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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2019

Habr trabajo, pero de mala calidad

Antonio Antn
Rebelin

Extracto de la Comunicacin al XIII Congreso Espaol de Sociologa, Valencia (2019)


Desde hace dcadas persiste el debate sobre el futuro del trabajo y, ms especficamente, del empleo, derivado de la revolucin tecnolgica. Ahora se ha acelerado. El diagnstico convencional es la disminucin cuantitativa del empleo normalizado, aun admitiendo la persistencia de una gran cantidad de trabajo (reproductivo y social) no regulado o sumergido, especialmente a nivel mundial.

Paralelamente, la crisis socioeconmica y las polticas de ajuste y austeridad aplicadas en esta ltima dcada han ocasionado graves consecuencias sociolaborales: paro masivo, precarizacin del empleo, devaluacin salarial, segmentacin y segregacin y desequilibrio en las relaciones laborales. Disminuye el empleo decente o de calidad y se genera empobrecimiento, desigualdad e incertidumbre.

Por tanto, hay que volver a analizar con realismo estas tendencias, hacer frente a los prejuicios convencionales y explicar sus implicaciones sociolaborales y normativas. Primero, explico las tendencias del empleo mundial. Segundo, el impacto tecnolgico en el empleo sealando que el problema principal es el tipo de poder. Tercero, una de sus implicaciones normativas: la renta bsica. Termino con unas conclusiones.

Las tendencias del empleo mundial

Comienzo por detallar la evolucin del empleo mundial, con datos oficiales de la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT), durante el ltimo periodo de treinta aos, suficiente para analizar los impactos de la crisis econmica iniciada en el ao 2008, as como la influencia de la innovacin tecnolgica -Los datos de los grficos son en millones y a partir de 2018 son proyecciones de la propia OIT-.  

Grfico 1: Evolucin del empleo mundial, total y por sexo (1991-2020)

El grfico 1 seala su evolucin total y por sexo. La lnea en los tres casos es ascendente, con un incremento total de unos mil millones: hay un incremento de ms del 40%, desde unos dos mil trescientos hasta los actuales tres mil trescientos millones, con una evidente brecha por sexo y su ligera ampliacin.

El grfico 2 expone la diferencia por edad, entre el segmento de 15-24 aos en que se mantiene en torno a 500 millones, con un ligero descenso derivado de la ampliacin de la escolaridad, junto con un ascenso significativo de la poblacin empleada de ms de 25 aos que se incrementa en unos 1.300 millones (75%), hasta alcanzar cerca de los 3.000 millones.

Grfico 2: Evolucin del empleo mundial, por edad (1991-2020)

El grfico 3 explica la evolucin del desempleo, total y por sexo. Entre los aos 1990, con poco ms de 100 millones, y 2003, con 173 millones, hay un ligero y continuado aumento que se invierte un poco en el corto espacio entre 2004 y el comienzo de la crisis de 2008, ao en que se produce un fuerte incremento hasta cerca de 180 millones, mantenindose desde entonces en torno a 172 millones de personas desempleadas, tal como calcula la OIT para 2018, con una tasa de desempleo del 5,0 por ciento. As, es llamativo que esa tasa pasara del 5,0 por ciento en 2008 al 5,6 por ciento en 2009, en solo un ao, y que la recuperacin hasta los niveles predominantes antes de la crisis financiera mundial haya tardado un total de nueve aos.

Por otro lado, siguiendo con el ltimo informe de la OIT, la tasa de participacin laboral femenina fue del 48 por ciento en 2018, muy inferior a la masculina, que fue del 75 por ciento; vale decir que, en 2018, alrededor de tres de cada cinco de los 3.500 millones de integrantes de la fuerza de trabajo mundial eran varones. La evolucin hacia el cierre de la brecha de gnero en las tasas de participacin tuvo un lapso de rpida mejora que se prolong hasta 2003 pero luego se estanc. Los alarmantes 27 puntos porcentuales de disparidad registrados en 2018 en la participacin laboral debieran impulsar medidas polticas destinadas a mejorar la igualdad de gnero en los mercados de trabajo del mundo y tambin a potenciar las capacidades de las personas.

