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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2019

Europa, otra vez Europa (una voluntad de ser)

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Al siglo XXI tocar comenzar nuevamente la obra, acaso quimrica, de la reconciliacin definitiva de los Estados de Europa y de someter definitivamente al derecho atvicas codicias y desapoderadas ambiciones territoriales.

Santiago Ramn y Cajal. Reglas y consejos sobre investigacin cientfica. Los tnicos de la voluntad (discurso de 1897)

 

La poltica es un artificio, un ejercicio de voluntad. El espacio poltico constituye un mbito de tal grado de sofisticacin que exige unas importantes dosis de creatividad, e incluso de confrontacin y control de tendencias que son intrnsecas de nuestra naturaleza. Podramos decir que el caso del ser humano es el del nico animal que, cuanto ms artificial, ms humano. La realidad social y, por ende, la poltica es producto de nuestra inteligencia creativa, la cual eso s es cosa muy nuestra, muy de nuestro natural ser, pues la cultura, con todas sus instituciones tambin las polticas, claro son en una parte significativa el producto ltimo de las potencialidades de las que dot a homo sapiens la evolucin. Sin todos sus poderes filogenticos, de carcter innato, no habra sido capaz el ser humano de conformar el complejo mundo social sin el cual, hoy por hoy, no podra llamarse a s mismo con toda propiedad humano. Merced a que somos por naturaleza lo que somos podemos llegar a ser lo que hace posible la cultura que hemos creado. Si Steven Pinker est cargado de buenas razones para categorizar el lenguaje de instinto, ste transforma nuestro mundo en un universo preado de significados que lo transfigura y nos convierte como dira Daniel Dennett en organismos colonizados por memes (las unidades de informacin cultural que segn Richard Dawkins equivalen a los genes) que configuran nuestra mentes en forma de diversos programas de conducta que acaban definiendo a la postre quines somos.

La poltica es, pues, creacin humana. Para la cual fue imprescindible el recurso del lenguaje, claro est, pero tambin fue producto de la necesidad natural de la convivencia. Aristteles reconoci esa necesidad al considerar que slo los dioses y las bestias pueden verdaderamente vivir en soledad. El ser humano, no; necesita de sus semejantes. La forma bsica que plasma esa condicin esencial de homo sapiens es la tribu. El grupo de identidad homognea, fuertemente cohesionado por lazos de sangre y forjado a partir de la necesidad de supervivencia y defensa frente a los peligros de la existencia y la amenaza de otras tribus. Est en el ser de la tribu desconfiar del otro, del aliengena, del que tiene un origen extrao o habla otra lengua o tiene un color de piel distinto o piensa diferente. No es de extraar que en las respuestas polticas de todos los tiempos que son inspiradas por el miedo se d como rplica una especie de regresin en forma de conductas reflejas de naturaleza tribal (America first/Espaa primero). Este es el camino que lleva al estado de naturaleza, ese estado de guerra de todos contra todos que pavorosamente describi Thomas Hobbes en el siglo XVII, y que padeci en sus propias carnes cuando la guerra civil que asol a su pas.

La civilizada administracin del poder no es compatible con las pulsiones tribales y requiere del contrato social que nos pone a salvo de la barbarie. Este es el fin deseable de la prctica poltica. Y quien lo ponga en duda que eche la vista atrs y contemple el devenir de la historia. Creo que, a poco que preste atencin, coincidir con Fernando Savater cuando, refirindose a ese camino de siglos, dice en su Poltica para Amador: Cada uno de esos pasos que te esbozo con simplificacin casi caricaturesca apuntan en la misma direccin: cada vez menos naturaleza y ms artificio. Las sociedades reposan cada vez menos en los dictados de la fatalidad, la necesidad fsica, las vinculaciones de sangre o los designios impenetrables de la divinidad (que son indiscutibles y escapan al control humano, tal como las leyes de la naturaleza); en cambio, se van haciendo ms deliberadas, dependen ms de lo que los hombres quieren y acuerdan entre s, conceden ms importancia a las actividades simblicas entre los individuos (...) que a la interaccin con la naturaleza, y se someten a la justificacin racional (que cualquiera puede entender y discutir). De la asociacin humana seminaturalista (...) vamos a la sociedad como obra de arte, como invento descarado de la voluntad y el ingenio humanos (p. 74-75).

