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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2019

Per
Cayara, 31 aos y en el peso de la memoria

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


El pasado es un rbol trgico, que sigue proyectando sombras

Richard Kapuczynski


Estbamos en una sesin de Diputados el 17 de mayo de 1988 cuando Germn Medina, parlamentario por Ayacucho, inform que haba recibido una llamada telefnica denunciando una matanza ocurrida poco antes en Cayara, en la serrana ayacuchana. Apenas tuvimos elementos ms concretos, optamos por partir rumbo a Huamanga para viajar hacia all.

Esa fue una de las experiencias ms dramticas de nuestra gestin parlamentaria bajo el gobierno de Alan Garca Prez. Apenas arribamos a Huamanga, confirmamos hechos y concretamos tareas. Las autoridades del Cuartel "Los Cabitos" se negaron a proporcionarnos ayuda, pero en las miradas sombras y en el rechazo sordo de los oficiales, lemos lo que debamos saber. Partimos rumbo a la zona afectada, en la tolva de un camin, acompaados por campesinos -hombres y mujeres- que transportaban ganado. A las cuatro de la tarde del viernes 20 de mayo con intensa lluvia, salimos rumbo a Cangallo y tomamos los escarpados atajos casi en silencio, bamos 5 diputados. Queramos llegar a Cayara y verificar los hechos. En la cabina, viajaban el Fiscal Escobar, y Javier Diez Canseco, el senador que nos acompaaba.

En seis horas cubrimos la distancia que separaba de Cangallo. Alrededor de las diez de la noche arribamos a esa ciudad, y fuimos recibidos con una infernal balacera. Como ella resonaba en la oscuridad, pero no nos afectaba directamente, llegamos hasta el ingreso de la poblacin, donde fuimos interceptados por una patrulla militar que pretendi impedir nuestra visita. El oficial al mando, nos asegur que estbamos "rodeados por senderistas" y que nuestra vida "corra inminente peligro", que era mejor que no continuramos viaje. Optamos por ingresar al poblado y pernoctar all. Al clarear el sbado 20, salimos rumbo a Cayara por la ruta de Pampa Cangallo y Huancapi. En tres ocasiones ms fuimos retenidos por patrullas militares que insistieron en impedir la concrecin de nuestro objetivo con las mismas amenazas: nuestras vidas corran serio peligro porque Sendero "tena el control de la regin,". No obstante, seguimos adelante hasta que a las 3 de la tarde, estuvimos en el acceso a Cayara. All, vencimos la ltima resistencia militar -una fila de doce soldados que bloqueaban nuestro camino- e ingresamos hasta llegar a la Plaza del poblado. En la tarde y en la noche el Fiscal Escobar tom prolija cuenta de los hechos

Supimos as que el viernes 13 de mayo, con motivo de celebrarse el Da de la Virgen Mara, el pueblo estuvo de fiesta. Msica, baile, comida y licor en abundancia. Y gran alegra. Nadie presagiaba que sa, sera la ltima celebracin del periodo; y que el jbilo desaparecera por largo tiempo. Esa noche un convoy militar integrado por tres jeeps artillados, viajaba de Erusco a Huancapi. Cuando las unidades militares pasaban por la carretera en las cercanas de Cayara, ocurrieron explosiones que fueron apagadas por bombardas y cohetones de la fiesta. El vehculo que habra la ruta, alcanz a pasar, pero el segundo, en el que viajaba el capitn de infantera Jos Arbul Sime, fue impactado por las cargas que segaron la vida del oficial, y tres soldados. En la oscuridad, en el camino slo quedaron regados el vehculo siniestrado y los cuerpos de las vctimas.

Nadie supo cmo fue el ataque, ni quienes lo hicieron. Los sobrevivientes, se comunicaron con su base y reportaron lo ocurrido. Parti de inmediato la respuesta: Todas las patrullas que operaban en la zona deban dirigirse a Cayara. As, los destacamentos -Lince, Otorongo, Zeta, Cobra, Leopardo, Pantera y algunas ms- enfilaron hacia el poblado y llegaron all a las 9 a.m. del sbado 14, para el inicio de la matanza. El General Jos Valdivia orden el operativo.

Slo al ingresar al pueblo, los soldados mataron a Anastasio Asto, el primero al que encontraron ebrio regresando a su casa. Cuando llegaron a la Plaza, slo hallaron mujeres. Por ser da de faena, los campesinos haban bajado a la zona de Cceschua para el trabajo de la tierra. Los soldados ingresaron al templo, y vieron a cinco hombres que estaban restituyendo a la Virgen en su altar. Luego de cerrar la Iglesia, los uniformados procedieron a interrogar, torturar y finalmente matar a quienes haban encontrado en el templo. Desde fuera, las mujeres alcanzaron a or los gritos de los campesinos que, apremiados por sus captores, no alcanzaban a admitir la culpa de hechos que decan desconocer.

Despus, los uniformados bajaron a la zona de Cceschua, donde encontraron a los campesinos Luego de interrogarlos, optaron por desnudarlos y tirarlos al suelo, boca abajo. Les colocaron pencas de tuna en la espalda, los pisaron y luego -en medio de gritos y amenazas- los fueron matando con bayoneta. Despus continuaron otros crmenes hasta completar una estela siniestra: 32 muertos en las laderas de Cayara.

Nosotros, con los testimonios de los sobrevivientes tomados por el Fiscal Escobar, optamos por abandonar el poblado. Poco antes de partir, supimos que, en un helicptero militar haba llegado a la regin el Presidente Garca. Noticiado de nuestra presencia, haba optado por arribar a la zona y hacer sus propias indagaciones. Nosotros, entre tanto, retornamos prestamente a Lima luego de una breve escala en Huamanga. Y esa noche, por gentileza del programa de Hildebrandt, tuve la ocasin de proporcionar la versin de los hechos.

Los sucesos de Cayara hoy estn para deslinde judicial. Antes, una jueza, exculp de responsabilidades a Garca que interrog a testigos, que luego aparecieron muertos, y encubri a los asesinos. Una Comisin del senado absolvi a los militares asegurando que haban sido vctimas de una "incursin senderista" y se haban visto obligados a "repeler el ataque". Se supo despus que el informe de esos senadores encabezados por Carlos Enrique Melgar, haba sido preparado por el Servicio de Inteligencia Nacional y visado por el Presidente Garca, antes de ser entregado a la Cmara.

Hoy, a 31 aos de esta matanza, podemos decir como El Quijote: Confa en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades. La sangre est fresca y el recuerdo acosa.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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