En general, las tasas de participacin laboral entre los adultos vienen reducindose desde hace veinticinco aos; esa reduccin es an ms pronunciada entre las personas jvenes de entre 15 y 24 aos. Se calcula que esta tendencia descendente continuar en el futuro. La paradoja es que, aunque crece el empleo entre las personas adultas, el incremento de la poblacin es mayor.

Grfico 3. Evolucin del desempleo mundial, total y por sexo (1991-2020)

Otro indicador significativo es sobre la evolucin ltima de la tasa de actividad total desde 1990 (67%), con un repunte hasta el ao 2005 (68,4%) y una bajada posterior por el impacto de la crisis hasta 2018 (67,3%), en que el porcentaje se sita en un valor similar al del ao 1990. En estas tres dcadas, se ha mantenido una tasa de actividad algo superior a los dos tercios de la poblacin de 15 a 64 aos, aunque hay diferencias significativas por sexo.

La tasa de actividad masculina va descendiendo ligeramente en todo el periodo de una forma gradual (entre parntesis el porcentaje de participacin en la fuerza laboral, que es algo superior al integrarse la llamada fuerza de trabajo potencial, un grupo clasificable como fuerza de trabajo subutilizada, que suma unos 140 millones de personas). En el ao 1990 es del 80% (84,2%), va bajando hasta el ao 2005, con el 77,4% (82,1%), y lo contina haciendo hasta el ao 2018, con el 75% (80,6%).

La tasa de actividad femenina es inferior en ms de 21 puntos respecto de la masculina, aunque la desventaja ha disminuido algo desde los 28 puntos del ao 1990. Adems, se mantiene casi igual entre los aos 1990, con el 51,4% (56,2%), y 2005, con el 51,1% (56%), pero baja de forma significativa con la crisis econmica hasta situarse en el 48,5% (53,7%) en el ao 2018.

Por ltimo, hay que precisar el tipo de empleo que se est creando y destruyendo, con datos de la OCDE, analizando la variacin porcentual de los empleos, por niveles de cualificacin, comparando la de Espaa con la de otros pases desarrollados (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y EEUU). Destaca que, en las dos dcadas entre 1995-2015, ha habido una alta destruccin del empleo de cualificacin media en todos los pases y una creacin en los dos extremos: significativa de los empleos muy cualificados y limitada de los menos cualificados. En Espaa las dos tendencias se acentan: la destruccin del empleo de cualificacin media alcanza al 13% cuando la media de los otros pases est en el 9%; y del muy cualificado crece ms, el 10%, cuando la media del resto est en torno al 6%; no habiendo diferencias significativas en el limitado crecimiento (inferior al 5%) del empleo menos cualificado.

En definitiva, el empleo no toca a su fin, sino que se reestructura. Su crecimiento a nivel internacional es significativo, aunque la poblacin mundial crece a un mayor ritmo y, particularmente, en la franja de edad de 15 a 25 aos se reduce algo, debido al aumento de la edad en la escolarizacin, entre otras cosas. El problema principal es su precarizacin, no su desaparicin; por tanto, el objetivo es ms bien la garanta para un empleo decente. Segn los Informes de la OIT, un total de 2.000 millones de trabajadores/as estaban en el empleo informal en 2016, el 61 por ciento de la poblacin activa mundial. Otro claro indicio de la mala calidad de muchos empleos es que en 2018 ms de una cuarta parte de personas trabajadoras de pases de ingreso bajo y de ingreso mediano bajo vivan en situacin de pobreza extrema o de pobreza moderada. Las polticas de proteccin al desempleo y contra la precariedad laboral y la pobreza tienen que ser complementarias con la relevancia que todava tiene el empleo, combatir su inseguridad y sus lmites para garantizar unas condiciones de vida dignas y tratar el conjunto del trabajo, incluido el no mercantil.

