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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2019

Un miedo desconocido: el Japn triste de posguerra

Higinio Polo
El Viejo Topo


Hiroshima, mon amour, el primer largometraje de Alain Resnais, que rod basndose en el libro de Marguerite Duras, contiene un conmovedor dilogo de los protagonistas, l y ella:

Qu era para ti Hiroshima?

El final de la guerra. El inicio de un miedo desconocido.

As se inici la posguerra en Japn, con la poblacin atenazada por un miedo desconocido. Tras el horror atmico, Hirohito anunci la capitulacin el 15 de agosto de 1945 con su Gyokuon-hōsō, y el 2 de septiembre sus ministros firmaban la rendicin en el acorazado Missouri, anclado en la baha de Tokio. El 27 del mismo mes, el emperador acudi a la embajada estadounidense en la capital para ser recibido por MacArthur: en medio de una ciudad devastada por las bombas norteamericanas, el tennō, soberano del cielo, asuma la humillacin e inauguraba un tiempo nuevo anclado en el miedo, donde nada seguira siendo igual.

Japn haba abierto sus puertas al mundo forzada por los caones de Matthew C. Perry en 1854; pocos aos despus, la era Meiji iniciaba la modernizacin del pas, sin saber que comenzaba tambin un largo perodo que estara presidido siempre por la amenaza de las tropas norteamericanas. La tradicin nipona exaltaba el pasado, lleno de glorias, como en cualquier pas, pero le aada una rectitud y una devocin por el emperador que explica la decisin con que muchos japoneses caminaron hacia el sacrificio durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde la guerra contra Rusia, que cierra con la victoria en 1905, Japn se sumerge en una expansin imperialista que culmina en la invasin de la Manchuria china en 1931, con el ataque a la Indochina colonial francesa durante la guerra de Hitler, y en la comisin de crmenes de guerra por el ejrcito y el Kempeitai (la Gestapo japonesa) que costara la vida a ms de veinte millones de chinos, con episodios como la matanza de Nankn donde los militares japoneses asesinaron en una orga de sangre a doscientas mil personas, o la masacre de Changjiao, donde los soldados violaron y asesinaron en cuatro das a treinta mil mujeres, hombres y nios. Japn actu de la misma forma en el sudeste asitico, causando varios millones de muertos ms, con matanzas escalofriantes como la de Manila en 1945; esclavizando a millones de personas, secuestrando durante la guerra, en sus casas, a decenas de miles de mujeres jvenes a quienes forzaban despus a la prostitucin en los acuartelamientos de su ejrcito.

La primera incursin norteamericana contra Japn fue la operacin Doolittle, dirigida por el general que le dio nombre, bombardeando Tokio y Yokohama en abril de 1942. En su carrera hacia el archipilago nipn, los estadounidenses llegaron desde Midway, cargando recuerdos picos e imgenes rodadas por John Ford, el tuerto falsario que se cambiaba de ojo el parche de pirata. La guerra fue cruel, y los soldados japoneses hicieron gala de ella. Tambin los norteamericanos: el almirante William Halsey y el vicealmirante Robert Carney se vanagloriaban de haber hundido buques-hospital japoneses, y no eran los nicos. La ferocidad de los bombardeos norteamericanos (atmicos en Hiroshima y Nagasaki, pero igualmente devastadores en centenares de ciudades que sufrieron las bombas convencionales) dej un pas exhausto, asolado. Millones de casas fueron destruidas. Dos millones de soldados, en la guerra, y un milln de civiles (sobre todo, por los bombardeos estadounidenses indiscriminados de las ciudades), murieron. Cuando Hirohito anuncia la rendicin de Japn, millones de japoneses lloran en silencio: nunca haban escuchado su voz, y era el soberano del Cielo. Con un mal entendido sentido del deber y el sacrificio, de la veneracin al emperador, los japoneses se haban dejado arrastrar por el fascismo y el militarismo nipn, por la retrica patritica del martirio que se haba apoderado de muchos rasgos de la cultura popular, incluso de la belleza de la sakura, los cerezos que florecen en primavera enseando la vida efmera, y que se haba fortalecido en el pasado en un afn de pureza que iba acompaado con frecuencia de una ambicin imperialista que pretenda extender el poder nipn por Asia, y que exaltaba lo japons ignorando la evidente herencia china en muchas de las manifestaciones culturales y religiosas del imperio del sol naciente.

