Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2019

Testigo directo en Venezuela
Una perspectiva temporal de catorce aos

Peter Lackowski
Counterpunch

Traducido para Rebelin por Paco Muoz de Bustillo


Estuve en Venezuela del 26 de abril al 5 de mayo de este mismo ao. Era la quinta vez que visitaba el pas en un periodo de catorce aos, as que tuve la posibilidad de situar en contexto lo que observ durante este viaje.

Mi primera visita fue en 2005. Entonces vi mucha gente pidiendo limosna, durmiendo en los soportales, vendedores ambulantes que ocupaban no solo las aceras, sino calles enteras en algunos lugares.

Pero tambin fui testigo del reparto de libros casa por casa, dentro de una campaa para ensear a leer a todo el mundo. Visit clnicas en los barrios pobres en las que trabajaba personal mdico cubano. Vi emisoras de radio independientes gestionadas por las propias comunidades, que trasmitan noticias locales y proporcionaban una plataforma para comentar los acontecimientos cotidianos. Las tiendas tenan alimentos bsicos a un precio asequible, subvencionado. La misiones, financiadas directamente por los ingresos del petrleo para esquivar los distintos ministerios, se encargaban de abordar los problemas sociales que las burocracias instaladas por los gobiernos anteriores a Chvez no conseguan resolver.

En 2005, las personas me contaban con entusiasmo historias de los ltimos aos. El 11 de abril de 2002, el golpe de Estado encabezado por algunos generales y grandes empresarios secuestr al presidente Chvez durante dos das. Las manifestaciones descomunales del pueblo le restauraron al poder. Poco despus de aquello, los propietarios de las grandes empresas y los altos directivos de la empresa nacional de petrleo organizaron un paro patronal cerrando sus propias compaas y almacenes e intimidando a los pequeos empresarios para que se les unieran. Cortaron la produccin petrolera. Sus tcticas no les sirvieron, porque la gente improvis y al final el paro petrolero no funcion. Todo esto provoc grandes daos a la economa en 2003 y 2004 y fue una de las causas de la pobreza en 2004.

Regres a Venezuela en 2008, 2014 y 2015. Al final de aquel periodo de diez aos el pas haba sufrido una transformacin. No haba mendigos. Nadie dorma en las calles y se construa por todas partes: estaba en marcha un gigantesco programa de vivienda con el que se edificaron literalmente millones de hogares en reas urbanas y rurales. Cuando me mova por el pas observaba innumerables signos de las iniciativas positivas que estaban enriqueciendo y mejorando las vidas de la gente en las zonas menos prsperas. Los nios recibieron ordenadores porttiles en las escuelas de forma gratuita. Jardines comunitarios, instalaciones deportivas, clnicas de barrio, controles para mantener los alimentos a precios asequibles, mejoras en todo tipo de infraestructuras.

Los sabotajes, las conspiraciones golpistas y los disturbios callejeros ejecutados por las clases altas han sido endmicos durante los 20 aos de chavismo. En Caracas, estos actos hicieron muy difcil la vida cotidiana para la gente trabajadora en 2014, cuando los medios corporativos dieron una gran cobertura a los disturbios, describindolos falsamente como protestas pacficas. La manipulacin financiera trajo hiperinflacin. Y actualmente, despus de aos trabajando en la sombra para ayudar a la oposicin a debilitar al pas, Estados Unidos ha comenzado una serie de ataques descarados: incautando los activos financieros venezolanos, amenazando con una intervencin militar e intentando instalar a Guaid en la presidencia.

A lo largo del ltimo ao, las noticias sobre Venezuela en los medios corporativos se han regodeado en presentar la crisis humanitaria que asolaba al pas. Lo que contaban no se corresponda a lo que yo saba del pas y me preguntaba qu estara realmente pasando. Para averiguarlo, opt por viajar con un grupo de estadounidenses que queran presenciar la realidad sobre el terreno, y el modo en que la mayora, las clases populares, estaban respondiendo a la presin de las sanciones econmicas y las amenazas de guerra.

Mi primera impresin fue el panorama en las calles. Me preguntaba si me encontrara all con las mismas condiciones que haba visto durante mi primer viaje: mendicidad, indigencia, venta ambulante, etc. Lo que vi me sorprendi. Todo pareca muy normal. La gente iba a trabajar y se relajaba los fines de semana, lo mismo que hacan en mis visitas ms recientes. Los medios de comunicacin, en Estados Unidos y el resto del mundo, pintaban una imagen de sufrimiento desesperado, adversidad y caos, pero no vi signos de nada de eso en las calles. No haba mendigos, indigentes ni un ejrcito de vendedores informales. Haba comida en los restaurantes y almacenes, los negocios continuaban su marcha y la gente segua con sus trabajos.