El problema es de poder, no tecnolgico

En el actual contexto de desigualdad el sentido y la dimensin del impacto de la revolucin tecnolgica en el empleo depende de la orientacin poltica del poder econmico-financiero e institucional, respecto de la regulacin de la globalizacin neoliberal y las caractersticas de las polticas pblicas. Solamente cito algunas valoraciones recientes y relevantes, complementarias a las investigaciones propias:

Paul Krugman crtica la visin tecnolgica de la precarizacin del trabajo, los bajos salarios y el paro. Su causa es poltica y de poder.

Similar valoracin sobre la importancia del contexto poltico para determinar el sentido del impacto tecnolgico es la de Vicen Navarro, que insiste en la importancia de las relaciones de poder en los procesos de produccin, distribucin e informacin.

Por otro lado, tal como enfatiza Albert Recio, al criticar la idea del supuesto fin del trabajo, hay que revalorizar la importancia del trabajo no mercantil y el reparto equitativo de toda la carga social.

El futuro del trabajo y las rentas bsicas

Parto del actual contexto de empobrecimiento general, paro masivo, desarrollo tecnolgico y debilitamiento del empleo y los sistemas de proteccin social, en particular, frente al desempleo y la pobreza. Esta etapa neoliberal constituye una quiebra del anterior pacto keynesiano y de la garanta para mantener unas condiciones de vida dignas a travs de los dos pilares convencionales: empleo y proteccin pblica.

Hay dos visiones sobre la relevancia del trabajo en el futuro. Por una parte, su persistencia, su reestructuracin y segmentacin interna y su precariedad, con la responsabilidad del actual poder poltico y su estrategia neoliberal. Por otra parte, el determinismo tecnolgico de la desaparicin del empleo, con la simple adaptacin a la dinmica econmica y la subordinacin popular

En correspondencia, existen dos modelos de rentas bsicas o sociales que pretenden superar el actual sistema de rentas mnimas de insercin (y prestaciones de desempleo), de limitado alcance y cobertura, frente al deterioro del empleo y el Estado de bienestar, la proteccin social convencional, como fuente de rentas suficientes.

Por un lado, una renta bsica de carcter universal e incondicional, independiente del empleo y las condiciones sociales de las personas, pero sin la prioridad de transformar la desigualdad social y con diversidad de posiciones ante el poder econmico y la fiscalidad. Por otro lado, un plan de garantas de rentas sociales que busca afrontar la vulnerabilidad social y la pobreza y fomentar la integracin social, la equidad, y la ciudadana social, renovando el contrato social de reciprocidad de derechos y deberes y la funcin del trabajo. El debate dura ms de tres dcadas. Tal como he mantenido durante ese tiempo, considero ms razonable la segunda opcin.

Conclusiones

Hay dos ideas deterministas complementarias, planteadas como inevitables: disminucin del empleo (y trabajo) existente, y su precarizacin. Supondra una gran transformacin de su papel para la articulacin social, como mecanismo de acceso a rentas y condiciones necesarias para vivir dignamente y soporte del contrato social y el pacto keynesiano, base del Estado de bienestar, los sistemas de proteccin social, as como de la cohesin cvica y la democracia.

Esas posiciones expresan una parte de la realidad, pero tienen una funcin ideolgica: enmascarar y justificar la consolidacin del poder neoliberal con la actual dinmica de globalizacin desbocada y la subordinacin de las clases populares y las fuerzas progresistas; pretenden generar resignacin y adaptabilidad e impedir una transformacin sociopoltica emancipadora.

La realidad es diferente: persiste un gran volumen de empleo, con una precarizacin mayoritaria y una segmentacin mayor, con un crecimiento paralelo del empleo muy cualificado. Ello supone la persistencia de la problemtica del trabajo y la necesidad de garantizar empleo decente y fortalecer los sistemas de proteccin social pblica y el Estado de bienestar, en la perspectiva de una democracia social avanzada.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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