Creo que la Unin Europea es muestra fehaciente de este luminoso rostro de la poltica, como trabajoso esfuerzo de la voluntad y el ingenio humanos, segn Savater dice. Es ciertamente un empeo voluntarioso que parti del horror de las muchas guerras que tanto sufrimiento causaron a sus pueblos a los que en ms de una ocasin dejaron exanges; guerras las ltimas de dimensiones cuasi apocalpticas, motivadas en gran parte por esas tan naturales pulsiones tribales que a todos nos someten al fatalismo de lo irracional, agujero negro del que a partir de un cierto punto el destino se torna ineluctable y ya no hay vuelta atrs. Este ao, precisamente, se cumpla en enero el centenario de la firma del Tratado de Versalles con el que se pona fin a la Gran Guerra, pero con el que se plantaba la semilla para la Segunda Guerra Mundial, pues fue un acuerdo humillante y revanchista contra los imperios germanos que nada hizo por la reconciliacin de las grandes potencias europeas. Entonces se impusieron las pulsiones tribales una vez ms.

Se dice que el proyecto poltico europeo ha perdido buena parte del vigor que lleg a alcanzar con la reunificacin alemana, el euro y el proyecto (frustrado) de establecimiento de una constitucin supraestatal, debido al zarpazo inmisericorde de la crisis financiera y el embate sorpresivo del Brexit. Y no faltan los crticos de la utopa europesta bien pertrechados de contundentes argumentos construidos a base simplemente de tomar nota de los muchos y evidentes defectos de los que adolecen las instituciones europeas. Pero considero que sigue siendo vlido el ideal poltico de una Europa unida por sus motivaciones y sus propsitos; y que, a pesar de las evidentes flaquezas de sus lderes y los insoslayables miedos e incluso mezquindades en las que incurre su ciudadana, es el proyecto poltico internacional ticamente mejor pertrechado. Entre otras razones porque la historia europea nos ha legado los elementos necesarios para articular una mirada crtica y distante, es decir, laica, emocionalmente desligada de creencias que pueden fomentar una visin autocomplaciente de nuestra civilizacin. Como dice el historiador Jos Enrique Ruiz-Domnec en su libro Europa. Las claves de su historia: Es la patria de las ocasiones perdidas, de los sueos que convierten los molinos de viento en gigantes, de las utopas sociales imbuidas de un sentido de la rectitud a la par esttico y moral, de la libertad, de los riesgos y oportunidades, de la ciencia (p.15). Se puede decir que de su inteligencia colectiva han surgido las ideas que dieron a luz la conciencia universal de humanidad asociada a la nocin de derechos y valores de los que se infiere la promocin del bienestar de todos.

La complejidad de su realidad, su diversidad, incluso sus contradicciones son caractersticas esenciales de Europa que la obligan, si quiere caminar por la senda de la paz y la prosperidad, a afrontar la verdad de sus problemas desde el perspectivismo tal como lo defini nuestro filsofo Jos Ortega y Gasset, europesta convencido. Precisamente l nos dej escrito en La rebelin de las masas lo siguiente: es sumamente improbable que una sociedad, una colectividad tan madura como la que ya forman los pueblos europeos no ande cerca de crearse un artefacto estatal mediante el cual formalice el ejercicio de poder pblico europeo ya existente. Estas palabras fueron publicadas en 1929.

