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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2019

Justicia & Feminismo
Crtica al punitivismo desde una mirada feminista

Guillermina Huarte
http://intersecciones.com.ar

La urgencia de poder realizar una reflexin crtica sobre la configuracin de un feminismo punitivista comienza a ser debate recurrente en nuestros espacios, entre nuestrxs amigxs y compaerxs. De la mano de la discusin colectiva y de distintxs tericas, activistas, militantes, es que se da en este proceso histrico del cual el feminismo es protagonista, o mejor dicho, lo son los feminismos.


Estamos en condiciones de poder desacordar entre nosotrxs en buenos trminos? cmo se estn balanceando las acciones realizadas en cuanto a qu hacer con la violencia machista, y sobre todo, con los agresores? cmo pensamos los escraches?.

Estas preguntas que surgen a partir de cmo seguir con respecto a lo construido hasta hoy, y los riesgos de que el feminismo termine cooptado por demandas que slo propongan castigo, sanciones duras, penas y crcel. Qu se pide cuando se pide justicia?, puede haber una justicia feminista no punitiva? Estas preguntas empiezan a tomar relevancia para pensar de manera ms amplia temas tan complejos, que adems nos son contemporneos.

A partir de 2015 el feminismo fue tomando cada vez mayor protagonismo, interpelando sobre todo a las mujeres, las lesbianas, las travas, las trans, les no binaries- pero tambin poniendo en discusin paradigmas que, pareciera, perdieron vigencia. La creciente visibilidad de la lucha del colectivo LGTTTBIQ+, sumado a la lucha por el reconocimiento del trabajo sexual, y tambin por la despenalizacin del aborto, confrontando directamente a las estructuras del sistema patriarcal, anuncian quiz uno de los puntos de inflexin ms profundos para el feminismo. La tensin es tal que hasta se cuestionaron las construcciones masculinas; ya no hay una masculinidad, sino muchas. As, pareciera posible pensar una masculinidad no opresiva.

Esta Ola pone sobre la mesa problemticas que calan hasta lo ms hondo y obliga a revisar nuestras relaciones afectivas, y sobre todo sexo-afectivas. As, masivamente se dijo: no nos callamos ms. Esta consigna aparece con el escrache, es decir con la denuncia pblica, sobre todo en redes sociales, a varones cis heterosexuales que hayan cometido algn acto de violencia machista. Una de las primeras dudas que surgen es si el escrache es punitivo, o si hay algunos que s y otros que no. Mltiples miradas existen sobre considerarlo de esta manera o no. El feminismo punitivista remite a una lnea que tracciona para cambiar/reparar/hacer justicia sobre una violencia particular a travs de la sancin de una pena basado en la idea de que la Justicia, es el castigo que supone una reparacin a la vctima.

En este sentido, la justicia aparece como condena individual de hechos puntuales. Esta lnea ha logrado sancionar algunas leyes, entre las ms recientes la Ley de acoso callejero. Hay una fuerte tendencia en los feminismos a exigir ms crcel y penas ms duras.

Poner en contexto al escrache

En Argentina, el pasado mes de diciembre luego de que la actriz Thelma Fardin denunciara al macho meditico Juan Darths por violacin, y lo hiciera pblicamente a travs de una conferencia de prensa contenida y acompaada por el Colectivo de Actrices Argentinas, se desat una ola de denuncias. El mir como nos ponemos desemboc en masivas denuncias en redes sociales de diversa ndole: algunos escraches con nombre y apellido, algunas denuncias que no nombraban al agresor, otras retrospecciones de vida, etc.

Si bien el escrache es una herramienta usada por el feminismo hace varios aos, tiene sus puntos altos en situaciones as. Para hoy poder repensar hasta qu punto esta herramienta feminista est mostrando consecuencias tal vez no esperadas, o tal vez no tan buenas, tuvo que haber una potencia que dijera basta, que dijera ya no nos callamos ms. Y as, comenzar a pensar cuestiones como: todos los privilegios con los que cuenta un varn heterosexual en espacios pblicos y sociales a diferencia de las mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries. Dio impulso para pensar quines abandonan los espacios para no cruzarse con su agresor.

