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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2019

Rusia
La lucha social, experiencia de vida y crtica proletaria

Carine Clment
https://laviedesidees.fr/


En un contexto global de ascenso general de los populismos, de las desigualdades, de los autoritarismos y de las polticas econmicas neoliberales, Rusia puede considerarse un caso extremo. La rapidez y amplitud de los cambios polticos, geoestratgicos, econmicos y sociales que han sacudido el pas desde la cada de la Unin Sovitica han convertido este pas excomunista en uno de los ms desiguales del mundo y uno de los que llevan a cabo con mayor brutalidad el desmantelamiento de su sistema de proteccin social. Esta brutalidad y este ritmo acelerado de las reformas neoliberales han obstaculizado en gran parte las resistencias sociales frente a lo que cabe denominar, de acuerdo con Michael Burawoy en su interpretacin de Karl Polanyi, la mercantilizacin forzada y socialmente devastadora. 1/

Al son de los coros que cantaban las loas a la democracia de mercado, marcando el tono de la dcada de 1990, las solidaridades se disolvieron en la lucha por la supervivencia y la desconfianza generalizada. El desencanto se instal rpidamente, permitiendo la instauracin del rgimen putiniano, 2/ que perdura hasta hoy. Esto no quiere decir que la poblacin se haya mantenido completamente pasiva. Ha habido y sigue habiendo numerosas luchas sociales, pero estn fragmentadas, son de dimensiones reducidas y se centran en problemas sociales concretos y limitados. 3/

Por todas estas razones, la aparicin de una crtica social en el seno de los sectores populares empobrecidos, descalificados e invisibilizados llama particularmente la atencin. Aqu los llamaremos proletarios desclasados; desclasados debido tanto a la retrogradacin social brutal como al descrdito en que ha cado el discurso de clase. Si en un pas que ha dado tan radicalmente la espalda del socialismo renace la crtica social, urge interesarse por las manifestaciones de esta crtica y por las vas que ha emprendido para abrirse paso. En efecto, si la desigualdad y la dominacin experimentadas por los proletarios de Rusia tienen sus especificidades asociadas a una historia, una cultura y un contexto poltico concretos, la experiencia que vive la gente de abajo de esta desigualdad en su vida cotidiana no est tan alejada de la que viven otras capas populares en otras sociedades, Francia incluida. Rusia no es una excepcin y algunos investigadores han tomado incluso la pluma para demostrar su normalidad; 4/ muestra con una gran visibilidad lo que ocurre con el conjunto social en un pas en que se mezcla la democracia autoritaria con el neoliberalismo postsocialista.

En la Rusia contempornea, el conjunto social est constituido en gran medida por sectores depauperados y precarios que no son minora, sino que abarcan a la mayora de la poblacin. Las estadsticas oficiales de pobreza subestiman el fenmeno, ya que rebajan artificialmente el umbral de pobreza. Segn una encuesta reciente, de hecho, ms de la mitad de la poblacin vive en la pobreza o en riesgo de caer en la pobreza, con una gran proporcin de personas asalariadas pobres. Tras la mejora del nivel de vida que se produjo en la dcada de 2000, la tendencia fue agravndose con la crisis financiera mundial de 2008 y posteriormente con la crisis derivada de la anexin de Crimea en 2014. La cada del rublo, las sanciones econmicas de Occidente y las contrasanciones rusas, as como el descenso del precio del petrleo, hicieron que los salarios y los ingresos reales disminuyeran regularmente; los atrasos salariales empiezan a acumularse de nuevo; las formas atpicas e informales de trabajo vuelven a florecer, como ya ocurri durante la catstrofe social y econmica que marc la dcada de 1990 a raz del colapso brutal del sistema sovitico.

