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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2019

En el corredor minero peruano
Quinua de cien colores

Ral Zibechi


Protestas frente al proyecto minero de Las Bambas en la regin peruana de Apurmac, en setiembre de 2015 / Foto: Afp, Observatorio de Conflictos Mineros en el Per.

 

desde Cusco y Apurmac.- La luminosidad del Cusco lacera la vista. Pero tambin retiene la atencin, seduce la mirada que se va posando ingenua sobre las piedras incas, primero, y tuerce hacia las montaas mgicas, poco despus. Los suaves valles cusqueos van dando paso, carretera arriba y abajo, a profundas gargantas tapizadas de los ms variados cultivos segn los diferentes pisos ecolgicos que recorremos. Las tierras altas y fras, a ms de 3.500 metros, pobladas por pastores de alpacas, llamas y ovejas, dialogan e intercambian con las tierras bajas y clidas, productoras agropecuarias y de frutos tropicales.

La despiadada geografa del Ande, en uno de sus nudos centrales, permite contemplar, en una sola mirada, desde la profundidad del valle hasta las cumbres nevadas. La regin de Apurmac es crucial por lo abrupta y extrema. La llegada a Andahuaylas, la ciudad ms poblada, con 100 mil habitantes, implica bajar casi dos mil metros en apenas diez kilmetros de carretera. Una cada vertical, con mil vericuetos, desde el pramo hasta un valle clido y hmedo a poco ms de dos mil metros sobre el nivel del mar. Por algo el gegrafo Antonio Raimondi compar la regin con un papel arrugado.

Recorriendo el can del ro Apurmac, que nace a 5 mil metros y se vierte en el Amazonas, trepamos por laderas verticales pinceladas de parcelas verdes y amarillas, aferradas a las pendientes, donde las familias comuneras cultivan en condiciones slo explicables por la obstinacin que exige la sobrevivencia. All arriba slo papas y habas desafan el fro y las ventiscas; en la zonas templadas intermedias, las espigas de trigo van mudando del verde al ocre, anunciando la inminente cosecha; ms abajo, en la calidez de la hondonada, el maz generoso y la infinita variedad de frutas, mangos, granadillas, aguacates y papayas.

En alguna vuelta del camino, en general cerca de las decenas de caseros que bordeamos, los pisonays majestuosos se yerguen frondosos, ostentando un tapiz de flores coloradas. En pequeos grupos, emergiendo de improviso, con cierta timidez, islotes de quinuas destacan por la multiplicidad de colores, desde el verde marcial hasta un verdoso que chilla cuando lo ilumina el sol en las alturas, pasando por morados brillantes, rojos frenticos y ocres amarillentos de mltiples variantes, tan bien retratados por el poeta nacido en Andahuaylas: Las cien flores de la quinua que sembr en las cumbres hierven al sol en colores.

Abuso minero

El llamado corredor minero atraviesa tres regiones: Cusco, Apurmac y Arequipa. Son 500 quilmetros desde la mina de cobre Las Bambas, a 4 mil metros de altura, hasta el puerto de Matarani en el Pacfico, por donde se exporta el mineral con destino al continente asitico. La carretera atraviesa 215 centros poblados en los que viven 50 mil personas; est militarizada porque cualquier alteracin del transporte tiene costos millonarios para la empresa.

Apurmac es el corazn del corredor, la regin ms pobre del pas y la que cuenta con el mayor porcentaje de quechuahablantes. Campesinos humildes de manos arrugadas y pies encallecidos, pero no tan pobres como sus elites, que recin se avinieron a crear universidades, en la capital Abancay y en Andahuaylas, hace poco ms de una dcada para calmar a las mujeres del mercado que reventaron las calles para demandar educacin terciaria para sus hijos.

Entre febrero y marzo de este ao, la carretera estuvo cortada durante 68 das por los comuneros de Fuerabamba, la comunidad ms cercana a una de las mayores minas del mundo, que produce 140 mil toneladas diarias de cobre. La mina est a 75 quilmetros al sur de Cusco y comenz a operar en 2015, pero los primeros pasos para su instalacin se dieron una dcada atrs de la mano de la minera suiza Xstrata Copper, que en 2014 la vendi a la estatal china Minerals and Metals Group (Mmg).