Tambin para pensar cmo las configuraciones de las organizaciones estn cimentadas sobre el machismo y los roles asignados por el gnero y la sexualidad. Dio posibilidades de pensar cmo contener a las compaeras. Abri paso al enojo, y a la manifestacin de ese enojo, algo para lo que quienes somos socializadas como mujeres est prohibido, no est en nuestras posibilidades. Ese poder salir del silencio al que someten a toda persona que no sea un varn heterosexual, tambin es consecuencia de este proceso poltico que viene a cambiarlo todo.

A raz de la posibilidad de encontrar un tipo de contencin feminista, de poder romper con el silencio y contar situaciones de violencia vividas, los escraches proliferaron por doquier. Sin embargo, esto abri la posibilidad de que lo escrachable sea mucho ms amplio de lo que fue antes de las denuncias pblicas masivas. En este sentido, han sucedido algunas cuestiones que obligan a repensar la prctica indiscriminada del escrache inmediato desde la individualidad. De esta manera se dieron escraches entre lesbianas, incluso a personas trans. Circularon escraches por motivos muy diversos que ponen en lugares iguales situaciones graves a no tan graves. Surgi tambin la necesidad de elaborar protocolos para llevar adelante diversas situaciones.

Al ser tan difusos los lmites entre una violencia y otra, se lleg a la sugerencia de protocolizar relaciones sociales que escapan al tratamiento de la violencia de gnero. Algo as como poder tener intervenciones tanto en violencias machistas como en situaciones que generan malestar por distintos motivos, pero en las cuales sera necesario regular. Si el escrache apunta a sentencias punitivas, qu riesgos se corren? qu control sobre eso termina teniendo un movimiento que es heterogneo? El escrache termina en demandas punitivas porque genera grandes adhesiones por distintos motivos.

En este sentido, se puede pensar la ltima ley sancionada con respecto al tema que es la Ley de Acoso. Apunta a cobrar multas y permite la intervencin policial en situaciones de acoso callejero. Si el feminismo se piensa- o lo pensamos- interseccional, es contradictorio. En un contexto donde el neoliberalismo es la frmula aplicada en todos los sentidos de nuestras vidas, donde la pobreza crece, donde las desigualdades se profundizan, y por ende la violencia, el cruce desigual, que es estructural empeora. Es solucin una multa? Ser que una lucha como el feminismo puede pensar otras pedagogas que no sea el castigo a travs de la correccin moral? En este sentido, las sanciones econmicas modifican algo de una desigualdad que es sistemtica y estructural?.

Si se reconoce al patriarcado como un sistema que adems funciona por y para el capitalismo, que perpeta la violencia y la desigualdad de gnero, pero en la que tambin tiene que ver la clase, la etnia, la racializacin, cmo se lee la construccin de la violencia machista? Al pensar que es una construccin permite pensar cmo desactivar la cultura que habilita la misoginia y el homolesbotransodio, que terminan por manifestarse en terribles actos de violencia a cuerpos y vidas a travs de los femicidios, los travesticidios, el acoso, los golpes masivos, la violacin, y un largo etc. En cierto sentido, el fin ltimo del escrache- y la demanda por ms crcel, penas ms duras y multas- es el castigo y la exclusin.

Ac es donde quiz si se convierte en una herramienta punitiva es el castigo una forma de mejoramiento social? Cuesta imaginarnos otra forma de pensar esto, porque es evidente el malestar que genera la toma de conciencia por parte del colectivo histricamente oprimido- mujeres, lesbianas, marikas, travestis, trans, trabajadoras sexuales, no bienaries- y en buena hora! Sin embargo, si el feminismo es una lucha poltica, contempla ineludiblemente otras luchas, y ah aparece la necesidad de que sea interseccional. Rita Segato dijo en una entrevista para Agencia Paco Urondo: El punto es cmo educamos a la sociedad para entender el problema de la violencia sexual como un problema poltico y no moral. Cmo mostramos el orden patriarcal, que es un orden poltico escondido por detrs de una moralidad.

