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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2019

Un balance de los caminos seguidos por las "nuevas izquierdas"
Herencia, reemplazo o autonoma? La rueda sigue y se acab la juventud

Luis Thielemann
Revista Rosa


Si ubicamos el origen de las nuevas izquierdas, en Chile y otras latitudes, ms o menos en torno a las protestas globales de 2011, ya han pasado los suficientes aos e hitos polticos como para realizar un balance de los caminos seguidos.

A estas alturas ya no vale justificar el qu hacer como espera, y no es perdonable insistir que lo hecho se explica como un por mientras. A la generacin impugnadora de hace casi una dcada se le acab la juventud, pero la rueda sigue girando.

Hoy, las nuevas izquierdas no pueden refugiarse en promesas de futuro ante el acoso del juicio crtico, pues ya tienen presente y pasado, y eso es lo que son hoy, para bien o mal. La prctica poltica de las nuevas izquierdas es un hecho, ellas tienen varios ciclos completos como para proponer ni tan diversas formas de lo que se quiere ser.

Pareciera que la nueva poltica que se abra creativa hace algunos aos, hoy se reduce a la bsqueda por ser la herencia o el reemplazo de la vieja poltica progresista. A esas diversas formas actuales del ser de la nueva izquierda, y a las otras formas que todava podra ser, es que apunta la crtica este texto.

La herencia

Lo que se hereda no se hurta, dice el dicho, y en este caso aplica. De las tres formas posibles en que se construye una nueva izquierda, heredar el pasado es la ms simple, pues precisamente evita el asalto o el conflicto que significa hurtar la posicin. No requiere mayor esfuerzo, aunque depende, al igual que sus alternativas, de la crisis de las organizaciones hegemnicas anteriores. Necesita esa obsolescencia etaria y poltica.

Si lo que se hereda es la conduccin de una clase o una alianza de clases, la herencia requiere de una crisis contenida a los portadores de la tarea poltica de clase, a las estructuras y organizaciones contingente. Pero esta crisis no puede afectar a las fuerzas sociales que le daban densidad real a la poltica de clase. La herencia es un cambio de personal, pero no de inters social y tampoco de historia. La herencia es tal precisamente para conservarse.

Pero qu es lo que se hereda? La forma poltica del neoliberalismo. Una democracia cercenada de cualquier capacidad de alterar el sistema econmico, un consenso cerrado sobre los lmites de las demandas sociales, una anulacin, en s, de la idea de historia.

El realismo capitalista y las nicas dos alternativas aceptables: moderarlo o intensificarlo. Progresismo o Conservadurismo, y lo que se conceba como modelo econmico, hoy se eleva a fuerza de la naturaleza. A lo ms que se llega es a idealizar alguna forma de republicanismo que nunca existi en alguna sociedad, en ninguna parte, salvo en las historietas que el occidente blanco cuenta de s. Se hereda un montn de cosas que podemos denominar izquierda de la Transicin, en tanto lo que nos toca en este tiempo de aquello que se llam la izquierda del rgimen.

En el fondo, se hereda la celebracin de reconvertir al militante en tcnico, un cambio del crtico radical al que ofrece soluciones concretas. Es la posicin socialdemcrata de la tercera va, respetable en foros acadmicos e internacionales, pero a la que no se le pone atencin, salvo para legitimar la verdadera ciencia, la de cmo sacar dinero para la minora a partir del sometimiento de la mayora de la poblacin.

Cmo se hereda? Primero, se idealiza. Se valoriza para heredar. As comenzaron hace un tiempo distintas revisiones de lo hecho en el pasado por los progresismos que revisan e invierten todo tipo de valores. Un revisionismo corto y otro largo.

Uno largo para revalorizar el parlamentarismo y la vieja ilusin con la poltica: que los cambios posibles, crticas al mono de paja del bolchevismo utopista o al obrerismo terco (que todos apuntan, pero no es visible por ninguna parte), que los pactos polticos con la tambin mtica derecha responsable y republicana. El corto, para valorizar lo que antes se rechazaba radicalmente, aquello que los momentos 2006 y 2011 cremos haban desnudado definitivamente.