Asimismo, el conjunto social est en gran medida por recomponer o unir de nuevo, ya que el traumatismo social, nacional y cultural 5/ de la dcada de 1990 desintegr las coordenadas sociales de la mayora de la poblacin rusa, disolviendo las identidades y cortando los lazos sociales. La terapia de choque neoliberal dej abatida a la sociedad, eliminando las referencias sociales existentes y obligando a la gente a replegarse sobre s misma o sobre sus microespacios de supervivencia. Numerosos socilogos dudaban incluso de hablar de sociedad con respecto a Rusia, prefiriendo trminos como camarillas 6/ o pequea sociedad. 7/

Cmo llega la gente, incluidos sobre todo los y las ms desfavorecidas, a desarrollar una crtica social, componer un espacio comn y a veces incluso movilizarse en condiciones de depauperacin generalizada y en un rgimen autoritario y oligrquico? Una observacin atenta permite ver que se est construyendo un espacio social en medio de ese magma de significados imaginarios del que habla Cornelius Castoriadis, 8/ en un proceso de articulacin improbable entre tendencias que podran parecer contradictorias: el descubrimiento del espacio nacional, la apertura del imaginario social a un vasto nosotros enraizado en experiencias de dominacin y de explotacin vividas como comunes y la crtica social centrada en la contestacin de las desigualdades sociales. Las reacciones a la poltica de austeridad presupuestaria y de reformas liberales de la proteccin social y de las pensiones aplicada por el gobierno son incomparablemente ms crticas y socialmente ms comprometidas que en la dcada de 1990. Hoy en da, la mayora de las personas han recuperado sus referencias y restablecido lazos sociales; se abren unas a otras y tienen capacidad de crtica social y de imaginario social. 9/

La reconciliacin con la experiencia cotidiana

La propaganda patritica orquestada por el Kremlin, que exalta una Rusia que ha recuperado su grandeza, una Rusia magnificada, rica en recursos y dotada de la fuerza de un pueblo unido, es el primer proceso que alimenta la crtica social. Este discurso funciona, pero no genera un apoyo consensual a la visin de una nacin una y unida, propagada por el Kremlin. Por un lado, la mayora de rusos y rusas redescubren que forman parte de una nacin y que pueden sentirse orgullosas de ella. Por otro, si Rusia es rica y si el pueblo ruso es valioso, cmo es posible que la gente viva tan pobre?: esta es la pregunta que se escucha a menudo en boca de personas de ambientes populares.

La pregunta va ms all de la simple comparacin entre los hechos y los discursos. Para suscitar la crtica social, los hechos deben vivirse, sentirse en la experiencia de personas que no viven su cotidianeidad con vergenza o desespero; tambin deben vivirse como algo compartido. Este es el segundo proceso que alimenta la crtica social: la reconciliacin de los proletarios desclasados con su experiencia cotidiana, a diferencia del sentimiento de extraeza o desconcierto provocado por el desclasamiento y la depauperacin que acompaaron a las reformas brutales de la dcada de 1990. 10/Favorecida, sin duda, por el repunte econmico de la dcada de 2000, de la estabilizacin de una situacin social, aunque fuera precaria, y favorecida tambin por un discurso nacionalista qua adula al pueblo. La socialidad popular, durante mucho tiempo quebrada por las lgicas de supervivencia, del slvese quien pueda, la desconfianza y la competencia, aflora de nuevo. Estudios recientes sobre las ciudades obreras rusas 11/ reflejan de este modo cmo se restablecen prcticas de socialidad gratuitas (que no sirven exclusivamente para la supervivencia).

Mis propias investigaciones indican que la gente aspira a reencontrarse, en abierta connivencia, para hablar y experimentar la libertad de hablar, incluso abundando en la crtica, la incorreccin y la irreverencia. En los garajes de pequeas ciudades de provincia, los hombres se dedican al bricolaje o a sus pequeos trficos, y tambin hablan, se confiesan a veces, a menudo ironizan, en un espritu de compaerismo y de desprecio por las figuras de la jerarqua. En los patios de los bloques de pisos, las mujeres se juntan, discuten, comparten impresiones, a veces participan en trabajos de acondicionamiento del lugar o se indignan por la mala gestin de los servicios municipales.