MacArthur lleg a la baha de Tokio con su avin Bataan a finales de agosto de 1945, y se puso a organizar la ocupacin del pas. Los delirios y las decisiones del general, convencido de que Dios le haba encargado su misin, se organizaron desde el edificio Dai-Ichi Seimei, junto al foso que rodea al palacio imperial: all estaba el SCAP que rigi el pas y encubri los crmenes de guerra de todos los miembros de la familia imperial. Cuando termina la guerra, la industria japonesa apenas produca el quince por ciento de su capacidad anterior. Carreteras y vas frreas estaban destruidas, centenares de ciudades se hallaban convertidas en montaas de escombros, donde reinaba el hambre y la desolacin, y grupos de nios abandonados moran de hambre. El pas viva horrorizado el recuerdo de la devastacin atmica, que se haca presente con los hibakushas, los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki, que tuvieron que soportar la desgracia aadida del olvido del gobierno.

El hambre, la miseria, la vida entre las ruinas, es el escenario de los primeros aos, acompaado por la humillacin de la derrota, de la resignacin ante el desastre y la amargura ante la ocupacin norteamericana que crea centenares de bases e instalaciones militares e impone la constitucin de 1947. Ms de diez millones de personas pierden sus casas, y se vern obligadas a vivir en las calles, entre las ruinas, o alojadas por familiares, en un escenario dantesco donde se suceden los crmenes y los saqueos, y donde la prostitucin alcanz dimensiones inimaginables. El rechazo de la poblacin japonesa hacia el ejrcito derrotado, responsable de la mayor hecatombe de su historia, fue abrumador, hasta el punto de que los ocupantes norteamericanos tuvieron que proteger a los militares nipones.

Millones de personas se encontraban sin trabajo, con los precios desbocados, prisioneros de la corrupcin de militares que tenan a su cargo los depsitos de alimentos; soportando el mercado negro de los pcaros que se enriquecieron con el sufrimiento, viviendo en el dantesco paisaje de los mutilados, de los heridos por los bombardeos que arrastraban sus llagas, de los hibakushas, de los suicidios de muchos japoneses que se sentan abandonados. En esa sociedad abatida, la actividad de MacArthur se centra en los jefes militares nipones: se juzgar a Hideki Tōjō, Heitarō Kimura (el carnicero de Birmania); al general Kenji Doihara; al ministro de la Guerra, Sadao Araki; al ministro de Exteriores Yōsuke Matsuoka; al general Seishirō Itagaki, que haba sembrado el terror en China; al ministro Mamoru Shigemitsu, que junto al general Yoshijirō Umezu firm en el Missouri, en 1945, la rendicin incondicional de Japn.

Los Procesos de Tokio culminaron con siete penas de muerte y diecisis condenas a cadena perpetua, aunque unos setecientos militares fueron ejecutados al margen del Nremberg tokiota. Hirohito fue respetado y defendido por las tropas de ocupacin, hasta el punto de que MacArthur orden ocultar pruebas, se neg a que el emperador fuera interrogado o que testificara en el juicio, y el gobierno militar norteamericano le otorg incluso inmunidad, pese a su evidente responsabilidad en la comisin de crmenes de guerra y su conocimiento y aprobacin de las matanzas cometidas en Nankn o en Shanghi, as como su consentimiento de los criminales experimentos biolgicos de la siniestra Unidad 731. Despus, MacArthur colaborar en la construccin de la mentira de un Hirohito ajeno a la guerra, emperador ceremonial, casi pacifista, ocultando su papel como eje del nacionalismo nipn en los aos previos a la guerra. No fue el nico afortunado: Mamoru Shigemitsu volvi a ser ministro de Exteriores y viceprimer ministro en 1954. El castigo alcanz tambin a los zaibatsu, los conglomerados industriales cmplices del fascismo japons, los Mitsubishi, Sumitomo, Mitsui, Yasuda.

