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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2019

Libre eleccin? & Prostitucin
Barcelona ciudad proderechos, derechos de quin?

Cruz Leal
TribunaFeminista

Abolicionista, porque el abolicionismo es la revolucin del feminismo como ltimo ideal universalista.


No toques a mis putas, as titularon su manifiesto algunos intelectuales y acadmicos franceses ante la posibilidad de que la Asamblea Nacional francesa aprobara una ley de abolicin de la prostitucin y de penalizacin de puteros y proxenetas. Abolir el putero, sera como derogar la lluvia, decan, equiparando la importancia irrenunciable de sus deseos con lo inevitable de un fenmeno natural.

Tambin exigan su derecho a disfrutar de todo aquello que pudieran costearse con dinero. Muy a su pesar la ley fue aprobada el 13 de abril de 2016. Fue una victoria abolicionista que puso fin a la criminalizacin de las mujeres prostituidas, eliminando el delito de racolage (solicitacin) impuesto por Sarkozy mediante sus polticas neoliberales, represivas y punitivas con las mujeres en prostitucin.

Los intelectuales y acadmicos franceses jams hicieron manifiesto alguno contra la represin y el acoso de las mujeres en prostitucin o para que mejorara su situacin. Lo nico imprescindible en esta cuestin era su reivindicacin de hombres con dinero, exigiendo satisfacer sus deseos, los que fueran, porque ellos pagaban. La aprobacin de la ley vino precedida por el llamado caso Carlton en el que grandes prohombres del Estado Francs y sus lites fueron juzgados y acusados de proxenetas, entre ellos el entonces director del FMI. El caso levant ampollas en la ciudadana y sobre todo, revolvi muchos estmagos cuando se hicieron pblicos los resultados de la investigacin que dur ms de tres aos y consigui las declaraciones de escorts y prostitutas.

A partir de los detallados relatos se dieron a conocer el embrutecimiento y la violencia de las orgias colectivas montadas por algunos de los que dirigen el mundo y su influyente muchachada y tambin cmo estas fiestas de la salvajada se organizaban en diferentes ciudades, porque sus organizadores adems de ricos y sin escrpulos, son muy cosmopolitas. Despus de este asunto Berlusconi y su bunga bunga, sonaba a fiesta de fin de curso de guardera infantil. Francia aprob una ley abolicionista y se sum a la lista, cada vez ms larga, de pases y estados que eligen abolir la prostitucin como la violencia ms extrema contra las mujeres.

Entre estos, figuran Suecia, Islandia, Noruega, Irlanda, Singapur, Corea del Sur, Israel, Canad y Francia, los pases que estn debatiendo la penalizacin de los puteros son; Blgica, Finlandia, Escocia, New York y varios estados ms de EEUU a los que se suman Grecia y Sudfrica que ya aplican dicha penalizacin.

Pero estas cosas aqu no pasan, no tenemos macrofiestas puteriles y nuestros proxenetas y puteros son tipos tan discretos que siempre utilizan a sus prostitutas para que den la cara por ellos. Qu son cuatro pases de chichinabo frente a nuestros dos millones de puteros, nuestra marca como pas destino de turismo sexual, su consumo reflejado en el 1% del PIB y subiendo, nuestro ranking de mximos consumidores y las inmensas colas de proxenetas que colapsan las oficinas de hacienda para pagar sus impuestos.

Esto ltimo lo he puesto para captar la atencin de los lectores, todos sabemos que esto no pasa. Lo que s pasa es que diversas entidades y movimientos de la ciudad, de afinidad institucional, han puesto en marcha una campaa bajo el eslogan poco inocente de Barcelona ciutat proderechos. Y como dos noticias se entienden mejor si van juntas, la salida a las calles del eslogan ha coincidido en titulares con la salida a los medios del inters de Salvini por legalizar la prostitucin en Italia. Los prohombres del mundo baten palmas. Si en algn lugar se cuestiona el sistema prostitucional, siempre hay un fascista a mano que te resuelve la papeleta y pone coos a la disposicin de todos, en un arrebato de fraternidad masculina, para que siga la fiesta y no d tiempo a pensar.