Es verdad que Europa tiene perspectivas distintas de s misma segn cuatro espacios distinguibles atendiendo a las redes de comunicacin: Occidente es el bloque franco-alemn, en estrecha relacin con las ciudades hanseticas del Bltico y las islas Britnicas; Oriente es Bizancio y sus herederos, Rusia, Bulgaria, Serbia, la memoria del zarismo, el alma eslava, sin olvidar Polonia; el tercero es la Europa central, con Bohemia, Austria, Hungra, Eslovenia, tierra de eleccin, de foros crticos, de trnsito de ideas y personajes; el cuarto espacio es el euromediterrneo. Esta diversidad puede verse como un lastre cuando se quiere avanzar a toda costa, aunque no se sepa muy bien hacia dnde. Pero ha de verse tambin como lo que obliga a dar razones siempre de lo que se hace, as como a entender esas razones por parte de los dems. Cuando en el foro de las instituciones comunitarias se discute sobre los diversos asuntos que ataen a la ciudadana europea se crea un espacio democrtico de enorme valor, y que somete a continua validacin las democracias de los distintos pases miembros. Un espacio de resistencia contra el dogmatismo. Recurriendo a la mirada del historiador Ruiz-Domnec: La concepcin de la unidad europea es ciertamente un elevado ideal, cuyo vigor radica tanto en las esperanzas de un futuro prometedor como en la ajustada interpretacin del pasado (p. 14).

En un mundo global con desafos a su escala y frente a potencias enfrentadas por conseguir su control, hoy nos enfrentamos los europeos a otro momento crtico de nuestra historia. Temo que de los resultados de las inminentes elecciones resulte una situacin poltica que pueda suponer una dura prueba para la solidez de los pilares sobre los que se supone se sostiene el ideal de Europa, que no es otro que el de una Europa democrtica, laica, partidaria de la libertad religiosa, de los derechos humanos, de la libertad de pensamiento, de la igualdad de gnero, del capitalismo orientado al bien comn. Un ideal que, avanzando en su realizacin, podra regalar a la humanidad unos slidos cimientos para la construccin de una civilizacin cosmopolita.

El peligro lo expone la politloga danesa Marlene Wind, directora del Centro de Poltica Europea de la Universidad de Copenhague, en su libro recientemente publicado en Espaa bajo el ttulo de La tribalizacin de Europa. En l, la profesora que contradijo el discurso victimista con el que Carles Puigdemont pretenda ganarse el apoyo de la Unin Europa para su causa, advierte contra el populismo y el etnicismo que tratan de hacerse con el dominio de las instituciones europeas. La derecha radical, de sesgo populista y fuertemente asentada ideolgicamente en el esencialismo nacionalista, lleva consigo la semilla de la intolerancia que puede florecer fcilmente en los suelos patrios que han sido nutridos de ese tribalismo que siempre se halla latente en todos nosotros, porque es parte de nuestra naturaleza, y surge de manera espontnea a poco que se le aliente (como prueba, el Brexit o el proceso independentista cataln sin ir ms lejos). Y una parte significativa de los votantes europeos pueden muy bien darle rienda suelta como reaccin al camino que en las ltimas dcadas ha seguido la Unin Europea, entregada prcticamente en su totalidad como el resto del mundo, por cierto a la ideologa neoliberal que, en su aplicacin poltica, ha cedido el mando a los mercados financieros (caso flagrante de Grecia, humillada su democracia) que ha resultado en un innegable debilitamiento de las estructuras de solidaridad que constituyen el estado de bienestar, ese gran artificio de la socialdemocracia europea y que nos ha impuesto ese cortoplacismo mercantilista al que se ha venido limitando el juego poltico europeo de los ltimos aos.

Puede que adems del tribalismo aqu denunciado haya que luchar tambin una vez ms en nuestra procelosa historia contra un cierto fatalismo que se ha apoderado de una buena parte de la ciudadana europea. Como si la poltica estuviera bajo el influjo de un negro sino que escapara a nuestra voluntad de llegar a ese ideal de justicia, paz y prosperidad cuya realizacin debera ser la Unin Europea. Pero pensar as es caer ya en la trampa de la profeca autocumplida que desactiva todo poder de transformacin que pudiera ser propio de la poltica.

Referencias bibliogrficas:

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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