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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2019

El Tesoro del Pueblo: un referente divulgativo sobre el as llamado patrimonio cultural

Paul Hersch Martnez
En el Volcn Insurgente


A veces, al topar con objetos del pasado, se tiene oportunidad de contrastarlo con el presente, valorar la obra realizada entonces y comprender mejor las distancias en el tiempo y los retos actuales o lo que es lo mismo, asmese a una vieja caja de cartn desechada y su inesperado contenido.

Como expresin de lo que llega a generar cierta manera de administrar la periferia de una institucin acosada por el centralismo, como llega a suceder en el caso de los centros estatales del Instituto Nacional de Antropologa e Historia, cierta maana de hace ya algunos aos apareci al lado del tambo de la basura, discreta, una vieja caja de cartn ya deformada. El siempre digno hbito del rebusque o la inveterada curiosidad provocaron el rescate de su contenido, con papeles que, luego se vio, formaban parte del archivo del profesor Bernardo Beco Baytelman, creador de una instancia insuficientemente visibilizada y valorada en la institucin: el Jardn Etnobotnico y Museo de Medicina Tradicional y Herbolaria en Acapantzingo (ALbala, 2003; Hersch, 2012).

Con la marca de sus grapas ya oxidadas, en la caja figuraban algunos informes, proyectos, reportes de reuniones, todos paridos a golpe de tecla y otros materiales diversos, entre los cuales descollaba un folleto a color, con el ttulo de El Tesoro del Pueblo, impreso por la Secretara de Educacin Pblica en 1974, el cual se reproduce a continuacin y motiva las reflexiones que siguen.

La autora del folleto ah consignada es de Imelda de Len, Ana Espinosa Mireles, Carlos B. Margin y Alberto Beltrn. Imelda de Len, entre otras temticas, se ha dedicado al estudio de diversas expresiones culturales en el pas, incluidas sus fiestas tradicionales y artesanas (1985; 1988; 2016); Carlos B. Margin, arquelogo venezolano, profesor de la materia de Culturas de Amrica en la Escuela Nacional de Antropologa[1], realiz investigaciones en diversas zonas del pas, incluyendo entre otras muchas las de Bonampak (1951) y Huapalcalco (1954); Alberto Beltrn, reconocido ilustrador, grabador, pintor, fallecido en 2002, fue uno de los ms relevantes exponentes de su ramo en Mxico; El Tesoro del Pueblo fue publicado precisamente en el periodo en que Beltrn condujo, entre 1971 y 1976, la Direccin de Arte Popular de la Secretara de Educacin Pblica (Katz, 1985; De la Torre Villar, 2002).

Con un tiraje de 200,000 ejemplares, dada su calidad expositiva y grfica, se puede afirmar que El Tesoro del Pueblo fue una obra que cumpla a cabalidad con su propsito de divulgacin, estructurada mediante una breve narrativa que arranca con un nio campesino que, al estar trabajando la tierra con su abuelo, encuentra entre surcos una figurilla prehispnica.

La trama es simple pero significativa: con el menor y la figurilla como ejes, se van desplegando diversos planos en el proceso de dilucidacin de lo que ser el destino de la pieza arqueolgica, y esos planos de referencia aparecen dejando claras las instancias locales que orientan el sentido del hallazgo. Y es que el nio en la narrativa no se topa a solas con la figurilla: cuenta con referentes. El primero de ellos es su propio abuelo que, en su parquedad, le hace saber que el hallazgo lo liga a sus antepasados. En breve, la figura del abuelo, presente y escuchado, refleja la de un hogar que no est, en la narrativa, sometido a procesos exacerbados de desarraigo como los que hoy impactan a numerosas familias campesinas.

En la morada campesina, a la noche, el abuelo pregunta al padre de Pedrito: t seras capaz de vender las cosas que te hered tu abuelo? Sin duda, se trata de una pregunta emparentada con otra por una misma lgica arcaica, formulada aos despus por un campesino de Atenco opuesto a la venta de su tierra para el aeropuerto que Fox pretenda hacer en Texcoco, cuando un locutor de radio le reclamaba a su entrevistado la razn de su negativa, a lo que ste le respondi a su vez, inquiriendo a su inquisidor: usted, seor, vendera a su madre?

Una segunda instancia en la indagacin que sigue el nio con la pieza encontrada es la escolar. En ese mbito emerge la segunda figura referencial, la del maestro rural, que expande el sentido y la trascendencia de la pieza, motivo de atencin en clase. En el horizonte del profesor existe una realidad nacional. El patrimonio cultural constituye en la narracin, un elemento orgnico de la tarea educativa desde los niveles bsicos. La liga a un pasado, que se concreta en la pieza arqueolgica con un presente trascendente, no es una ocurrencia o una posibilidad interpretativa cualquiera: es convertida por el maestro desde su hallazgo mismo en una oportunidad para realizar un ejercicio identitario.

