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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2019

Apurados abstenerse

Eduardo Aliverti
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Hay mucha gente apurada. Demasiado ansiosa.

No se refiere a los angustiados por una situacin econmica dramtica, de las peores que hayan vivido los argentinos en nmeros de pobreza, indigencia y falta de alguna perspectiva esperanzadora. En ese cuadro hay escaso o ningn margen para anlisis supuestamente mayores. Impera desesperacin, zozobra, incertidumbre. Hambre.

Pero entre quienes tienen la cabeza afuera del agua, un poco o bastante, hay ese apuro.

Apuro para que Cristina revele todos o gran parte de los detalles de su tctica y estrategia.

Apuro porque se requiere destruirla cuanto ms rpido mejor, o encontrar la instancia adecuada para hacerlo ms efectivo.

Apuro para que sea Cristina confrontadora, visto que presente y panorama no daran para ms y que les urge, a los dos bloques de apurados, tener la herramienta.

Apuro siendo que lo que diga, todo lo que diga, no importa mientras haya toda nimiedad habilitadora de sostener que es la misma de siempre. Puede ser una bandita de trastornados que le grita a la cronista de TN, capaz de convertirse, crase o no, en el ncleo de tratamiento informativo y de columnas de opinin. O prontuariar asistencias. O inventar restricciones a la prensa libre.

Apuro para que por favor se decida de una vez por todas a anunciar su candidatura.

Apuro para que en una de esas pueda bajarse.

Apuro por saber quines integraran su equipo, y con quin y cmo consensuar para la competicin con Heidi en la provincia, y cules los avances de esa unidad.

Apuro para acertarle al modo de que vuelva la imagen de los bolsos de Lpez, la de las fotocopias que se pretendieron cuadernos, la de Carri creble antes que desequilibrada. Para tirar con una artillera de operaciones y falsedades que nunca se habr visto en la historia electoral argentina.

Apuro por Cristina mostrando cuanto vaya a hacer realmente a travs de cada palabra, cada gesto, cada movimiento corporal (una seal de noticias, el mismo jueves a la noche, convoc a un especialista en kinsica).

Apuro por verla sentada en banquillos mltiples.

Apuro por sobreponderar su capacidad de salvacin nacional.

Son apuros diferentes, pero confluyen en que slo ella ocupa el centro.

Y al revs de tal nerviosismo, lo que se vivi el jueves pasado fue el comienzo de un retorno administrado.

Tendr diferentes etapas, apoyadas en el tronco comn de ir regulando la intensidad segn el momento y los escenarios.

El debut con la presentacin de un libro no es lo mismo que Cristina en rol definitivo de candidata. Ni que un acto de masas en el conurbano bonaerense, ni que una entrevista mano a mano, ni que las alternativas que vayan presentndose a medida que el tiempo avance hasta las primarias, despus hacia octubre y eventualmente a una segunda vuelta.

No es lo mismo la candidata colocada ante una economa barranca abajo sin cesar, con el entramado oficialista poniendo en duda la continuidad de Macri o apoyndolo a manifiesto disgusto, que otra enfrentada a la renovada fantasa de sectores medios si el dlar se estabiliza y apacigua la inflacin.

En los dos casos, el Gobierno arrastra al pas en su marcha destructiva para que el incendio se propague despus de las elecciones. Igual que los desafos, tremebundos, a afrontar por la coalicin peronista probablemente vencedora. Ser con esa fuerza, conducida por la lder indiscutible, y con el sujeto social que le d volumen para sostener lo que viniere. No existe lo uno sin lo otro.

Una cosa es la certeza extendida de que ser as, y otra que la frivolidad se disponga a adquirir nuevamente unos globos carentes de lmites. No el gorilaje, inmodificable. S la ligereza de cuntos? que pueden votar segn el humor previo a un domingo de elecciones.

Es cierto que al Gobierno no le queda mucho ms que la amenaza del retorno al pasado. Y que es justo cuando el pasado se revela infinitamente mejor, para los pobres y para esas propias franjas medias que resolvieron tirarse a la aventura de ver qu pasaba con un empresario corrupto aunque modosito, quizs desarrollista en trminos de amigotes que invertiran sin dudar, incapaz de coordinar tres oraciones seguidas bien que sin agotar con cadenas nacionales.

El pas de Macri es un casino de strapas financieros al que ni siquiera le resta depositarse en el roban pero hacen. Sin embargo (valga la obviedad, a esta altura), nadie debera subestimar las aptitudes de sus publicistas, del infernal aparato meditico que lo protege, del hecho de que una porcin sustantiva de la gente vota por aspectos sentimentales y de sensaciones pasajeras. No por ideologa en su sentido clsico, ni por convicciones.

En su discurso en la Feria del Libro, CFK no despert grandes ardores entre su ncleo duro. Contuvo, inclusive, sus tonos caractersticos. Prescindi de provocaciones. S advirti que no es neutral ni quiere serlo en torno de la desgracia que viven los argentinos. Y que Macri duplic los planes sociales cargados en la cuenta de tanto choriplanero que le adjudican a ella.

En lugar de la habitualidad que los desprevenidos esperaban, se permiti puntualizar que Trump desarrolla una poltica proteccionista. Que la economa norteamericana vuela. Que Estados Unidos tiene el desempleo ms bajo de los ltimos 50 aos.

Esa cita, a un lado, puede haber cado como una patada en el hgado. Al otro, se la us para facturarle contradicciones y renuncia ideolgica.

Lo que unos no entenderan, y lo que otros sufren, es que Cristina ancl su propuesta de nuevo contrato social en una apelacin a la defensa de los intereses nacionales. Us a Trump para desafiar a la faccin de clase dominante local que sufre las consecuencias macristas. Los corri por la derecha.

Eso es intragable para los combativos del testimonialismo, desde ya. Hace a la lgica de que no tienen voluntad de poder, sino de comentarismo. Jams se embarran. Estn cmodos en su zona de confort ideologista.

Lo que hizo Cristina, sin ninguna seguridad de xito aunque si es por eso no hay certeza de nada, es presentar una construccin discusiva que desarme al oponente desde el flanco que pueda dolerle. Salir de convencer a los convencidos.

Lo hizo desde ese lugar que llaman racionalidad y que la contra feroz, por odio de clase, le niega como si, durante las gestiones kirchneristas, se hubiera implementado un programa revolucionario y no un reformismo burgus, pe-ro-nis-ta (as lo subraya ella), que reparti justicia social muchsimo mejor que todas las salvajes experiencias de milicos, menemato y pornografa macrista. Y como si ese empresariado del crculo rojo no hubiera atesorado ganancias espectaculares cuando la palabra era produccin antes que timba.

Lo que se ratific es la centralidad de Cristina en el liderazgo poltico con una potencia situada a aos luz de cualquier otra figura, de cualquier espacio, de cualquier alternativa que pudiera surgir.

Hay la Cristina que sus adeptos y enemigos necesitan para conmoverse o herirla. La Cristina como vector de emociones inalterables a favor o en contra.

Y hay la Cristina que se necesita para ganar.

Lo que hubo el jueves pasado fue un adelanto de eso.

Apurados, abstenerse.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/193438-apurados-abstenerse



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