Segn la leyenda de los que apuestan a heredar, los acuerdos de la transicin de repente pasan a ser imposiciones que el Partido Socialista acept pero que los socialistas rechazaron en un silencio que, ahora nos dicen, no fue cmodo, sino que traumtico.

Un revisionismo corto que nos dice que pueden desaparecer los partidos, pero no su objetivo final: el glamoroso y bien pagado rol de legitimar por la izquierda (o bien para castigar a los ultras) el insoportable rgimen totalitario del capitalismo mediocre del siglo XXI.

Se convierten, literalmente, en ese odioso apodo trotskista de muleta. Las viejas fuerzas, desfallecientes, encuentran nuevos grupos ansiosos de ocupar ese lugar. Se reconocen mutuamente: unos dan credencial de contra-renovados a otros, los otros dan credencial de maduros y serios a los unos.

Una vieja corte destetada del Estado transicional por el revanchismo, buscando jvenes cuadros que les permitan reabrir el flujo de dinero hacia su existencia de crticos impotentes. Es una tendencia conservadora, pero tambin una muy segura.

La bsqueda de algunas franjas de la izquierda actual por convertirse en herederos del progresismo neoliberal (o de lo que llaman su alma autntica o de izquierda) se debe a su orfandad de lucha social.

El proceso es posible, precisamente, porque lo que tensaba a esas franjas a la confrontacin creativa ms que a la herencia, la lucha de estudiantes, profesores y otros grupos en el ciclo 20062016, ha bajado su intensidad y el malestar social se ha convertido en una normalidad fragmentada de luchas sociales. Se llega a buscar una herencia porque se asume que, a pesar de un evidente estado de rabia social en todo occidente, solo hay un presente eterno y, si somos radicales, lo podemos moderar.

Como sea, la herencia es explicable como derrota. Es la porfa por seguir activos tras el fracaso de lo que declaradamente se intent en la poltica como una ofensiva por terminar con la Transicin; o bien, es la naturalizacin del inters mesocrtico y arribista de las ltimas dcadas por la va de travestirlo discursivamente como el sincero e incuestionable inters popular. La derrota de defender lo que se jur destruir por la va de la herencia es algo que no ha tenido explicacin poltica.

El reemplazo

Quin busca reemplazar a las fuerzas progresistas de las dcadas de la Transicin no puede heredar nada de ellas. Es la apuesta por el hurto, el asalto. No se trata de hacer saltar la rueda, sino de modificar completamente a las personas que estn en ella.

David Harvey, en Breve historia del neoliberalismo, indica que puede haber una restauracin del poder de clase sin que eso signifique las mismas personas de la misma clase. Cuando una nueva fuerza poltica realiza un reemplazo de otra, la posicin del orden social se mantiene, pero solo eso.

Los viejos protagonistas ya no heredan, solo mueren con su historia y cultura. En su lugar asumen sus hijos convencidos de ser bastardos. El que reemplaza no puede heredar la organizacin, ni su historia (no de inmediato), ni nada. Viene a ocupar su lugar como una otra cosa, pero no cambia el lugar que ocupa ni modifica sus lmites; es decir, es un reemplazo en la direccin poltica de una clase social ya integrada como tal a la poltica.

Por ms que buena parte de la nueva izquierda chilena y global haya sostenido una retrica crtica, radicalmente crtica, a las viejas izquierdas por su impotencia o por su derechizacin, nunca se critic la posicin original. Los reemplazantes acusan de deformacin de la naturaleza izquierdista a las viejas socialdemocracias, pero no tienen problemas con ese viejo izquierdismo.

El parlamentarismo burocratizado, el conservadurismo nacionalista y desarrollista, el privilegio de los equilibrios econmicos por sobre el avance poltico de las clases populares, son todos temas que los reemplazos no deciden tocar.