En Astrajn, contemplando a las habitantes de su inmueble ocupadas en plantar rboles en el patio, una anciana exclama que es como si me despertara de 20 aos de hibernacin. Esta socialidad puede remitirnos a las imgenes de discusiones interminables en las cocinas de los apartamentos comunitarios durante el periodo sovitico, pero tiene lugar menos de una manera oculta o informal que en modo de formacin de espacios, inclusive durante las manifestaciones pblicas, abiertas a la experiencia de una fraternidad liberada de juicios morales o descalificaciones polticas. Se trata de espacios en los que el hablante se siente seguro de ser comprendido entre lneas por interlocutores de los que sabe que comparten la misma experiencia de vida y en los que la connivencia se expresa menos con palabras que con gestos de la cabeza, exclamaciones o golpecitos en la espalda.

En estos espacios de lo cotidiano emerge la crtica social en modo a menudo irnico. As, en Perm, con motivo de la conmemoracin tradicional del final de la segunda guerra mundial, el 9 de mayo de 2017, las autoridades municipales organizaron un encuentro en un barrio obrero de la ciudad. Los asistentes, en su mayora obreros o antiguos obreros, formaban pequeos corros, se saludaban unos a otros, beban a escondidas (el consumo pblico de alcohol est prohibido) y, sobre todo, rivalizaban en la crtica irnica de las desigualdades y de las falsas apariencias.

Durante la fiesta se produce una conversacin entre dos compaeros obreros. Uno exclama: Puede que Putin sea bueno en poltica exterior, pero se ha olvidado de Rusia! [] Cmo puede decir que el salario medio en Rusia es de 39.000 rublos? [cifra oficial] Aqu ganamos entre 15.000 y 20.000 rublos nada ms [] Cmo se puede alimentar a una familia con 15.000 rublos? Su compaero insiste: Es cierto, si nuestro gobernador gana, por ejemplo, medio milln, y la niera 7.000, la media da justamente esto. Pienso que habra que igualar el salario medio al de los obreros. O bien, igualar el salario de los gobernadores, los alcaldes, los altos cargos, de Putin, igualar todos estos con el salario de la niera. O que vayan a trabajar de nieras. Limpiar el culo de los nios por 7.000 rublos, lo haran? No. Por qu, con medio milln, iban a limpiar culos?

Esta conversacin pone de manifiesto la contestacin de las cifras oficiales desconectadas de la vida real, de las carencias de la vida a que se enfrentan el nosotros de los obreros y trabajadores mal pagados. Muestra asimismo la manera en que estos obreros retrotraen a los hombres que viven ms all de las contingencias de la vida cotidiana al mbito prosaico y vulgar. Las conversaciones se caracterizan por su lenguaje simple, irreverente y directo, a menudo exageradamente grosero o polticamente incorrecto, utilizado sobre todo para oponer la realidad a ras de suelo al discurso abstracto, que resulta ficticio, santurrn o aleccionador.

Las conversaciones cotidianas se politizan a menudo por medio de una irona irreverente y grosera que podra recordar las resistencias subterrneas de la poca sovitica, pero que tambin entra en resonancia con los modos de resistencia de los dominados y de las clases populares en muchas partes del mundo. 12/ Entre personas que se comprenden no solo se discute sobre las dificultades de la vida cotidiana, sino que tambin se hace burla de los dirigentes, se destaca el hecho de que la gente no se llama a engao, de que no hay que dar crdito, sobre todo, a los bonitos discursos (nos dan la tabarra con su patriotismo, pero todo su dinero y sus hijos estn en Occidente). La crtica social, por tanto, no es un movimiento de elevacin hacia una mayor abstraccin, sino una insercin de la abstraccin en lo concreto, lo corporal y lo emocional de las experiencias de vida.

