del conflicto y denunciar los incumplimientos por parte del Gobierno, as como por dignificar el trabajo de las personas defensoras de derechos humanos que estn jugndose la vida por la paz. Sin embargo, estos pequeos medios no pueden competir con el alcance de los grandes y se mueven en crculos reducidos.

Tras los ltimos resultados electorales, con el triunfo del ya presidente Ivn Duque, se presenta un futuro complicado para las organizaciones sociales y las personas defensoras de derechos. Las propuestas de Duque indican que la defensa de la tierra frente a las multinacionales se va a hacer cada vez mas necesaria, pero tambin mas peligrosa. Tambin peligran los derechos conseguidos por la comunidad LGBTIQ, la incorporacin del enfoque de gnero y la cuestin afro e indgena.

Para este Gobierno, no son prioridades. De hecho, desde el triunfo en las elecciones hasta hoy, el nmero de lderes y lideresas asesinadas se ha disparado, llegando a 397 agresiones individuales contra defensores y defensoras de derechos humanos desde que se firm el Acuerdo de Paz[4], y las amenazas de nuevos (y no tan nuevos) grupos armados se extienden por el pas. Lograr no destruir lo conseguido y seguir construyendo la paz es una responsabilidad en la que los medios tienen mucho que decir. Est de su mano posicionarse del lado de la gente que sufre las consecuencias del conflicto y trata de vivir dignamente en el campo, o seguir el juego al Gobierno y el capital generando articulando un entramado de persecucin y manipulacin para acabar con la izquierda colombiana.


*Lara Gil Mens y Blanca Luca Valencia Molina trabajan con Paz con Dignidad en Colombia en la defensa de los derechos humanos.

Artculo publicado en el n 78 de Pueblos Revista de Informacin y Debate, Hasta siempre!, tercer cuatrimestre de 2018.

Notas

[1] Acuerdo Final, 24/11/2016.

[2] Agenda de Negociaciones entre el Gobierno de Colombia y el Ejrcito de Liberacin Nacional.

[3] Luis Carlos Sarmiento ya controla El Tiempo, artculo publicado el 19/04/2012 en www.dinero.com.

[4] Bogot D.C., 24 de septiembre de 2018. Comunicaciones del Programa Somos Defensores.



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