Aunque la vida daba la impresin de normalidad, pronto descubr dos grandes problemas bajo la superficie: la inflacin y el bloqueo.

El gobierno est intentando lidiar con un aspecto de la inflacin suministrando alimentos mediante un sistema conocido como CLAP, acrnimo de Comits Locales de Abastecimiento y Produccin. Cada dos semanas se suministra directamente a las familias un paquete de alimentos bsicos como arroz, judas, aceite, azcar, etc., que distribuyen los comits de barrio. En ese paquete hay suficiente comida para garantizar la supervivencia de las personas, pero poco ms. Si los suministros se acaban, hay comida en las tiendas, pero los salarios de mucha gente no se han actualizado al ritmo de la inflacin. Existen otras formas mediante las cuales algunos pueden acceder a la comida (como los comedores escolares), pero muchos sufren porque no pueden permitirse comprar lo que necesitan, tanto comida como otros productos.

El segundo problema es el bloqueo sobre los productos de importacin. Venezuela cuenta con la capacidad industrial para producir una cantidad sustancial de lo que el pas consume. La carretera que parte al oeste de Caracas, por ejemplo, atraviesa enormes fbricas, grandes barrios de gente trabajadora, autopistas llenas de grandes camiones que transportan productos a los almacenes. Pero ningn pas de 30 millones de habitantes puede producir todo lo que necesita. Los pases deben echar mano a la importacin de distintos bienes, desde medicamentos para enfermedades especficas como el VIH hasta piezas de repuesto para la mayor parte del parque automovilstico del pas. El bloqueo crea mucho sufrimiento.

Por otro lado, las clases populares se encuentran en una posicin mucho mejor para resistir la guerra econmica de la que tenan en aos anteriores. Cuentan con educacin y sanidad gratuitas, y tienen cubiertas muchas otras necesidades bsicas. Entre estas, una de las principales es la vivienda. En los ltimos 8 aos, el gobierno ha construido 2,6 millones de viviendas, en la ciudad y en el campo. Suficientes para proporcionar un nuevo hogar a una tercera parte de la poblacin. El objetivo es construir 5 millones.

En los viajes de mis anteriores visitas, encontr grandes bloques de pisos, muchos de ellos en construccin. Una urbanizacin tras otra, llevaba tiempo atraversarlas a la velocidad de conduccin en carretera. Pensaba en los grandes complejos de apartamentos para personas pobres en Estados Unidos que resultan tan deficientes y me preguntaba si estos seran diferentes. En esta ltima visita tuve por fin la oportunidad de ver una de estas promociones inmobiliarias desde el interior, y me pregunta qued respondida.

Result que estando nuestro grupo en Caracas se celebr una gran conferencia sobre la vivienda. Se haban reunido delegados de muchos pases que haban acudido a Venezuela a aprender de los grandes logros de Venezuela en este campo. Nos invitaron a asistir y all acudimos en un autobs lleno de otros internacionalistas hasta el estado de Vargas, en la costa del Caribe.

All visitamos una comunidad de bloques de apartamentos donde residan 32.000 personas, muchas de las cuales haban perdido sus casas en los catastrficos deslizamientos de tierras que tuvieron lugar en 1999, cuando comunidades enteras de la zona fueron barridas hasta el mar. Los edificios estn diseados para incluir mucho ms que viviendas: guarderas, cocinas y comedores comunitarios, espacios de encuentro y educativos, pistas polideportivas, una emisora de radio comunitaria una larga lista. La comunidad administra sus asuntos mediante consejos comunitarios.

Estos espacios facilitan que se renan personas de todas las edades. Tuvimos una muestra de ello cuando nos invitaron a un concierto de bienvenida a cargo de unos jvenes que haban aprendido a tocar sus instrumentos con el sistema. La estrella del espectculo era una chica de 8 o 9 aos que interpret tres largas canciones con una voz fuerte y segura. Pareca un buen lugar para criar a los hijos.

Este tipo de viviendas pronto pasara a la historia si la oposicin se hiciera con el poder. Poco despus de que ganaran la mayora en la Asamblea Nacional, intentaron privatizar los millones de viviendas construidas por el gobierno, para que los propietarios pudieran comprarlas para su alquiler y especular con ellas. El Tribunal Supremo pudo bloquear esa iniciativa, pero si la oposicin alcanzara el poder la llevara adelante.