El eslogan no es inocente porque coincide con el planteamiento del lobby proxeneta de imponernos la prostitucin como un trabajo cualquiera y el derecho a prostituirse (de ah el eslogan proderechos), esto no se puede obviar. Mediante una campaa de apariencia justa, solidaria y a favor de las mujeres en prostitucin, se disfraza y oculta lo que Zygmunt Bauman denomina un acto de maldad lquida consistente en la claudicacin ante el prejuicio y el juicio de parte, adems de la falta de escucha de todos y cada uno de los actores sociales, la negacin a un anlisis multidisciplinar y la imposicin del reduccionismo y la superficialidad para la comprensin de una realidad compleja.

Encarar la realidad de una maldad lquida es un previo ineludible para intervenir con acierto en una sociedad apestada de determinismo en la que impera la industria del derrotismo, y se exhorta a la aceptacin de lo injusto y su horror en cmodas pldoras conceptuales de palabras vacas que son compartidas en comunidad de pares y lucidas como estandartes en camisetas y discursos, negando toda posibilidad de alternativas.

Esta maldad lquida alcanza su mxima expresin en el acatamiento sumiso de los mandatos de los mercados y sus lites mafiosas. En palabras de Bauman es una estrategia sin estrategia, pues toda ella termina siendo un mero juego de lenguaje donde la alternativa queda prohibida y solo impera el fatalismo del mercado. Un mercado en el que las mujeres en situacin vulnerable y las que son atrapadas por grupos y corporaciones mafiosas, solo pueden salir a venderse. La sociedad y su ciudadana solo existen para el consumo, jams para el cuestionamiento, desamparadas por unas instituciones doblegadas y a veces instigadoras.

El individuo es solo consumidor y consumible, nico responsable de su situacin y se impone la neutralidad de los valores como el mejor mecanismo de desentendimiento y de elusin de la responsabilidad institucional. En un discurso llano la maldad lquida, subyacente en una comunidad de posmodernidad tambin lquida, es una maldad idiota en trminos polticos, adems de estpida y delirante, disfrazada de libertad y democracia.

El acatamiento de esta campaa como algo bueno para toda la sociedad y las mujeres, deja va libre a los verdaderos protagonistas del sistema prostitucional para que puedan seguir libremente con su actividad delictiva y todos, absolutamente todos, tendrn categora de empresarios y seores respetables. Individuos claramente antisociales que no aceptan responsabilidad social alguna, podrn coludir para fijar precios, eludir al fisco o presentarse a cargo poltico y manejar las cuentas de municipios, incluso del Estado. Las crticas aficionadas pueden decir que esto ya sucede, pero no es verdad.

Nuestra vida poltica no es completa y totalmente corrupta, pero puede llegar a serlo con la incorporacin normalizada de estos individuos. Repasar las campaas del lobby es componer un retablo de las que han sido sus incursiones o bsqueda de alianzas; de la inicial del empoderamiento para infiltrase en el movimiento feminista a la del glamur, lujo y dinero fcil para conquistar los medios. Desde el desmontado mito de la libre eleccin, de la superficial universidad postacadmica, al actual proderechos como disolvente emocional de la movilizacin social.

Qu derechos promueve la campaa El de los proxenetas a prostituir y enriquecerse a costa de las mujeres y nias que dejan rotas? El de que estos no asuman responsabilidad alguna sobre las consecuencias sociales de la prostitucin para la sociedad o para las mujeres? El derecho a vender, comprar y traspasarse, despus del uso y extrados beneficios, mujeres, nios y nias? El derecho de los puteros a violar, demandar y exigir todo lo que puedan pagar? El derecho a fomentar y multiplicar el negocio y sus multimillonarias ganancias mediante pornografa sin lmites? La respuesta a todos estos interrogantes es afirmativa, porque todo lo anterior es parte constituyente del propio sistema prostitucional.

