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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2019

EEUU y Colombia, beneficiarios de artificios

Pablo Nario
Rebelin


La presin que los EEUU ejercen hacia Ivn Duque por el tema de la lucha contra las drogas, cesar cuando este decida, adems del insustancial cerco diplomtico contra Maduro participar directamente en una coalicin regional, para intervenir militarmente a Venezuela, derrocar al gobierno bolivariano y facilitar a los EEUU el control de los recursos energticos de ese pas.

La certificacin en la lucha antidrogas es un dispositivo muy eficaz, con el que cuenta EEUU para contener a gobiernos sometidos, que por ausencia de consenso en su interior o por temor, dilatan la ejecucin de alguna orden directa. Esto pesa an ms cuando se es miembro asociado de la OTAN.

Se ha conocido que un sector de las fuerzas armadas colombianas es renuente a su participacin en la coalicin para la intervencin militar contra Venezuela, por el temor a los costos militares y polticos que esta conlleva. A lo anterior hay que agregar que algunos altos mandos no estaran a favor, de que dicha coalicin fuera liderada por el ejrcito de Brasil, actitud que chocara con los intereses de la Casa Blanca, si tomamos en cuenta el anuncio del 8 de mayo en el que Trump designa a Brasil como el mayor aliado no OTAN de EE.UU.

De todos modos el hecho que la nueva cpula militar de Duque, formada en la Doctrina de Seguridad Nacional, cuente con un copioso prontuario en ejecuciones extrajudiciales y otros crmenes, tal y como lo record en febrero la Human Rights Watch, le permite a los EE-UU disponer de suficiente fuerza de presin para lograr el compromiso de la lite castrense; as como la desertificacin en la lucha contra las drogas, la extradicin y el adecuado uso de los vertederos de Odebrecht y Panama Papers entre otros dispositivos de coaccin, le garantizan la mansedumbre apropiada de cualquier funcionario, presidente o Estado que haga parte de su campo de dominio, para as avanzar contra Venezuela en una guerra por el control total de la cuenca del Caribe.

Simultneamente con las presiones, EE-UU se esfuerza por exhibir los preparativos de una evidente guerra de depredacin; como si se tratase de una intervencin humanitaria, o de una accin contra el narcotrfico; indiferentes a lo que el mundo ya ha observado, en cuanto a que la guerra contra las drogas liderada por los EE-UU, fortalece la buena salud de su produccin, circulacin y consumo, al tiempo que robustece las cuentas particulares de mafiosos, miembros de la fuerza pblica, polticos, jueces y funcionarios de Estado en todo el planeta. Los mismos EE-UU dependen para el sostenimiento de su economa de los 500 mil millones de dlares que anualmente entran en sus circuitos financieros a travs de lavaderos de dinero como J.P. Morgan, Chase Manhattan, Citibank, Western Union o Bank of America Corp.

El uso de artificios como los mencionados, propende por encubrir el progresivo incremento de la guerra interna contrainsurgente en Colombia, al tiempo que contar con un pretexto para agredir y presionar a otros pases de la regin, cuyos recursos energticos los EE-UU desean controlar.

En ese contexto, a inicios de mayo se reunieron en el Pentgono el secretario de defensa de EE-UU, Patrick Shanahan y Marta Luca Ramrez. Las condiciones de dicha reunin no eran las mejores. La vicepresidenta llevaba a cuestas el sealamiento que Donald Trump hiciera semanas antes sobre el aumento del negocio de las drogas durante el gobierno Duque, y con l, el fantasma de la desertificacin. El encuentro gir en torno a los presupuestos y estrategias para la lucha contra el narcotrfico. Segn Shanahan, se habl de recursos, personas, entrenamiento, dinero, ventas de equipos militares y por su puesto de la crisis en Venezuela. Dicha reunin fue antecedida por la nominacin, e inmediata aceptacin del nuevo embajador de los EE.UU y excoordinador del Plan Colombia Philip Goldberg el pasado 2 de mayo. Experto en intervenciones militares humanitarias y en fragmentar estados, Goldberg fue oficial del Departamento de Estado de EE-UU en Bosnia, particip activamente en el conflicto entre los separatistas albaneses y las fuerzas serbias y yugoslavas. Evo Morales lo caracteriz como "experto en alentar conflictos separatistas", antes de expulsarlo de Bolivia en el 2006 por conspirar abiertamente junto a Branko Marinkovic, cabeza visible de la secesin en el departamento de Santa Cruz.

EE-UU incapaz de triunfar en guerras de ocupacin territorial, ha hecho del separatismo un mecanismo para recuperar el control sobre riquezas naturales o regiones estratgicas. Por eso no fue el azar lo que llev a Goldberg de Kosovo a Bolivia, ni tampoco lo es que regrese hoy a Colombia. En la peligrosa coyuntura con Venezuela ser un canciller en la sombra que acelerar los planes conspirativos contra ese pas, promoviendo una amenaza militar directa y multilateral, que pasa por la eventual divisin del territorio bolivariano a travs del impulso de procesos separatistas para controlar y separar de Caracas, a la muy rica en recursos Media Luna Venezolana.

Las llamadas guerra contra las drogas e intervencin humanitaria, se materializan exactamente en su contrario. En el caso que nos ocupa; un estado paralelo en Venezuela, propendera por beneficiar no solo el apetito saqueador de las multinacionales de EE-UU, y los intereses econmicos del rgimen colombiano, sino que buscara reactivar rutas del narcotrfico a travs del Golfo de Maracaibo, que desde que Hugo Chvez en el 2005 rompiera relaciones con la DEA, haban quedado prcticamente clausuradas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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