El problema es que est siendo mostrado en trminos de moralidad. Y es insuficiente mostrarlo as por varias razones. As, permite pensar que una posible solucin, ser pensada en trminos polticos. En otras situaciones, en la que la justicia por mano propia, la toman sujetxs de forma individual dejando a interpretacin personal un castigo, exige de todxs una reflexin ms profunda. Poder pensar fuera de lo individual un hecho que no es aislado, sino que forma parte de un entramado de complejas relaciones desiguales y violentas que llevan a desencadenar un hecho as.

En este sentido, hay cuestiones que son fundamentales para poder entender que hay que pensar los hechos con una visin ms amplia que lo inmediato, lo afectivo y lo emocional. En ningn sentido propongo no empatizar con quienes denuncian violencias vividas ni nada parecido. Pero s, poder tomar una fotografa ms abarcativa que permita pensar por qu s consideramos interpretaciones ms complejas para algunos casos y no podemos hacerlo en otros.

Pensar formas de justicia

El escrache desnuda directamente un sistema que est dedicado a seguir reproducindose a costas de la desigualdad de gnero y la violencia machista. Pero en el trasfondo del planteo permanece la duda de cmo se piensa a la justicia. Pensar una justicia que nos contemple, pero que no se especialice en la criminalizacin porque eso es lo que primero hace el neoliberalismo: criminalizar los conflictos sociales- exige al feminismo hoy, repensar su prctica punitiva.

ngela Davis plante algo similar cuando brind una entrevista en el diario espaol El Pas dijo: Cunto de transformador hay en mandar a alguien que ha cometido violencia contra una mujer a una institucin que produce y reproduce la violencia? Esta pregunta es fundamental para pensar ms all, el problema de que crezcan demandas punitivas que piensen solucionar los conflictos sociales con el encarcelamiento de lxs sujetxs.

Aqu inevitablemente obliga a pensar un feminismo interseccional que atienda a este problema ya que, si la crcel es racista, machista, terriblemente violenta, porque es terriblemente violenta, alimentar una institucin que estructura y reproduce todas estas desigualdades. A quienes mandamos a la crcel? Tambin es indispensable pensar qu solucin hay en recurrir al castigo tanto para reparar como para efectivizar un mejoramiento social. No se demostr ya pensar en que la crcel no funciona como reintegrador social? Y si no resulta suficiente, al menos pensar cunto funcion para mejorar cualquier conflicto social.

No slo conflicto, sino tambin desigualdad. Segn la criminloga espaola Elena Laurrauri, el derecho penal no es un instrumento adecuado para hacer frente a problemas sociales complejos. As, en lugar de aumentar ayudas sociales se recortan. Slo en Estados Unidos hay ms de 2.000.000 de personas presas, as el Estado sustituye su ayuda a travs de la crcel. El feminismo repiensa la idea de Justicia, y lo hace de hecho.

Pero la justicia no es slo machista, sino que tambin es racista y es clasista. Se vuelve a la pregunta, quines van a la crcel?. De la mano de esto, sucede que muchas veces hay reticencias en pensar ms all porque no podramos pensar todo. Si la denuncia pblica tiene consecuencias punitivas, estigmatizantes y excluyentes, la respuesta tiende a ser no s, que lo piense otrx .

Se exige que ellos mismos sean quienes rompan los pactos de complicidad machista, que se interpelen entre ellos con sus prcticas dainas, que piensen colectivamente como construir una masculinidad que no implique la violencia hacia otras personas, porque nadie va a pensar cmo solucionarles sus problemas. Pero estar totalmente cansadxs de la opresin no exime la responsabilidad de pensar acciones colectivas que no terminen por quitar parcialmente un problema mientras crece otro. La periodista Anne-Ccile Robert, miembrx del consejo de redaccin y directorio de Le Monde Diplomatique, public una nota muy interesante respecto a la Justicia titulada: El peligro de la justicia teraputica.

La nota fue publicada en la edicin de Marzo 2019 y seala la creciente valorizacin de los testimonios de las vctimas, y que esto tensiona la accin de la Justicia, que no slo debe castigar al culpable sino tambin reparar el sufrimiento padecido. En este sentido brinda nociones importantes para pensar la idea de la justicia penal como reparadora. En este sentido el estado canadiense, desde 2015 garantiza que las vctimas ocupen un lugar en la administracin de la justicia. Deben ser odas ms all de su contribucin a la manifestacin de la verdad. Volviendo a la nota de Ccile Roberte, la periodista cita las palabras de Daniel Salas, magistrado francs: Cuando veo lo que sucede en EEUU y Canad, me sorprende la evolucin que aceler el endurecimiento de las condiciones penales y penitenciarias.