Habamos viajado a Venezuela para aprender cmo las clases populares estaban respondiendo ante los ataques econmicos y las amenazas militares de Estados Unidos. Una respuesta muy visible es que se estn uniendo a la milicia; quedamos impresionados del nivel de aceptacin de la defensa popular. Nuestra visita coincidi con dos manifestaciones y dos domingos: cuatro das en los que los miembros de la milicia no necesitan usar la ropa cotidiana de trabajo y optan por ponerse sus distintivos uniformes caqui, tanto en las manifestaciones como en sus paseos por plazas y tiendas. Personas adultas de, literalmente, todas las edades y ambos sexos. Da la impresin de que hay tantas mujeres como hombres. An ms notable es el nmero de personas de avanzada edad, muchas en la setentena.

Estas milicias se entrenan regularmente. Guardan sus armas en lugares seguros en comunidades de todo el pas, cerca de donde puedan necesitarse. Recientemente se anunci que las milicias sern responsables de los paquetes de alimentos distribuidos a las comunidades. Se trata de una media sensata dado el historial de ataques violentos contra clnicas y otros servicios para las clases populares. Hoy en da la milicia est compuesta por un milln y medio de miembros y el objetivo es llegar a los dos millones.

Otra respuesta de las clases populares es el gran esfuerzo por producir alimentos, tanto mediante huertos urbanos como en el campo. Visitamos uno de estos lugares en Catia, un rea de colinas en el extremo occidental de Caracas, en donde cuatro comunas que agrupan a unas 150.000 personas han creado una granja urbana que lleva por nombre Fabricio Ojeda, un revolucionario que muri luchando contra la oligarqua el siglo pasado.

Su cultivo ms importante son los tomates ecolgicos: 16 toneladas de produccin. Se cultivan en estructuras que, a lo lejos, recuerdan a los invernaderos, pero que en realidad estn cubiertas por una malla que protege a los tomates del fuerte sol tropical. Se cultivan tambin muchas otras verduras y se cran adems cerdos y pollos. Estas iniciativas se reproducen por doquier. Lo que nos llev hasta esa granja fue el inicio de un programa innovador para producir un nuevo tipo de carne, barata y de gran calidad, para la comunidad.

Elvin Merlo es un empleado del ayuntamiento que present la propuesta del proyecto: cra de conejos para produccin de carne. Se le concedi un pequeo presupuesto para empezar y un ao recibiendo su salario habitual para conseguir que funcionara. l mismo nos muestra con entusiasmo las jaulas con conejos de todas las edades y un montn de gazapos. Les alimenta con una hierba local y una planta de la familia del amaranto parecida a las que en Vermont conocemos como bledo. Tambin les da una mezcla de maz molido, cscara de huevo y un pellizco de cemento para el calcio. Espera conseguir un rebao suficientemente grande como para empezar a sacrificar animales dentro de un ao. Cuando llegue el momento, solicitar que le suministren un refrigerador y el equipamiento necesario para proporcionar carne a la comunidad a un precio justo y razonable.

Elvin tiene claro cul es su motivacin: es una respuesta directa al bloqueo de comida y otras necesidades bsicas impuesto por Estados Unidos. Es un acto de resistencia pacfica contra la guerra econmica. Cuando hablbamos afirm: Queremos la paz, pero estamos dispuestos a morir para defender a nuestro pas y a nuestro pueblo.

Una tercera forma de resistencia que vimos en pleno desarrollo es ms sutil pero, tal vez, ms crucial: la creacin de la democracia comunal, una forma participativa de autogobierno opuesta a la forma representativa a la que estamos acostumbrados. Se trata de un proceso raras veces mencionado, por no decir nunca, por los medios corporativos. En ocasiones, ni siquiera las personas de izquierda que conocen su existencia aprecian su importancia.

En la segunda mitad del siglo XX, la agricultura desapareci a causa del dinero del petrleo, y las personas empobrecidas se asentaron en viviendas improvisadas a las faldas de las colinas que rodean las ciudades. El gobierno proporcionaba el mnimo indispensable de servicios. Las personas tuvieron que organizarse para conseguir cualquier cosa, ya fuera cortando una carretera para conseguir la electricidad u organizando una fuerza de autodefensa que ejerciera las funciones que se supone deba cumplir la polica. La tradicin se asent mucho antes de que Chvez llegara a presidente, pero cuando esto ocurri, el poder popular se dispar con el apoyo del gobierno.

