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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2019

Un relato de la primera travesa de la Comisin de la Verdad por este municipio del suroriente de Meta
Ni una gota de sangre en Mapiripn fue casualidad, dicen lderes comunales

Comisin de la Verdad
Prensa Rural


Llegaron a la 1 de la tarde del 4 de mayo de 1998. Entraron en volquetas, camiones y camionetas lujosas. Iban acompaados de los que se decan legales. Eran casi 200 hombres, pero en un casero tan pequeo como Puerto Alvira parecan mil, cuenta Carmen*, una campesina de la zona. Le disparaban al que se les atravesara por el camino y al que quedara medio vivo le pasaban las llantas de las volquetas por la cabeza para rematarlo. Algunos estaban de botas y camuflado; otros estaban de civil, pero encapuchados. Entraron gritando, dando rdenes, escupindole en la cara y disparndole a los pies al que se atreviera a mirarlos a los ojos. Sacaron a la gente de sus casas. La llevaron a la pista de aterrizaje de las avionetas y a la cancha de ftbol. All la organizaron en filas. Hicieron formar hasta a los bebs. Sacaron una lista. Las siguientes personas, un paso al frente. Gritaron los nombres y los apellidos de 29 campesinos. A esos 29 los amarraron. A unos los degollaron y a los dems los llevaron al pie del puerto, donde estaban los surtidores de gasolina. Le dispararon a uno de los tanques. La gasolina se derram sobre las vctimas, que estaban heridas pero vivas. Les prendieron fuego. Sus cuerpos ardieron toda la tarde. Los finados quedaron pequeitos de lo chamuscados y oliendo a un olor que a uno no se le borra jams, dice Carmen, quien sobrevivi y lo vio todo. Lo que los paramilitares hicieron en Mapiripn en cinco das, aqu, en Puerto Alvira, lo hicieron en cinco horas, cuenta.

La ruta del terror

La masacre de Puerto Alvira, un casero ubicado en el suroriente de Meta, a orillas del ro Guaviare, fue una de las matanzas que paramilitares perpetraron en un recorrido del terror que inici diez meses atrs en el casco urbano de Mapiripn y que se extendi por varias veredas, inspecciones y caseros.

Las comunidades de estos pueblos soportaron todas las crueldades posibles. Fueron prcticamente exterminadas. En algunos lugares no quedaron sino las ruinas de las casas incendiadas, pero sus historias de dolor quedaron eclipsadas por la masacre de Mapiripn de julio de 1997, que solo fue un captulo de la poltica de exterminio que vivimos en el sur de Meta, dice Juan, defensor de derechos humanos.

En una travesa de varios das, un equipo de la Comisin de la Verdad recorri las trochas y las sabanas que a finales de los noventa se convirtieron en rutas de dolor y muerte y que, desde entonces, han sido escenario de masacres, torturas, asesinatos selectivos, despojos de tierras, desplazamientos y desapariciones forzadas.

La Comisin estuvo en Mapiripn y en otros cuatro caseros de la zona, donde escuch los relatos de algunos de los pobladores que decidieron regresar a sus casas despus de aos de destierro. An parecen pueblos fantasmas: casas abandonadas, techos pudrindose, escuelas y centros de salud en ruinas, paredes perforadas por balas, calles y patios destruidos por bombas y cilindros, locales ahogados en maleza. Y en esa desolacin, 10 o 20 familias que volvieron, sin ninguna garanta, para reclamar las tierras que les quitaron cuando los obligaron a irse.

No somos efectos colaterales

Al pas le contaron por televisin que vinieron a matarnos por guerrilleros, por raspachines y por cocaleros; le dijeron que merecamos morir, que ramos una plaga. As justificaron la muerte de mucha gente inocente. Lo que a nadie le han contado es que ni una pizca del horror que vivimos fue chiripa; que cada tortura y cada masacre tenan un propsito concreto: sacarnos de nuestras tierras para drselas a otros, dice Francisco, un lder comunal de la regin.

Si de algo sirve desenterrar la verdad anota Francisco es para que la gente entienda que en este conflicto nada ha sido casualidad y que ni un solo campesino torturado, desaparecido o asesinado fue un efecto colateral, anota el lder.

No fueron casualidad los asesinatos de 50 campesinos en el matadero municipal de Mapiripn, donde los torturaron, los castraron y los degollaron para luego botarlos al ro Guaviare. Tampoco lo fue la primera matanza de la inspeccin de La Cooperativa, que fue simultnea a la de Mapiripn. No les bast con matarlos. Tambin los despedazaron y les dieron de comer a los perros los cuerpos desmembrados de sus vctimas, dice una sobreviviente de ese casero.

No fueron efectos colaterales las personas que murieron en la masacre de Puerto Siare las botaron en canecas y en lonas con arena para incinerarlas, ni lo fueron los campesinos sobrevivientes a los que los obligaron a cargar los cadveres de sus propios vecinos para botarlos, con el estmago lleno de piedras, en el ro Meta.

No fueron casualidad las masacres de Tillav, del Mieln, del Pororio, de Guacamayas y del Rincn del Indio, a donde los masacradores llegaban, mataban, se iban y volvan para seguir matando. No quemaron todas las casas del Anzuelo porque s, ni cerraron por azar las trochas que conectaban todas las veredas con el centro poblado de Mapiripn. Andar por cualquier camino era una pena de muerte. Hubo una poca en la que ningn civil poda entrar al casco urbano y las remesas solo llegaban, por ro, desde Venezuela, cuenta un campesino de la regin.

No fue casualidad que hayan tomado el control casi absoluto del Danubio, Santa Helena, San Antonio, El Alto del guila, Merecure y otras veredas para fundar grandes haciendas. O me firma la escritura de la finca o lo mato, me dice dnde est el enemigo o lo pico a pedazos, se largan a otra parte o se van para la fosa, les decan.

Lo lograron. Aterrorizaron a las comunidades. Los que no murieron, huyeron. Vaciaron veredas y caseros. Despojaron fincas campesinas enteras. Se quedaron con buena parte de las tierras de los indgenas y, al final, a esas tierras les aparecieron nuevos dueos.

Tenemos muchas preguntas

Veinte aos despus del horror dice Francisco, estas tierras, vaciadas de comunidades, estn forradas en palma. Hace poco llegaron unos seores a explorarlas. Dicen que todo el tiempo vivimos encima de miles de pozos de petrleo y que no nos dimos cuenta. En los peridicos anuncian que esta tierra es apta para grandes industrias, que en buena parte de Mapiripn se consolidar el futuro agroindustrial y petrolero de Colombia.

Vivir de suposiciones cansa seala Francisco. Los sobrevivientes solo queremos la verdad y tenemos muchas preguntas: Qu tiene ver lo que nos pas hace 20 aos con lo que nos pasa ahora? A quin le reclamamos las tierras que nos quitaron? Para consolidar qu cosas nos queran tan lejos, tan asustados, tan desaparecidos, tan muertos?


Fuente original: https://prensarural.org/spip/spip.php?article24318



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