Varios aos despus del lanzamiento de las bombas atmicas, todava los nios se protegan de la lluvia radiactiva, la lluvia negra de la novela de Masuji Ibuse, con sencillos paraguas. El emperador pag gustoso su deuda, y se convirti en un cmplice ms de la planificacin anticomunista de Washington, mientras la doctrina Yoshida impregn la vida del pas, acatando todos sus gobiernos la dependencia de Estados Unidos, hasta el punto de que la negativa formal del gobierno de Eisaku Satō (el artfice del llamado milagro japons) a poseer, producir o permitir la introduccin de armas nucleares en Japn, fue rota en 1969 con la firma de un pacto secreto con Estados Unidos que permita al Pentgono almacenar armas nucleares en Okinawa. En 1965, el portaaviones norteamericano USS Ticonderoga perdi una bomba atmica de hidrgeno, a poco ms de cien kilmetros de la costa japonesa. Estados Unidos lleg a tener ms de mil doscientas armas nucleares en Okinawa, en su base de Kadena. Mientras, el pas se desarrollaba impulsando una economa capitalista que iba de la mano de la occidentalizacin de las formas de vida, severamente criticada por sectores de la derecha y que conviva con el rechazo de las influencias exteriores, cuyo modelo de accin y sacrificio sera protagonizado por Yukio Mishima, ya en 1970, con su intento de golpe de estado (apoyado slo por un comando de tres personas!) y su posterior suicidio.

En esa dura posguerra estallan numerosas huelgas, pero MacArthur se apresura a poner orden, a prohibir la huelga general convocada en diciembre de 1947. Washington afirmaba defender la libertad frente al militarismo japons de preguerra, pero estaba interesado, sobre todo, en implantar la versin nipona del capitalismo liberal norteamericano, mientras persigue a los comunistas japoneses, cuyo partido haba sido ilegal desde su fundacin, aunque MacArthur permite que se presenten a las elecciones: pese a los sabotajes que padece, el Partido Comunista Japons conseguir tres millones de votos en 1949. En la persecucin a los comunistas, MacArthur se apoy en los mismos sectores que haban sido juzgados en los Procesos de Tokio. Que pudieran presentarse a las elecciones del nuevo orden liberal, no implicaba que los comunistas pudieran actuar sin trabas: MacArthur inspira una campaa que dar lugar a una oleada de despidos de trabajadores comunistas, enviar a la polica y al ejrcito a hostigar y ocupar los locales del diario comunista Shimbun Akahata, acompaando sus decisiones de la prohibicin de realizar cualquier actividad pblica a los dirigentes del partido, operacin que culmina, en la histeria desatada por la revolucin comunista en China y la guerra de Corea, con su propuesta al gobierno de Truman para lanzar bombas atmicas sobre China, y con la prohibicin del Shimbun Akahata y de todas las publicaciones comunistas, acompaada con la sistemtica detencin de los dirigentes comunistas japoneses.

Toda la estructura construida por el gobierno de ocupacin norteamericano y por los herederos del poder anterior, primero con el barn Kijūrō Shidehara y despus con Shigeru Yoshida, se vuelca con el Partido Liberal Democrtico, que, a excepcin del efmero gobierno de Tetsu Katayama dirigido por el Partido Socialista, dominar la vida de Japn hasta nuestros das. Fueron las fuerzas de ocupacin norteamericanas quienes sugirieron la creacin del Keidanren, agrupacin de los principales empresarios del pas, que subvencionar desde entonces al Partido Liberal Democrtico, que se convirti, en la prctica, en la organizacin subsidiaria de los grandes empresarios para dirigir el Japn de posguerra. Los aos del pronorteamericano primer ministro Shigeru Yoshida, que cubren toda la posguerra hasta el fin de su mandato en 1954, culminan con el Tratado de paz de San Francisco, en 1951, y con la guerra en Corea, que los aviones norteamericanos bombardearon partiendo de bases japonesas, como lo haran con la agresin a Iraq en 2003. El Tratado termin formalmente con la ocupacin militar norteamericana, pero inmediatamente entr en vigor el acuerdo que, entre bambalinas, haba aceptado el primer ministro Shigeru Yoshida: Estados Unidos impone a Japn un Pacto de seguridad por el que las tropas norteamericanas pudieron seguir en el pas, camufladas como fuerzas de seguridad. La sombra siniestra de los aviones norteamericanos, que con tanta frecuencia fotografa Shomei Tomatsu, es constante.