Pero todo queda oculto bajo la falacia envilecida del derecho de las mujeres a prostituirse (sic). La eleccin de este eslogan de campaa escoge un componente simblico importante donde las palabras han sido seleccionadas para ocultar, desvirtuar, vaciar y disolver el significado. Es el estilo hueco de la denominada nueva poltica que dice ser una nueva izquierda, donde prima la performance como espectculo gratuito y participado y en su mercado de la diversidad todo cabe si queda bonito en una estampacin o hace juego con la palabra fetiche, libertad. En cambio para el feminismo que no puede ser otra cosa que de izquierdas y abolicionista. La libertad mxima es poder decir NO y para ello contar con instituciones que lo garanticen y polticas que lo hagan posible. El pensamiento de izquierdas est en los valores que representa y no en la identidad que cada cual oportunamente se autoatribuye. Aviso para personas que se puedan sentir muy ofendidas, no digo que las entidades que avalan la campaa sean el lobby proxeneta.

Digo que el sistema prostitucional, como todo sistema, se extiende como mancha de aceite a todas aquellas personas que colaboran consciente o inconscientemente difundiendo sus falacias, principios e intereses y contribuyen a crear, avalar, fijar y naturalizar una cultura que es la cultura putera, de consumo de mujeres, nios y nias, sin pensar en sus consecuencias. Es as como se crean las culturas de consumo y es as como se extienden y mantienen los sistemas para el consumo.

Por otro lado solo se me ocurre tildar de fascista a quien presume de serlo, por eso cito a Salvini. Mi intencin es hacer ver cmo suena la misma propuesta, de naturalizar y normalizar la prostitucin, en otras bocas, como por ejemplo en la del seor Trump reconocido putero o su amigo Berlusconi y por supuesto en toda la abundante casposidad patria que reclama putas en volquetes a la primera de cambio.

Aclarado lo anterior la mencionada campaa ha sido orquestada como contraataque al despertar abolicionista de la sociedad y a la visibilidad que le van otorgando los medios. Los responsables institucionales necesitan comprender y reconocer la realidad para poder cambiarla, no pueden empezar por negarla, pues acabarn levitando sobre su propio engao.

Quien quiera acercarse a la palabra verdad no debe sentirse nunca en posesin de la verdad, sino procurar no mentirse, no acordar mentiras, estas son palabras de Luis Garca Montero y son muy apropiadas para explicar la belicosidad y el autoritarismo desdeoso de aquellas supuestas nuevas izquierdas que llegaron al poder mediante la movilizacin y el escrache. Y que desafan con su mascarada cnica, ahora llamada postureo, a toda la sociedad que no est dispuesta a aceptar la imposicin de su supuesta superioridad moral, su tolerancia colaboracionista a veces y su indiferencia despectiva casi siempre, con respecto a esta cuestin.

La causa abolicionista ha sido negada en todos los espacios institucionales durante aos, la excusa siempre era la misma; en la prxima asamblea, encuentro, reunin pero jams apareca en el orden del da. En alguna ocasin tuvo asomo parlamentario y fue recibida con pancartas, gritos y risas estpidas de alguna representante.

En cualquier concentracin feminista el abolicionismo era la causa negada y deslegitimada la presencia de quienes lo apoyaban. Llegaron a imponer un consenso, pactado por no s quines, en no s qu lugar y no s qu momento, sobre la imposibilidad de mencionar la palabra abolicionista y sus polticas o leyes desarrolladas. Dicho consenso solo necesit para su imposicin de la obediencia debida, cual dciles corderos, de todas aquellas personas en cercana o aspiraciones a los crculos de poder y la nueva poltica.

Con su complicidad, a lo largo de los aos han tejido un muro infranqueable a la comunicacin para un debate que ahora dicen reclamar. Diferentes movimientos abolicionistas de dentro y fuera de Catalua prepararon (y siguen en pie) marchas, encuentros, foros de discusin y debate, campaas en redes el objetivo de todas ha sido plantear la prostitucin como un problema social, dar a conocer el funcionamiento del sistema prostituciona, centrar la responsabilidad en la demanda del putero y en el inters del proxeneta, extender la conciencia abolicionista como posicionamiento poltico y exigir polticas a favor de las mujeres que son prostituidas, as como para la erradicacin de la prostitucin.