Y esta liga sintetiza precisamente la lucha por no separar al patrimonio cultural del mbito de la educacin. Se trata de un fundamento que no se quiso reconocer cuando a poco de fenecer el sexenio pasado, se impuso la salida del Instituto Nacional de Antropologa e Historia de la Secretara de Educacin Pblica, con la creacin de una Secretara de Cultura, instancia que no acaba de definir la naturaleza operativa de su vinculacin con la educacin pblica, y tampoco de comprender a la cultura como un elemento fundamental de identidad, de pervivencia y razn de ser de todos los individuos, sean iletrados o potentados, en colectividad.

El maestro habla de algo que hoy pudiera parecer panfletario o anacrnico a muchos odos: la figurilla encontrada por Pedrito es parte de algo que llama bienes de la nacin porque afirma en su delirio pertenece a nuestro patrimonio cultural e histrico.

Es decir, la cultura es algo que se comparte o no es. Es participacin o no es.

Ella trasciende al espectculo y a la extendida nocin que la asume como creacin sofisticada y propia de circuitos exclusivos y a su vez excluyentes. El cuento de este olvidado folleto lo tiene perfectamente claro y as lo expresa difanamente, porque quien lo signa y produce era la mismsima Secretara de Educacin Pblica a travs de su Direccin General de Arte Popular. El folleto proyecta as una definida posicin poltica.

Pero hay otros planos de referencia en el periplo de nio y figurilla, y uno fundamental, adems de la instancia familiar y de la escolar, viene a ser la de la junta de vecinos convocada por el presidente municipal; es decir, aparece el plano de referencia de la organizacin poltica, sea en este caso el ayuntamiento, como en otros puede ser la organizacin agraria y el mbito de lo comunal. Porque el asunto es llevado a las autoridades locales, y aparece entonces, en todo su significado, la figura sustantiva de la asamblea. Y ah se topa el lector con la relevancia de la dimensin colectiva de la toma de decisiones.

El presidente municipal del relato afirma que para defender nuestra riqueza arqueolgica se necesitar la ayuda de todos. Es decir, se trata de un asunto de incumbencia colectiva, de democracia, en un vnculo y principio esencial para ambos cultura y participacin social pero que no quita el sueo a nadie.

Ligar al patrimonio cultural con la participacin social? Est bien para los discursos de temporada, pero en los hechos, y por desgracia a menudo, la genuina participacin social pone nerviosos a los funcionarios, les genera no slo incomodidad, sino autntico prurito, desasosiego e irritacin. Les da chincual, dira el abuelo. Y las consecuencias estn a la mano, cuando en lugar de proceder como el folleto recomienda, lo tiran a la basura, real y tambin metafricamente. El caso de Tlaltizapn que en este mismo nmero se presenta, ejemplifica, como otros, y patticamente, ese tipo de situaciones. Atropellos que no pueden darse sin dos factores en complicidad: a) la anuencia de una estructura institucional que se vuelve as pseudoacadmica, y b) el inters econmico propio de los inversores y propulsores de megaproyectos -en el caso de Tlaltizapn carretero- definidos precisamente al margen y en contra de comunidades afectables y afectadas.

No puede faltar en la narracin del Tesoro del Pueblo la figura del vecino que vende piezas arqueolgicas, interesado en comprarle la estatuilla al nio. El relato presenta as de manera sinttica pero elocuente la realidad de la mercantilizacin de la cultura, que es la mercantilizacin misma de la identidad. Y el nio, actuando en consonancia con los tres referentes con que cuenta familia, escuela y asamblea rechaza la oferta.

Ante la oferta, el profesor aparece de nuevo en escena con aseveraciones que han dejado de ser las oficiales, para migrar al sentir de grupos hoy calificados como conservadores: aseveraciones tan subversivas hoy en el marco de un proceso galopante y extendido de mercantilizacin a ultranza, de larga data, que permea por todos los costados, como la de que la cultura del pueblo y sus diferentes expresiones no son una mercanca, u otra igualmente radical y desmesurada: la riqueza cultural de un pueblo no puede medirse con dinero. Sus valores estn fuera de esta forma de apreciar las cosas, pues la constituyen conocimientos que deben ser disfrutados por todos.

A su vez, el profesor de Pedrito no se queda en el circuito cerrado del disfrute de ese patrimonio cuando pregunta a sus alumnos: qu podemos hacer por nuestro patrimonio cultural? Y dice ms: los bienes culturales son fuente de progreso. Nosotros somos herederos de una gran cultura que se ha enriquecido con el paso del tiempo y tenemos la obligacin de cuidarla y acrecentarla. Aqu el inevitable tropiezo es que el maestro no estaba puesto en antecedentes de que aos despus, el plantear a los bienes culturales como fuente de progreso ha servido precisamente para justificar que lo que ms progrese sea su mercantilizacin, propiciando lo contrario al cuidado y acrecentamiento de esa gran cultura.

Es significativa la respuesta que da quien vende las piezas cuando Pedrito le habla de los conceptos vertidos por su profesor: ese maestro no sabe de negocios. Y es que, medio siglo despus, todos debemos saber de negocios.