La guerra de Corea impulsa el milagro econmico japons, de la mano de bajos salarios, y de una criminal actividad empresarial que ignor por completo los estragos que causaba en la poblacin: el fotgrafo William Eugene Smith, por ejemplo, document, en los aos setenta, los efectos de la contaminacin industrial entre los pescadores de Minamata, en la isla de Kyūshū, donde la gran empresa Chisso hoy, JNC, ligada al banco japons Mizuho, uno de los mayores del mundo caus miles de muertos por sus vertidos de metilmercurio en las aguas. Unos empresarios que no dudaron en recurrir a la yakuza, la mafia japonesa, para amedrentar a quienes protestaban, y en acompaar al gobierno en una represin poltica que apart a los comunistas de cualquier responsabilidad pblica, mientras los viejos cmplices del militarismo fascista e incluso muchos criminales de guerra eran rehabilitados. Como el conflicto de Corea, la guerra de Vietnam impuls la economa japonesa, que vendi materiales de construccin, armamento y petrleo refinado a las tropas norteamericanas que invadieron las tierras vietnamitas. El nuevo Japn se muestra ya en los Juegos Olmpicos de 1964 y en la Ōsaka Banpaku de 1970.

La americanizacin de la vida japonesa suscita rebelda, como en la revuelta estudiantil de los aos sesenta, pero tambin estimula la pasividad, la resignacin, y una melancola que surge del amargo recuerdo de la derrota y de una confusa sensacin de prdida de un pasado que nunca volvera, a la vista de un desarrollo que mimetiza muchas costumbres del pas que haba arrasado el Japn. Pese a que los comunistas y el resto de la izquierda combatieron el deliberado silencio y olvido del fascismo japons y su responsabilidad en la derrota, as como la destruccin y la ocupacin militar norteamericana de posguerra, la mayora de la poblacin no quera mirar atrs, aunque el horror atmico hiciese imprescindibles lugares para la memoria como el parque levantado sobre el devastado distrito de Nakajima, en el centro de Hiroshima.

En esos aos sesenta, Estados Unidos impone a Japn la renegociacin de un tratado militar de seguridad que hace permanentes las bases norteamericanas en el pas, pese a la resistencia de una parte de la sociedad japonesa que vive una gran campaa contra el tratado, aunque el apoyo de los comunistas japoneses y del Gensuikyō no consigue anular la sumisin poltica y militar del gobierno ante Estados Unidos. Muchas de esas bases militares siguen existiendo hoy: ms de cien en todo el territorio japons, como en la Okinawa de Kunio Yanagita, desde donde partan los pjaros de la muerte que bombardeaban Vietnam. En esos aos sesenta, el poder japons impone el olvido del pasado, tanto del Japn fascista de Hirohito y Tōjō, como de las bombas atmicas norteamericanas; no en vano, todos los gobiernos japoneses desde el final de la Segunda Guerra Mundial han aceptado todas las imposiciones norteamericanas, hasta el punto de que, en los aos sesenta, los militares estadounidenses llegaron a desarrollar pruebas de armas biolgicas en Okinawa.

Slo el Partido Comunista Japons y otros grupos menores de izquierda se rebelaron contra ese poder que cambiaba el rostro de las ciudades y la piel del pas. El trepidante Shinjuku de nuestros das surge entonces, con miles de nuevos edificios espiando la noche eterna de Kabukichō, con burdeles envueltos en nen y hombres silenciosos de la yakuza, escuchando el sonido intil de las bolitas de acero de los pachinko y aorando la cultura tradicional que se conserva en las minsculas tabernas de Omoide Yokochō o en los delicados jardines imperiales de Hamarikyu.

* * *

Ese es el pas que fotografa Shomei Tomatsu. Japn se haba sumergido en un miedo desconocido, que aplastara durante aos a sus habitantes. Muchos fotgrafos documentan ese Japn de posguerra, los aos de vergenza y temor. Antes, Tamoto Kenzō haba documentado la vida de los habitantes de Hokaido, a finales del siglo XIX, abriendo el camino de la fotografa. Despus, llegaran las imgenes de Kazuo Kitai, Kineo Kuwabara, Seiichi Motohashi, Daidō Moriyama, Takeyoshi Tanuma, Nobuyoshi Araki, Ihei Kimura, Hiroshi Hamaya, Ken Domon (que particip tambin en la propaganda del rgimen fascista), que se convierten en las principales figuras de la fotografa documentalista japonesa, que cuenta con importantes fondos conservados en el TOP Museum de Tokio. Muchos de ellos conocan la fotografa europea y norteamericana, y fueron influidos por autores occidentales: al final de su vida, Tomatsu citaba a Eugne Atget y William Eugene Smith como los fotgrafos que le interesaban. El reportero de guerra Smith vio las mismas ciudades arrasadas que Tomatsu: acompa a los marines norteamericanos durante la invasin de Japn.

Tomatsu, de quien pudo verse hace unos meses, por primera vez en Espaa, una exposicin de sus fotografas, haba nacido en 1930, y con apenas quince aos presenci en su Nagoya natal los bombardeos de los B-29 norteamericanos que lanzaban las bombas incendiarias del sanguinario general Curtis LeMay, convirtiendo a las principales ciudades (Tokio, Yokohama, Osaka, Nagoya, Kobe, Okayama, Kawasaki) en humeantes montaas de ruinas y cadveres. Tomatsu se interesa por las nuevas costumbres, por el influjo americano que llega con la ocupacin militar, por los supervivientes del horror atmico, y por las prostitutas de tiempos de desolacin. Tambin, aos despus, fotografa Afganistn, a cuenta de una revista; toma imgenes del tifn de Ise (donde se encuentra el santuario sintosta ms importante del pas) en 1959, se interesa por la vida en las bases militares norteamericanas de Okinawa, de Yokosuka, Chitose, Yokota, Sasebo: recoge sus fotografas de la ocupacin militar en una serie de ttulo expresivo: Chicle y chocolate, en clara alusin al desenfado y despreocupacin de los estadounidenses mientras vean el mar de ruinas y hambre de posguerra: Nos moramos de hambre, y ellos [los soldados norteamericanos] nos lanzaban chicles y chocolate, apunta Tomatsu.

En sus fotografas, se ven los aviones y soldados, el merodeo de prostitutas, la insoportable humillacin por las constantes violaciones de mujeres que protagonizaban los militares norteamericanos. Los supervivientes de Okinawa haban visto morir a doscientas cincuenta mil personas durante los das de la batalla en el final de la guerra, durante la apocalptica lluvia de acero; haban presenciado los desesperados suicidios colectivos de centenares de personas, que recordara Kihachi Okamoto en su pelcula. Es all donde Tomatsu descubre, a finales de los aos sesenta, los rasgos del Japn tradicional que pervive y que soporta resignado la ocupacin militar.

En 1960, por encargo del Gensuikyō, Tomatsu empieza a fotografiar Nagasaki, los rostros devastados de las vctimas, las quemaduras y cicatrices de los supervivientes, con objeto de publicar un libro, Hiroshima-Nagasaki Document 1961. El Gensuikyō (The Japan Council against A & H Bombs en su denominacin en ingls, ligado al Partido Comunista Japons) se haba creado en 1955 tras las pruebas atmicas que realiz Estados Unidos en el atoln de Bikini, en marzo de 1954, con el objetivo de ayudar a los hibakushas, y conseguir la prohibicin de las armas nucleares: la campaa logr ms de treinta y dos millones de firmas en Japn. Tomatsu volvi muchas veces a la ciudad: su primer libro de fotografa llevar el ttulo Nagasaki 11:02, por la hora del estallido de la bomba atmica. Ese mismo ao, se publica La ira del pueblo. Crnica de las protestas en contra del Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japn, donde participan Hiroshi Hamaya, Ihei Kimura, Shigeichi Nagano, adems de Tomatsu.