Hasta el momento la nica respuesta institucional que ha encontrado el abolicionismo ha sido no darle audiencia y de ah a las campaas de descrdito, mentirosas, insultantes y siempre la puerta en los morros. El abolicionismo es una causa poltica legtima y justa en una sociedad democrtica que acata los Derechos Humanos y que ha abolido la esclavitud y por eso no puede aceptar alegremente la imposicin del mercado sobre los cuerpos de las mujeres, nios y nias. Las mujeres abolicionistas no podemos aceptar sin rebelarnos una metafsica de la prostitucin como eleccin libre cuando es una imposicin de los mercados, sus lites y un sistema de expropiacin criminal.

No me canso de repetir en palabras de Beatriz Ranea que la sociedad es abolicionista aunque no tenga conciencia de ello. Es algo obvio que millones de mujeres a pesar de la precariedad no corremos libremente a los burdeles, decir lo contrario es una patraa. Es obvio tambin que los puteros desprecian a sus putas y es algo que no quieren para sus mujeres ms apreciadas. Tampoco hay movimiento alguno que reivindique su derecho a ser puta con la verdadera intencin de dedicarse, salvo las representantes del sistema que se dedican al marketing.

Esta campaa de afinidad institucional intenta fijar en el imaginario social que entre los derechos humanos est el de ser prostituta. Si tenemos derechos y cada uno se corresponde con un deber Quin se supone debe garantizar dicho derecho? El Estado? Debe el Estado o el municipio garantizar prostitutas para todos? O garantizar que las mujeres puedan prostituirse? Su lgica estupidizada reclama tambin la prostitucin como un trabajo cualquiera.

Por lo tanto sumando ambas lgicas, cualquier Estado o ayuntamiento acabaran garantizando que todas las mujeres trabajramos de putas. Y otro de los objetivos es tambin, imponer un modelo de prostitucin que deje satisfechas a las propias prostitutas. Algo imposible dado que ninguna mujer lo desea y en todos los estudios realizados las entrevistadas contestan que haran otra actividad si pudieran.

La prostitucin no es un trabajo como tampoco lo es mendigar. Nadie dice que un mendigo es un trabajador, de ser as nadie, nunca, se planteara polticas de erradicacin de la pobreza y llevamos intentndolo desde el siglo XVI. Por otro lado las mafias de la mendicidad cuando los organizan los envan a trabajar, ese es el trmino que utilizan porque esa es la forma de legitimar su actividad criminal que consiste en esclavizar a otros y extraerles todo el beneficio posible. Solo las mafias que viven de los mendigos dicen que mendigar es un trabajo. Solo las mafias de proxenetas que viven de la prostitucin dicen que la prostitucin es un trabajo para legitimar su crimen.

No hay modelos apropiados, buenos y aceptables de prostitucin como tampoco hay modelos buenos y aceptables de pobreza. Las idealizaciones de gente guapa que vive en una burbuja de narcisismos, ausentes de toda realidad que arae sus creencias, reparando tan solo en su ombligo, les incapacita para la escucha y la posibilidad de poder contemplar el punto de vista de otra persona. Detrs de cada eufemismo que se inventan se esconden y protegen de la realidad que les molesta y tambin de las palabras que las retratan y descolocan sus fantasas. De paso se guardan de todo aquel que no sea un adulador. Piensan que a fuerza de insistencia la sociedad entera va a aceptar lo inaceptable, que nos intentan imponer y que adems nuestra obligacin es acatar de buenas maneras y en silencio.

En un artculo encargado para la campaa su autor se pregunta y preocupa del porqu la cuestin del trabajo sexual ya no forma parte de la agenda poltica de nuestros movimientos, lo cierto es que suena a advertencia amenazante. Pero ms preocupante es que no sea capaz de reconocer y aceptar que ya nadie cree en semejante barbaridad por ms que se la impongan. La campaa proderechos est a favor de un sistema prostituyente que antes se refugi en el regulacionismo y ahora que es desechado, se inventa un modelo de prostitucin neozelandes inexistente porque es lo mismo que proponen siempre; que la prostitucin sea considerada un trabajo como cualquier otro.