Uno de los aspectos sorprendentes de esta incursin en lo cercano 13/ o de este proceso de rehabitar el espacio de vida 14/ es la reconciliacin con el trabajo de cada uno, sobre todo el trabajo obrero, el trabajo con las manos, que vuelve a ser fuente de orgullo y de dignidad. Por ejemplo, esto es lo que dice de su experiencia un joven obrero altamente cualificado de San Petersburgo: Me gusta mi trabajo. Me gusta lo que hago. Quiero poder vivir de ello. Pero ocurre que eso no vale nada. Con mis colegas tratamos de defendernos, pero la direccin nos ningunea. [] El trabajo humano no se valora []. Y ese gran gilipollas, con perdn, que est sentado en su silln y cobra medio milln, es ms til que yo? [] Y nuestros pensionistas? Han trabajado toda la vida por el bien del pas! Y siguen teniendo que trabajar para sobrevivir, en vez de viajar y gozar de la vida, como los pensionistas en Occidente. Aparece aqu un imaginario social que va ms all de lo cercano: el nosotros est enraizado en la experiencia del trabajo, incluye a los colegas, pero tambin se ampla a los dems trabajadores e incluso a los pensionistas del pas en su conjunto.

La emergencia de un nosotros popular

Este nosotros se inscribe en los espacios de lo cercano rehabitados, en las interacciones y conversaciones de la vida cotidiana, donde las crticas de las desigualdades sociales, de la poltica y del gobierno son legin. Son estas conversaciones entre nosotros las que construyen un espacio comn, un espacio que est abierto a los dems que, aunque ausentes, aparecen como colegas que comparten la misma experiencia de vida y la misma opinin.

Una empleada de correos, jefa de equipo en una ciudad de Altai: Tengo la sensacin de que nuestra direccin solo piensa en ella misma y en llenarse los bolsillos []. Y la poblacin no es ms que una fuente de enriquecimiento para ellos []. Somos como esclavos. Precisamente hemos hablado con mis colegas. Strshnov (el director general de Correos) ha desaparecido []. Cmo es posible que, con nuestros salarios de miseria, l haya recibido una prima de 95 millones []? Ahorran a costa de nosotros! La gente que trabaja, trabajamos por dos, por tres. Los pobres carteros no reciben ms que unos cntimos. La mujer habla con una pareja de amigos, que aprueban lo que dice con aclamaciones, del espacio de libre discusin crtica que existe en su centro de trabajo y muestra la manera en que el nosotros de los proletarios desclasados se ampla de los compaeros de trabajo a todos y todas quienes trabajan, incluidas las que tienen peor suerte que ella. Este nosotros se afirma igualmente contra los dirigentes poltico-econmicos que se enriquecen sobre la espalda de los trabajadores.

Las manifestaciones sociolgicas de este nosotros, captadas en forma de autoidentificacin social, son diversas: el nosotros obreros, el nosotros pequeos empresarios (que trabajan duramente para sobrevivir) y el nosotros pobres habitantes de provincias. Este nosotros plural en proceso de formacin lo traduzco por clases populares, gente comn o proletarios, y permite hablar de la gestacin de un imaginario popular.

La crtica que alimenta este imaginario popular se expresa a veces pblicamente en acciones de protesta. As, en una manifestacin contra el retraso de la edad de jubilacin, en septiembre de 2018, una pareja moscovita dice que participa para que el poder no crea que la poblacin est de acuerdo. En este caso tambin, el hombre, aunque resida en la capital, se transporta con la imaginacin a la provincia al declararse convencido de que las reformas estn destinadas a hacer pagar a la gente sencilla, sobre todo de provincias. Jvenes estudiantes venidos de la provincia para asistir a una manifestacin contra la corrupcin, organizada en San Petersburgo en 2017 por el activista de oposicin Alexei Navalny, dicen que sobre todo les motiva la lucha contra las desigualdades sociales y territoriales, indignados como estn por la diferencia manifiesta que constatan entre el estado de su ciudad de procedencia y el de las grandes ciudades del centro.

El nosotros vehiculizado por el imaginario nacional

El mpetu del imaginario nacional que se est gestando, o la capacidad de la gente de construir en la imaginacin una entidad colectiva de pertenencia, ya documentada ampliamente por Benedict Anderson, 15/ participa igualmente en esta crtica social. En la Rusia popular, se traduce en el sentimiento de una comunidad de experiencia compartida entre personas que habitan en los cuatro extremos del pas. Una pensionista que vive en un piso renovado del centro de Mosc puede declarar as que empatiza con la babushka de una pequea aldea perdida en los Urales que vende setas en el mercado para poder sobrevivir y con la que ha conversado largamente durante un viaje en coche por el interior de Rusia. Obreros de Rubtsovsk, en Altai, que luchan contra el cierre de su fbrica, pueden sentirse solidarios (los trabajadores son nuestros hermanos) con toda la gente del trabajo, sobre todo en respuesta a la falta de reconocimiento material del trabajo y al desprecio por parte de los hijos de los nuevos ricos, sentido como algo colectivamente humillante (no somos nada para ellos).

Este nosotros adquiere las dimensiones de la nacin imaginada, una nacin dividida, contrariamente a la visin de una nacin una y unida que difunde la propaganda patritica. Este nosotros alimenta y al mismo tiempo se alimenta de la configuracin de un ellos, que abarca sobre todo a los oligarcas que confiscan las riquezas del pas y controlan el Estado, son los explotadores contra los explotados, los aprovechados contra los trabajadores, el centro contra las regiones.

La crtica se convierte entonces en reivindicacin o por lo menos en aspiracin, en todo caso no se queda en mero sentimiento o simple lamentacin. La mayora de las reivindicaciones se refieren a la redistribucin social y econmica entre las regiones, los ricos y los pobres, los que tienen el poder y los ciudadanos comunes. Si se dirigen al Estado, exigen sobre todo un Estado liberado de los oligarcas, ya que el Estado, tal como existe actualmente, se percibe como un Estado oligrquico. Finalmente, gran parte de las reivindicaciones se centran en la participacin poltica: Tienen que escucharnos, la gente corriente ha de participar! Porque all ni siquiera saben cmo vivimos, ellos viven en otro mundo (joven niera de una aldea de Altai).

Imaginario popular y crtica social

Para pensar los procesos entrelazados del imaginario popular y la crtica social, los marcos tericos han de ser flexibles y adaptables. Si nos inspiramos en las concepciones de Cornelius Castoriadis, el imaginario social puede pensarse como la participacin en significados vividos como compartidos colectivamente y que figuran un mundo comn que, para acoplarse a significados ya existentes (la nacin, el pueblo, los rusos, los obreros, etc.), se diferencia de ellos encerrando un potencial de transformacin social. Este imaginario social no solo forma parte de las representaciones, sino tambin de los sentidos, los afectos y los deseos.

La variante popular de este imaginario puede leerse como un elemento que opera lneas de particin del mundo social entre nosotros, los desfavorecidos, los que trabajan para ganar poco, los de provincias, y ellos, los ricos, los aprovechados, los privilegiados. Esta particin gana cuando se piensa en los trminos de Jacques Rancire 16/ como particin de lo sensible, ya que el mundo compartido es un mundo sensible, basado en la experiencia de la vida cotidiana. La particin se lleva a cabo por los sentidos y por el pensamiento, y la llevan a cabo quienes segn los dominantes son incapaces de producir un mundo comn y de tener un discurso comn. Apoyndose en su experiencia sensible, en su mundo cercano, que se han puesto a habitar plenamente tras el caos postsovitico, los proletarios desclasados participan en la creacin de un mundo comn que no se deja encerrar en categoras prefijadas porque est en proceso de creacin y abre un horizonte de lo pensable, lo decible y lo factible.

En resumen, el impulso crtico que se inscribe en esta apertura del imaginario popular se basa en una experiencia, vivida como comn, de dominacin e injusticia. Se inserta en la experiencia ntima, fsica y emocional que cada uno hace personalmente de su cotidianeidad y del entorno prximo que le rodea. La construccin de lo comn se lleva a cabo, por tanto, a partir de la intervencin en el entorno prximo, mediante la particin de lo sensible, en un mpetu imaginario hecho de emociones, de imgenes y de juicios. Puede que este imaginario no sea creador en el sentido de que podra no dar a luz a un movimiento popular, pero rene a lo que podramos llamar, a falta de algo mejor, las clases populares (o el pueblo llano) en una experiencia comn imaginada.

El marco es nacional porque se contemplan las divisiones sociales internas a la nacin y asociadas a una determinada configuracin del Estado. Sin embargo, el contenido es social y da pie a una crtica social normal que descansa sobre experiencia vividas, sobre lo que Luc Boltanski denomina las pruebas existenciales que extraen del mundo o, si se prefiere, del flujo de la vida, elementos susceptibles de poner en cuestin (el orden establecido). 17/ En estas crticas y estos reordenamientos sociales se inventa una poltica distinta, una poltica de pies en la tierra, 18/ una poltica que mana de convicciones arraigadas, que mana de los libros, que se mancha con la vida cotidiana, con lo prosaico y la rudeza.

Imaginario popular, crtica social, reivindicaciones de un Estado liberado de la oligarqua, de una poltica que tenga de nuevo los pies en la tierra: estos rasgos hacen entrar en resonancia el mundo de los proletarios desclasados de Rusia y el de los chalecos amarillos de Francia, que tambin redescubren la fraternidad al reconciliarse con su experiencia del da a da, compartindola y haciendo de ella la base de su crtica social. Los anlisis fundamentados en una labor etnogrfica sobre el terreno ponen de relieve, en el caso de los chalecos amarillos, el refuerzo de un nosotros popular solidario y cvico 19/ y mencionan el surgimiento de una poltica experiencial. 20/Sin duda la experiencia de la subordinacin y de la invisibilizacin es similar en muchas partes del mundo.

Lo que he tratado de demostrar, al centrar este artculo en los proletarios desclasados de Rusia, es que incluso en un pas que ha sufrido cambios traumticos que han sumido a la mayora de la clase trabajadora en un proceso de depauperacin, desclasamiento y desubjetivizacin, los invisibles vuelven a levantar cabeza. Lo hacen, como en Francia, a partir de una reconstruccin de los espacios de convivencia y de fraternidad, de una reconciliacin con su experiencia de vida cotidiana, as como a partir de un imaginario popular que los une en un mismo sentimiento de ser objeto de explotacin y desprecio.

Una gran diferencia es la fuerte propensin a la protesta pblica de los chalecos amarillos. Lo que contrarresta la capacidad de movilizacin de los proletarios rusos es la sensacin profundamente arraigada de impotencia para cambiar el orden de cosas. Esta sensacin radica en la certeza de vivir en un rgimen oligrquico. En cambio, los sectores populares de los chalecos amarillos, socializados en la idea de vivir en una gran democracia, patria de los derechos humanos, descubren sorprendidos el carcter oligrquico del Estado (algunos incluso han explicado que han tenido que buscar el significado de la palabra oligarqua en un diccionario). Esta habituacin a la oligarqua es una razn, para las clases populares rusas, de bajar los brazos; la sorpresa compartida es un motivo, para los chalecos amarillos, de rebelarse.

* Karine Clment es investigadora asociada al CERCEC/EHESS de Francia y al centro Andrew Gagarin de estudio de la sociedad civil y de los derechos del hombre de San Petersburgo, Rusia. Especialista en movilizaciones colectivas, trabaj sobre la clase obrera, las desigualdades sociales y, ms recientemente, sobre el nacionalismo ordinario. Ha publicado en ruso obras sobre los movimientos sociales y prepara una publicacin en francs sobre el nacionalismo y la crtica social.


 Notas 

1/ Polanyi, K., La gran transformacin, Madrid, Fondo de Cultura Econmica de Espaa, 2011; Burawoy, M., Manufacturing Consent revisit, La nouvelle revue du travail, n. 1, 2012.

2/ Clment, K., Poutinisme, patriotisme et apathie politique, La Vie des ides, 2015.

3/ Clment, K., Mobilisations citoyennes en Russie. Le quotidien au cur des protestations. La vie des ides, 2012; Thvenot, L., Rousselet, K., Dauc, D. (dir.), Critiquer et agir en Russie, Revue dtudes comparatives Est-Ouest, 48/3-4, 2017.

4/ Shleifer, A., Treisman, D., A normal country: Russia after communism, Journal of Economic Perspectives, 19/1, 2005, 151-174.

5/ Stompka, P., Cultural trauma: The other face of social change, European Journal of Social Theory, 3(4), 2000.

6/ Jlopin, A., La socit civile ou le socium de cliques : le dilemme russe, Politiya, 3, 1997.

7/ Olejnik, A., La petite socit : modle thorique et illustration empiriques, Mir Rossii, 13(1), 2004.

8/ Castoriadis, C., La institucin imaginaria de la sociedad, Barcelona, Tusquets, 2013.

9/ La mayor parte de los datos empricos aportados en este articulo provienen de un estudio sobre el Nacionalismo ordinario en Rusia (2016-2018), financiado por la Fundacin para el Apoyo a la Educacin Liberal y por la Escuela de Altos Estudios de Economa de San Petersburgo. Se efectuaron 237 entrevistas centradas en la vida cotidiana de las persona en un total de seis regiones rusas.

10/ Clment, K., Les ouvriers russes dans la tempte du march (1989-1999), Pars, Syllepse, 2000.

11/ Morris, J., Everyday Post-Socialism: Working-Class Communities in the Russian Margins, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2016.

12/ Pudal, R., La politique la caserne, Revue franaise de science politique, 61(5), 2011; Wacquant, L., Body & Soul: Notebooks of an Apprentice Boxer, Nueva York y Oxford, Oxford University Press, 2006; Scott, J. C., Domination and the arts of resistance: Hidden transcripts, New Haven y Londres, Yale University Press, 1990.

13/ Sobre la incursin en lo cercano, vase Thvenot, L., Laction au pluriel: sociologie des rgimes dengagement, Pars, La Dcouverte, 2006.

14/ Sobre el concepto fuerte de habitar en relacin con los obreros postsoviticos, vase Morris, J., Everyday Post-Socialism: Working-Class Communities in the Russian Margins, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2016.

15/ Anderson, B., Limaginaire national : rflexions sur lorigine et lessor du nationalisme, Pars, La Dcouverte, 1996.

16/ Rancire, J., Le partage du sensible : esthtique et politique, Pars, La Fabrique, 2000.

17/ Boltanski, L., De la crtica, Madrid, Akal, 2014.

18/ Clment, K., Mobilisations Sociales Astrakhan : Une Politisation Terre Terre, Revue dtudes comparatives Est-Ouest, 48 (3), 125-158, 2017.

19/ Challier, R. Rencontres aux ronds-points. La mobilisation des gilets jaunes dans un bourg rural de Lorraine, La Vie des ides, 19 de febrero de 2019.

20/ Lianos, M. Une politique exprientielle les Gilets jaunes en tant que peuple, Lundimatin, 19 de diciembre de 2018.


https://laviedesidees.fr/

Traduccin de Viento Sur

 Fuente:https://vientosur.info/spip.php?article14816



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