En 2014, mi esposa y mi hijo me acompaaron en un viaje a Barquisimeto, la cuarta mayor ciudad de Venezuela. Nos reunimos con ms de una docena de personas de los barrios, cada una de un consejo comunal, un grupo geogrficamente definido de unos cientos de viviendas empoderado para tomar decisiones sobre infraestructuras y otras necesidades, as como para (lo que es ms importante) desarrollar mtodos productivos que sirvan para cubrir dichas necesidades de modo comunitario. Entonces se estaba llevando a cabo el proceso de consolidacin de dichos consejos comunales en unidades mayores, y estaba en marcha el proceso de compartir experiencias, como la del consejo que solicitaba dinero pblico para construir aceras y consigui instalar el doble de las previstas invirtiendo el dinero en materiales y haciendo ellos mismos el trabajo.

Ese mismo ao visitamos en Caracas una huerta de tomates de ltima tecnologa en el tejado de un edificio de Caracas, que utilizaba mtodos ecolgicos para mantener a raya a las plagas. Era otro ejemplo de produccin comunitaria. Se organizaban actividades que empleaban a personas para coser, reparar, cuidar de los nios, cocinar, etc., apoyadas por el consejo comunal. En esta ocasin, cinco aos ms tarde, nuestro grupo pudo apreciar los avances del proceso de construccin de una sociedad comunal.

Catia es un distrito al oeste de Caracas: calles empinadas y estrechas, casas autoconstruidas por quienes se asentaron en las colinas que tiempo atrs eran los lmites de la ciudad. Nuestro conductor se detuvo en una comisara de polica, un lugar seguro para aparcar la furgoneta e informarles de los motivos de nuestra visita. Dos mujeres policas con su uniforme de camuflaje gris y azul se pusieron a la cabeza de nuestro grupo de gringos mientras nos apresurbamos, ya con retraso, para llegar al centro comunitario sito en un viejo edificio a travs de calles estrechas.

Afortunadamente, llegamos a la hora oportuna. Haban tenido talleres desde las 4 de la tarde y y se encontraban en la devolucin al grupo completo. A las 7 y media haba dado comienzo el resumen y, tras una breve presentacin de nuestro grupo, volvieron al trabajo.

Era una reunin de los voceros o portavoces de tres comunas, que agrupan a un total de 100.000 habitantes. Estaban redactando la constitucin de una nueva ciudad comunal formada por sus tres comunas.

La reunin fue relajada e informal; dos mujeres situadas frente al grupo escriban los puntos de acuerdo sobre grandes pliegos de papel sujetos a la pared. Cuando llegamos, una de ellas estaba comprobando la Ley de las Comunas para asegurarse de que no se olvidaban de nada. Sobre la marcha, distintas personas mencionaban proyectos que podran acometer ahora que eran lo suficientemente grandes. Por ejemplo, la zona contaba con 30 pozos que haban sido construidos por individuos o empresas. Era necesario hacer una evaluacin adecuada y conectarlos entre s formando un sistema. Un sondeo sobre actividades productivas (alimentos, textil y otros productos) puestas en marcha les dara informacin til para planificar y coordinar.

Alguien mencion la importancia de crear un banco de semillas, puesto que el bloqueo impeda al pas echar mano de los suministradores habituales. Estuve encantado de regalarles un sobre con semillas de una calabaza especialmente deliciosa. La persona a la que se las di me pregunt si no eran transgnicas y yo le asegur que eran de Vermont, totalmente naturales. (Hace algunos aos hubo un grande bate en Venezuela sobre el uso de semillas modificadas genticamente y los productos qumicos necesarios para su uso. El bloqueo ha acabado con el debate).

Hacia el final de 2012, poco antes de la muerte de Chvez, el presidente pronunci un discurso en el que urga un cambio radical en el curso de la revolucin, una aceleracin del movimiento de las comunas. Comuna o nada, esa fue su valoracin del futuro.

Pero el PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela) y el gobierno son estructuras que tienen sus propios intereses y su propia lgica. El traspaso del poder a una estructura administrativa nueva y completamente diferente no ha sido unnimemente recibido en los crculos oficiales. El resultado produce frustracin y conflicto entre las comunas y el Estado o los funcionarios del partido. Escuch a algunos lderes comunitarios en 2015, en Caracas, mencionar que los pobres resultados del PSUV en las elecciones para la Asamblea Nacional que acababan de celebrarse eran sntoma de esta contradiccin. Nadie sac a colacin esos temas esta vez, pero artculos publicados en venezuelanalysis.com y otras fuentes ponen en evidencia que dichas tensiones continan existiendo, especialmente en las zonas agrcolas relativamente remotas.