La vctima tiene derecho a ser escuchada en el debate sobre la atenuacin de la pena Se recurre a que la sentencia es demasiado corta teniendo en cuenta la gravedad del crimen que sufr. La nota presenta un caso en el que tras un error judicial, un obrero agrcola estuvo preso durante varios aos al haber sido acusado de violacin. Tras un nuevo testimonio se demostr que la denuncia no era cierta. Lejos de poner un ejemplo ingenuo que no contemple que la mayora de las veces suele ser al revs, estas situaciones existen. Genera incomodidad y molestias, porque un caso as no iguala a la cantidad de situaciones que suceden al revs. Sin embargo, no puede ser conclusin que es mejor as slo porque la historia fue injusta con nosotras.

Analizar las cosas de este modo, sin embargo, no propone que seamos inmunes frente a la crueldad que sufren los cuerpos y las vidas de las mujeres, las lesbianas, las trans, las travas, les no binaries, lxs trabajadorxs sexuales, las maricas. No sera cambiar A por B, o pensarlo en trminos dicotmicos. Pues, si se reflexiona no se cambia de lado de manera automtica. En este sentido, cuando se dice justicia es que no vuelva a pasar, se enuncia que una condena puntual e individual sobre casos que no son aislados, no repara, no soluciona.

Entonces, lo ideal sera como pensar en que no pase ms, pero cmo hacerlo a travs de una pedagoga fuera del castigo? cmo se piensa una reparacin fuera de la encarcelacin de personas?, y de nuevo quines van a la crcel?. Dice, Mara Pa Lpez: Reclamamos justicia y hoy no tenemos otras formas de punicin ni ideas de reparacin construidas colectivamente.

Pensar eso nos urge. Es tarea poltica. De fondo. Exigencia del presente. Para todes. Una imaginacin democrtica debe tomar las cuestiones de la seguridad y de las penas, no resolverlas con el rubor progresista de no hablar de lo primero-como si el temor a perder la vida fuera, desde el vamos, de derecha!- y cerrando los ojos rapidito para no ver qu pasa dentro de las crceles, porque nos causa horror. (Lpez, 2019, pp. 57) . Y se relaciona directamente con algo fundamental que ngela Davis plantea en su libro Son obsoletas las prisiones?, cuando dice: En general, la gente tiende a dar por sentadas las crceles. Es difcil imaginar la vida sin ellas. Al mismo tiempo hay una renuencia a enfrentar las realidades que se esconden dentro de ellas, un temor a pensar sobre lo que ocurre ah.

As, la crcel est presente en nuestras vidas y, a la vez, est ausente de nuestras vidas. Pensar sobre esta presencia y esta ausencia simultneas es comenzar a reconocer el papel que tiene la ideologa en el modelado de la forma en que interactuamos con muchos entornos sociales. () Dado que sera demasiado angustioso manejar la posibilidad de que cualquiera, incluso nosotrxs mismxs, podra convertirse en prisionerx, tendemos a pensar la prisin como desconectada de nuestras propias vidas.(Davis, 2017, pp.17-18) .

Un vaco de polticas pblicas integrales

Hay algo que no puede escaparse en esta crtica, el rol de un Estado que se preocupa en sancionar, multar y encarcelar, en definitiva, garantiza que el problema de fondo no se solucione. Es importante sealar su rol, no porque sea el nico ente que debera hacerlo, sino porque debera atender a los procesos que se originan por fuera de l.

Estamos ante un gobierno neoliberal, que ms que preocuparse por solucionar desigualdades y problemas sociales, los profundiza, se acenta el problema de que faltan polticas pblicas que den respuesta de fondo a la violencia machista y a su reproduccin. Es decir, en un contexto en el que se recortan econmicamente todos los programas destinados a la erradicacin de la violencia de gnero, en sintona a un recorte y una poltica de vaciamiento a la educacin pblica, y por ende a la posibilidad de que se aplique la Educacin Sexual Integral, estamos en problemas.