La desolacin de posguerra se plasma tambin en las fotografas de Ken Domon de las vctimas en un hospital de Hiroshima; en las de Yōsuke Yamahata: la solitaria torii en el vendaval de cascotes de Nagasaki, en el negruzco cadver sobre las ruinas; en el nio confundido y triste, con la cara sucia de metralla, que sostiene una bola de arroz. Yamahata haba fotografiado Nagasaki al da siguiente del bombardeo atmico, pero los ocupantes norteamericanos prohibieron durante muchos aos las imgenes de los efectos del bombardeo, hasta el punto de que el pas ignoraba las consecuencias: slo los habitantes de Hiroshima y Nagasaki lo saban. Tambin se muestra la posguerra en el libro que public Tomatsu en 1967, Japn, donde junto a fotografas de la ocupacin norteamericana se recogen otras de la naturaleza y de la vida. A finales de siglo, Tomatsu vivi en Nagasaki, y pudo presenciar de nuevo los rastros de la bomba: una de las tristes paradojas de la historia es que un hombre como l, empeado en guardar la memoria del horror, poda ver a los soldados norteamericanos que paseaban por la ciudad, ajenos al apocalipsis que los suyos haban sembrado medio siglo atrs.

* * *

Estados Unidos haba empezado a castigar a Japn en el rostro de sus propios ciudadanos, desde marzo de 1942, encerrando en campos de concentracin a ms de ciento veinte mil personas de origen nipn en California y Arizona, en Colorado y Arkansas, en Idaho, Wyoming y Utah. Los internados en los campos se vieron obligados a vender sus propiedades a bajo precio, sus ahorros fueron confiscados por el gobierno y perdieron sus casas y sus tierras. Despus, el deseo de arrasar las ciudades japonesas llev a Washington a emular los crmenes de Auschwitz. En el Instituto de Enfermedades de Bombas Atmicas, en Nagasaki, se conservan para la investigacin recipientes con rganos de personas afectadas por las bombas nucleares norteamericanas: son el testimonio del apocalipsis, del cuchillo fnebre que Truman hundi en la garganta de Japn, como lo son esas escenas que Tomatsu fotografi: la nia que llevaba de la mano a un veterano de guerra ciego que caminaba con su bastn; el casco de un militar con restos fundidos del crneo; los dos soldados norteamericanos que, riendo, acosan a una chica japonesa, que se encoga para huir. Todas hablan de un pasado atroz y un presente herido, de la gran ola de Kanagawa que dej Hokusai como expresin del desastre apocalptico, de la destruccin, de la muerte.

Estados Unidos encubri el decisivo papel de Hirohito en la criminal aventura imperialista del Japn, e intent ocultar su propia responsabilidad en los crmenes de Hiroshima y Nagasaki, perfectamente equiparables al horror nazi de Auschwitz. Sin embargo, los fantasmas de una poca de caceras y mentiras persisten. El poder japons sigue negando las matanzas en China, el crimen de Nankn; sus gobernantes siguen visitando el santuario de Yasukuni que alberga los espritus de los criminales de guerra, Tōjō entre ellos, y las hipotecas del pasado no han desaparecido: Rusia mantiene que Estados Unidos posee armas nucleares en sus bases de Okinawa, y entre la poblacin local la conviccin es general. Kadena, la mayor instalacin norteamericana en la isla, es tambin un nido de borrachos, de frecuentes violaciones, de marines pendencieros, incluso de asesinatos, de ruido insoportable para quienes viven en Okinawa: ciento cincuenta aviones aterrizan o despegan cada da, porque la mquina de guerra norteamericana no descansa.

Adems de Okinawa, Tomatsu fotografi tambin esas calles de Shinjuku donde la izquierda japonesa protestaba contra las bases militares norteamericanas, y contra los criminales bombardeos en Vietnam: sus imgenes tienen un sereno y contenido dolor, registran unos aos sombros, y son el recuerdo de la cicatriz oculta, de la humillacin silenciosa que Japn sigue soportando. Las noches interminables de Shinjuku, con su educada contencin, con su discreto perfume de degradacin y delito, se reflejaban en la mirada turbia de quienes haban acompaado la sumisin y la derrota, las mentiras que salvaron a Hirohito, el fatalismo de un pueblo prisionero del fascismo nipn, la vergenza de soportar a los verdugos de Hiroshima, el pasado militarista que sigue guardado en Yasukuni, ocultando un miedo desconocido que oprimi el triste Japn de la posguerra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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