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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-05-2019

Cuestiones de coyuntura en Nuestra Amrica y tareas principales del presente

Jairo Estrada lvarez
Rebelin


Ms que un ciclo poltico natural en el que al fin del llamado ciclo progresista, le seguira un ciclo de gobiernos democrticos, lo que se advierte en Nuestra Amrica es una intensificacin de las luchas por la reorganizacin de las fuerzas del campo poltico interno, la recuperacin del poder debilitado de las clases dominantes, y la reconfiguracin de la geopoltica regional a favor de los Estados Unidos.

El curso del proceso poltico en disputa

Aunque es evidente que se ha asistido -particularmente durante el ltimo lustro- a una redefinicin de la correlacin de fuerzas que favorece a los sectores cuyos intereses se vieron afectados por los cambios y polticas puestos en marcha desde que se produjera la llegada de Hugo Chvez al poder en Venezuela hace dos dcadas (por cierto muy desiguales y diferenciados en cuanto a su profundidad y nivel de afectacin del orden social vigente en la Regin); tambin lo es que no se est frente a resultados definitivos respecto del curso del proceso poltico.

Adems del margen propio de las resistencias y de las luchas sociales y de clase, los gobiernos de derecha que se han venido estableciendo en la Regin, por cuenta de golpes blandos o a travs de la contienda electoral, no gozan de la debida fortaleza y consistencia para garantizar la estabilidad de la dominacin de clase en el mediano y largo plazo. El gobierno de Lpez Obrador en Mxico y la emergencia de lo que se ha llamado un nuevo progresismo en varios pases de la Regin muestra adems que hay campo para las opciones reformistas, as stas no se siten necesariamente en el nivel antisistmico. Todo ello permite aseverar que no se est frente una nica tendencia con trazos definitivos, sino de cara a mltiples escenarios con vectores de trayectorias dismiles, no convergentes.

Esa relativa indefinicin de la tendencia general del proceso poltico encarna el peligro de las salidas autoritarias de corte fascista, cuyas expresiones iniciales se encuentran en la proyeccin de la (extrema) derecha como la opcin democrtica; acompaadas en el caso de Nuestra Amrica de las pretensiones de un creciente intervencionismo estadounidense. Si en los aos de la dcada de 1970, las dictaduras militares representaron la salida impuesta por el capital para el restablecimiento de lo que se consideraba la democracia amenazada por efecto de la avanzada del comunismo en el contexto de la confrontacin este-oeste, hoy los proyectos polticos de (extrema) derecha expresan la opcin frente a lo que se conciben como las amenazas sistmicas del presente en sus mltiples creaciones: el terrorismo, la inseguridad, las drogas, la criminalidad de los pobres, la ideologa de gnero, entre otras. Y en la trasescena, lo que evita mostrarse, el inters de garanta de un nivel adecuado para la tasa de ganancia para garantizar sin sobresaltos la reproduccin del rgimen de acumulacin imperante y con ello del orden social vigente en su conjunto.

Democracia liberal subvertida y estrategias de derecha

Las reglas de la democracia-liberal han demostrado insuficiencia para resolver los problemas de la organizacin del poder y de la dominacin de clase; no obstante, esta forma de democracia admite su propia subversin desde proyectos polticos de (extrema) derecha, que apelando a la va constitucional y legal buscan construir rdenes que dicen sustentarse en el don de la legitimidad y la legalidad, emanados del procedimiento de produccin de normas. En nombre del discurso democrtico, el capitalismo realmente existente tiene la pretensin de producir (y viene produciendo) rdenes autoritarios y antidemocrticos.

De paso, le ha terminado imponiendo a las fuerzas democrticas y de las izquierdas una agenda poltica de ablandamiento de sus formulaciones programticas, lo cual se ha venido concretando tanto en la invencin (y la proyeccin) del centro como opcin poltica, como en las polticas de gran coalicin en defensa de la democracia en abstracto o con programas en extremo minimalistas (cuando los hay). En este sentido, deben admitirse las debilidades de las izquierdas, derivadas, adems de su propia condicin y fuerza, de debates tericos (histricos y del presente) no resueltos, bien sea porque se evaden, o porque se ha cedido al pragmatismo y al posibilismo. En cualquier circunstancia, debe aceptarse que hay ausencia de definicin de un horizonte estratgico y que las vlidas preocupaciones del presente han conducido a una especie de entrampamiento de la accin poltica que no logra articular la poltica en la cotidianidad con la perspectiva de avanzar hacia la construccin de un nuevo poder. Se trata finalmente de la irresuelta cuestin de la relacin entre democracia, reforma y revolucin.