En Chile, la izquierda que practica la poltica institucional en un parlamento ms constreido en su alcance poltico que el del perodo previo a 1973, no hace ninguna revisin de las razones por las que ni all se pudo construir el socialismo.

Porque, al final del da, el reemplazo no es superacin. Superacin significa que se va ms all de una estrategia que a su vez es integrada como parte de lo nuevo.

Reemplazo es slo cambiar el ejecutor de la misma estrategia. Es como si la amarga derrota del ltimo cuarto del siglo pasado, y la terrible catstrofe humana y poltica que le sigui, no hubiesen sido sino un problema de ejecucin, que hoy, con tanto PhD en las filas, no es ni siquiera algo en lo que reparar.

El reemplazo no modifica en nada sustantivo el orden social. El equilibrio de la poltica permanece, pues todos ya supimos que el fantasma neonazi es solo la radicalizacin de la misma vieja porcin antidemocrtica de la derecha. Porque la pequea poltica solo se convierte en gran poltica si es que entra una fuerza social nueva, que plantee el problema del Estado y su control social.

Los polticos, como clase administrativa del orden social, solo devienen en la poltica si sta se convierte en campo de la lucha de clases, es decir, si es que efectivamente hay clases contradictorias disputando la forma del Estado, de la economa, en fin, del orden.

Por ms apelacin comunista a que el concepto clase poltica es liberal, es necesario entender la especificidad administrativa que tiene la poltica cuando all dentro no est el antagonismo vivo, lo que en el siglo XX significaba la presencia en la poltica de partidos rojos y de base obrera organizada y masiva. Eso no ocurre hoy.

El reemplazo es hoy apostar a vivir en la mediocre y banal poltica del siglo XXI. A pesar de toda la retrica revolucionaria que acompaa a las figuras ms conocidas del Frente Amplio en Chile, las acciones buscan ser la mejor versin de lo que ya conocemos, no lo nuevo que viene a destruir un pasado ya incapaz de ofrecer otra cosa.

Por ello el reemplazo es una alternativa de supervivencia. Y la pelea del largo 2011 por rematar a los partidos del progresismo neoliberal no ha tenido xito, porque es el mismo campo electoral, no constituido en fuerza social, lo que se disputa. Es la direccin de una masa cada vez ms pequea de votantes, y no una fuerza social politizada lo que se busca reemplazar.

En estos aos de amenazas de sorpasso, la guerra civil en la izquierda del rgimen se devel costosa, mientras el paulatino reemplazo se muestra hoy como lo ms sensato, a travs de comisiones y documentos pomposos de la oposicin, pero cuya sustancia social sigue siendo la pequea minora que vota con cada vez menos inters y sentido.

El todos contra la derecha parece ganar cada vez ms adeptos, sin mucho entusiasmo, pero con claridad, en el FA; en Espaa, Podemos se muestra cada vez ms entusiasmado de colaborar con el gobierno socialista, apenas dos aos despus de amenazar con hacerlos desaparecer.

Mientras la socialdemocracia ofrece avances que parecen espectaculares ante sus fuertes derrotas de un lustro atrs, la alternativa que supuestamente se diferenciaba en el nfasis en la lucha social, parece que ya no pide ms que un par de cargos con los cuales capitalizar la muleta izquierda.

Es una especie de radicalizacin interna para la conservacin de las instituciones que, en un imaginario que todava recuerda las idealizaciones revisionistas del siglo XX, supuestamente servan para contener al capitalismo.

De la revolucin a la contencin, de la nueva democracia contra el rgimen neoliberal a las propuestas para un cambio tmido. Para los reemplazantes, buscar salir de un orden en que ya estn seguros puede oler a utopa, aunque en realidad piensan que es cosa de tontos.

La autonoma

La herencia es mediocridad, el reemplazo es claudicacin. Sabemos que ambas formas no son capaces de abrir la poltica para el ingreso de una nueva fuerza social y esa es la principal razn para rechazarlas como destino de la nueva izquierda.

A pesar del evidente carcter social ms o menos comn que tiene el Frente Amplio, su ambigedad a la hora de hablar de clases denota algo ms que problemas tericos.