Cuando la minera china compr Las Bambas, decidi modificar el proyecto que ya contaba con el permiso ambiental. Lo ms grave fue el abandono del mineroducto destinado a transportar el cobre hasta Espinar, Cusco, donde sera procesado por el traslado del mineral en camiones. Es el principal motivo de conflicto, ya que todos los das pasan por las comunidades y pueblos 600 camiones articulados que se desplazan en convoyes de 35 unidades, levantando impertinentes nubes de polvo.

Los campesinos se quejan de que las chacras fueron invadidas por el polvo, que ya no pueden sacar su ganado y que el ruido que hace el gusano de trilers les impide conversar con los vecinos. Peor aun porque la carretera de la empresa atraviesa sus tierras, sin la autorizacin de los comuneros. Adems, pasan decenas de cisternas con combustibles, por lo cual la carretera se convirti en un verdadero peligro.

El anterior presidente de Per, Pedro Pablo Kuczynski, actualmente en prisin preventiva por lavado de activos, ocup la presidencia del directorio de Servosa, una empresa que en la actualidad cuenta con 400 camiones y tiene el monopolio del transporte del mineral de Las Bambas. El economista, empresario y banquero presidente jug fuerte a favor del proyecto minero, escondiendo sus intereses en el transporte del mineral. En 2015, el congresista Justiniano Apaza denunci que Kuczynski reciba financiamiento de la minera y que su empresa obtuvo sin licitacin el cien por ciento del transporte del mineral en varias zonas del sur del pas. Al ao siguiente, fue elegido presidente sin que nadie investigara las denuncias.

Comuneros sin comunidades

La lgica del modelo extractivo es implacable. Para hacer posible la explotacin de Las Bambas, las 450 familias de la comunidad Fuerabamba debieron ser trasladadas, porque vivan justo encima de una fabulosa riqueza que supuso la mayor inversin minera del mundo, con 11 mil millones de dlares para poner en marcha la quinta mina del mundo. El nuevo asentamiento fue levantado con viviendas estilo suizo y se compens a los comuneros con elevadas cifras, y en el nuevo asentamiento (a dos quilmetros del original, a 3.800 metros de altitud) se construyeron un centro de salud, instituciones educativas y hasta un cementerio, completamente trasladado del sitio original.

Pero ya no cultivan la tierra, se sienten como palomas encerradas en la nueva localizacin y los ancianos no saben qu hacer sin sus ovejas; deambulan sin norte entre las modernas viviendas en hileras que parecen prisiones. Sin embargo, sobrellevan el dolor y el abandono en silencio, porque en Per uno de los eptetos ms difciles de aceptar es el de antiminero.

En la regin minera, el 80 por ciento de la poblacin es pobre y la mitad de los menores de 5 aos padece desnutricin crnica. La capital del distrito donde se asienta Las Bambas, Challhuahuacho, a dos quilmetros de la mina, creci de dos a 16 mil habitantes en pocos aos, un verdadero tsunami demogrfico con hondas consecuencias sociales. Segn Ruth Vera, de Derechos Humanos Sin Fronteras, ahora abundan los problemas de violaciones, violencia domstica y delincuencia que fueron desencadenados por la presencia minera.

La mayora de los varones prestan servicios a empresas que operan para la mina y acceden a cantinas y bares, lo que trastoca la vida familiar y comunitaria, en una sociedad profundamente patriarcal en la que la violencia cuenta con amplia legitimidad social.

El otro problema es la represin estatal. Segn la Ong CooperAccin, las 50 mil personas que viven cerca de la carretera tienen suspendidos sus derechos a la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad de domicilio y la libertad de reunin y de trnsito en el territorio, por la aplicacin del estado de emergencia cada vez que se produce algn conflicto.

El corredor vial se ha convertido en pieza estratgica en Per, ya que incluye cinco grandes unidades mineras en explotacin (entre ellas, Las Bambas) y conecta no menos de cuatro proyectos exploratorios importantes. En ese marco, la Polica Nacional firm, en secreto, 31 convenios con empresas mineras para la proteccin de sus negocios. Los policas se trasladan en camionetas de las empresas y tienen bases en los campamentos de las mineras, lo que los convierte en una guardia privada empresarial. Estos mecanismos permiten hablar de un gobierno minero en la regin, en el que participan el Estado y las empresas.