Hay una institucin que casi pasa desapercibida en el relato, y sin embargo es la que da cauce a la derivacin del mensaje. Asediada tanto como su cometido ya desde tiempo atrs, acosada tanto como su materia de trabajo, casi medio siglo despus, el Instituto Nacional de Antropologa e Historia, en la figura de sus integrantes, no debe asumir como algo natural y ajeno a su encomienda el efecto del modelo extractivista y de la serie de megaproyectos directa o indirectamente asociados al mismo. Pero es que no nos hemos enterado de que el tesoro ya no es del pueblo, sino de las empresas extractivas y de instituciones distanciadas del mismo.

Y si el tesoro del pueblo se ubica en su identidad y en su dignidad, dentro y fuera de relatos de divulgacin, sin embargo, desde una antigua ptica hoy intensificada y extendida, ese tesoro est en todos lados, en todos los mbitos y sustratos, y est ah con un solo propsito: el de ser extrado y explotado sin pausa.

Se ha entonces de reeditar El Tesoro del Pueblo y de hacerlo leer a diestra y siniestra? Tal vez, pero el foco en todo este asunto no es el folleto en s, sino el problemtico contexto actual.

Una pregunta pertinente es si a casi medio siglo de la publicacin que nos ocupa, siguen vigentes los conceptos de referencia o los principios que proyectaba entonces. Si bien el Instituto Nacional de Antropologa e Historia ha funcionado como un ordenador territorial basado en la presencia diferencial de vestigios arqueolgicos, en la dimensin histrica de los territorios y en las diversas expresiones actuales de diversidad cultural, la intensificacin del extractivismo ha disparado e intensificado las presiones exgenas en los territorios, aunque esas presiones de hecho han existido a lo largo de la historia.

El nio de un relato actualizado vive en ese contexto, que incluye adems una precarizacin manifiesta en las tres instancias referenciales mencionadas: la familia, el mbito educativo y el de la organizacin en colectividad. No solo la inseguridad actual en el pas impacta a las tres instancias del relato en mayor o menor grado (quin iba a imaginar, por ejemplo, el cobro de derecho de piso a una escuela primaria?): tambin la migracin parental, el abandono programado del campo, la condicin precaria del profesorado y de los planes de estudio, y los embates contra la comunalidad misma constituyen, entre otros, condiciones favorables para la mercantilizacin de los recursos de todo tipo, para la transformacin misma de la vida en un recurso y para el paso de lo dialgico a lo instrumental, es decir, de una lgica relacional a una lgica transaccional.

Y si esa comunidad rural de la narrativa fuera la de Tlaltizapn, en Morelos, el hallazgo de la figurilla sera, en sntesis, una mala broma. Porque los pobladores encontraron ah figurillas y algo ms: no solamente antiguas estructuras arqueolgicas, sino que se toparon con una institucin requerida urgentemente de un proceso de rescate de la coherencia bsica.

El cuadriculado progresivo del territorio nacional como depsito o fbrica masiva de materia prima y la urbanizacin en funcin de una relectura de los territorios a travs del lente de la mercantilizacin a ultranza, forman parte de ese cuadro.

En el momento de publicarse la obra de marras, terminando el tercer cuarto del siglo pasado, Mxico an no se vea sometido a la fase neoliberal del capitalismo que fue irrumpiendo en todo su devastador apogeo, aunque el rgimen poltico imperante se hallaba muy lejos de una verdadera apertura democrtica, a la cual por cierto an no llegamos a cabalidad.

Sin pasar por alto los usos del patrimonio cultural como recurso de legitimacin de un rgimen, el Instituto Nacional de Antropologa e Historia, antes de esa inmersin neoliberal que persiste y como una de las instituciones emanadas de la ya cada vez ms soslayada Revolucin Mexicana, era un integrante orgnico de la institucin del Estado dedicada a la educacin pblica. En la misma narrativa centrada en ese vestigio prehispnico, vemos cmo adquieren relevancia ciertas instancias locales, y una de ellas, protagnica, se encuentra representada precisamente por el profesor de la escuela primaria rural. La cultura no es en esa narrativa, como no lo es tampoco en la realidad de cada da de la gente, una dependencia gubernamental, ni adorno, ni espectculo: es una realidad que permea la vida cotidiana de los pueblos, enlazada estrechamente a su identidad y un objeto esencial de la educacin pblica.

Es decir, este material se ocupa centralmente de la identidad, pero tambin, sin artificios, remite a la dignidad. No slo a la identidad y dignidad de los pueblos, sino a la identidad y dignidad de las diversas instituciones involucradas en el periplo de nio y figurilla. Y nada de todo eso es una mercanca.

Hoy, a casi medio siglo del relato, nos tenemos que formular, como pueblo y como institucin, las mismas preguntas. Y una de ellas, central, remite a ese binomio identidad-dignidad. Dnde radica? Existe una dimensin compartida de ese binomio? Cmo se genera? Qu procesos y fuerzas lo condicionan o determinan?

Y la cultura es biocultura, o no es. Pero a eso no lleg el cuento.

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Referencias

Nota:

[1] Comunicacin personal de la Mtra. Lina Odena Gemes, quien fue alumna de Margin en esa asignatura.
Fuente:

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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