No es propsito de este texto analizar las causas del notorio posicionamiento de los proyectos polticos de la (extrema) derecha, en el que se conjugan factores tan variados como la utilizacin de diversas expresiones del descontento social, la magnificacin o el ocultamiento de problemas de la cotidianidad, la formulacin de respuestas simples frente a cuestiones acuciantes de la poblacin, la produccin del miedo y de la mentira, el papel de los liderazgos polticos, el rol de las iglesias pentecostales, los acumulados culturales del neoliberalismo (emprendimiento, individualismo, meritocracia), y el despliegue de estrategias comunicativas, entre otros. A todo lo cual se agregan, en el caso de los llamados gobiernos progresistas sus errores, inconsistencias e inconsecuencias.

Lo concreto es que la (extrema) derecha logr construir amplias coaliciones, que incluyen el variopinto espectro de su ideologa -desde la moderacin hasta el discurso fascista explcito-, con definiciones programticas precisas en defensa del orden y de la democracia. Sus bases sociales comprenden fuerzas tradicionales de las clases dominantes y del gran capital, as como sectores de las capas medias y de la poblacin en condiciones de pobreza. Su accionar se caracteriza por la radicalidad y la persistencia frente a los objetivos que se ha trazado. Su estrategia se fundamenta en el ataque continuo y la invencin permanente de la iniciativa poltica, obligando a la respuesta defensiva.

Estas consideraciones previas tienen el propsito de contribuir a situar la discusin ms all del debate sobre la democracia, y particularmente del entendimiento liberal de ella. Desde luego que ste tambin es importante en la coyuntura actual de Nuestra Amrica. No parece exagerado afirmar que frente a tendencias a la crisis no resuelta de la dominacin de clase, acecha el peligro del establecimiento de regmenes polticos autoritarios de corte fascista.

La perspectiva de proyectos alternativos en juego, no la democracia

Pero an nos encontramos en un terreno en el que estn en juego definiciones ms gruesas, que a mi juicio han sido muy bien comprendidas en la estrategia de la (extrema) derecha transnacional (de Estados Unidos y de varios pases de la Regin) y a las que le trabajan tambin sectores no extremistas de las clases dominantes. Me refiero particularmente a la situacin de Cuba, Venezuela y Bolivia, con trayectorias y experiencias histricas no comparables, pero representativas de expresiones bien sea de propsitos construccin de una sociedad alternativa al capitalismo (Cuba) o de reformas estructurales con diferente alcance antisistmico (Venezuela y Bolivia). Obviamente que esos casos, junto con otros que se presentaron en Nuestra Amrica en el pasado reciente, exigen anlisis complejos para hacer valoraciones adecuadas y comprender de mejor manera lo que ha venido ocurriendo. Empero, se pecara de ingenuidad si tales anlisis se reducen a los acostumbrados test sobre la democracia liberal.

Lo que est en juego en lo inmediato en Cuba y en Venezuela y estar en juego en Bolivia una vez haya ms proximidad de la contienda presidencial, no es la democracia, sino la perspectiva futura de proyectos alternativos de sociedad, en contextos de dominio mundial del rgimen del capital. Y las clases dominantes trabajan de manera incesante en la coyuntura actual para que cualquier ideal o vestigio de anticapitalismo sea superado, as sea de manera transitoria, pero seguramente por un perodo largo.

El imperialismo sigue sin aceptar que luego de su derrota en Playa Girn en 1961, Cuba haya logrado sobrevivir al derrumbe del socialismo realmente existente en la Unin Sovitica y Europa Oriental, superar el perodo especial, sortear el ms largo bloqueo contra nacin alguna conocido en la historia, y tras un reciente proceso constituyente con masiva participacin social y ciudadana cuente hoy con orden social estable y adecuado a las difciles circunstancias histricas. Tampoco puede admitir que en su mejor momento la revolucin bolivariana haya afectado la geopoltica regional como logr hacerlo, ejercido soberana en general, sobre su recurso petrolero en particular, y en medio del mayor asedio actual subsista un gobierno adverso a sus intereses (as haya mltiples y vlidas crticas frente a l). O que los pueblos originarios en Bolivia se dieran a la tarea de construir un estado soberano plurinacional, reivindicar su soberana y edificar una economa plural propia, incluso con las crticas que se hacen a la presidencia de Evo Morales.

En suma, no es admisible que procesos, pueblos, movimientos, partidos hayan puesto y puedan poner en cuestin la dominacin capitalista e imperialista. Y por eso merecen, castigo, estigmatizacin, injerencia e intervencin militar, si fuere necesario. Todo ello, con el concurso de poderosas fuerzas polticas, econmicas y sociales, que han sabido articular un proyecto poltico de derecha de alcance transnacional, en que resultara ideal que fuesen fuerzas internas las que prendiesen la mecha de la inflexin poltica regresiva para activar a plenitud el internacionalismo del capital. De ah que se promuevan organizaciones locales, presidentes interinos, se activen estrategias mediticas orquestadas y sin parangn.

Urge el internacionalismo de los pueblos

Si inicialmente los mayores esfuerzos del imperialismo y la derecha transnacional se han concentrado en el propsito fallido de derrocamiento del gobierno de Maduro, para restablecer la democracia, sea promoviendo fallidos focos insurreccionales, o fabricando el gobierno interino de Guaid, o presionando al aislamiento internacional, o acentuando el bloqueo econmico para forzar la intervencin humanitaria, o considerando la intervencin militar estadounidense complementaria al accionar de grupos paramilitares organizados y entrenados en territorio fronterizo colombiano, entre tanto se est poniendo en evidencia que dicha estrategia de acciones combinadas se pretende extender a Cuba, partiendo de la falsa premisa de que el derrumbe de Venezuela o en su defecto el establecimiento de un gobierno democrtico conducira a una cada precipitada de la economa cubana, por la presunta dependencia de sta frente a la de Venezuela (particularmente en lo referido al abastecimiento de petrleo).

Hoy parece existir la conviccin en el gobierno de los Estados Unidos de que la fracasada poltica de bloqueo a Cuba, si se profundizara an ms, podra generar ahora s efectos desestabilizadores que derivaran en el descontento de la poblacin y en el socavamiento de la legitimidad del gobierno, para llevarlo a un ablandamiento de sus posturas y forzar una transicin democrtica. A las medidas tomadas por Trump, que interrumpieron la precaria normalizacin de las relaciones cubano-estadounidenses durante el gobierno de Obama, se agrega ahora el mayor endurecimiento de la poltica imperial, anunciado el pasado 17 de abril por el Secretario de Estado Mike Pompeo, con la activacin del captulo III de la Ley Helms Burton, que permite la presentacin de demandas judiciales contra entidades cubanas y extranjeras fuera de la jurisdiccin estadounidense, medida dirigida a impedir el acceso de Cuba a inversin extranjera.

Desde luego que no se puede desconocer el impacto del infame bloqueo contra Cuba, que en marzo de 2018 se estimaba en 933.678 millones de dlares contablizados desde 1962. Pero de ah considerar que por tal razn se asistir al derrumbe de la economa y de la sociedad cubanas, es pensar con el desatino y la soberbia que han acompaado la agresiva poltica imperial por dcadas, adems de desconocer el lugar del antiimperialismo y de la dignidad en la cultura poltica cubana, por lo menos desde los tiempos de Mart. Sin dejar de lado la geopoltica mundial, que no solo pone en cuestin la pretensin de aplicacin extraterritorial de leyes estadounidenses al chocar con los intereses de la Unin Europea y Canad, sino con la presencia de otros pases como China y Rusia.

En los meses que se avecinan se incrementarn con seguridad las noticias sobre Bolivia y la hablar de la pretensin de perpetuacin de Evo Morales en el gobierno, dado que habr comicios presidenciales el prximo 20 de octubre. En el mapa geopoltico que se pretende imponer, contribuir a orquestar una derrota del Movimiento al Socialismo MAS es tarea central de la derecha de la Regin.

Qu tan posibles son las pretensiones de la derecha transnacional en el presente poltico de Nuestra Amrica, es asunto de difcil respuesta. No hay futurologa que valga. Estamos frente a un campo de opciones abiertas, de disputa intensa por el destino de la Regin, de realinderamientos complejos de las fuerzas polticas y sociales. Nos corresponde acertar en la lectura del momento, lo cual pasa por identificar la problemtica principal cuando del anlisis geopoltico regional se trata. Y eso incluye comprender que las mayores reservas del campo popular se encuentran hoy en Cuba, Venezuela y Bolivia, desde luego sin desconocer el potencial de resistencia y transformacin que hay en el movimiento real de los de abajo en todos los pases de la Regin, y en las mltiples expresiones progresistas que disputan la escena poltica o que hoy constituyen gobierno. Es hora de que el internacionalismo se sienta.

Para nuestro caso, la perspectiva de la paz completa, de las condiciones propicias para la implementacin del Acuerdo de paz y de los dilogos y negociaciones con el ELN, yendo ms all, de un gobierno democrtico y progresista, comprende necesariamente una configuracin geopoltica favorable. La derecha colombiana y sus sectores ms extremistas ha entendido muy bien que el destino de su proyecto poltico se encuentra articulado con proyecto de la derecha transnacional. Tambin es hora de dejar de mirarse al ombligo.


Artculo publicado en la Revista Izquierda No. 79, Bogot: Espacio Crtico Centro de Estudios, abril de 2019.

Jairo Estrada lvarez, Profesor del Departamento de Ciencia Poltica. Universidad Nacional de Colombia

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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