En el conflicto minero en torno a Las Bambas, sobresalen dos cuestiones. Por un lado, 500 comuneros tienen procesos abiertos por haber participado en protestas contra la empresa minera. Tres campesinos purgarn ms tiempo de prisin por cortar la ruta que el ex presidente por robarse millones. El mes pasado, los abogados asesores de la comunidad fueron sentenciados a tres aos de prisin preventiva tras ser acusados mediante la figura legal de organizacin criminal que extorsionaba a la empresa minera. Pero la represin es apenas una cara del conflicto. Las consecuencias ms profundas de la presencia minera pueden resumirse en el desmembramiento de las comunidades por la desarticulacin del tejido comunitario que provocan los emprendimientos.

La utopa de seguir siendo

Apurmac es la regin donde nacieron Micaela Bastidas (esposa de Tpac Amaru) y Jos Mara Arguedas, dos grandes de la lucha social y de las letras de este continente. En casi todas las plazas de Abancay, la tierra natal de Micaela, hay alguna estatua blanca que la recuerda, con sus trenzas largas y una mano alzada al cielo. La tumba de Arguedas fue erigida en una plaza en la que se renen, desde tiempos remotos, los campesinos que llegan al mercado de Andahuaylas, donde naci un siglo atrs.

El martirio de Bastidas debera haber sido motivo de alguna compasin por los herederos de la conquista. Fue llevada junto con sus hijos, Hiplito, de 18 aos, y Fernando, de 10, y su esposo, a la plaza de armas de Cusco, luego de ser torturados, para ejecutarlos de uno en uno. Micaela fue obligada a presenciar la muerte de su hijo mayor, al que primero le cortaron la lengua por hablar mal de los espaoles. La estrangularon en pblico, le dieron garrote y la remataron a patadas.

Sera excesivo decir que el episodio es slo historia, a la luz de los relatos de la antroploga quechua Gavina Crdova, nacida en Ayacucho y residente en Andahuaylas. La minera a cielo abierto actualiza el hecho colonial o, por mentar al ms importante socilogo latinoamericano, Anbal Quijano, refuerza la colonialidad del poder, que permaneci intacta pese a la desaparicin de la colonia. El derecho de pernada sigue funcionando en la sierra, ya sea como abuso sexual, o bien adaptado a las nuevas relaciones laborales, que permiten, por ejemplo, que los patrones no paguen el salario durante los primeros meses de prueba de los nuevos trabajadores.

Pero el colonialismo tiene una cara ms ftida aun: la que muestran las propias organizaciones sociales y polticas que resisten a la minera, pero tambin los partidos de izquierda. El periodista Jaime Borda, presidente de Derechos Humanos Sin Fronteras, asegura que desde 2006 hasta 2014 la mayora de los dirigentes comunales han terminado mal su mandato, con acusaciones de aprovechamiento del cargo, de malos manejos econmicos y de negociar slo a favor de sus familiares. Las empresas mineras operan con cuantiosos recursos para que las comunidades elijan personas afines a sus intereses, lo que hace que los cargos de direccin sean ferozmente disputados.

En muchos casos, asegura el periodista, la comunidad ya no reacciona como un grupo coherente, sino como una suma de individuos que velan cada uno por sus propios intereses. Por su parte, Crdova destaca que los terrenos comunales se estn parcelando y se titulan como propiedad privada, porque para la empresa minera es ms fcil negociar con las familias que con la comunidad.

La simbiosis entre modernidad y minera, entre desarrollo y colonialidad del poder est provocando mayores daos que los ya cuantiosos enhebrados por la colonia y la repblica durante cinco siglos. Poco ms de medio siglo despus de haber escrito Llamado a algunos doctores, un desgarrador poema de Arguedas en el que denunciaba la discriminacin de la cultura quechua, la quinua de cien colores que amaba y celebraba se ha convertido en mercanca altamente estimada en los restaurantes de los pases centrales, pero se ha convertido en lujo inalcanzable para las familias comuneras.

Siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son tambin mi alma, mis infaltables ojos, versea el poeta. Arguedas no vivi para ver la destruccin de sus sueos regeneradores, prefiri marcharse por propia voluntad, antes que contemplar impotente la destruccin del mundo que amaba.

Fuente: https://brecha.com.uy/



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