Puede ser un motivo tambin por la falta de contencin que existe ante estas problemticas, y que la nica solucin, porque a veces es la nica solucin, sea recurrir a una denuncia pblica que implica la exposicin de la denunciante, para accionar de alguna manera.

As como actualmente se discute la baja de imputabilidad en Argentina, porque prefieren invertir en la encarcelacin de nixs antes que invertir en una educacin de calidad, o antes de invertir en la creacin de fuentes laborales, y un largo etc, se elige apostar a la construccin de una sociedad que se deshaga de los males, antes de enfrentarlos de manera integral y justa.

Ac de nuevo se pone en tensin la nocin de Justicia. No sorprendentemente, son las mismas personas que acuerdan con que la educacin sexual se ensea en la casa, y que con sus hijos no se metan, y as evitar por ejemplo que lxs nixs puedan identificar abusos. Porque de fondo, lo que est faltando tambin es la aplicacin de Educacin Sexual Integral, que no sirve slo para hablar sobre identidades, deseos e inquietudes sexuales, sino de la que se parte para la construccin de una sociedad ms igualitaria, que tenga en cuenta la socializacin desigual que existe respecto al gnero y la sexualidad.

Bajo la excusa de la solucin a travs de la criminalizacin el Estado se desliga de la responsabilidad de contener los problemas y en cambio despliega todo su aparato represivo y generador de desigualdades. As, va configurando los candidatos perfectos para ir a la crcel, profundizando la marginalidad, en vez de integrar, expulsa.

Y entonces, en qu quedamos?

Si el feminismo hoy es protagonista de una propuesta transformadora tiene que debatir el punitivismo. Pensar la sociedad de otra forma que sea democrtica, plural, ms justa, con todas las diferencias que cada espacio poltico y cada persona tendr, es tarea urgente. Proponer otras nociones de justicia que no estn atadas a percepciones conservadoras de la solucin a los conflictos sociales, es tarea tambin del feminismo.

Si ya ninguna construccin se piensa por fuera del abordaje de gnero, exige la mayor precisin posible. Esa precisin se ir dando a medida que la reflexin tenga su espacio, que la discusin se multiplique. Corremos el riesgo de que nuestros problemas sean solucionados con mayor represin, mayor fuerzas de seguridad en la calle, y ms leyes que no contemplen perspectivas ms amplias y crticas.

Las cosas vistas de este modo, no propone quitarle importancia a hechos que atentan contra la vida y la libertad de las personas LGTTTBIQ+ y las mujeres, en absoluto. Es urgente pensar cmo frenar la violencia que moldea los comportamientos que intentan educar a travs de la violacin , someter a travs de los golpes y la humillacin, y un infinito encadenado de injusticias que son usados para que el mundo siga siendo lugar seguro para los machos heterosexuales.

Sin embargo, cmo pensamos una propuesta superadora? Si nadie nace heterosexual, nadie nace mujer, nadie nace cis, tampoco nadie nace violento y machista, cmo desactivamos los ncleos duros que moldean a la sociedad para que sea misgina, patriarcal y homoodiante?. En este sentido, sabemos que hay prcticas violentas sedimentadas que son violentas, que suponen la cosificacin de los cuerpos feminizados, que niegan la autonoma hasta para decir que s o que no, que si las negativas son inaudibles es porque el sujeto que la enuncia fue despojado del derecho a decidir por s mismo.

Es posible que haya denuncias no veraces, pero sobre el fondo de una verdad sistemtica que las vuelve verosmiles. La afirmacin de yo te creo hermana surge de esa verdad de fondo. Es imprescindible construir tramas para que las denuncias no sean barriletes, para que les denunciantes no queden expuestes a contraataques, para que puedan narrar, pero tambin para poder construir una escucha que sopese, una escucha crtica, que parte de la creencia y de la decisin de acompaar pero insiste en pensar con esa palabra dicha y no meramente de asentir (Lpez, 2019,pp. 62).

Fuente:https://enfant-terrible.info/feminismos/critica-al-punitivismo-desde-una-mirada-feminista/?fbclid=IwAR1mAqWlXnfiljzeSsvTwLnTTXtgWYErEISZdWb6rKL6VbWWQseHnpPMEis
 


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