Los pases que han cado en su trampa no han mejorado en absoluto la situacin de las mujeres en prostitucin y han visto como aumentaban las cifras de mujeres y nios y nias prostituidas. Han visto como aumentaba la trata, la sociedad se embruteca en las cifras de violencia contra las mujeres a pesar de su ocultacin y sobre todo se han visto acorralados por el aumento de la criminalidad hasta el extremo de estar plantendose la restriccin de la actividad (msterdam) y admitir que la legalizacin ha sido un fracaso (Alemania).

En todos el lobby proxeneta se fortalece y al igual que los crteles de la droga crea sistemas de control e influencia poltica capaces de desafiar las instituciones y el propio Estado. Todos los candidatos a las municipales en Barcelona han manifestado su preocupacin por el turismo, su calidad y efectos y sabemos que ambos sectores de actividad son vasos comunicantes.

Tambin han sealado la precariedad de los trabajos en el sector turstico. Hay alguien que pueda afirmar sin sonrojo, que en el supuesto de reconocer la prostitucin como un trabajo cualquiera, sus condiciones laborales seran mejores que las de dicho sector? En cambio cualquiera puede deducir que el trabajo sexual asumira mayores riesgos en salud fsica, psquica y adicciones, as como una mayor peligrosidad. Bsicamente porque la peligrosidad de la prostitucin, su morbilidad y violencia constituyen la propia activad tanto como el temor o el asco que manifiestan las propias mujeres prostituidas en cualquier estudio, entrevista o conversacin.

Por ltimo, desde hace tiempo se percibe en la ciudadana una preocupacin por la seguridad, como ya he dicho ms arriba la naturalizacin de la prostitucin aumenta la criminalidad en su entorno. Quiero aadir que la dignidad que un sistema social otorga a su ciudadana incide en la conflictividad social, cuando la vida de mujeres, nios y nias no vale nada, la convivencia se degrada y el sistema social se embrutece. Las izquierdas, deca antes, se han caracterizado por sus valores, algo concreto con contenido y fondo. A veces los grandes valores (justicia, igualdad, solidaridad) pesan mucho y son difciles de sostener en el tiempo.

Su machismo y misoginia son picos y solo en los ltimos tiempos se han abierto a un feminismo que a veces les escuece. Entre sus valores est la superacin de un orden social que considera injusto, lo que a veces le otorga una conciencia de superioridad moral. La supuesta nueva izquierda, ha hecho de ello su marca identitaria, al mismo tiempo que abrazaba sin ambages la religiosidad devota del neoliberalismo, sus dogmas de fe en el mercado y su mantra derrotista del no hay alternativa.

Cada vez adopta posturas ms autoritarias y fanticas. Deben dejar la autocomplacencia y la soberbia porque anulan la capacidad crtica e incapacitan para el ajuste de la realidad. Cuando despierten de sus sueos embelesados de onanismo mental, las feministas seguiremos ah y las abolicionistas tambin.

Porque somos las mismas, somos muchas y cada vez somos ms. Deben preguntarse si se han equivocado, deberan extender la duda y la sospecha sobre sus propios dogmas, todos son revisables. Revisar y desterrar el dogma de la libertad en el acto de prostituirse es en estos momentos un acto poltico radical y transgresor.

La revolucin es la abolicin de la prostitucin, como en su momento fue la abolicin de la esclavitud. Reconocer la dignidad de un ser humano, de una mujer, un nio, una nia es una esperanza de humanidad que nadie nos puede arrebatar y es tarea de la tica feminista y no una metafsica alucinada de gente sin empata.

En palabras de Amartya Sen, cuando la gente se moviliz a favor de la abolicin (de la esclavitud) en los siglos XVIII Y XIX no tenan la ilusin de que dicha reforma hiciera el mundo perfectamente justo. Su reivindicacin es que la esclavitud era injusta e intolerable lo que hizo de su abolicin una prioridad arrolladora.

Fuente:https://tribunafeminista.elplural.com/2019/05/barcelona-ciudad-proderechos-derechos-de-quien/


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