Ese silencio es un espacio seguro: sincerar el carcter social es sincerar qu y cmo se pagan los techos y comidas los militantes que dirigen los partidos; no hacerlo, en cambio, evita responder que, en ausencia de una fuerza social constituida en fuerza poltica, ese qu y ese cmo de la reproduccin humana tienen una tendencia irrefrenable hacia la herencia o el reemplazo del progresismo neoliberal en la poltica chilena.

Pero no se trata de tener voluntad de otra cosa simplemente. No se trata de ser mejores izquierdistas, como si eso resolviera alguna otra cosa que no fuera la culpa pequeoburguesa de los militantes ateos.

Las preguntas saltan. realmente queremos conservar la institucionalidad de la Transicin, ya sea reemplazando o heredando el rol de sus ejecutivos, o es posible mantener un desafo creativo de izquierda, una propuesta activa de otro orden?

Es posible eludir el destino de ser herencia o reemplazo sin un ciclo de luchas sociales a la ofensiva?

La posibilidad de mantener un pulso abierto desde la izquierda y contra el capital y el Estado neoliberal, solo es posible si se le valora como fin en s mismo y ya no como medio para una estrategia ultra o moderada, da igual. En otras palabras, abrir un ciclo de gran poltica necesariamente consiste en lograr que la poltica se convierta en la forma civilizada de las acciones motivadas por el odio de clases; y entender tal logro como algo revolucionario.

La poltica autnoma es la secularizacin de tales categoras lucha de clases, poltica revolucionaria- a travs de la masificacin popular de la lucha por el poder. Y su primera utilidad es crtica hacia la izquierda, pues combate los fundamentos de lo limtrofe y mediocre de las fuerzas que buscan ser herederas o reemplazantes del progresismo neoliberal, es decir, la constante mistificacin elitista y tecnocrtica de la poltica.

Sin una fuerza social presionando contra la herencia o el reemplazo, la autonoma de la poltica de los subalternos parece imposible. Pero constituir una fuerza social interesada en contener y combatir el orden neoliberal no es algo que ocurra fuera del tiempo. La constitucin de clases sociales populares en fuerza poltica ocurre precisamente en la prctica poltica de esas fuerzas.

No ocurre en un antes mtico, un proceso sin tiempo y codificado en neo-lengua acadmica por los intelectuales que sufren de presentismo, esa deformacin que hace creer que en el hoy todo es nuevo y consciente, mientras que en el pasado solo hubo naturaleza y una inconsciencia parecida a la animalidad o la infancia.

La constitucin de una fuerza social que abra la poltica se produce, tambin, volviendo a hilvanar el pasado y el presente, pues slo as se observa el largo ir y venir de la poltica, as como los aprendizajes histricos, de las clases subalternas.

En la prctica de ir abriendo la poltica desde las luchas sociales se valora la autonoma, en si se rechaza la herencia y el reemplazo en una poltica cerrada que no sirve. Y cuando se observa que ya se aprendi alguna vez a practicar dicha autonoma, se recupera la caja de herramientas de la izquierda radical.

Esto no es pura verbalizacin de deseos, sino que abstraccin de los procesos reales de los partidos rojos exitosos, aunque ellos se cuenten a s mismos otras historias. Todas las formaciones polticas de izquierda que sortearon la irrelevancia o la derrota, surgieron de luchas sociales que no podan representarse en la poltica realmente constituida. Su xito, ms que el mito de hacer la revolucin, fue mantener abierta la poltica desde la lucha de clases por ms de un siglo.

No hubo gran poltica de masas sino hasta el ingreso de los partidos rojos a la misma, y la hubo en todo el siglo XX porque esos partidos rojos convirtieron la anomala en norma: lograron que la lucha de clases como crisis de la poltica pasara a ser su orden de sentido, la civilidad histrica de lo que, sin la clase obrera organizada en la izquierda, sera simplemente barbarie. Y la crisis de la poltica es la ausencia de la lucha de clases en ella. Sin eso, sin los subalternos imponiendo su urgencia, la poltica no importa, es un juego de pequeoburgueses, la ridiculez de imitar una modernidad que ya no existe.

Esto suena bien, pero ya dijimos que no depende de la voluntad, sino de que haya fuerzas sociales subalternas amenazando con saltar directo a la yugular de sus representantes polticos, so pena de la ms violenta destitucin.

La oligarquizacin parlamentaria que hoy sufre Podemos en Espaa y el Frente Amplio en Chile , y en general las nuevas izquierdas occidentales surgidas de las luchas de 20062016, no es un problema de vicios personales o de corrupcin de ideas. Es un problema de fuerza poltica.

Digmoslo en simple: cuando llegaron los abundantes flujos de dinero estatal a la nueva izquierda, no hubo ninguna fuerza social constituida y representada en ella que le pusiera una lista de urgencias. Es en ese plano, y no en una dimensin ilegal o ilegtima, que los recursos parlamentarios del rgimen estn logrando comprarse una nueva izquierda ante la obsolescencia del viejo progresismo neoliberal.

Pero la nueva izquierda puede hacer otra cosa, tomar otros caminos que no sean el enfrentarse con la mera honestidad al dinero estatal que viene de compras. El Frente Amplio en Chile, pero en general la nueva izquierda, tiene en sus filas suficientes dirigentes y militantes de las luchas sociales de los subalternos del siglo XXI como para fortalecer un inters anticapitalista que se erija en obligado lmite y direccin.

Las feministas son, probablemente, la punta ms aguda, masiva y amplia de esas nuevas corrientes de impugnacin. Las clases se constituyen luchando contra la fuerza destituyente que le imponen las clases dominantes. Un partido clasista, en el sentido histrico y no orgnico del trmino, ha existido cuando se construye como direccin poltica en las luchas fragmentadas y corporativas, adquiriendo paulatinamente unidad y perspectiva poltica.

Cmo, entonces, concretamente? Ubicando en posiciones resolutivas de los nuevos partidos de izquierda a las dirigentes sociales, organizando los partidos por frentes de lucha ms que por el orden electoral (con sus distritos comunales, regionales, etc.), y entendiendo a los nuevos partidos como la izquierda de la lucha social, como la poltica racional destinada a ganar, como la herramienta especfica de los sectores populares en lucha por sus intereses y no como la izquierda del parlamento, la izquierda del rgimen neoliberal.

Se trata de pensar cmo esos dirigentes toman control de los nuevos partidos de la izquierda, tal y como tenan asegurados sus asientos los dirigentes obreros en los viejos partidos socialistas y comunistas. Se dir que eso es un nuevo corporativismo. Puede serlo, y es un riesgo, pero es ms deseable un partido moderado por su anclaje real en luchas sociales, que uno que a veces puede ser radical y otras no, porque solo presenta como programa las voliciones de dos o tres socios controladores, cuyo arrastre depende ms de la prensa empresarial que de anclajes en masas sociales organizadas para el conflicto.

De hecho, ese es el eje en que tiene sentido proponer la autonoma como poltica. O la nueva izquierda es fruto del dilogo tenso entre los movimientos sociales populares y los polticos profesionales, para intervenir ah en la poltica, o ser simplemente la burocracia roja, verde, morada o multicolor de la poltica representativa.

El enfrentamiento entre el inters de reforma de las bases sociales populares y la conservacin institucional que paga el dinero estatal es la cuestin hoy de cmo producir una nueva izquierda.

La autonoma no es un espectacular asalto al palacio de invierno, sino la tediosa tarea de organizar abajo, producir fuerza propia y golpear arriba para vencer. Y luego, comenzar otra vez, avanzar dos pasos, retroceder uno, porque no hay salvacin alguna en la poltica de otros, pero tampoco hay horizonte emancipador fuera de la poltica .

http://www.revistarosa.cl/2019/05/06/herencia-reemplazo-o-autonomia-la-rueda-sigue-y-se-acabo-la-juventud/


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