Los integrantes de la Comuna de Explosin del Poder Popular de Catia, junto a otros de todo el pas estn tomando el axioma de Chvez, Comuna o nada muy seriamente. Estn reorganizando su sistema de gobierno en medio de un bloqueo, al tiempo que les amenaza una invasin o una campaa de violencia terrorista similar a la guerra de la Contra en Nicaragua. Lejos de ser una distraccin, se trata de una parte integral de su estrategia de resistencia, un modo de estimular el ingenio y el entusiasmo de las personas. El aparato del Estado venezolano y el Partido Socialista tienen sus roles, pero el pueblo venezolano est preparado para participar en su autogobierno y capacitado para hacerlo. Chvez defenda que la nica manera de que triunfara la revolucin era llevndola ms lejos, y eso es lo que vimos en Catia.

El papel del presidente Maduro ha ido evolucionando segn avanzaba la crisis. Con frecuencia ha recibido crticas por parte de la izquierda venezolana por su acercamiento prudente y conciliador hacia la oposicin. Chvez, por el contrario, tomaba decisiones ms atrevidas que le permitan mantener la iniciativa. Adems, dada su posicin de liderazgo, las deficiencias del gobierno de Maduro y de su partido afectan inevitablemente a su reputacin. Pero el actual ataque al pas por parte de Trump y sus aliados ha apartado a un lado estas preocupaciones. La permanencia de Maduro en el poder se ha convertido en un smbolo de la soberana nacional.

En el debate que presenciamos en Catia me di cuenta de que el nombre de Maduro sala a relucir ms de una vez de un modo positivo, relacionndolo implcitamente con su proyecto de ciudad comunal. Siendo esas personas portavoces de los 100.000 miembros de su comuna, su actitud parecera ser un reflejo de sus comunidades.

Nuestro grupo dedic buena parte de su tiempo a relacionarse con la gente en lugares pblicos: dos domingos en la Plaza Bolvar (con juegos y entretenimientos infantiles), una gran fiesta de baile al aire libre, etc. Era evidente nuestra condicin de gringos, as que al poco tiempo estbamos enfrascados en animadas conversaciones. La gente se alegraba de vernos y enseguida se daban cuenta de que nos oponamos a lo que nuestro gobierno est haciendo. Entonces era el momento para la foto. Brazos sobre los hombros, los altos detrs, puos levantados y Viva Chvez! Viva Maduro! Cuando disparaba la cmara. Los dos nombres juntos, siempre.

No me encontr con nadie que expresara ninguna reserva sobre que Maduro sea el presidente legtimo. Segn mis observaciones, podra afirmar que las sanciones de EE.UU. han reforzado su apoyo entre la gente corriente que constituye su base poltica.

Pero hay otros que difieren. Nuestro grupo conoci los disturbios ocurridos el 30 de abril, cuando Juan Guaid puso en marcha su intentona golpista, a travs de la televisin: varias docenas de hombres tirando piedras al edificio del aeropuerto mientras sus partidarios de clase alta les observaban desde una distancia segura sobre un paso elevado. Tambin una entrevista a un joven soldado indignado por haber sido engaado y hecho aparecer como seguidor de Guaid en los medios.

Nada de esto tuvo efecto alguno en las calles cercanas a nuestro hotel (a varios kilmetros del escenario televisivo), excepto que antes del desayuno escuchamos el sonido de cacerolas y luego varias explosiones que pudieron ser disparos o petardos. Evidentemente, ningn habitante del barrio responda al llamamiento de Guaid a manifestarse en diversos lugares de la ciudad, suponiendo que ese fuera el origen del ruido. La conmocin haba desaparecido cuando, al poco rato, me dirig a pie hasta Sabana Grande, la gran calle peatonal donde se rene la gente. Lo nico que vi all fue a personas con prisa para llegar a tiempo a su destino a primeras horas de la maana.

Las clases populares venezolanas son las autnticas protagonistas de esta historia. Estn inventando la estructura de la sociedad en la que desean vivir. Poseen una tradicin viva de ingeniosidad poltica junto con una apertura a la autntica revolucin. La actual guerra econmica asimtrica contra ellos ha provocado que estn an ms unidos en su determinacin por defender lo conseguido en el desarrollo de su pas. Sus logros les ayudarn a sobrevivir.

Pero se echa en falta un importante factor: la comprensin internacional de la naturaleza de su lucha. Las clases populares venezolanas se encuentran, en este momento de la historia mundial, en la vanguardia del cambio revolucionario. Merecen nuestro apoyo total.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2019/05/17/eyewitness-in-venezuela-a-14-year-perspective/

El presente artculo puede reproducirse libremente siempre que se respete su integridad y se mencione a su autor, su traductor y a Rebelin como fuente del mismo




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter