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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2019

El pueblo, un libro de historia para pensar hoy la clase obrera

Juan Andrade
La U. Revista de cultura y pensamiento


La historiadora Selina Todd ha escrito uno de esos libros que sostienen particularmente bien la tensin entre historicidad y pensamiento para el presente. El pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010) (Akal, Madrid, 2018) ofrece un recorrido magistral por un siglo de historia de este sujeto central de la contemporaneidad, que en Gran Bretaa, pas al que se refiere principalmente el trabajo, conform tambin una suerte de ser nacional. Con este libro cabe el riesgo de extrapolar mecnicamente al mundo prximo la realidad territorial a la que se circunscribe o de que veamos nuestro tiempo como una mera prolongacin del tiempo que evoca. Las lecturas urgentes o la capacidad comprehensiva que, por dominio acadmico, se presupone a los trabajos anglosajones pudieran empujar a ello. Sin embargo, el riesgo se ve reducido porque el libro es resultado de una esmerada construccin narrativa, donde se conjugan, pero no se funden, tiempo pasado y presente. La utilidad (poltica si se quiere) del libro es que invita a establecer analogas (no explicitadas por la autora) entre la actualidad y episodios que al cabo del tiempo resultan recurrentes, pero en los cuales se percibe siempre una dimensin nica que te obliga a pensarlos de manera especfica. Creo que es desde esa tensin tan bien sostenida entre cambio y continuidad desde la que habra que pensar hoy la clase obrera.

El libro de Todd pone de manifiesto que a la comprensin de la clase obrera puede contribuir mejor una buena narracin diacrnica slidamente documentada que una severa conceptualizacin. En este sentido, el libro defiende que la clase obrera no se reduce a un sector ocupacional concreto, ni ha sido nunca una identidad cultural fija. Por el contrario, debe ser entendida como una realidad histrica cambiante en el seno de unas relaciones sociales desiguales. La nocin de clase obrera no expresa tanto una identidad como una relacin. Lo que ha caracterizado a la clase obrera no ha sido solo su posicin subalterna en el marco de unas relaciones desiguales de poder y distribucin de la riqueza. Tambin lo fue la conciencia crtica que desarroll de su propia subalternidad, la impugnacin moral que hizo de esa desigualdad, los relatos que construy para explicarla y, sobre todo, las experiencias comunitarias y de lucha que puso en marcha para reducirla o superarla. Si la clase obrera es una experiencia histrica significa que no resulta del todo aprehensible por medio de estadsticas o a partir de la foto fija que se pueda hacer de ella en un momento dado, porque en historia las fotos fijas suelen ser deformantes y los sujetos adquieren su verdadera fisionoma en movimiento. Lo que este libro plantea es que la mejor forma de reconocer y de conocer a la clase obrera no es embalsamndola en una definicin, sino mirndola en perspectiva. No cabe mejor aproximacin a un sujeto que liberarlo de las habituales abstracciones de las que suele ser objeto.

El libro tiene otra virtud que ayuda a lo anterior. Es un libro sobre la clase obrera, pero tambin es un libro escrito desde la clase obrera. No solo porque estos sean los orgenes de la autora, como explica en una bonita introduccin con breves alusiones autobiogrficas, de las que en enseguida prescinde para dar vida a un sujeto que no ata a su propia vida. Lo es, sobre todo, porque parte de una premisa metodolgica fundamental: que para entender a la clase obrera hay que pararse a escuchar cmo la gente de clase obrera se cuenta a s misma. En consecuencia, el libro se estructura en torno a cientos de testimonios personales de trabajadoras y trabajadores. Y eso es uno de los aspectos ms interesantes y mejor logrados: la cantidad de voces autnomas que se convocan en la narracin y el friso que traza a travs de multitud de nombres propios e historias de vida.

Como libro con perspectiva de clase es un libro contra la estigmatizacin elitista de la clase obrera, pero tambin contra esa forma de elitismo invertido que la idealiza de manera paternalista. Es un libro que rompe con los mitos romnticos sobre la clase obrera construidos por muchos polticos y acadmicos de izquierda, que han descargado sobre ella el complejo de culpa que les genera su origen o ascenso sociales. Frente a ello El pueblo es un libro que humaniza, que desmonta estereotipos denigratorios y hagiogrficos, que pulsa bien la naturaleza compleja y ambivalente de comportamientos y experiencias, y que por ello puede ayudar a revalorizar un compromiso de clase actualizado.

Ni acomodaticia, ni homognea, ni masculina

Sorprende la habilidad de Todd a la hora de narrar y analizar, a veces en muy pocas pginas, multitud de conflictos laborales y luchas sindicales. La panormica que ofrece de paros, huelgas, ocupaciones, manifestaciones y dems prcticas de un repertorio riqusimo sirve para desmontar ideas (generalmente post-concebidas) que sobreviven a modo de latiguillos o admoniciones. De esa panormica se puede concluir que la lucha por la mejora de las llamadas condiciones materiales de la clase obrera britnica estuvo estrechamente vinculada a la conquista o defensa de derechos polticos democrticos, generalmente atribuidos a una burguesa liberal que desconfiaba de ellos o trataba de dosificarlos. Tambin que, al menos en el caso britnico, las llamadas conquistas parciales (subidas salariales, reducciones de jornada, alivio de los ritmos de trabajo) pocas veces funcionaron como un blsamo adormecedor para los trabajadores, sino que contribuyeron a la ampliacin de su horizonte de cambio y constituyeron generalmente una plataforma de impulso para el desarrollo de luchas ms ambiciosas. Las huelgas fueron una herramienta de presin fundamental para arrancar concesiones a los empresarios bajo la amenaza de paralizar la produccin y cesar el flujo de beneficios, pero tambin una experiencia de empoderamiento y asertividad que inverta temporalmente las relaciones de dominacin y permita visualizar alternativas. Sobre las huelgas, el libro pondera muy bien los riesgos que entraaba tanto hacerlas como no hacerlas. Que se perdieran, como al final se perdi en cierto sentido la impresionante huelga general de 1926, poda suponer a corto plazo el retroceso a posiciones previas a las que ya se tenan consolidadas, pero no hacerlas alimentaba a largo plazo la voluntad avasalladora de los empresarios. Desde principios de siglo XX, y de forma especial en la segunda mitad de los sesenta, las luchas obreras por mejoras salariales estuvieron unidas al deseo de sacudirse una sensacin de agravio y a la voluntad de participar en la gestin de las empresas. Si lo queremos expresar en los conocidos trminos de Nancy Fraser, en las luchas obreras casi siempre se conjugaron y entreveraron los objetivos de la redistribucin y el reconocimiento.

El libro muestra la heterogeneidad consustancial a la clase. Dicho de otro modo, nunca existi esa homognea clase obrera blanca con intereses especficos y una identidad exclusiva enfrentada o ajena a las de los trabajadores migrantes. Eso es un constructo reciente que parece expresar un deseo imposible. La heterogeneidad se ve en cuanto se penetra en las fbricas y barrios obreros, donde adems se generaban estrechos vnculos comunitarios y de amistad, por ejemplo, entre las madres blancas y negras que llevaban a sus hijos a la misma escuela. Las primeras lo celebraban como una experiencia que enriqueca culturalmente a sus hijos y ampliaba sus horizontes vitales. Por mucho que se intenten magnificar las tensiones interraciales, que las hubo, lo cierto es que las prcticas de segregacin ms habituales en el espacio urbano eran de tipo clasista. En la dcada de los cincuenta fue frecuente que en algunos barrios de clases medias las familias levantaran muros para aislar las nuevas viviendas obreras construidas en las proximidades.

El libro ayuda a derrumbar una vez ms el viejo mito de que la clase obrera constituyese la base social preferente del fascismo en los aos 30, o que fuera siquiera uno de sus caladeros fundamentales. En el caso britnico, el fascismo penetr mucho menos en ella que en otros lugares, porque el paro era ms bajo, por el alto nivel de sindicacin de los parados y por los avances en polticas sociales. Las instituciones obreras fueron un blindaje contra el fascismo y la seguridad social constituy entonces la mejor poltica antifascista. Sin embargo, a lo largo de las dcadas siguientes hubo casos puntuales de racismo y xenofobia que el libro no escamotea. Estos se dieron ms en las medias que en las cortas distancias, algo que a da de hoy sigue sucediendo. En Gran Bretaa los episodios xenfobos o racistas se desataron ante la llegada repentina de alguna comunidad con la que apenas se haba llegado a convivir de forma directa; en contextos de incremento del paro, donde la nueva comunidad fue percibida como una competencia desleal en el reparto de la escasez; y cuando algunos gobernantes locales hicieron declaraciones irresponsables o instigaron el odio. Este cruce de variables se dio, por ejemplo, en los sucesos raciales de Notting Hill de 1958.

Frente al protagonismo que en las narraciones sobre la clase obrera han tenido los trabajadores varones, una caracterstica fundamental y original del libro es la centralidad que ocupan las mujeres, por el hecho de que constituan la mitad o ms de la mitad de la clase obrera y por su protagonismo en la construccin de lazos comunitarios y en tantas luchas laborales. Cuando se saca la historia de la clase obrera de su reduccionismo masculino, aparecen multitud de experiencias y repertorios de accin hasta ahora desconocidos o desconsiderados en su autntica dimensin. Entre estas acciones destacan las importantes huelgas de alquiler contra la subida de las rentas o el mal estado de las viviendas, una accin efectiva a la que hoy, con otros ojos, convendra mirar de nuevo.

Por otra parte, las luchas que, avant la lettre, pudiramos llamar feministas fueron muy importantes para el avance del movimiento obrero. No en vano, el Partido Laborista lleg al gobierno por primera vez en 1929, es decir, tras aprobarse el sufragio universal (con ciertas restricciones) impulsado por el movimiento de las sufragistas y gracias en cierta medida al voto de las mujeres en esas elecciones. Al mismo tiempo, las conquistas del movimiento obrero revirtieron en beneficio de las mujeres, sobre todo de las mujeres de clase obrera, que al acceder al trabajo y luchar por s mismas por la mejora cotidiana de sus derechos y condiciones de vida alcanzaron mayores cotas de libertad y autonoma que muchas mujeres de clases medias. En cualquier caso, como es un libro de claroscuros seala tambin las tensiones entre movimiento obrero y movimiento feminista, as como los conflictos de clase que tambin se dieron dentro del movimiento feminista de los aos sesenta.

Criadas insumisas, pobres con dignidad y obreros en guerra

El libro arranca fuerte con la historia de las criadas en las dcadas de los aos 10 y 20. La nueva asertividad que estaba cobrando la clase obrera se expres en sus miradas retadoras o en sus gestos desdeosos hacia los seores, as como en la negativa a llevar una vestimenta de cofia, mandiles y encajes que consideraban humillante. Entonces las jerarquas se impugnaban tambin a travs de pulsos estticos, de una rebelin de los gestos y de una insumisin de las miradas que a veces atemorizaba ms a los patrones que una posible reivindicacin salarial.

La Ley de Pobres de los aos 30 fue un dogal para los pobres y un objetivo a abatir por el movimiento obrero. La ley estableca una maquinaria administrativa concebida para inhibir la peticin de las ayudas, para rechazar la mayora de las solicitudes, para retirar aquellas concedidas que no pasaran el celo de los supervisores y, sobre todo, para triturar por el camino la autoestima de los solicitantes. La gente comn se afirm como clase en su lucha constante contra la tendencia a culpabilizar a los excluidos de su propia situacin, contra el deseo de reducirlos a un objeto sumiso de caridad y contra esa burocracia de la sospecha que los criminalizaba al mismo tiempo. Se trat de una lucha por la dignidad que hoy resulta obligada en un nuevo contexto de estigmatizacin de la pobreza y de pervivencia de mecanismos de control y denigracin en la gestin de bancos de alimentos, rentas de insercin y ayudas al desempleo.

La Segunda Guerra Mundial supuso un giro fundamental en la trayectoria de la clase obrera britnica, el momento de mxima convergencia entre sus intereses y los intereses de Gran Bretaa, el momento en el cual sta se hizo pueblo; porque esa una de las ideas centrales del libro, la de la convergencia o identificacin, en un momento dado, de las nociones de pueblo y clase obrera. Durante la Segunda Guerra Mundial la clase obrera se nacionaliz al convertirse en depositaria de buena parte de las virtudes nacionales. Esta capacidad virtuosa se puso de manifiesto en el contexto excepcional de la guerra, al menos en tres niveles. Por una parte, mientras algunos jvenes de la burguesa y la aristocracia buscaron argucias para evadirse de los llamamientos a filas, los jvenes trabajadores acudieron activamente, muchos de ellos movidos por un fuerte sentido patritico y por sus ideologas obreras antifascistas. Por otra parte, las familias trabajadoras se revelaron ms generosas y afectivas en los dispositivos de evacuacin y acogida de los nios procedentes de los grandes centros urbanos durante los bombardeos de la Lutwaffe. Finalmente, obreros y obreras fueron fundamentales en una nueva forma de guerra industrial cuyo resultado dependera no solo de cmo se combatiera en los frentes, sino del incremento incesante de la produccin. En Gran Bretaa la produccin se increment de forma exponencial gracias a los sacrificios libremente asumidos por los trabajadores, a cambio, eso s, de subidas salariales y de un mayor reconocimiento dentro de las empresas, condiciones que fueron acordadas con sus organizaciones sindicales. La gestin concertada en este tiempo de excepcin puso de manifiesto que una mayor satisfaccin de los obreros se traducira en un incremento de la produccin y de la productividad superior en muchos casos al del trabajo esclavo de los nazis. En definitiva, la clase obrera se hizo pueblo cuando, al revelarse como la clase ms sacrificada, ms generosa y ms eficiente en el esfuerzo de guerra, se proyectaron sobre ella las virtudes nacionales.

La forma de afrontar la guerra puso de manifiesto la potencialidad de un pas que trabajaba no en trminos de competencia, sino de cooperacin bajo la accin planificada del gobierno. La experiencia de la guerra prob adems que los servicios sociales (evacuacin, asistencia sanitaria, reconstruccin y rescate) eran ms efectivos cuando pasaban del voluntariado y la caridad a la gestin pblica. La manera, al final victoriosa, con que se afront la guerra puso de manifiesto cmo el pas podra funcionar mejor con los valores e idearios del movimiento obrero. Y esa es una de las razones del triunfo de los laboristas de Clement Attlee en las elecciones de 1945, amn de la experiencia gubernamental previa a nivel local, la campaa electoral y la implicacin de un tejido asociativo obrero muy activo. Los laboristas ganaron las elecciones no cuando apelaron a una identidad obrera (o nacional-popular) idealizada, sino cuando pusieron el foco crtico en la desigualdad social, la impugnaron moral y tcnicamente, interpelaron a una amplia mayora social formada por trabajadores de todo tipo frente a una minora egosta y propusieron un programa de pas a la ofensiva cuyos beneficios ya se haban comprobado en algn momento de excepcin o a alguna escala espacial menor, generalmente en distritos y ayuntamientos. De una lectura histrica de estas experiencias podra sacar buen aprendizaje una izquierda actualmente enredada en debates abstractos, dicotmicos y semnticos mal planteados acerca de si es la clase, el pueblo, la ciudadana o la patria el sujeto al cual interpelar.

Placer y malestar en el Estado de Bienestar

El libro de Selina Todd confronta con el mito de los aos dorados del Estado de bienestar, que se ha levantado por comparacin con la inseguridad social del neoliberalismo actual y por un sentimiento de nostalgia que ha venido a cubrir hoy el vaco de lo que entonces no se logr conquistar; dicho sea sin perjuicio del reconocimiento de sus grandes logros. Los laboristas de 1945 crearon bajo presin social un marco seguro y duradero de subidas salariales, pleno empleo, sanidad y educacin pblicas que se extendi, con flujos y reflujos, durante 30 aos. Sin idealizarlo hay que reconocer, sobre todo desde la posicin defensiva que hoy ocupa la izquierda, que eso es hacer poltica de verdad: no trabajar para revalidar el poder a los cuatro aos, sino para asentar en cuatro aos polticas que por su contundencia puedan durar dcadas. No obstante, en ningn momento de esas dcadas dejaron palparse los severos lmites impuestos a la movilidad social y los altos niveles de explotacin y desigualdad impresos en el marco de un gran pacto social que siempre se cumpli a mayor beneficio de los de arriba.

Los momentos ms emocionantes del libro hablan de la relacin de la clase obrera con el sistema educativo. Selina Todd analiza el empeo constante de los padres y las madres de clase obrera en que sus hijos estudiaran para que pudieran formarse, ascender socialmente y tener un horizonte vital ms amplio que el suyo. Pero tambin analiza la relacin problemtica y contradictoria que muchos padres tuvieron con la educacin de sus hijos por miedo a sentirse unos ignorantes ante ellos o por la negativa a que se terminaran convirtiendo en los empleadores o capataces que tanto detestaban. Los chicos de clase obrera nunca lo tuvieron fcil en los estudios. Siempre existi una relacin directa, por ejemplo, entre las condiciones de las viviendas y el rendimiento escolar que les perjudicaba. Y siempre sufrieron la presin aadida de no defraudar a unos padres que queran redimirse a travs de ellos. Para muchos jvenes de clase obrera el ascenso social que poda entraar el xito acadmico supona un desgarro, pues al tiempo que era motivo de orgullo para sus padres les exiga, como requisito prctico y simblico, alejarse al mismo tiempo del mundo de sus padres. Pese a la distancia recorrida, muchos de estos jvenes siempre llevaron consigo, por medio de un ejercicio constante de memoria o de vistas frecuentes a los barrios familiares, su condicin social de origen como un valor comunitario que les daba sentido y seguridad en esos nuevos mundos, a la vez seductores y hostiles hacia los nefitos.

Estas historias ponen de manifiesto algunas ambivalencias y complejidades que atraviesan la condicin obrera. La mayora de los trabajadores y trabajadoras que hablan en el libro reivindicaban con orgullo su trabajo, pero aspiraban a que sus hijos pudieran acceder a otros ms cualificados y mejor pagados a travs de los estudios o de un golpe de suerte. La condicin obrera era una condicin que generalmente (pero no siempre) se afirmaba con orgullo y que en muchos casos se quera conservar previa dignificacin, pero de la que mientras tanto se aspiraba a salir por uno mismo o a travs de los hijos.

La clase obrera no solo trabajaba o reivindicaba, como han sugerido muchos relatos de cuo pico. Tambin viva, senta, creaba y disfrutaba, tanto ms cuando accedi a nuevas posibilidades de ocio y consumo en las dcadas de los 50 y 60, un fenmeno que Todd tambin recoge en su complejidad y ambivalencia. Todd concibe el acceso al consumo como el premio de consolacin que el capitalismo dio a unos obreros que seguan siendo explotados y a los que se pretenda mantener atados a una condicin perpetua. El consumo popular, adems de ser un aliciente para la produccin y el beneficio, funcion como un mecanismo de traslacin de imaginarios evasivos o de apaciguamiento, abriendo un horizonte aspiracional individualista pocas veces conquistable, aunque susceptible de ser experimentado en algunos ratos libres. Pero la clase obrera no fue un mero receptor pasivo de productos confeccionados desde arriba y al margen de su voluntad. Privilegi los productos culturales que hablaban de sus vidas y desarroll una fuerza y creatividad extraordinarias a la hora de producir autnomamente msicas, pelculas, literatura y estilos de vida que luego se hicieron comerciales. A ello contribuyeron una plyade de actores, directores, escritores y msicos de origen obrero, working class hero que cantar Jonh Lenon. A esta resignificacin y expansin de la cultura popular contribuy buena parte de una nueva generacin ms hedonista y tambin reivindicativa, que en ese contexto de pleno empleo y relativa seguridad laboral aspiraba a que no le mandaran en el trabajo, ni mucho menos fuera de l, a vivir de manera desafiante, a crear y a pasrselo bien.

De la ruptura del pacto social a la supuesta extincin de la clase obrera: el prolongado legado del thatcherismo

Fue especialmente esta generacin de obreras y obreros la que rompi el pacto social de postguerra, porque se vena incumpliendo sistemticamente en sus aspectos sociales y porque se quedaba corto con respecto a sus aspiraciones y potencialidad. Los trminos del pacto tcito de postguerra son de sobra conocidos, porque constituyeron un sentido comn de poca. Los trabajadores cejaban en sus pretensiones revolucionarias y a cambio la burguesa, que nunca dej de mirar de reojo a la URSS, acceda a una mejora de sus condiciones de vida en trminos de subidas salariares, proteccin social, disposicin de vivienda, acceso al consumo y disfrute de una sanidad y educacin pblicas. La mayora del laborismo metaboliz este pacto como un compromiso con el capitalismo, en tanto que modelo para la generacin de crecimiento econmico, y reconceptualiz a la baja el socialismo como un procedimiento estatal para la redistribucin de sus beneficios. En Gran Bretaa estas ideas se concretaron en The Furture of Socialism (1956), de Anthony Crosland, un libro muy influyente. Este pacto goz de una amplia legitimidad entre los trabajadores, de tal suerte que muchos idelogos dieron por muerto el horizonte de transformacin socialista de la sociedad en el imaginario obrero. Sin embargo, una serie factores generaron un profundo malestar dentro de este Estado de bienestar. La sensacin de agravio por el languidecimiento de los sueldos de los obreros, mientras se intensificaba el acceso al consumo de las clases medias, o el bloqueo de las expectativas de ascenso social para los trabajadores, que haban sido educados en la idea contraria, fueron un importante revulsivo. A la ruptura de un pacto que no se cumpla del todo contribuy el nuevo mpetu de una generacin muy numerosa demogrficamente, liberada del recuerdo de la guerra de sus padres, insatisfecha con el mundo heredado, propensa a la experimentacin y abierta a las nuevas (y a las clsicas) tendencias ideolgicas revolucionarias. Se abri una nueva perspectiva contestataria y antiautoritaria que reclamaba, por supuesto, subidas salariales, pero que aspiraba a poner fin a la severa reglamentacin del trabajo y que propugnaba una mayor participacin en la gestin de las empresas, algo que en los momentos de mayor euforia movilizadora llevara a exigir la apropiacin y autogestin de las mismas.

Este nuevo mpetu obrero impuls una nueva e intensa oleada huelgustica por toda Europa de 1968 a 1972. En Gran Bretaa enlaz con las movilizaciones contra las medidas del gobierno conservador de Edward Heath, que quiso hacer frente a la crisis desatada en el 73 conteniendo las subidas salariales y flexibilizando los despidos. La respuesta obrera a las medidas de ajuste -que tanto influy en la derrota de los tories en las elecciones del ao siguiente- aliment una fuerte derechizacin del mundo conservador, encabezado ahora por Margaret Thatcher. La llamada dama de hierro llegara luego al 10 de Downing Street por la senda que le abrieron los laboristas de James Callaghan, propenso a hacer frente al nuevo contexto de fuerte competencia econmica internacional por la va de la reduccin de los costos laborales y dispuesto a aplacar la beligerancia anti-obrera de los nuevos tories tratando de aliviar las huelgas, ya fuera cooptando a lderes sindicales, ya fuera recurriendo a medidas represivas; lo que les pas una cara factura electoral.

El thatcherismo fue un parteaguas, no solo una ruptura (ahora por arriba) del pacto social de posguerra, sino el cobro de la factura de las cesiones anteriores, un ajuste de cuentas. Despleg una capacidad inusitada a la hora de horizontalizar las tensiones sociales. En un nuevo contexto de incertidumbre econmica supo explotar la divisin entre trabajadores estables y desempleados, presentando el disfrute de derechos de los primeros como privilegios egostas que impedan a los segundos salir de la miseria. El anlisis que hace Todd del thacherismo ayuda a superar los resabios del economicismo. El poder siempre ha ledo las relaciones de clase en trminos de poder, y ha entendido que la preservacin de su predominio econmico podra depender de una accin poltica autnoma que en algn momento llegase a comprometer incluso sus intereses econmicos inmediatos. En su guerra contra los mineros Thatcher tuvo claro que se trataba de acabar con el poder de la clase obrera rompiendo la columna vertebral de los sindicatos, aunque mantener las minas abiertas le resultara ms barato que pagar las pensiones de jubilacin, las indemnizaciones por despido y los subsidios de desempleo. Se trataba adems de dar un escarmiento que resultara ejemplarizante para el resto de la clase obrera, una humillacin que ayudara a un objetivo mayor que se terminara imponiendo: el de la descomposicin progresiva de sus vnculos, asociaciones y formas de sociabilidad, el de la disolucin de su consistencia orgnica. Thatcher haba hecho su propia lectura invertida y neoconservadora del sesentaiochismo: no solo se trataba de transformar la sociedad, sino de cambiar la vida, de cambiar el alma del pas purgando su impronta comunitaria. La sociedad no existe, deca, para dejar al individuo solo, solo bajo el amparo (y el control) de la familia, la propiedad privada y el Estado. Para ganar esa batalla tuvo que conjugar la violencia policial, la ofensiva meditica y la pasividad de un laborismo intimidado. Aquel retraimiento laborista puso de manifiesto que tratar de contemporizar con una ofensiva de tal envergadura, lejos de contenerla o amortiguarla, la oxigenaba. Luego los laboristas de Tony Blair apenas se desviaron de la senda abierta, cuando a fuerza de rivalizar con la competencia en su propio terreno de juego terminaron mimetizndose con ella.

Todo lo que vino despus, hasta hace unos aos, es de sobra conocido. Paradjicamente, del discurso y del imaginario de la izquierda desapareci la idea de clase; cierto que en un tiempo de profunda reconfiguracin social, pero justo cuando ms aumentaron las desigualdades y cuando el poder operaba ms intensamente en trminos de clase. Eso hoy, con la perspectiva que por ejemplo nos brinda este libro, se ha evidenciado como una entrega y un error. La crisis que arranca de 2008 ha envejecido los discursos que trataban de cuadrar el crculo del incremento de la desigualdad con la proclamacin del fin de las clases sociales. Hoy la nocin vuelve con cierto empuje. La regeneracin del laborismo britnico es tambin manifestacin de ello. Incorporar una nocin renovada de clase resulta imprescindible para entender el mundo que vivimos e intervenir polticamente en l, si se hace lejos del corporativismo ocupacional, del prurito taxonmico, de la nostalgia por un sujeto idealizado que nunca existi, del reduccionismo identitario o del fetichismo semntico. Resulta necesario incorporar una nocin de clase -amplia y relacional- para articular -con otras nociones fundamentales y no subsidiarias- una mayora social por la igualdad.

Juan Andrade es profesor en la Universidad de Extremadura, autor de El PCE y el PSOE en (la) transicin (Siglo XXI, 2012), coautor con Julio Anguita de Atraco a la memoria (Akal, 2015) y coeditor con Fernando Hernndez del libro 1917. La Revolucin rusa cien aos despus (Akal, 2017).

Fuente: https://la-u.org/el-pueblo-un-libro-de-historia-para-pensar-hoy-la-clase-obrera/



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